Han pasado ya diez meses desde que salí del escenario principal de la primera edición del Mad Cool Festival con una sonrisa de oreja a oreja, después de ser sometido durante dos horas al embrujo de rock con carácter de los Who. Aquel concierto lucha de igual a igual con uno de Radiohead como los mejores que he visto en mi vida. Como no podía ser de otra manera, en el repertorio elegido por Roger Daltrey y los suyos no había ni rastro de nada posterior a “Who Are You?”. Mejor, pensamos con total seguridad quienes sentimos devoción por títulos como “Who’s Next”, “Tommy” o “My Generation”.

Quizá es ley de vida, pero hay un momento en la trayectoria de artistas y grupos clásicos en el que su nuevo repertorio empieza a ser irrelevante (con evidentes excepciones como los sobresalientes “The Next Day” o “Blackstar” de David Bowie). ¿Acaso alguien se imagina un concierto de los Stones centrado en “Blue & Lonesome”? ¿O un show de U2 dedicado en exclusividad a “No Line on The Horizon” (por no hablar de “Songs of Innocence”? ¿O a los mencionados Who quitando tiempo de sus clásicos para interpretar tres o cuatro temas de “Endless Wire”? No parece probable. El público, sea cual sea su edad, venera sus discos más míticos, esos que les convirtieron en ídolos, en iconos e historia del siglo XX, y solamente la magnificencia de grandes títulos como la mencionada autoelegía de Bowie rompe esa regla no escrita. Depeche Mode hace tiempo que alcanzaron esa irrelevancia en sus nuevas canciones. Al igual que los Stones o que U2, seguirán vendiendo sus nuevos trabajos por la inercia de un público fiel, pero su repercusión real al lado de ferocidades como “Violator”, “Music for the Masses” o “Songs of Faith And Devolution” será inexistente. Pasará la gira de presentación del álbum y será raro que más de una canción sobreviva en el repertorio habitual de Dave Gahan y compañía.

La inevitable intrascendencia de “Spirit”

Depeche Mode regresan a un terreno que les pertenece y en el que se desenvuelven como pez en el agua. Y es que, a pesar de que esté condenado al ostracismo casi por decreto, no nos encontramos ante un mal disco.

Pero, ¿qué es lo que encontramos en Spirit? Pues, para empezar, que en ciertos momentos algunos de los sonidos más industriales y ácidos trasladan a finales de los 80, a los tiempos de “Music for the Masses”, cuando se estaba gestando el carácter que desprendería “Violator”, y en otros se respira la esencia de los 90 continuistas con ese plano. Con ello, Depeche Mode regresan a un terreno que les pertenece y en el que se desenvuelven como pez en el agua. Y es que, a pesar de que esté condenado al ostracismo casi por decreto, no nos encontramos ante un mal disco de Depeche Mode. Tampoco es nada del otro mundo, no nos engañemos, pues por momentos trasmite cierto hastío y la sensación de ser un pretexto para una extensa y lucrativa gira, pero al menos recupera cierta esencia del techno duro y sintético perdida o reducida a términos banales en su predecesor, “Delta Machine”.

Fotografía: Anton Corbijn

El disco cabalga en un terreno ambiguo entre la luz propia que desprendían en su época dorada y la vista puesta en un lavado de cara que tiene como referencia ciertos sonidos áridos y duros de los 90.

Casi de manera premonitoria, “Going Backwards” resulta un excelente viaje al pasado. Su oscuridad y su base elaborada a partir de pianos graves y sintetizadores nos llevan a 1987 de manera más que convincente, aunque sin la grandilocuencia de “Never Let Me Down Again” o “Strangelove”. La base no puede encajar mejor de lo que lo hace con una letra referida a la robotización, la deshumanización y la incapacidad para sentir. Quizá hubiese funcionado bien como primer single, pero desde que “Playing the Angel” se promocionase con “Precious”, que hacía honor a su nombre, la elección de singles ha sido fallida. Lo fue en “Sounds of the Universe”, donde “Wrong” no hacía justicia a la totalidad del álbum y lo fue en “Delta Machine” con “Heaven”, aunque en este caso había poco dónde rascar. En esta ocasión se vuelve a caer en la trampa con “Where’s the Revolution”. Aunque tiene momentos brillantes en los que su frialdad continuista con el tema anterior nos lleva a una ciudad postindustrial deprimida, tipo Detroit, acaba por alargarse demasiado y perderse en la repetición de la frase “the engine’s humming haciendo perder interés por una letra y una melodía que habrían tenido más gancho con algo más de tijera.

Llega ahora un triple viaje a los 90 que comienza con la sensualidad de “The Worst Crime”, donde el parecido con “Roads” de Portishead es excesivo. Por ello, y a pesar de estar ante uno de los mejores cortes del álbum, no puedo dejar de pensar que esa balada rota casaba mejor con la rasgada agonía de Beth Gibbons que con el oscurantismo de Gahan. Y seguimos con más referencias a los sonidos insignia de los 90 en “Scum”, una producción que coquetea con el industrial y que, a partir de la distorsión sampleada de la voz, traslada a las primeras obras de Nine Inch Nails. Me hace pensar en temas como “Heresy” o “Closer” de su majestuoso “The Download Spiral”, situándose en un plano poco explorado por Depeche Mode. El viaje concluye con la potente “You Move”, tremendamente cercana a ese terreno neutro entre el krautrock y el industrial. Hay en ella algo de Kraftwerk, pero también de la perversión sexual de :wumpscut:, muy favorecida por la letra (“I like the way you move for me tonight). Si hacemos balance de esta fase del álbum, podemos ver cómo hemos partido de matices delicados y melódicos para llegar a un paraje que se encuentra en las Antípodas de lo anterior.

“Spirit” logra momentos en que Depeche Mode rememoran la fuerza de tiempos pasados, pero cae en otros (representados por las baladas y la parte final) que explican de manera intrínseca la intrascendencia premonitoria del álbum.

Después de este tramo llegamos a “Cover Me”, mucho más cercana a la zona de confort de los Depeche Mode más herederos de la new wave. En este tema se puede entender a la perfección la intrascendencia que tendrá “Spirit”, pues suena a lo mismo de siempre pero sin chispa, como si fuera una cara B de alguno de sus álbumes más vacíos (“Delta Machine” o “Exciter”). La tónica decadente continúa en “Eternal”, que a nivel melódico es un cliché de los Spandau Ballet o los Duran Duran más autocompasivos, y a nivel lírico no anda lejos de la ñoñería paternalista del rock de estadio de Bon Jovi (“I will protect you and surround you with my love / I will be there for you always). Parece la perorata que le soltaría de manera predecible James Bond, ejerciendo ese desgastado papel de hombre-estatua, a una de sus conquistas; retórica pura y vacía a base de tópicos facilones (lo que es la canción media de Ed Sheeran).

La envoltura new wave funciona mucho mejor en “Poison Heart”, otro medio tiempo oscuro, que puede ser bailado a ritmo de vals. Y aunque líricamente sigamos en un plano casi emo (“now we’re closer to the edge), el ritmo se pega irremediablemente como ocurría con las mejores baladas de los británicos (“Blue Dress”, “Little 15”…). Y llegamos al que para mí es el temazo de “Spirit”: “So Much Love”, un tema con muchísima influencia de Joy Division (más del “Closer” que del “Unknown Pleasures”), con una base electrónica, un minimalismo post-rock y un desarrollo muy propio de Ian Curtis y los suyos. “So Much Love” tiene mucho parecido con los mejores temas de los primeros álbumes de Editors (imitadores de Joy Division en la última década por antonomasia). Sólo por ella, el álbum ya merece más la pena que todo el anterior. A partir de ahí, “Spirit” entra en una decadencia absoluta. Primero con “Poorman”, que puede contarse entre los peores temas jamás escritos por Depeche Mode y que hace querer que se haga realidad el siguiente título: “No More: This Is The Last One”, el cual remonta mínimamente a través de un sintetizador melódico efectivo. Sin embargo, el desprendimiento final llega con “Fail”, que hace honor a su título poniendo la última firma a un final compuesto por tres pistas aburridas a más no poder.

Renovarse o morir dicen algunos. Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer dicen otros. “Spirit” de Depeche Mode cabalga en un terreno ambiguo entre la luz propia que desprendían en su época dorada y la vista puesta en un lavado de cara que tiene como referencia ciertos sonidos áridos y duros de los 90. Haciéndolo, logra momentos en que rememoran la fuerza de tiempos pasados, pero cae en otros (representados por las baladas y la parte final) que explican de manera intrínseca la intrascendencia premonitoria del álbum: ésa que llevará a (casi) todos los temas a caer en el olvido tan pronto como concluya la gira de promoción.

Depeche Mode – Spirit

6.0

“Spirit” es una mezcla de los desarrollos típicos de Depeche Mode y de un lavado de cara con la vista puesta en sonidos áridos bandera de los 90 que aporta buenos momentos, pero que cae en el hastío y tópicos facilones más de lo que cabría esperar en un álbum de los británicos.

  • Los pasajes con más influencia del industrial, perfectamente áridos y perversos.
  • El ‘ambiente Joy Division’ de “So Much Love”.
  • Nuevo disco significa gira.

  • Algunas letras parecen de Ed Sheeran.
  • El aburrimiento final.
  • Es un muy buen tema, pero el parecido de “The Worst Crime” con “Roads” de Portishead…

Compartir