Dicen que Quavo es como el Beyoncé de Migos, pero a un usuario anónimo de la sección de comentarios en YouTube de uno de sus muchos videoclips, de cuyo nombre no puedo acordarme porque, de verdad, son muchísimos, le parece que los 3 son igual de buenos. El usuario anónimo ya va un paso por delante de mi hermano, sin ir más lejos, quien hasta hace un rato pensaba que Migos era un único tipo que se iba cambiando de gafas y peinado rollo Martes y Trece.

Si bien no son una única entidad corpórea, a los tres de Atlanta del Norte sí les corre una sangre parecida por las venas; Takeoff, quien por su ascendente calidad lírica podría equipararse a la Kelly Rowland de sus respectivas Destiny’s Child, es sobrino de Quavo, y la Michelle Williams de Migos quedaría medio injustamente atribuida a Offset (primo de Quayoncé) hasta que los barrotes de las cárceles varias en las que ha ingresado no le impidan demostrar que merece una comparación más honrosa.

Lo más fresco de los Migos se titula “Culture” no con poca ironía inconsciente, porque tiene gracia que con lo mismo que pretenden enaltecer (ni que sea simbólicamente) la cultura que representan, vayan a acabar de exterminarla por completo, rollo lo que le dijo Ollivander a Harry Potter sobre que la hermana de su varita fue la que le hizo esa cicatriz. Pero ya se sabía que parte del éxito retumbante de “Culture” se debe a la natural y mórbida fascinación humana por contemplar cómo las cosas se caen lentamente por precipicios o se autodestruyen estampándose contra un muro y en una grandiosa y consecutiva explosión. Como dijo A$AP Rocky en la legendaria Batalla de Hogwarts, “if hip hop is dead, fuck it, let it rest, y para lo que le queda al trap en el convento, vamos a hacernos fotos con fajos de billetes en el show de Ellen Degeneres y a echarnos unas risas, claro que sí, (a)migos.

Fotografía: G L Askew II (http://www.thefader.com/)

Ya se sabía que parte del éxito retumbante de “Culture” se debe a la natural y mórbida fascinación humana por contemplar cómo las cosas se caen lentamente por precipicios o se autodestruyen estampándose contra un muro y en una grandiosa y consecutiva explosión.

DJ Khaled, quien se enorgullece de ser de origen musulmán delante de Snapchat y posee el prototipo de talante inverso a la clásica personalidad melocotón norteamericana, grita su ya no menos clásico “you played yourself” como queriendo dar a entender que nos odia desde lo más profundo del agua de coco de su personalidad ídem pero todo lo contrario; ama a la humanidad con todas sus luces y sombras, y desea, por dicha causa misma, que nadie pase por alto hasta qué punto “Culture” (y la homónima pista que lo abre, igualmente llamada “Culture”) va a sentar las bases de todo lo que está por llegar.

Es verdad que “Bad and Boujee” es el hit indiscutible del disco (y potencialmente, del 2017) y que prácticamente le han salido patas y ha echado a andar por sí solo, labrándose una personalidad independiente dentro del imaginario colectivo de Internet y de la leyenda popular americana cibernética. Pero no queda claro si la mayor parte de dicho mérito es de Metro Boomin y no tanto de Migos, así que rompamos una lanza en favor de “T-Shirt” (único track producido por Nard & B, conocidos de Future y de la Bankroll Mafia) como la canción más implacable y polar de la década, únicamente superada por el “No Heart” de 21 Savage. Chance the Rapper, reciente compañero de aventuras musicales de Quavo en la archiconocida “I’m the One” del otro recurrente amigo DJ Khaled, dijo de su épico videoclip siberiano que se merecía un Oscar o algo por el estilo. Quizás exageró un poquitín, pero no puede negarse que hay pocas formas mejores de perder 5 minutos de una juventud.

“Culture” es como estar a escasas milésimas de distancia de caer por la bajada más fuerte de una montaña rusa; supone la consciencia simultánea de que empezar la mejor parte del viaje también significa dejar que comience su final.

Call Casting”, dentro del conservadurismo libertino de “Culture”, va cargado con un ímpetu diferente, seguro que debido a que Takeoff, el potro desbocado con voz de señor mayor de la banda, domina el 80% de los casi 4 minutos, suficientes para dibujar un recorrido turístico por los barrios de origen del trap. Ya sabéis, los de verdad, en los que unos se levantan temprano para, ejem, ‘trapear’ (“Up early in the morning trapping). Hay mucha gente que no pilla a Lil Uzi Vert y muchos memes que explican que su verso en “Bad and Boujee” es lo peor, y no es que el “Get Right Witcha” te haga olvidar la flojera de su fraseología, pero al menos cumple con unos mínimos de decencia. “Slippery” es difícil de criticar porque incluye un feature de Gucci Mane, que aparte de ser el Trap Lord original, es un tipo con un cucurucho de tres bolas tatuado en la mejilla derecha que asegura, con cínico encanto victoriano, ser un asesino que no hace apología de la violencia (“And I’m a murderer, nigga, but I don’t promote violence). Llamadme miedica, pero me da bastante miedo.

Seguidamente, “Big on Big” y “Brown Paper Bag” son las dos únicas pistas de “Culture” que van firmadas por Zaytoven, productor del trap por excelencia y arquitecto tras hitos del género como “Icy, el primer súper éxito de Gucci junto a su ahora enemigo mortal Young Jeezy y podría decirse que piedra angular de la escena. Ambas suenan a balada crunk, a nostalgia de los 2000s, y como relleno de alta calidad, no están nada mal.

“Culture” va a marcar la tónica de lo que será el hip hop durante lo poco que le queda de vida, tal y como se lo conoce a día de hoy. El conscious rap intentó asomar la cabeza, pero Migos pasaban por ahí al mismo tiempo y le reventó los suculentos sesos sin casi darse cuenta, sin el menor esfuerzo.

What the Price”, en caso de que el mundo no se vaya a la porra más de la cuenta, acabará con la silenciosa tendencia que comenzaron Rae Sremmurd en el clip de “Black Beatles” y que consiste en hacer ver que los raperos saben siquiera cómo colocar los dedos sobre el mástil de una guitarra eléctrica. Luego entran en un bar de heavys disfrazados de Hulk Hogan y tal, y la escena se torna singularmente entrañable. Como canción, “What the Price” es simple trap sedado tradicional, pero el vídeo la salva bastante gracias a su singular tono humorístico de funeral. Si daba respeto meterse con “Slippery” por la contribución en ella de Gucci Mane, el asesino confeso, con “Deadz” tampoco me cebaría en exceso porque 2 Chainz, si no se ha cargado ya a varios, no me cabe duda de que posee los atributos físicos necesarios para hacerlo con el mínimo esfuerzo. No tengo tanta testosterona en vena como para ser capaz de empatizar completamente con el típico himno trapero de darse puñetazos en el pecho a lo King Kong, tampoco con nada que se titule “All Ass”, por razones obvias, pero admito que no hay falta de diversión en ninguna de los dos.

Charlamagne tha God, co-host de The Breakfast Club y autoridad radiofónica absoluta del hip hop por la gracia de sí mismo, aborrece sin disimulo el mumble rap, y asegura que Lil Yachty es la razón por la que la cultura se está yendo al garete. Hace unos años, ese triste puesto lo ocupaba Trinidad James, y antes que él, Migos. Pero en cuanto Migos se juntaron con Travis Scott y tuvieron un bebé llamado “Kelly Price” (en honor a la diva del R&B que recientemente ha visto su carrera revitalizada gracias a su apasionada contribución al “Ultralight Beam” de Kanye West), Charlamagne debería haber emitido un comunicado oficial disculpándose por haberlos puesto alguna vez en la misma frase que Trinidad James. No es que todo lo que toque Travis Scott se convierta en oro; es que se convierte en polvos mágicos de colores y un par de alas negras para volar, que es mucho mejor que el oro, ¡dónde va a parar! Y “Kelly Price” hubiese constituido un final perfectamente épico para ésta pequeña obra maestra de los barrios bajos, pero “Out Ya Way” añade una última nota disimuladamente sensual que tampoco hace ningún daño como punto y aparte.

“Culture”, el último y más conseguido trabajo discográfico de los anteriormente conocidos como Polo Club, va a marcar la tónica de lo que será el hip hop durante lo poco que le queda de vida, tal y como se lo conoce a día de hoy. El conscious rap intentó asomar la cabeza, pero Migos pasaban por ahí al mismo tiempo y le reventó los suculentos sesos sin casi darse cuenta, sin el menor esfuerzo; una generación de MCs todavía en pañales empezaba a aprender a vocalizar mientras Quavo & Cía se reían en su cara, calcetín invisible en boca y tapizados de Versace de pies a coronilla; estudiosos de postgrado por la universidad de DJBooth lloraban la muerte anunciada de su sujeto doctoral, y Migos van en su Lamborghini rojo y los atropella, dejando tras de sí una estela de fuego, rosas blancas, palomas de la paz y decadencia enaltecida, porque en el fondo de la cultura del rap, por muchas pieles con las que se disfrace, sólo queda eso: la negrura inminente del ocaso.

Migos – Culture

8.4

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“Culture” de Migos es como estar a escasas milésimas de distancia de caer por la bajada más fuerte de una montaña rusa; supone la consciencia simultánea de que empezar la mejor parte del viaje también significa dejar que comience su final. Contiene los ad libs más adictivos escupidos por el hombre hasta la fecha, y es perfectamente frío como el trap clásico o las estalactitas.

Up

  • Lo fresquísima que suena la convalecencia del rap escrita y compuesta por Migos.
  • Ad libs. Todos. Constantemente.
  • Travis Scott en “Kelly Price”, porque si Migos es ver drogas, Travis Scott es escucharlas.
  • Que cada palabra y placaje sónico sean un perfecto ejercicio de honestidad y aceptación de las más deplorables prácticas y estilos de vida humanos.

Down

  • La sensación de que, por muy bueno que sea “Culture”, el género en el que se inscribe está cerca de tocar techo.
  • Que si Migos son los Beatles de ésta generación, el fin de la diversión puede ser inminente.

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