Fotografía: Clara Martín

Cala Vento se están haciendo oír por toda España. El nombre del dúo de L’Empordà ya era bien conocido en Cataluña, y suena fuerte en los carteles de muchos festivales de este verano, pero a ellos les sigue sorprendiendo “venir desde tan lejos y que haya gente dispuesta” a verlos. Quizás tenga que ver con que su éxito no se mide tanto en número de asistentes como en la entrega de su público a un directo realmente potente, y cuando Aleix y Joan llamaron a la puerta de Valladolid el pasado viernes, ésta no dudó en abrirse de par en par. La sala Black Pearl se sintió pequeña, porque no estaba abarrotada pero lo parecía.

Y esto es así porque, a pesar de que en nuestra reseña de “Fruto Panorama” (el genial segundo disco que presentan en estos directos) llegamos a la conclusión de que Cala Vento se encontraba a la vanguardia del indie español más floreciente, a sus conciertos hay que ir con la mentalidad de un concierto de punk. Con un porcentaje menor de pogos y mayor calidad melódica, pero, pese a lo cercano y emotivo de sus letras (lo que, a juicio de quien firma, es la cualidad más indie de la pareja), la esencia permanece: los pequeños fallos pasaron inadvertidos en mitad del griterío, y se hacía patente la implicación de un público que compartía sonrisas cómplices con los artistas en los momentos de más intensidad.

Desde el inicio, la soberbia trilogía compuesta por “Hay que arrimar”, “Historias de bufanda” y “En cueros”, todos ellos temas de su nuevo trabajo, demostró que Cala Vento están acostumbrados a jugar a doble o nada y ganar. Y es que es imposible no seguirle el rollo a una banda que, desde el minuto uno, está poniendo toda la carne en el asador para hacer bailar a la gente. Aleix machacando su Jazzmaster y haciéndola temblar a cada acorde, Joan volcándose sobre su batería con la boca abierta en muda exhalación, y si no se te ponen los pelos de punta es que estás muerto por dentro.

Fotografía: Clara Martín

Las canciones de su debut homónimo también tuvieron su espacio, con “Estoy enamorado de ti”, “Puertas Traseras”, o el exitoso single “Isabella Cantó”, intercaladas con temas nuevos como la impactante “Antes de él” (en la que no se echó en falta la sección de cuerdas) o la reivindicativa “6.000.000.000”. También rememoraron sus orígenes, porque “Fruto Panorama” es un disco surgido y relacionado directamente con las experiencias vividas desde el lanzamiento de su debut; para eso estaban “Fetén”, “Nueve toros” o la alegre “Sin apenas conocernos”, y a ningún lado del escenario parecía bajar el nivel.

Construyendo el clímax final, Aleix y Joan se miraron a los ojos para empezar a capella “Hoy es un gran día”, y toda la sala quedó en silencio durante unos instantes. Si hubo un momento cumbre durante el concierto que demostrase la armonía entre estos dos artistas, fue este. Sin embargo, si había que terminar, sería a lo grande, y la trilogía final nació de sus dos elepés y su primer single. Las ya míticas “Isla Desierta” y “Abril”, y “Unos poco y otros tanto” como única aportación a los bises, cerraron por todo lo alto el concierto, y desde los admiradores más entregados hasta los meros observadores se vieron inmersos en la marea de voces enérgicas y brincos y manos en alto y vítores. Hasta los propios músicos quedaron impresionados, y si lo prometido es deuda, volveremos a verlos subidos a las tablas en la ciudad por petición propia y mérito casi compartido. Casi.

Cala Vento están ganándose a pulso un lugar representativo en la música española, y el boca a boca está jugando un papel determinante en la fama que el dúo catalán está adquiriendo. Con mucho curro, con los pies en la tierra y una cercanía sorprendente. Tienen un par de razones para que la cosa se les empiece a subir a la cabeza, pero no parece que Aleix y Joan sean de esos; son unos tipos con corazón pero también con cabeza, y sobre todo, con futuro. Y para muestra, estos bolos. Si la gente más festivalera se encuentra con este nombre a lo largo del verano, que les dé una oportunidad, que ellos harán el resto para que os vengáis bien arriba. Con algo de suerte, también se ganarán un hueco en vuestro recuerdo.

Fotografía: Clara Martín
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