Si por lo mismo que se dice que Common es el rapero infravalorado por antonomasia hubiera que calibrar al resto, el mejor MC de la historia universal hubiese sido, sin posibilidad de competencia por adelantado a su tiempo, Martin Luther King. O quizás el otro pastor ese que masacró a muchos negritos en Jonestown de tanto que los quería, ahora no sabría por cuál decantarme. En tiempos de Black Lives Matter con hashtag delante y tras aquel “To Pimp a Butterfly” de Kendrick Lamar tan orgullosamente afro-moralista del que aún se recupera la comunidad planetaria, nadie quiere ser capturado en Twitter metiéndose con un tipo tan guapo y políticamente acertado como Common.

Estando ahí Migos para hablar de culos y tetas sobre las bases más implacables del 2017, ¿quién se atreve a admitir que dan ganas de meterle un paquete de tampones por la boca a éste chico tan majo cada vez que insinúa que tener la regla es guay? ¿Nadie? Bueno, pues ya que he empezado, me ofrezco voluntaria para explicar a través de “Black America Again”, onceavo álbum en la loable carrera de éste eterno “Little Chicago Boy”, por qué lo que da puntos para ganar un Nobel de la Paz no los ofrece para ganar batallas de gallos, o la diferencia elemental entre Nelson Mandela y 50 Cent, por si alguien todavía los confunde (la verdad es que se dan un aire, si se los pone así un poco de perfil).

Fotografía: https://super45.cl/

Podría hasta afirmarse, no sin cierto tufo a intelectualización forzada, que la ola de activismo cultural afroamericano que comenzó en 2014 con “Black Messiah” y alcanzó su cresta en “To Pimp a Butterfly” y el semi-póstumo de A Tribe Called Quest ha besado la orilla y muerto a finales de 2016 con “Black America Again”.

Todo empieza de manera algo abrupta; se le da al botón de reproducir y te salta Bilal, eterno y viejo compañero Soulquarian de Common, hablando en lenguas como si estuviera viendo al Dios con pelo de lana de cordero descrito por algún Pantera Negra en el “Black Messiah” de D’Angelo (otro conocido de los Soulquarians, por cierto). “Joy and Peace”, elegiaco track introductorio, no será la última reminiscencia a D’Angelo que nos traigan “Black America Again” y el falsetto de Bilal; podría hasta afirmarse, no sin cierto tufo a intelectualización forzada, que la ola de activismo cultural afroamericano que comenzó en 2014 con “Black Messiah” y alcanzó su cresta en “To Pimp a Butterfly” y el semi-póstumo de A Tribe Called Quest ha besado la orilla y muerto a finales de 2016 con “Black America Again”. No está claro si más porque el neo-conscious rap simplemente ha seguido su curso natural, porque al mumble rap procedente de Atlanta no hay quien lo pare últimamente o porque los político-raperos están aún recuperándose del aturdimiento tras la antiutópica victoria de Donald Trump en las pasadas elecciones estadounidenses. Ya se trate de una combinación de las tres anteriores o no, la intuición colectiva continúa augurando el fin de una mini-era en el hip-hop contemporáneo, con la portada de “Black America Again” como lúgubre, racial y vaporosa sepultura.

Home” tiene un rollazo importante, pero nada más entrar, emana eau de “1000 Deaths” del “Black Messiah” (segundo aviso, Common) que no veas. Entre referencias bíblicas atractivas y autocomparaciones con profetas de dudable pertinencia, se llega a una cosa bastante prescindible y cursi como es “Word from Moe Luv Interlude”, anunciando la llegada de las varias cosas prescindibles y cursis que hay por el medio del “Black America Again”. Pero antes, una absolutamente imprescindible y sólo un 10% cursi, ni que sea porque incluye a Stevie Wonder repitiendo la misma frase progre-pastelosa (“We are rewriting the black American story”) 10 veces: la homónima “Black America Again”. Con otro sample/discurso mucho más excitante que el resto en el disco y que corre a cargo de no otro sino James Brown (a falta de una superestrella negra, buenas son dos superestrellas negras), la pista bautista hace justicia al cometido reivindicativo que admitidamente pretendía Common (ligeramente a pesar del instrumental final, que se siente, de nuevo, prescindible y cursi).

“Black America Again” es un esfuerzo tremendamente respetable, pero ya va siendo hora de que los sectores nostálgicos de aquel que mientras se autoestrangula se autodenomina ‘rap clásico’ se quiten el antifaz de dormir de la cara y acepten que la prosa no es poesía y viceversa.

Love Star”, primer single del largo y con features estelares de Marsha Ambrosius y PJ, inaugura oficialmente la temporada de ñoñerías. Como sencillo de un álbum que trata principalmente los temas de la violencia discriminatoria y la injusticia racial institucionalizada en Estados Unidos no tiene ni pies ni cabeza, pero para acabar de rematarlo, Common salvaje aparece en “Red Wine” haciendo que el italiano suene a alemán y a los oyentes les implosiona comprensiblemente la cabeza; “¿por qué sigue hablando de amor, ramos de flores y cajas de bombones como si hablara de tomar la puñetera Bastilla?”, se preguntan. Ni siquiera un sensualmente inocente verso de Syd puede salvarlo del todo… Casi adjuntas a las dos anteriores van “On A Whim Interlude” y “A Moment In The Sun Interlude”, la primera decantándose por el bebop y la segunda por el neosoul, ambas igual de demasiado insípidas para entretejerse coherentemente en la colección de cartas políticas en llamas que debería constituir “Black America Again”.

Como Common es innegablemente bueno en lo que hace y lo cortés no quita lo valiente, se hace menos molesto que “Pyramids” también suene a luchar por ser Kendrick ‘Kung Fu Kenny’ Lamar por un día, pero suena precisamente a eso y con el volumen al máximo para que King Kunta lo oiga desde su castillo imperial. Y a partir de “Unfamiliar” y casi hasta el final, agárrense que vamos en desvergonzada caída libre… Es posible que ésta segunda y última aparición de PJ sea, dentro de la noble, minoritaria y apaleada tradición de la canción urbana de amor, lo mejor que le ha salido a nuestro superhéroe anteriormente conocido como Common Sense en mucho tiempo. Así y todo, tal vez debiera habérsela guardado por si a Rod Stewart le encaja en un futuro “The Great American Songbook Volume VI”.

El conscious rap no ha de ser bueno por ser conscious, sino por ser bueno, y “Black America Again” es mejor que algún trap, segurísimo, pero también es peor que otro. Como dijo Sartre, habrá habido tiempos más bonitos que estos, pero estos son los nuestros. Nuestros tiempos no son los del rap protesta. Se siente.

A Bigger Picture Called Free” y “The Day Women Took Over” dan pereza nada más leer el título; irradian pretensión de himno universal para manifestación feminista, por dentro y por fuera, uno de los males de los que, de hecho, adolecen casi las 15 canciones que componen “Black America Again”. De nuevo emulando a Lamar cuando asegura en “HUMBLE.” que le apetece ver traseros con estrías y, con irónica desgracia, superándolo en el que seguramente es el primer traspié que comete el de Compton en años: queridos Common y Kendrick, gracias por tratar de acabar con la misoginia en el rap. Seguid intentándolo. Lo de “Rain” junto al adorable y afelpado John Legend… Sí, parejita, con la banda sonora de Selma os salió redonda la jugada, es cierto; la Tierra lloró con vosotros viendo la ceremonia de los Oscars y en todas las franjas horarias existentes. Pero no esperéis que se os vuelvan a aparecer las mismas musas y tan seguidamente; esas cosas sólo pasan en las películas. Milagros a Hollywood.

A riesgo de que “Black America Again” resonara en exceso a algo muy lejano a Def Jam Records y a su prominente productor, Karriem Riggins, sus dos últimos temas insuflan de vuelta algo de masculinidad, protesta y una introspección que había estado ausente en todo el álbum hasta llegar a “Little Chicago Boy”, en la que Common (¡por fin!) deja de autopresionarse en un papel de Malcolm X cantarín para el que está claramente no cualificado y describe la América que observa con lentes subjetivas y entrañables. “Letter to the Free”, por su lado, es el góspel de fondo para la marcha en Washington moderna que le ha salido justo cuando ha dejado de intentarlo.

“Black America Again” es un esfuerzo tremendamente respetable, pero ya va siendo hora de que los sectores nostálgicos de aquel que mientras se autoestrangula se autodenomina ‘rap clásico’ se quiten el antifaz de dormir de la cara y acepten que la prosa no es poesía y viceversa, que en ésta vida no se merece uno ningún premio por el simple hecho de tener sentido de la ética, que Mandela nunca será Big Daddy Kane por muy legendario orador y mejor persona que sea. Vamos, que el conscious rap no ha de ser bueno por ser conscious, sino por ser bueno, y “Black America Again” es mejor que algún trap, segurísimo, pero también es peor que otro. Si tuviera que abundar un tipo de rapero en nuestro cochino mundo, sin embargo, no cabe duda de que haría más bien que mal que fuera el tipo que es Common y no el que es Quavo, pero como dijo Sartre, habrá habido tiempos más bonitos que estos, pero estos son los nuestros. Nuestros tiempos no son los del rap protesta. Se siente.

Common – Black America Again

7.6

D’Angelo lo concibió, Kendrick Lamar y Q-Tip lo elevaron hasta todas las cimas posibles y Common lo ha matado: la segunda ola del conscious rap acaba en “Black America Again”, con bastante garra y osadía, pero ni de lejos la suficiente. El eterno poeta negro de Chicago lucha con su densidad lírica de siempre contra la nueva espontaneidad ininteligible del rap del balbuceo. Estaba claro que tenía todas las de perder…

  • Si Common se presentara a la presidencia de los Estados Unidos de América, debería ganar: como orador poético-político, no tiene competencia.
  • El soul está más bien atendido que en casi ninguno de sus anteriores trabajos discográficos.
  • Los contados momentos en los que el rapero deja de retratar a América para la posteridad y la fotografía verbalmente para recordar lo que le hacía sentir a él mismo y a nadie más (véase “Little Chicago Boy”).

  • La pretensión de convertir “Black America Again” en el “Alright” de Kendrick Lamar del 2017 y lograr que las masas coreen sus letras durante las protestas en contra de la violencia policial racista nublan la posibilidad de la consecución de cualquier otro logro más realista.
  • La falta de coherencia del hilo conductor de la obra global: se puede hacer un álbum protesta y un álbum romántico, pero no las dos cosas a la vez.
  • Que alguien pueda pensar que el ser algo remotamente parecido a feminista convierte a un artista en automático merecedor de alabanzas y Grammys.

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