La música no entiende de lugares, pero nadie puede negar –artistas incluidos– que tocar en pequeñas salas contiene un romanticismo particular del que carecen las masivas actuaciones. La belleza de la intimidad es incompatible con los elementos mastodónticos.

Ante esta premisa, me reúno con Weinf, a quien destacamos en The Cavern como el prometedor autor que es. Horas antes de su concierto en Madrid, nos juntamos en un pub de La Latina para hablar de impresiones, referentes y de la crítica que publicamos de su último disco, la cual me tocó escribir y de la que tiene algo que decir.

Penúltima parada de la gira. ¿Cómo ha ido hasta ahora?

Bien, lo he pasado muy bien, aunque la gira no termina porque me quedan unas cuantas fechas que no he anunciado aún, ya que no tengo confirmadas las fechas de EE.UU y Europa, así que digamos que he acabado la primera parte de ella, pero aún me queda lo mejor. [Risas]

Segundo disco, primero que genera expectativas. ¿Crees que se están cumpliendo?

Yo creo que de momento sí. Es un disco que hice antes de entrar en el hospital la segunda vez, que fue la parte más chunga porque era el momento de hacerme el trasplante y no sabía qué pasaría. Ahora estoy tocando, suenan mis temas en varios sitios y estoy recibiendo un feedback positivo, lo que es guay porque al fin y al cabo lo haces para que la gente lo escuche… [Duda] bueno, no sé por qué se hace, es una obsesión sin sentido e inexplicable.

No me gusta sacar varias cosas que suenen igual. Tengo muy claro cómo hice “Requiem” y podría hacerlo de nuevo, pero me niego, quiero probar cosas nuevas y experimentar.

Esto es la música, básicamente.

Si, será eso. [Risas]

Tienes tus dos álbumes subidos a la plataforma Bandcamp. Además de facilitar la tarea al oyente, ¿qué aporta a un artista que aún no es reconocido?

Es una tienda online que funciona muy bien. Es práctica e intuitiva y se lleva alrededor de un 20%, que no es mucho –tampoco es poco– pero al final se nota. Es el mercado musical online más grande que no es servicio en streaming. Para mí es la forma de hacerlo y si quieres vender discos de forma física, es el sitio idóneo.

Entrando en el aspecto artístico; posees unos referentes inmejorables, algo que creo fundamental y que es palpable en la elaboración de cualquiera de tus composiciones. Tomas ideas de los mejores artistas de cada generación, desde los setenta hasta ahora. ¿Cómo es posible crear algo nuevo y original cuando el camino más fácil es seguir la estela de ellos?

Esto no es intencionado. Yo no he entrado en un laboratorio y he sintetizado todos los sonidos que me gustan. Simplemente lo cojo y lo paso por mi sistema. Ahora mismo, por la música que escucho y el momento vital en el que estoy, soy consciente de que este es mi terreno. Tengo claro que más tarde sonaré más a mí, porque aún estoy construyendo qué quiero hacer y dónde quiero ir, aunque me quedan muchos discos para conseguirlo. De momento estoy contento con mi sonido, mis influencias y esta forma de grabar. No quiero mejorarlos, ni siquiera quiero que sean comparables, porque los contextos en los que cada uno graba son distintos. Esto es lo que siento que tengo que hacer; no lo he escogido, pero es el sonido que, por las circunstancias, me ha tocado probar.

A mí no me ha disgustado este disco. Lo que pasa es que creo que ‘cometí el error’ de escuchar antes tu primer trabajo (“Requiem For Myself”). Ese me encantó.

[Interrumpe] ¿Te gusta más “Requiem”? [N. del A.: Weinf dice “Requiem” cuando se refiere a su primer trabajo, así que desde ahora, cada vez que se mencione será así].

Mucho más, porque opino que tiene temas mucho más característicos. Por ejemplo, creo que “Road Trip” es una canción en la que haces lo que quieres con la guitarra. ¿No te has planteado hacer un trabajo sólo con tracks instrumentales?

Bueno, si te gusta “Road Trip” entonces te gustará el próximo disco, que ya está compuesto y en el que está “Road Trip II” [Risas]. En cuanto a tu teoría, no sé. Simplemente quería avanzar, no quería repetirme. No me gusta sacar varias cosas que suenen igual. Tengo muy claro cómo hice “Requiem” y podría hacerlo de nuevo, pero me niego, porque quiero probar cosas nuevas y experimentar. Yo creo que el segundo es mejor, tengo la sensación de que he subido el listón.

Pero en “Requiem” tenías claro el objetivo, además existían probabilidades reales de que se cumpliera el trágico desenlace. En “Purple Birds And Other Strange Songs” puede que tu premisa fuera disfrutar, por lo que te has relajado y dejado llevar. Algo lógico, normal y nada criticable.

Bueno, han cambiado dos cosas: el contexto, aunque tampoco del todo porque yo estaba haciendo la segunda quimio, que es la más fuerte. Pero no quería que tratara de nuevo sobre el mismo tema, porque me resultaba cansino. El segundo motivo es el lugar de grabación. “Requiem” fue grabado en mi cuarto, con un micro y una tarjeta de sonido que era una tostadora, mientras que este ha sido con más medios. Quizás el cambio real se ha basado en una subida de escalón en cuanto al material se refiere, pero también en un recorte de tiempo. En mi cuarto tenía todo el tiempo del mundo y me pasaba noches enteras componiendo y grabando. En este, cada minuto era… [golpea la mesa dos veces] pasta. También han cambiado mis influencias desde entonces: ahora tiro más por Bukowski o Tom Waits, un estilo más ‘sucio’, de taberna, pero sin cometer el error que tú dices.

Tocas un estilo de música en el que difícilmente llenarás algún día grandes estadios. Acabas de mencionar a Bukowski o a Tom Waits, que no son ídolos masivos. En estos tiempos en los que las nuevas tecnologías ayudan a una difusión desmedida y se pasa del anonimato al reconocimiento absoluto en un instante, ¿es posible ser autor de nicho?

Creo que sí. Hay nichos aún, y yo preferiría tener un nicho a tener un todo. Estoy disfrutando esta etapa en la que toco en sitios pequeños y espero que dure mucho tiempo… siempre y cuando en estos sitios pequeños haya gente [Risas]. Creo que es un formato personal. Tengo claro que jamás tocaré en grandes estadios, pero tampoco quiero, porque son como grandes supermercados llenos de consumidores, lo que fomenta la despersonalización de la música. Me gusta actuar ante 50 o 60 personas mientras están fumando o bebiendo, porque se crea una comunicación recíproca íntima.

Hay dos factores que, a diferencia de épocas pasadas, cambian completamente la música psicodélica. Uno falta y uno sobra. Faltan las drogas psicotrópicas que expandían la creatividad y sobran los espectadores que están más pendientes de grabar con el móvil que de disfrutar la música. ¿Repercuten ambas a la hora de componer y actuar?

Estoy en la etapa inicial de mi carrera, por lo que aún no me pasa lo de los móviles, pero es cierto que la gente está más concentrada en almacenar el momento para verlo luego en lugar de verlo cuando toca, por lo que se pierden la sensación del momento. En cuanto al uso de drogas, sin duda son clave para crear material psicodélico. Puede que ya no se usen tanto, pero yo las uso. No me da miedo decirlo, pero hay muchas canciones que no tendría sin esto. “Fishes Swimming In The Sand”, por ejemplo, nació de un sueño que tuve después de una noche loca.

Tampoco quiero tocar en grandes estadios porque son como grandes supermercados llenos de consumidores, lo que fomenta la despersonalización de la música.

¿Qué compones antes, las melodías o las letras?

Depende. “Requiem” fue primero la música, y este al revés. Estoy intentando fomentar mi faceta de escritor, así que primero compongo y cuando tengo el mensaje intento ponerle armonía, que tengan un punto en común y vayan de la mano.

¿Puede ser porque sabes que eres un gran guitarrista?

No creas, ¿eh? Cada vez que me comentan esto me sorprendo, porque no considero que toque tan bien.

Quizá se deba a lo que transmites.

Quizás. Conozco a muchos guitarristas que han tomado clases, algo que yo no he hecho jamás. Puede que esto sea una ventaja, porque puedo aportar cierta personalidad idiosincrásica gracias, entre otras cosas, a los defectos técnicos que tengo.

Hablas de tu faceta escritora, pero en este disco no todas las letras son tuyas. “Kafka On The Shore” es un poema de Murakami, que además es un autor comercial. ¿Por qué esta excepción?

Pues mira, estaba con ese libro y esta es una parte muy críptica y retorcida, dos rasgos que me fascinan. Soy consciente de que es un autor comercial, pero no en un sentido peyorativo. Murakami es comercial porque es accesible, una cualidad que comparte con Bukowski.

Estoy intentando fomentar mi faceta de escritor, así que primero compongo y cuando tengo el mensaje intento ponerle armonía, que tengan un punto en común y vayan de la mano.

Sí, pero Murakami ha llegado a un punto en el que sabe que todo lo que hace va a tener éxito, y así es fácil dejarse llevar.

Por supuesto. De hecho, si tuviera que escoger, elegiría a Bukowski y a otros muchos autores antes que a Murakami. En este caso, cogí este poema porque en un momento circunstancial me gustó.

Bueno, antes de terminar, vamos a hablar de la crítica. Yo he juzgado tu trabajo, qué menos que darte a ti la opción de hacer lo mismo con el mío [Risas].

Me parece que el texto es muy acertado, pero la nota no corresponde con él.

Bueno, si fuera una crítica corta de un par de párrafos, entiendo la importancia de la nota. Siendo un artículo tan extenso y analizado, considero que la nota es casi lo de menos.

Ya, pero como autor del trabajo que se está analizando, una puntuación tan baja… pica [Risas]. Pero estoy en paz con este artículo, no me duele. He tomado nota de ciertas impresiones que tú expones y que probablemente sean ciertas, como el hecho de que quizás debo distanciarme de mis referentes y cultivar sonidos originales.

Pero volvemos a la cuestión anterior. ¿Cómo lo haces si tienes unos espejos inmejorables?

Escuchar mucha música, dedicarle tiempo y pasarlo por tu organismo. De ahí salen los buenos trabajos. Yo quiero vivir de esto, aunque sé que es jodido, pero será más fácil si cada día mejoro –o intento mejorar– como músico y como escritor.

Bueno, en un par de horas tienes una nueva oportunidad de demostrarlo.

Sí, te estaré mirando para ver tus reacciones. Espero que el concierto te parezca más de un 5.5… [Entre risas].

Y así fue.  En un recinto emblemático como el Contraclub de Madrid, con su luz tenue, dimensiones engañosas y escenario a pie de público, el artista desplegó talento y magnetismo  para formar una eficaz simbiosis que satisfizo a los (contados) asistentes.

Con cierto retraso, Weinf tomó el relevo de la gratamente extraña actuación de Ambre, grupo telonero con tétricas pinceladas de Radiohead y Red Hot Chilli Peppers. Pese a los imprevistos, el artista catalán pudo tocar todo el repertorio ideado y mostrar la energía con la que ha dotado a “Purple Bird and Other Strange Songs”.

Con una calidad sonora destacable, tanto del cantante como de la banda que le acompaña, temas como “The Sunset Cave”, “The Finest Woman I Have Ever Met” o “The Basement” compusieron cuarenta minutos de gran música, con riffs genuinos y armónicos que hicieron contonearse a más de uno. Con el strokiano “Carefulness And Other Bad Advice” como último tema, Weinf cerró una actuación corta pero reveladora, en la que demostró que, como ha hecho con sus dos elepés, se encuentra en el camino correcto para labrarse una fructífera carrera.

Mención especial para “Farewell”, la única canción que Weinf tocó de “Requiem For Myself” y en la que, sabedor de mi debilidad por él, me lanzó una dedicatoria a su manera: elegante y directa; sorprendente y discreta.

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