Antonio Luque es una mente inquieta, y la prueba son los más de veinte años y dieciséis referencias que lleva publicadas con Sr. Chinarro. Una carrera que se ha ido construyendo paso a paso con los años gracias a álbumes en los que Luque se ha permitido mezclar sus raíces andaluzas con un estilo reposado para dar lugar a melodías embaucadoras sobre las que cabalgan letras enmarcadas en el costumbrismo de la vida diaria. Antonio Luque narra historias que podrían estar protagonizadas por cualquiera de nosotros, vistas bajo la perspectiva melancólica de este sevillano que ahora reside en Málaga. Como si de un Machado moderno se tratara, canta acerca de su tierra y sobre los tiempos en los que estamos inmersos, y tal vez “El Progreso” sea su obra más auténtica en ese sentido. Encontramos algo de crítica, algo de amor y algo de recuerdo en un conjunto maduro que coquetea con el pop y las melodías concebidas mano a mano con Jota, de Los Planetas.

Hace unos días nos pudimos sentar con Antonio Luque para charlar sobre su último álbum, música en general y el contexto socio-cultural que le rodea en una conversación que fluyó con la mayor naturalidad posible.

En “El Progreso” me resulta llamativa “La Ciudad Provisional”, donde el toque andaluz a nivel musical da pie a hablar de Málaga y de un regreso a Sevilla. ¿Es esta melancolía la que te sigue motivando a escribir un disco tras otro?

Cuando vivía en Sevilla aún tenía la melancolía como motor, pero viviendo en Málaga tal vez se note más. De todas maneras, en “La Ciudad Provisional” hablo de una ciudad que no está constituida como tal, hablo de la feria de quita y pon, como si todas las ciudades fueran así. Es como cuando haces una excavación y te encuentras una ciudad. Málaga, en un futuro lejano, estará como ahora está el Cerro del Villar en la desembocadura del Guadalhorce, la primera ciudad fenicia. Lo que quiero decir, en definitiva, es que nada es para siempre.

Me gustaría hablar un poco más acerca del nivel musical andaluz que menciono y la aparición de Soleá Morente en el disco. ¿Se debe a que te haya producido y haber grabado con Jota de Los Planetas?

Jota me estuvo enseñando las cosas que estaba investigando a nivel musical antes incluso de “El Fuego Amigo”, que también lo grabé con él. Pero además ha sido una influencia que he tenido presente. En el “Nosequé-nosecuántos” también había canciones cantadas en andaluz y con guitarras de palo, todo eso a mi manera como es natural. Pero sí es cierto que Jota ha sido un apoyo para considerar la música de nuestra tierra en mi producción.

Jota ha sido un apoyo para considerar la música de nuestra tierra en mi producción.

Tanto “El Fuego Amigo” como “El Progreso” han sido grabados y producidos por Jota. ¿Cómo te has desarrollado entre estos álbumes?

Ha habido varios discos desde “El Fuego Amigo”. Como cada uno tiene su historia y casi todos han tenido sus músicos, habría que hablar de ellos por separado. Está claro que hay discos que han sido más importantes en la carrera de Sr. Chinarro. “El Fuego Amigo” fue importante, luego se adquirió un carácter más profesional entrando en Mushroom Pillow, hubo muchos conciertos… Incluso hubo una época en la que sonábamos bien, cuando no bebíamos demasiado [Risas].

Vamos a centrarnos entonces en un álbum en concreto, la referencia anterior a “El Progreso”: “Perspectiva Caballera”. Aquí es cierto que hay un sonido más onírico, detalles más delicados con sintetizadores… “El Progreso” por contra tiene un sonido más robusto, tal vez más reposado.

En “Perspectiva Caballera” busqué un acercamiento a la oscuridad noventera de Sr. Chinarro, pero claro, pasó lo que pasaba en los 90 con Sr. Chinarro: muy bonitos los discos pero a la gente le gustan menos [Risas]. La gente prefiere discos un poco más transgresores, tal vez con más sentimiento onírico como dices. Eso entra en mis canciones, en las letras sobre todo. Pero la producción de “El Progreso” es otra cosa, intenta ser un poco más pop.

Justamente. Pese a que “El Progreso” tiene, como decía, momentos más robustos, otros pasajes como la introducción de “La Fiebre del Oro” tienen un ritmo del todo pop, aunque en este caso lo acabas transmutando en una vertiente más western. Llevas muchos años haciendo música… ¿Qué buscas ahora a nivel musical?

Cada vez es más difícil encontrar un terreno sin explorar y que al mismo tiempo suene a Chinarro. En parte, por eso están los muchachos que me acompañan en la banda. En esta gira de “El Progreso” hemos ido consiguiendo un sonido que sigue siendo Chinarro porque estoy ahí, pero desde una perspectiva nueva. Y yo creo que es ahora cuando vamos a sacar un disco que, espero, será mejor que “El Progreso”.

Fotografía: Blanca Viñas
Te leí en Twitter justamente explicando que la parte más difícil del disco estaba hecha, que sólo quedaba cuadrar agendas.

Sí, ya vamos a grabar aunque todavía hay que componer alguna que otra cosa. Pero ya estamos ahí ahí.

Estamos hablando de que a lo largo de los años cuesta encontrar terrenos musicales sin explorar, pero quería centrarme en las letras, que tratas desde un plano costumbrista. Pienso en un referente para ti: Mark Kozelek. ¿Qué crees que te cuesta más ahora, encontrar de qué hablar o la forma en la que presentar la idea?

Cuando no se te ocurre es muy difícil, y cuando se te ocurre lo tienes en diez minutos [Risas]. Es lo misterioso de nuestro trabajo, que no se trata de decir “voy a pintar esta nave” y cada día pintas un trozo y cuando acabas has acabado. Aquí no, puedes levantarte muy temprano y dedicarte veinte horas que si no se te ocurre nada no se te ocurre nada, así que muchas veces es mejor dedicarte a pintar una nave que a tocar la guitarra [Risas]. Cuando viene la inspiración viene porque has estado un tiempo pensando en cosas, ‘comiéndote el tarro’ como dice la gente.

Entonces, ¿no eres una persona metódica a la hora de trabajar en un disco? Por ejemplo, Kevin Parker de Tame Impala tenía una especie de rutina y horarios para trabajar.

Seguramente porque será muy buen copión, pero para ser un buen autor ese método no funciona.

Me interesa saber tu punto de vista sobre un tema. “Perspectiva Caballera” lo publicaste por tu cuenta y te encargaste de toda promoción. Tiene que ser interesante que una persona como tú que lleva tanto tiempo en carretera se vea así, una suerte de lección de humildad, como dirían en La Vida Moderna. ¿Cómo viviste algo en lo que se encuentran inmersos todos los grupos nuevos que surgen?

Ahora que mencionas La Vida Moderna yo voy a citar a Rimbaud, el poeta francés, que decía lo de “Hay que ser absolutamente moderno”. Y si lo que hay ahora es esto, habrá que vivirlo. La única forma en la que hay que pensar en el pasado es desde el plano melancólico y ensoñador.

Cada vez es más difícil encontrar un terreno sin explorar y que al mismo tiempo suene a Chinarro.

En “Efectos Especiales” hay un verso que dice “La historia no está ni bien ni mal, son sólo efectos especiales”. En relación a lo que mencionabas anteriormente, que eres un hombre que vive más el presente que el pasado, ¿qué opinas del panorama musical actual?

El otro día puse un tweet relacionado con una pelea en el estadio del Atleti. Entonces me preguntaba que si eso ocurriera en la puerta de un festival, ¿cuánto tardaría en llegar la policía a separarlos? Se cancelaría el festival si fueran los antidisturbios, pero con el fútbol no. Se ve que la gente tiene inquietudes, aunque sea festivas más que melómanas. El panorama está bien porque la gente va a los festivales en masa y no se pega nadie ni nada. Eso ya es una proeza de la civilización [Risas].

Hablando de festivales, venís de tocar en el WAM, un festival nuevo. ¿Qué tal el ambiente allí?

Bastante bien, fue mucha gente para ser la primera vez. El ambiente de festival en el que todo el mundo es feliz y se hace fotos es una maravilla, no se da en ninguna otra parte.

¿No es un poco como “Efectos Especiales”, una representación algo falsa de la sociedad?

Bueno, están esos conciertos y luego los que tienen lugar en teatros y locales pequeños. Lo que estaría bien es que la gente fuera a todo tipo de conciertos. Pero claro, si no tienen mucho dinero no pueden ir a las salas, van a festivales para ver a todos los grupos que pueden. Pero yo creo que el que pueda permitírselo, que por desgracia en este país y sobre todo en la juventud no es un porcentaje muy alto, debería ir luego a ver a estos grupos y otros parecidos a los locales de su ciudad y seguir la programación que organizan los distintos agentes culturales de su localidad. En el caso de Málaga, la agenda cultural vivió tiempos mejores, desde luego.

 

Fotografía destacada: David Molina.

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