¿Sabéis lo que es no encontrar algo que realmente te entusiasme escuchar? Quiero decir, todas y todos tenemos nuestros grupos favoritos, que conocemos desde hace mucho y nos dan la vida y con cuyos integrantes tenemos ciertas fantasías que… bueno, Damon Albarn no tiene por qué saber eso. La cuestión es que, aunque son muy tuyos, no quieres estancarte en esos grupos, y además tienes tus etapas, y saltas de unos a otros, escuchas otras bandas y artistas de forma más esporádica, o por trabajo, o por sugerencia… pero, lamentablemente, no todos esos sonidos se quedan contigo. Muchos probablemente ni recuerdes del todo haberlos escuchado, porque, triste pero cierto, hay demasiado contenido genérico y clónico que no tiene ninguna trascendencia. Y eso sienta bastante mal.

Yo, personalmente, llevaba ya un tiempo intentando reencontrarme con esa sensación que te golpea por sorpresa y te dice “esto va a ser algo grande”; la clase de música que te pilla con la guardia baja y después de un par de temas te tiene en sus redes. No pensaba en un formato concreto, ni un estilo, porque tampoco sabía exactamente dónde buscar. Y de la forma más casual del mundo, como si pasaran por allí, me topé con ellas. Y el flechazo fue bestial.

Para ser sincero, conozco muy pocas girl bands, y es una pena que las agrupaciones que entran en esta denominación pasen desapercibidas. Tengo la sensación de que, últimamente, la situación está mejorando a este respecto y muchos de estos grupos empiezan a despuntar por ahí y allá (aunque esto no siempre es merecido) y haciéndose valer en el mercado. The Big Moon, sin embargo, se permiten el lujo de no pensar mucho en esta etiqueta, porque lo que realmente las avala y precede es su potentísimo sonido; pensemos en unas Warpaint menos serias, en unas Plumtree londinenses con más caña, en unas Hinds mucho menos conformistas que no saben lo que es jugar a lo seguro. Entre sus guitarrazos uno distingue la influencia de Blur y The Libertines, pero ante todo prevalece su identidad sonora y lírica, tremendamente distintiva y con un buen rollo y una potencia difíciles de encontrar a día de hoy.

Por si estos credenciales no fuesen suficientes, escuchando sus primeros singles ya se aprecia que Juliette Jackson, Soph Nathan, Celia Archer y Fern Ford sabían desde el principio dónde querían llegar con “Love in the 4th Dimension”: hay desparpajo y humor en su forma de tocar y componer, una aparente simplicidad con la que juegan y retuercen hasta que te explota la cabeza, un absoluto rechazo a los convencionalismos del indie-rock, la estructura de la canción pop y la heteronormatividad que no te restriegan por la cara pero está ahí sin ningún reparo ni pretensiones estúpidas y… ¿acaso estoy soñando? ¿Es esto real?

Joder que si lo es.

“Love in the 4th Dimension”, o cómo The Big Moon te harán dar saltos frente a tu equipo de música

Hay desparpajo y humor en su forma de tocar y componer, una aparente simplicidad con la que juegan y retuercen, un absoluto rechazo a los convencionalismos del indie-rock, la estructura de la canción pop y la heteronormatividad que no te restriegan pero está ahí.

Si bien “Love in the 4th Dimension” no es exactamente un álbum conceptual, es más que una mera colección de canciones sueltas y alguna añadida por llenar espacio. Estas chicas no conciben hacer un tema de relleno, y no necesitan dos ni tres discos para llegar a su máxima expresión. Su debut es uno tremendamente autoconsciente, y se niega a hacer concesiones simplemente porque ‘es su primer trabajo’. En buena medida es gracias a su producción, llevada a cabo entre Catherine Marks (que ha trabajado con Foals y Wolf Alice) y las propias artistas, porque hace predominar una atmósfera lo-fi, nocturna y un tanto onírica, sin que ello perjudique la definición de los instrumentos o las voces ni la energía que pretenden transmitir. Se nota que, como Jackson contaba, nada en el proceso resultó “estresante, o apresurado, o difícil”, y estaban tocando temas que ya conocían muy bien gracias a sus más que exitosos directos, así que todo resulta tremendamente natural, cómodo y enérgico, sin una pizca de artificiosidad.

Fotografía: https://www.vevo.com/

La producción, llevada a cabo entre Catherine Marks (Foals, Wolf Alice) y las propias artistas, logra hacer predominar una atmósfera lo-fi, nocturna y un tanto onírica, sin que ello perjudique la definición de los instrumentos o las voces ni la energía que pretenden transmitir.

Sobre estas premisas empieza, con la fuerza de una patada y sin darnos un segundo para tomar aliento, “Sucker”: tres acordes de esos que no podrían estar mejor escogidos, la voz somnolienta de Jackson haciéndonos entrar en la cálida oscuridad en la que todo este disco se desenvuelve, un estribillo potente como un cañonazo (en el que Ford toca el teclado y la batería al mismo tiempo) y un puente de esos que anticipan un final por todo lo alto. Esta canción no necesita más que estas cuatro cosas para merecer un sitio en la apertura del disco y empezar a dar muestras de lo que significa llamarse The Big Moon, pero, por si aún quedaba alguna duda, ahí está “Pull The Other One”. Vemos lo que la experta guitarra principal de Nathan puede conseguir recordando a los riffs de Graham Coxon, la sólida base rítmica que conforman la batería y el bajo, y lo geniales que pueden ser las letras de Jackson (Finally you’re here with me / And will you stay the night? / I’d like to let you stay the day but my schedule’s very tight”). Hay mucha soltura y confianza, y las londinenses actúan como un grupo cuyo sonido es más que la suma de sus partes.

Cupid” probablemente sea la canción con la que la mayor parte de la gente conoció a la banda, y no es de extrañar: engaña empezando suave y remonta brevemente antes de estallar con unos “uhuhuhs” de absoluto escándalo, el momento ideal para venirte arriba con la batería y cantar a grito pelado I’ve been waiting for a girl like you” y quedarte con ese rollo hasta que acabe todo. Esta canción está cargada de energía y color, de ganas de pasarlo de puta madre a costa de lo que haga falta, pero es que además suena impresionante, y sus variaciones de ritmo parecen pensadas para sorprenderte constantemente a medida que avanza.

The Big Moon saben trabajar perfectamente más allá de los guitarrazos indies y permiten que todos los instrumentos se expresen, dejándose espacio entre sí y, llevando toda la canción hacia delante a la vez.

Aunque si hablamos de cambios inesperados y progresiones de acordes mutantes, “Formidable” tiene aún más que decir. Desde su comienzo casi onírico empieza a hacer un build-up de tensión que rompe con la segunda estrofa para sacar todo el arsenal y ponerte los pelos de punta. Casi parece carecer de estructura, y resulta como si la canción se dejase llevar y arrastrar por los coros y los guitarrazos para que corees sus letras por crípticas que sean y te olvides de todo. Volviendo con el rollo Blur aparece “Bonfire”, que bien podría haber ocupado un lugar en “Parklife” con ese riff que, por supuesto, ni de broma podría hacernos imaginar lo que viene después. Su letra es tremendamente sugerente, cargada de referencias eróticas que casan a la perfección con su potencia y el calor que desprende el tema en su conjunto. Alejándose de la dinámica caótica y casi improvisada de los temas anteriores, “The Road” opta por mantenerse firme sobre un riff sólido y desarrollar el resto del tema sobre él. En general es más pausado, pero eso no significa que esté más limitado o que sea más flojo; nada más lejos. De hecho, precisamente por esto, el clímax del final resulta aún más imponente. Su letra, como tantas otras de la buena de Jules, es ambigua pero claramente personal, y aunque quizá no sea la clase de cosa con la que te motives hasta límites de vergüenza ajena (como sí ocurre en otros muchos casos aquí), este es un temazo de manual.

Un poco más relajada y quizá conformista se muestra “Happy New Year”, que aunque recuerde un tanto a “Bonfire” tiene una estructura más reconocible y está muy bien ejecutada. Además, lleva la palabra ‘pasado’ pintada en la frente, y parece al mismo tiempo querer evocar un recuerdo (I’d love to eulogise but my memory’s, well / As grey as a garden snail”) y obviarlo por completo (No I don’t remember / I’m happy to lie with the sleeping dogs”). De nuevo, las letras demuestran ser un importantísimo cimiento de este trabajo. Pero no temáis, que volvemos al buen rollito con “Silent Movie Susie”, que abre con los tres acordes más básicos de la historia para tirarlos a la basura y fliparse muy fuerte contando la historia de una tía a la que no conocemos mucho pero que gracias a un videoclip inolvidable pasará a la historia. Quiero decir, es imposible pasar por alto a una Barbie que decide mandar a Ken a tomar por culo por infiel y lo cambia por un dildo y un concierto de The Big Moon. Aparte de ser una historia verídica, nadie podría decir que no salió ganando. Y, sí, este vuelve a ser un temazo de venirse arriba, de esos que cambian sobre la marcha pero siempre con el buen rollo por delante y con un estribillo que emite un sencillo diagnóstico: si no cantáis esto en un festival, estáis muertos por dentro.

Hay pocos primeros discos que pongan tantísima cabeza y corazón en lo que hacen y, a la vez, sean fruto de la simplicidad más candorosa posible. No creo equivocarme al aseverar que a The Big Moon les aguarda un futuro brillante y lleno de posibilidades.

Y ojo aquí, que la cosa se pone seria con “Love in the 4th Dimension”. Aquí, las chicas ponen toda la intensidad sobre la mesa para definir con todo lujo de surrealismos y referencias extraterrestres la magia del amor de la que habla el álbum homónimo. En esta canción, la estructura de estrofas y estribillos se diluye en una masa informe pero indudablemente más pura de guitarras cañeras pero no egoístas, coros celestiales y una sentimentalidad mucho mayor de lo que cabría esperar. Con “Zeds”, a punto de cerrar esta trilogía final, se perpetúa la línea introspectiva del tema anterior, y baja los decibelios para dejar que Jackson nos abra su corazón. Queda patente que el grupo sabe trabajar perfectamente más allá de los guitarrazos indies y permiten que todos los instrumentos, en estos temas más relajados, se expresen en un perfil más bajo, dejándose espacio entre sí y, una vez más, llevando toda la canción hacia delante a la vez. The End”, por supuesto, marca el cierre con más luminosidad y energía de las anteriores, pero merece su espacio en esta tríada por sus letras. La melancolía queda atrás, y todo queda impregnado de la energía de un último beso que marca el final de la película muda de Susie, o de Juliette, o de quien sea que se sienta detrás de esta historia. Es poderosísima, emocionante y épica, y la adición de la sencilla pero sobrecogedora sección de cuerdas le otorga todo lo que necesita para ser un final por todo lo alto.

Voy a ser sincero y directo, porque si ya tenía tomado partido con este grupo, después de terminar de escuchar un elepé de semejante calibre lo tengo aún más claro: “Love in the 4th Dimension” es el debut del año. Y quedan meses, pero yo me la juego, porque en mi vida he escuchado muy pocos primeros discos tan autoconscientes y con tanto carácter, que pongan tantísima cabeza y corazón en lo que hacen y, a la vez, sean fruto de la simplicidad más candorosa posible. No creo equivocarme al aseverar que a The Big Moon les aguarda un futuro brillante y lleno de posibilidades, porque si ya han explotado su potencial lírico y musical de esta manera desde el principio, lo que venga en un tiempo puede ser impresionante.

Aunque, la verdad, me da lo mismo equivocarme en mis predicciones, porque lo importante es que “Love in the 4th Dimension” existe, y eso ya tiene todo el valor necesario. Me pregunto si nosotros sabremos amar de la misma forma en que este disco suena. Quizás haya que comprobarlo.

The Big Moon – Love in the 4th Dimension

8.5 HOT RECORD

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El estreno de The Big Moon es uno de los platos fuertes de 2017 y un firme candidato a mejor debut del año. Su inconfundible y desenfadado estilo, la profundidad de sus letras, su oposición frontal a los convencionalismos de todo tipo y su capacidad para hacerte vibrar a su son convierten a “Love in the 4th Dimension” en un elepé inolvidable que ya nos hace desear más de ellas. Sin duda, este es un grupo al que conviene no perder de vista.

Up

  • The Big Moon tienen una clarísima y predominante mentalidad de grupo, y dentro de su absoluta libertad formal tienen siempre en mente llevar a la canción y la banda adelante, aunque los instrumentos separados tienen el espacio perfecto.
  • La complejidad de muchos de sus temas nace de la sencillez en sus bases.
  • Jackson es a la vez una sólida guitarra rítmica, una vocalista inconfundible y una letrista de las que dejan huella.
  • El orden de las canciones permite que haya muchos temazos de buen rollo para el recuerdo compartiendo sitio con la majestuosa e intensa tríada final sin que nada resulte fuera de lugar.
  • La maravillosa personalidad de las integrantes parece traspasar el micrófono y permea a las propias canciones.

Down

  • “Happy New Year” puede resultar parecida a “Bonfire” por el sonido, pero lo compensa con su letra. Pese a todo, es la única ocasión en la que ocurre.
  • La tríada de “Love in the 4th Dimension”, “Zeds” y “The End” puede resultar excesivamente pausada en comparación con los temas anteriores.