Los cuchill(az)os son el estandarte de “Sentido del Espectáculo” y Álvaro, Jorge, Pablo y Milky, unos perfectos adalides de la mala hostia. Si Leopoldo María Panero hubiera conocido a Biznaga en el momento de escribir su “Canción para una discoteca” me la juego a que aquel legendario verso comenzado con “baila… rezaría en su lugar un “GRITA, grita hasta que la muerte te llame y diga (¡nada!) suavemente entra, entra en el reino del rock and roll. Al fin y al cabo, cada uno tiene la religión que más le gusta

Sin más preámbulo, os dejamos con las respuestas de Álvaro (voz y guitarra de la banda). ¡No vale leerlo sin acento malagueño!

¿Qué tal en la villa de Fuzz? ¿Habéis notado cambios respecto a vuestro primer paso por allí [2015]?

Para empezar, tocamos en un escenario diferente. La primera edición fue en el chico y la gente se sabía los temas, cantaba y fue de puta madre; tuvimos muy buena respuesta. Y en la segunda… también [Risas]. No sé, yo los recuerdo como parecidos ambos conciertos en cuanto a gente entregada. Este año quizá más gente, un poco más agresivo, más pogo…

Me han contado que fue lo más bruto del festival.

Sí, sí. Es que, ¿sabes qué pasa? Que desde arriba no te enteras. Joder, yo estaba ahí y lo veía a tope de peña, pam, pam, tirándose, cantando los temas, en el pogo… Pero ya es cuando bajo, que me dicen: “tío, que me intenté meter dentro y no pude tío, que no pude”y claro, digo: “hostia, sí que se estaba liando. Y después ves algún vídeo y dices: “me cago en la puta. En esta edición se lio parda.

Pero es lo que te digo, que la primera también fue muy guay: al ser en un escenario más pequeño y tener a la gente más encima, lo vives de otra manera.

Nos fijamos más en hacer una canción que nos guste que en que sea técnicamente buena.

Hace poco, le leía a Raúl Frutos (Crudo Pimento) que su experiencia en el SXSW desde el punto de vista melómano, chula; pero como banda con vistas a la promoción la probabilidad de que alguien te haga caso es casi nula teniendo en cuenta la cantidad de bandas que pasan por allí esos días…

Para nosotros Austin ha sido lo peor de toda la gira que hemos hecho. Ten en cuenta que veníamos de Méjico y fue un contrastazo pasar de estar tocando allí a de repente aparecer en Austin en una feria de muestras destinada casi al turismo donde hay mucha banda y todo se diluye. Al final son como un montón de grupos haciendo una muestra de lo que saben hacer. Nosotros, ya te digo, fue lo que menos disfrutamos.

Me da la sensación de que hace unos años ir a Austin era top y ahora, cada vez más, hay bandas que se pronuncian en el mismo sentido que vosotros.

Yo no he ido antes pero quizá ha ido creciendo y creciendo y se ha convertido en un monstruo, ¿no? Como todo.

El otro día conocí un proyecto (que me remite a “Héroes del no”), que se llama ‘No participación’, y consiste en una colección de cartas escritas por artistas para rechazar la invitación a participar en eventos culturales por razones éticas o políticas. ¿Os pasa?

Cantidad de veces. Le damos vueltas a eso, tenemos que sentirnos a gusto donde toquemos. Cuando se nos propone hacer algo, valoramos la situación entre los cuatro (las bandas, el rollo del sitio…) y entre los cuatro decidimos si queremos hacerlo o no. Sería estúpido decir a todo que sí, ¿no? Hacemos las cosas que nos molan teniendo en cuenta que no nos estafen. Hay que decir que no.

Y hay que visibilizar los ‘noes’.

La gente no ve a lo que dices que no, claro… A ver, pero la letra no tiene nada que ver con esto que te estoy diciendo, ¿eh? [Risas] La letra va de Los Invisibles.

Volviendo al tema: que tenemos que seleccionar un poco. Al principio cuando empezamos con la banda llegamos a tocar tres o cuatro días seguidos en Madrid…

¿Vivís de tocar?

No. Ni es un objetivo. Esto engancha con lo que te decía antes: en el momento en el que quieres vivir de la música esto se acaba convirtiendo en una empresa en la que tienes que hacer cosas porque tienes que comer, entonces el ‘no’ que decíamos antes se acaba convirtiendo en ‘sí’ por pasta. No queremos estar en esas, preferimos tener control total de lo que hacemos. No es una meta de la banda vivir de la música porque habría que aceptar cosas y atravesar líneas que no estamos dispuestos a cruzar.

Acabas siendo esclavo de una cosa que se supone que haces porque te mola.

Exactamente. Eso es lo que queremos evitar. Cada uno tiene su curro y no hay intención de dejarlo. Además, más o menos lo podemos compatibilizar bien con las fechas: yo soy enfermero y puedo cambiar los turnos, Milky todavía es estudiante, otro es autónomo, al otro le dan vacaciones… entonces nos podemos permitir, yo qué sé, irnos de gira 20 días como ya hemos hecho. Así estamos bien.

Mucha gente se sorprende cuando le decimos que no queremos vivir de esto, pero es que es la verdad. Tenemos claro que estamos en la banda porque nos gusta y es una cosa que… ¡Joder! Bastante jodidos estamos ya con la mierda que tenemos que aguantar todos los días como para que encima la música que se supone que es nuestra vía de escape se convierta en eso.

Comentaba Jorge en una entrevista que vuestro ‘sello personal’ a la hora de hacer canciones intenta suplir la falta de técnica…

Con eso lo que quiere decir precisamente es que no somos unos musicazos, ni pretendemos serlo. Nos fijamos más en hacer una canción que nos guste, que nos llene, que nos diga algo, que en que sea técnicamente buena.  

En este nuevo trabajo ya hay más tablas. ¿La experiencia os suma espontaneidad?

No te creas que ha estado tampoco como muy pensado. Hombre, más pensado que el anterior, que se estuvo componiendo en el mismo estudio y se terminaron cuatro letras en el mismo estudio, sí. Nos metimos ahí sin el disco terminado. Pero no sé, yo creo que nos sale la composición de manera natural. A algunos temas se le dan más vueltas, a otros menos pero no intentamos hacer la súpercanción ni nada de eso, ¿sabes? Además, ya tenemos el rollo definido: Jorge hace las letras, yo suelo llevar unos acordes, Pablo le hace unos arreglillos…

Aunque “Centro Dramático Nacional” me parece que escupe más, “Sentido del Espectáculo” tiene más fuerza y es… ¿más punk en general?

Fíjate que hay gente que dice que es más popero, que lo punk era al principio y que ahora hacemos música más para todo el mundo… No lo sé. No lo planteamos, la verdad, salió así. A veces nos salen cosas un poquito más oscuras, otras veces un poco más poperas… No nos ponemos tampoco ningún límite. ¿Más punk? Bueno, yo creo que es un disco menos envolvente que el anterior, más directo y más crudo.

No es una meta de Biznaga vivir de la música porque habría que aceptar cosas y cruzar líneas que no estamos dispuestos a atravesar.

Y muy duro en cuanto a letras.

Las letras están más trabajadas, Jorge se pegó su curro. De hecho había canciones que estaban compuestas pero les faltaba la letra y esperó a que le salieran. De todas maneras, siempre ha tenido ese toque cabrón, ¿no?  

Sí, pero ahora es como un cabrón más elaborado [Risas].

Quizá las canciones están como más enrevesadas.

La temática (el fracaso y deshumanización de la vida moderna) es clara pero habéis comentado que el disco no trata ‘la actualidad’, sino que cuenta pensamientos atemporales, vigentes tanto hoy como probablemente dentro de 15 años. Qué pesimista todo, ¿no?

Pues sí: pesimismo, decadencia y un punto cabrón, eso es lo que hay. El vaso medio vacío es lo que ve este hijo puta [Jorge] [Risas]. Así le sale y así es. Lleva escribiendo toda la vida y utiliza esto como vía de escape. Si no escribiera canciones pues lo mismo yo qué sé, se habría cargao a alguien ya… Vete a saber.

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