Fizzy Soup es un grupo que ha crecido a base de esfuerzo y dedicación. Lejos queda su primer trabajo, “Wood Room” (2014), porque en apenas tres años el grupo ha cambiado bastante: han pasado de sintetizadores y saxofón a bajo y batería, dando lugar a un sonido nuevo, desmarcándose de otras bandas. En este segundo trabajo la filosofía creativa ha cambiado tanto como han cambiado ellos. Han logrado un sonido complejo en la clasificación pero muy agradecido al oído, que invita a dejarse llevar y a recorrer laberintos en la mente.

Acaban de estrenar, en febrero de 2017, su segundo álbum, “Not So Far”. Destaca la presencia de la canción “The Big Black Wolf”, sobre la que gira parte de la entrevista. En otro tema como “Far” hablan sobre la lejanía, la fortaleza en pareja y la necesaria soledad. Muy acorde con la entrevista está la canción “House of Love”, un claro ejemplo de la construcción de este proyecto, una casa donde se siembra amor, hechos y dedicación:

In the house of love
we don’t waste time
we pick the crops
seeded with our hands”

La banda ha utilizado el crowdfunding en sus dos discos con un resultado espectacular, sobre todo en el segundo, donde doblaron la estimación económica. Pese a todo, se les nota muy con los pies en la tierra, se muestran llanos y accesibles a todas la preguntas. El grupo que ahora forman Javier Cotorro (voz, guitarra y órgano), Sonia García (canto y timbal), Carlos Bueno (bajo) y Eduardo Martínez (batería) está en la final de Proyecto Demo de Radio 3 y también actuarán en la próxima edición del festival Mad Cool. Puntuales, me reúno con Javier, Sonia y Mollo, un precioso gato negro que de vez en cuando lanza algún maullido y pide cariño.

¿Cómo podéis explicar este cambio?

Sonia: Previamente, en el disco de 2014, estábamos muy influidos por el blues y el jazz gracias a Manute, nuestro saxofonista, y también tenía la parte de electrónica con Fausto. Ahí fueron nuestros comienzos.

Javier: Digamos que estábamos más cerca del trip-hop y el soul. De repente cambiamos formación y empezamos a investigar y experimentar con instrumentos y sonidos, simplemente dejándonos llevar hacia un mundo diferente. Obviamente se acerca al folk, al rock, etc., cosas que escuchamos, pero siempre buscando un compromiso con la creación y el arte.

Digamos que hay varias fuentes de las que bebéis.

Sonia: Es lo que buscábamos, no acercarnos a una sonoridad concreta sino mezclar varios sonidos hasta dar con el nuestro propio.

Javier: Hubo un momento que supuso un cambio: la grabación de “The Big Black Wolf”. Hicimos una maqueta en casa y nuestro círculo ya comentaba el cambio que habíamos dado. Nos gustó tanto el cambio de filosofía creativa que no pudimos resistir el hecho de grabar el videoclip y lanzarlo. Digamos que a partir de ahí empezó el nuevo camino de Fizzy Soup.

Luego iremos a “The Big Black Wolf”, pero antes me gustaría que habláramos acerca de la independencia que habéis adquirido en este proyecto. ¿Lo hacéis todo vosotros?

Javier: Somos muy del juanpalomismo, hemos alcanzado una independencia que nos gusta y con la que nos sentimos cómodos. Todo lo hacemos entre estas paredes [Señala la salita que tienen reservada para desarrollar esta pasión]. Somos muy exigentes, este modelo de autogestión nos permite aprender a base de errores y para nosotros es un ejercicio de concienciación para con la gente, porque cuando bajamos del escenario solemos hablar con ellos y ven el trabajo duro que hay detrás de todo esto. Por ejemplo, el lanzamiento de “The Big Black Wolf” lo hicimos junto con una canción secreta y conseguimos estar al lado de Sufjan Stevens en ventas que, aunque fuese durante un día, para nosotros es un hito. Somos muy de desviar las cosas. Está la línea normal de la música, la creatividad y la sociedad y nosotros hacemos una línea alternativa porque es nuestra manera de crear, crear errores, no sabemos otra. Jugamos e inventamos a ver qué sale.

Sonia: Obvio que también hay algo de ayuda. Por ejemplo, la serigrafía, aunque la hacemos nosotros, sí recibimos ayuda por parte de dos personas de la Universidad, amigos nuestros, que nos orientan. Tenemos mucha suerte de tener personas geniales cerca que nos están ayudando en lo que pueden, compartiendo su conocimiento con nosotros, sea el que sea. Para nosotros es un regalo.

Javier: ¡Como cuando vino tu hermana a hacernos la comida porque llevábamos dos días que apenas habíamos probado bocado! También diseñamos a mano las portadas de cada disco, y todo el packaging. Dentro de cada disco hay una foto diferente y nuestra intención es ir recopilando esas fotos para luego hacer una historia en redes sociales. Autogestión. Somos productores, administradores, hacemos nota de prensa y llamadas. El teléfono no suena si tú no lo haces sonar, eso lo tenemos muy claro. Pero también es cierto que nos apoyamos en mucha gente que nos brinda su ayuda y que conoce nuestro compromiso con el proyecto. Por ejemplo hemos empezado a trabajar con Son Buenos, una agencia de Murcia, y hay otra agencia que nos ayuda mucho con los vídeos, pero la verdad es que hasta ahora casi todo lo hacemos nosotros. Nos gusta tocar todas las partes del proyecto para que el compromiso para con el grupo y con el arte quede muy alto. Ahora mismo estamos centrados veinticuatro horas al día en Fizzy Soup.

Siempre buscamos un compromiso con la creación y el arte.

Tenéis una implicación muy alta y se nota en los resultados que estáis teniendo. Vais a tocar en el Mad Cool y estáis en la final de Proyecto Demo, junto con GANGES y Leicomers. ¿Qué ha supuesto esto para vosotros como banda?

Javier: Es una pasada porque llevamos desde que tenemos consciencia del concurso presentándonos. Al principio con maquetas muy básicas, luego con un EP y cada vez intentándolo con más experiencia. Para nosotros es de los mejores concursos: tocar en Radio 3, en el FIB, sitios que nos encantan. Se presentan 700 u 800 bandas, es una paliza para el jurado también y simplemente con que te seleccionen entre los treinta finalistas es algo que celebramos en su día. Además, compartir la final con ellos es genial, a GANGES los conocíamos de antes y molan un montón, y a Leicomers los descubrimos aquí y fueron una grata sorpresa. Cuando quedamos entre los tres últimos, imagínate el subidón. Después de tanto trabajo, tanto curro y tantas horas que gente que sabe y son profesionales de esto te den su reconocimiento es una pasada. [Mollo se sube a la mesa pidiendo atención].

¿Qué planes tenéis ahora?

Javier: Por lo pronto tocamos el 8 de julio en de Mad Cool a las 20:00 en el escenario de Mondo Sonoro, que nos hace mucha ilusión. Aparte seguimos con nuestra gira, desde marzo estamos con ella y en verano sí es un poco más problemático porque la economía del grupo se ha basado prácticamente en salas pero ahora se nos abre un horizonte nuevo, presentándonos a festivales.

Sonia: Tenemos algunos ya cerrados como Babylon Fest, aquí en Cuenca, luego vamos al Zeporock en el Toboso y también estamos participando en concursos como el Portamérica, el FIB y Vidañares. Estamos moviéndonos todo lo que podemos para lograr repercusión de nuestro trabajo.

Me gustaría cerrar la entrevista hablando de “The Big Black Wolf”. Un tema que, como habéis comentado, supone un punto de partida para los nuevos Fizzy Soup y en el que habláis de la culpa.

Sonia: Fue la primera canción en la que trabajamos primero el sonido y después la letra. A partir de entonces lo hacemos casi siempre así. La canción ya tenía cierto color y la forma literaria fue saliendo muy fluida. Fue un momento dudoso y de encontronazos con la música. Algo un poco más oscuro de lo habitual y estuvimos pensando qué era ese sonido, que nos evocaba algo tenebroso, de miedo. Entonces, a través de una historia mía de pequeña, en la que mi abuelo cuando iba a darme las buenas noches me decía que había un lobo suelto por el pueblo, pensamos que era una buena representación del miedo y cómo tenemos que enfrentarnos a él. En distintas épocas de nuestra vida siempre hay un lobo y no nos queda otra que seguir luchando.

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