El ascenso mediático y popular que han vivido los norteamericanos Future Islands es un elemento digno de estudio. Muchos lo atribuyen al cambio de discográfica (de Thrill Jockey a 4AD) con el que pudieron alimentar sus aspiraciones de crecer, pasando del indie underground a un registro más masivo, donde dar rienda suelta al torrente muscular de Samuel Herring, uno de los frontmen más característicos del panorama internacional. Sin duda, Herring es un torbellino enjaulado en un cuerpo que a veces le queda demasiado pequeño. Sus directos son parte de la clave para entender el hype por un grupo que, a pesar de su trayectoria, saltó de la noche a la mañana a las primeras líneas de los mayores festivales del mundo.

El primer álbum que publicaron con 4AD, y anterior al que ahora nos ocupa, llevó a los de Baltimore hacia el sacramento y respeto generales. “Singles” supuso un movimiento firme hacia su propia consagración. Pese a haber firmado joyas previas como “Balance” o “Tin Man” fue en la imbatible y colosal “Seasons (Waiting On You)” donde sacaron a deslumbrar todo su arsenal. Con ella se dieron a conocer al público norteamericano gracias a su icónica actuación en el show de Letterman, y gracias a ella encabezaron los rankings de mejor canción del año en PitchforkNME.

El halo de “Singles” deslumbró tan fuerte que tanto listón como expectativas estaban muy arriba. No obstante, la respuesta de Future Islands ha sido apostar por una fórmula ‘continuista’, sin perseguir demasiado otro gran hit que compita con “Seasons (Waiting On You)” y asegurando su comodidad en un terreno que saben que dominan. Ante todo, sigue habiendo lugar para el descontrol y la locura en temas como “Cave” o “Ran”, que probablemente se acabe convirtiendo en la canción más icónica de la placa. Pero también hay espacio para confesiones autobiográficas que tiñen el disco con espectros melancólicos.

Fotografía: Cait Oppermann (https://www.nytimes.com/)

El amor que (no) siguió tras “Singles”

Future Islands han apostado por una fórmula ‘continuista’, sin perseguir demasiado otro gran hit que compita con “Seasons (Waiting On You)” y asegurando su comodidad en un terreno que saben que dominan.

La apertura de “Aladdin” viene de lejos, subiendo poco a poco, como si retomara directamente lo que plantaron en 2014. Por si teníamos alguna duda, la línea de bajo nos lo recuerda: estamos escuchando a Future Islands. Todos los elementos para recordarles tal y como nos dejaron están ahí: sintetizadores y baterías brillantes, un bajo la mar de catchy y, cómo no, la fuerza vocal de Samuel, que sigue igual de viva y enérgica. También podemos constatar todo esto en “Time On Her Side”, una progresión arrolladora que hace gala del buen gusto que tienen los de Baltimore con el synth-pop más vitalista combinado con la nostalgia desoladora que despierta Herring. Contemplando el océano (figura recurrente en sus letras) recuerda la virtud de tener todo el tiempo por delante cuando uno es joven, como le pasa a la chica que ha evocado ese océano:  “Because she’s got time on her side / To be young is divine.

Ran”, una de las maravillas de la placa, prescinde de progresiones y se sitúa bien arriba en todo momento. Quizá pensada justamente para acompañar este ‘correr por el mundo’, habla de un problema que la banda a menudo ha declarado: las distancias. Cómo de difícil es cuidar una relación cuando su trabajo requiere salir y girar largos periodos de tiempo. De manera bastante romántica, Samuel presenta este sinsentido combinándolo con declaraciones directas como “And what’s a song without you? / When every song I write is about you / When I can’t hold myself without you. Que nadie piense que sus gritos trágicos cuando actúa son gratuitos. La temática de “Ran” prosigue en “Beauty of the Road”, cuyo tema central deviene más específico y según el propio Sam Herring apela a alguien sobre quien ya ha cantado varias veces. El amor perdido por el amor a la carretera. El sueño de tener un grupo de éxito que le distancia de esa persona que se cansó esperando. ¿Nos suena de algo? Parece que Herring pone voz a un Sebastian ochentero de La La Land, lamentando cómo debe renunciar al amor para perseguir su sueño y preguntándose inútilmente qué habría pasado si hubiera elegido el otro camino.

Ante todo, sigue habiendo lugar para el descontrol y la locura en temas como “Cave” o “Ran”, pero también hay espacio para confesiones autobiográficas que tiñen el disco con espectros melancólicos.

Cave” por su parte se centra en el adiós, en el dejar marchar a ese alguien que ha sido parte de nosotros durante bastante tiempo. Dura, pero hace gala de un efectismo instrumental que cuesta escuchar la canción con actitud pasiva. La manera en la que la voz se transparenta con la incesable batería y sintetizador crea ‘un todo’ muy eficaz y expresivo, pese a no ser una proeza nueva para los norteamericanos. Algo similar pasa en “Through the Roses”, cuyos cambios son más acentuados, dejando brillar al bajo o los sintetizadores por separado. Nuevamente, Future Islands consiguen trasladar el sintetizador desde una paleta escueta a un final apoteósico de manera orgánica, sin llevar eso a forzar demasiado la voz u otros elementos. En cambio, “North Star” se diferencia más del resto desde que empieza a sonar. Un comportamiento glossy que acompaña el brote de esperanza ante el abismo de la distancia. Frente al persistente ‘no puedo estar junto a ti’, Herring está determinado a atravesar conduciendo una tormenta de nieve de esas que dejan paralizados incluso los aeropuertos.

Retomamos el agua como recurso lírico en “Ancient Water”, cuyo sólido sintetizador adquiere el papel protagonista, guiando a un Herring que quiere desatarse y escapar de una monotonía que le tiene encerrado; quiere ver el mundo y todas las cosas que realmente le importan. Al otro extremo está “Candles”, que suena a canción de alta madrugada en un bar de carretera. “Candles” es el único sleeper de la placa, una balada cuya temática amorosa no se centra tanto en la distancia sino en el cansancio de una relación cuyas circunstancias consumen a alguien como si fuera una vela.

“The Far Field” transcurre totalmente en la zona de confort de Future Islands. No supone un paso adelante significativo en su discografía pero tampoco un drástico retroceso.

El ritmo se eleva en “Day Glow Fire”, mucho más brillante y colorida que su predecesora. Aquí de nuevo Future Islands apuestan a caballo ganador con unos ritmos de bajo la mar de agradables que se van derritiendo con los teclados y las baterías, cargadas del empuje necesario para no perder la atención y el enganche del disco. Poco después llega una de las grandes sorpresas del elepé, titulada “Shadows” y acompañada de Debbie Harry, cantante de Blondie. “Shadows” es como un viaje en el tiempo entre aquello que fue y lo que Future Islands quieren recordarnos, pero no suena para nada casposa; une lo mejor de las dos voces con unos acompañamientos sintéticos que se encargan de vestirlas y elevarlas, dejando unos versos conjuntos muy bien arreglados. Pese a que Herring y Harry no llegaron a grabar nunca las voces juntos (de hecho ni se conocieron), la pieza tiene un carácter elegante y brillante que apoya mucho el tramo final del disco.

Finalizamos el recorrido con “Black Rose”, una de las últimas canciones que grabaron para “The Far Field”. Con ella reafirman su ‘no necesidad’ de guitarras, barajando eficazmente batería, sinte y bajo de manera que todo pueda adquirir su voz y realzar lo demás. Otro momento para recordar el amor perdido de Herring, que concluye con una petición abierta o un suspiro tardío buscando apelar a alguien concreto: “Stay.. Tranquilo Samuel, a nosotros nos vas a tener para rato.

Future Islands – The Far Field

7.3

Future Islands reafirman la confianza en su sonido heredero del synth-pop de los ochenta, brillante, movido y enérgico. Todo ello combinado con unas letras devastadoras sobre la dificultad de congeniar una relación amorosa con la distancia que conlleva formar parte de un grupo. Un movimiento continuista tras el consagrado “Singles”, pero sin dejarse contagiar demasiado por la épica de entonces.

  • El conjunto cumple su función: cautiva, pone las pilas y transmite ese rollo ochentero tan característico del grupo.
  • La coherencia y sinceridad con la que está escrito crea uno de esos álbumes devastadores en sus letras pero súper bailables en sus melodías.
  • El pilar fundamental de Future Islands es el directo. Ahí es donde disfrutamos del grupo y de la euforia de Sam. Es imposible escuchar los temas sin imaginarlo volviéndose loco en el escenario.

  • El disco transcurre totalmente en la zona de confort de Future Islands. No supone un paso adelante significativo en su discografía pero tampoco un drástico retroceso.
  • Han apostado por un sonido bastante similar en cada canción, sobre todo en la línea de bajo. Eso provoca que el recorrido sea bastante lineal y cueste diferenciar temas por su valor instrumental.