No es habitual pensar en The Jam cuando hablamos de punk. No tardaron en dejar de lado el género, pero en 1977 fueron unos de los cabezas del movimiento junto con Sex Pistols, The Clash, The Buzzcocks y The Damned. El grupo se había formado a principios de los setenta en Woking, Inglaterra, por cuatro adolescentes enamorados del viejo rock and roll. Paul Weller (voz y bajo), Dave Waller (guitarra rítmica), Steve Brookes (guitarra solista) y Neil Harris (batería) hacían versiones de Chuck Berry y Little Richard hasta que, en 1974, Paul Weller descubrió el mod. A partir de entonces, grupos como The Kinks, The Small Faces y, especialmente, The Who, conformarían el universo musical de un grupo que, años más tarde, se erigiría en la formación impulsora y más relevante del Mod Revival británico con “All Mod Cons”, su tercer álbum, publicado en 1978.

Pero retrocedamos a 1976. Diferentes intereses personales y artísticos habían provocado una remodelación del grupo. Paul Weller seguía como cantante, pero ahora empuñaba la guitarra; Bruce Foxton se encargaba del bajo y Rick Buckler de la batería. La fuerte recesión económica, motivada por la crisis del petróleo de 1973, había derivado en un alto porcentaje de desempleo entre una juventud que se mostraba descontenta. En lo que respecta a la música, esta estaba dominada por los grandes virtuosos del hard rock y las ideas ambiciosas del rock progresivo, géneros que poco o nada tenían que ver con una generación que decidió tomar las riendas de su vida, haciendo de la subversión su mejor arma. La rabia y la frustración fueron los motores que llevaron a la juventud a enarbolar la bandera del ‘Hazlo tú mismo’, gestándose una escena musical en la que los Sex Pistols eran la punta de lanza.

“In the City”: La juventud mod británica surcando la ola del punk

En “In the City”, The Jam seguirían influenciados por el rhythm and blues británico y, particularmente, por The Who, pero endureciendo su sonido, haciendo suya esa actitud rebosante de furia y energía que destilaban los grupos que integraban aquella escena punk.

El grupo en el que militaban los ya legendarios Johnny Rotten y Sid Vicious estaba dando que hablar, y Paul Weller no dudó en asistir a un concierto que el anárquico grupo daba en Londres una noche de verano de 1976. Aquello impresionó sobremanera a aquel muchacho de 18 años que decidió de inmediato dar una nueva dirección a su grupo. Como plasmaron en In the City”, su álbum debut publicado el 20 de mayo de 1977, The Jam seguirían influenciados por el rhythm and blues británico y, particularmente, por The Who, pero endureciendo su sonido, haciendo suya esa actitud rebosante de furia y energía que destilaban los grupos que integraban aquella escena. Eso sí, manteniendo su propia estética elegante de trajes hechos a medida y su discurso ideológico. Además de sobre la juventud londinense, cantaban textos mordaces sobre la sociedad y la política, pero desde posiciones no revolucionarias. The Jam eran mods en plena explosión punk, el frente menos provocador y más accesible del movimiento.

Con tan sólo 18 años, Paul Weller se mostraba aquí como un compositor e intérprete maduro y excepcional, cualidad, esta última, que también se hace extensible a Foxton y Buckler, ya que sus habilidades para con sus respectivos instrumentos están fuera de toda duda ante tal festival sonoro.

Aunque cualquiera lo diría al escuchar el inicio del álbum. Art School irrumpe como un autentico cañonazo. Pegadiza, directa y vivaz, habla sobre la libertad de cada uno, sobre la importancia de ser uno mismo. Una premisa que ejemplifica a la perfección la propia banda al integrarse en la incipiente escena punk sin dejarse llevar por la ideología común. The Jam no sólo mantuvieron su estética y discurso mod sino que, lejos de las tendencias políticas de izquierdas que promovía la escena, Paul Weller se declaraba pro monárquico. Conocidas son también sus desavenencias con The Clash y la pelea de Weller con Sid Vicious por cuestiones de prestigio musical en la que el de Woking rompió una botella de cerveza en la cara del Sex Pistol. Por cosas como estas se ganaron la consideración de las ovejas negras del punk. El propio Weller consideraba a su banda como una formación que actuaba en los márgenes del movimiento, un círculo que llegó a menospreciar por considerarlo elitista. Mientras él procedía de una familia de clase trabajadora de Woking, denuncia que gran parte de los implicados en aquel ambiente venían de las escuelas de arte y de familias adineradas de la clase media londinense. A excepción de Johnny Rotten, puntualiza en una entrevista concedida a Mojo en 1995 (según indica Àlex Oró en el número 3 de “Cuadernos Efe Eme”), al que califica de ‘genuino’.

Rupturas matrimoniales aparecen enI’ve Changed My Address. Espídica y desenfadada, podemos apreciar aquí la querencia del grupo por los sonidos sesenteros, en la que es una muestra de cómo Paul Weller combinó el rhythm and blues británico que tanto le gustaba con los parámetros musicales que definían el punk. La fórmula ganadora que define el álbum. Slow Down, por su parte, es una versión del clásico de Larry Williams que también fue versionado y publicado por los Beatles en 1964 como cara B del single “Matchbox”. Rock and roll rabioso que evoca los primeros pasos de Weller en el mundo de la música y que el grupo adapta de forma magistral al nuevo contexto. I Got By In The Time es un tema maduro, rítmica y melódicamente contagioso, que trata sobre los recuerdos y de cómo nadie nos puede arrebatar los buenos momentos de nuestro pasado. And it always will be mine, yeah… And no one can take them away”, manifiesta Weller al final de la composición.

“In the City” muestra cómo estos muchachos abrazaron el punk con convicción, pero sin perder la esencia mod que los definía y diferenciaba, razón por la que se posicionaron como la alternativa al punk más politizado y camorrista.

Uno de los cortes más destacados del álbum llega con Away from the Numbers, en la que asoman vestigios de los Who en las estrofas y una enorme sensibilidad en los estribillos. Aquí, Weller muestra su buen hacer como compositor al exhibir una habilidad inusitada en el oficio para un joven de 18 años. Juega con las dinámicas sin perder intensidad, con los instrumentos para llenar la canción de matices y con los giros musicales, haciendo del puente uno de los pasajes más destacados del registro. Líricamente recoge el testigo de “Art School” para hablar sobre la libertad de cada individuo, sobre cómo tenemos que coger las riendas de nuestra vida y no dejarnos influir por  las opiniones o actos de los demás, decidiendo por nosotros mismos. Acto seguido se inicia la prescindible y absurda Batman Theme. Una versión del tema principal de la serie de televisión de los sesenta que también versionaron anteriormente otros grupos como The Who y The Kinks en 1966 y 1967, respectivamente.

El verdadero pelotazo de esta primera etapa del grupo llega conIn the City. El que fuera el primer adelanto y éxito del disco y de The Jam. La canción que los situaría en el mapa rápidamente al entrar en el Top 40 de la lista de singles del Reino Unido. Se trata de una celebración juvenil no exenta de crítica, denunciando abiertamente la brutalidad policial cuando entona: In the city, there’s a thousand men in uniform… And I hear they now have the right to kill a man”. Rotunda, poderosa y pegadiza, con su título hacen un guiño, una vez más, a la obra de sus principales referentes, The Who, puesto que una composición del mismo nombre aparecía en la cara B del single “I’m a Boy” que estos lanzaban en 1966. Otro aspecto a mencionar es su hipnótico e imperecedero riff, uno de los elementos más destacados de la composición, con un enorme poder de seducción, que más tarde también utilizarían los Sex Pistols en su sempiterna “Holidays in the Sun”.

The Jam dejaron para la historia uno de los discos más importantes del momento, una grabación de aquellas que le dieron entidad al punk.

Guitarras poderosas y una batería arrolladora de redobles demoledores al más puro estilo Keith Moon darán forma a Sounds from the Street, donde continúa el tema de la juventud británica en la que es una canción de pop sesentero recontextualizado, alegre, dinámico e ingenuo. Juvenil y veraniego por sus coros surf. Y que aderezan con furtivas grabaciones del sonido de una motocicleta, icono cultural del movimiento mod. El ritmo desenfrenado y festivo será la principal atracción de Non-Stop Dancing. Bailable y cautivadora, se alza como la canción más divertida y desenfadada del plástico. Imposible no dejarse llevar ante tal muestra de júbilo y radiante optimismo.

Time for Truth supone la antítesis de la anterior. Aquí la música se torna seria, y Weller muestra su descontento con la política del entonces primer ministro James Callagham, al que se refiere sarcásticamente como ‘tío Jimmy’, dada su mala gestión. El compositor denuncia que Callagham pretende crear un estado policial, y le recrimina: Apuesto a que duermes por la noche con sábanas de seda y la conciencia tranquila, mientras los asesinos deambulan por las calles con trajes azules” [refiriéndose a la policía]. La melodía de las estrofas no es particularmente destacable en este punto, pero una base instrumental acertada, que pone el énfasis en el ritmo, nos empujará gustosamente hacia un estribillo sencillo e infeccioso regido por la melodía y la inmediatez. El rock and roll brioso regresa con Takin’ My Love. Juventud, amor y ganas de pasarlo bien que aligeran el trascendentalismo del corte anterior, todo pasado por el filtro de la actitud, la urgencia y la vehemencia que solo los mejores temas del género destilan. Bricks and Mortar pone fin al elepé con una crítica sociopolítica rebosante de rabia que lanza dardos envenenados contra la idea de progreso: “While hundreds are homeless they’re constructing a parking space”, se queja Weller, entre guitarrazos agresivos y una melodía de nula inspiración que no hace de ésta, en lo musical, una de las mejores composiciones del álbum.

Con tan sólo 18 años, Paul Weller se mostraba aquí como un compositor e intérprete maduro y excepcional, cualidad, esta última, que también se hace extensible a Foxton y Buckler, ya que sus habilidades para con sus respectivos instrumentos están fuera de toda duda ante tal festival sonoro. “In the City” muestra cómo estos muchachos abrazaron el punk con convicción, pero sin perder la esencia mod que los definía y diferenciaba, razón por la que se posicionaron como la alternativa al punk más politizado y camorrista. No tardaron en tomar otra dirección musical. Tal vez los de Woking se sumaron a este movimiento para usarlo como mero trampolín dada la expectación que estaba generando esta subversiva escena. No obstante, lo que sabemos a ciencia cierta es que The Jam dejaron para la historia uno de los discos más importantes del momento, una grabación de aquellas que le dieron entidad al punk, aunque quedara ensombrecido por el posterior legado y repercusión del propio grupo en su condición de líderes del Mod Revival.

The Jam – In The City

9.0 HOT RECORD

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Corría el año 1977, la escena punk estaba tomando relevancia, y The Jam se sumaban al movimiento con “In the City”. Un debut en el que estos mods procedentes de Woking articulaban un discurso en el que aunaban rhythm and blues sesentero y punk a lo largo de doce temas rebosantes de actitud, energía y furia.

Up

  • La mezcla homogénea y personalísima que resultó de la unión entre el rhythm and blues británico y el punk.
  • En el plano lírico hay un estupendo equilibrio entre el compromiso sociopolítico y la celebración juvenil.
  • Canciones pegadizas y enérgicas, repletas de actitud y rabia.

Down

  • La versión de “Batman Theme”. No por el resultado, sino por el tema en sí. Absurdo.
  • La poca inspiración musical de “Bricks and Mortar”.
  • Que el álbum haya quedado ensombrecido por la producción y estética musical posterior de la banda en cuanto que líderes del fenómeno Mod Revival.

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