Cuando hiciste click para llegar aquí, probablemente ya esperabas encontrarte con otra reseña apóloga de Kendrick Lamar, y no te voy a engañar: existe una alta probabilidad de que estés en lo cierto. Al fin y al cabo, cuando uno observa el panorama actual, es difícil, casi imposible, encontrar a alguien que se atreva a cuestionar la grandeza artística de Lamar y no sin razón. No seré yo el que venga a llevar la contraria, yo que me fui a dormir con un nudo en el estómago el jueves 13 y me levanté al día siguiente con la ilusión de un niño que ha sido visitado por los Reyes Magos, yo que me puse los cascos sin apenas salir de la cama, yo que sigo sin entender el porqué de tal excitación.

A decir verdad, me cabrea. No soporto que me arrastre el hype y me enfado conmigo mismo por caer en tamaña trampa, maldito invento del siglo XXI. Quiero rebelarme contra el hype, de verdad, y me cuestiono a mí mismo en una auto-interrogación violenta: ¿Por qué?, ¿es por sus rimas?, ¿por su flow?, ¿por su temática? Escupe traidor: ¿por qué Kendrick? Supongo que habrá varias formas de responder a esta pregunta pero, para mí, una destaca sobre las demás:

Ante todo, lo que indudablemente distingue a Kendrick de sus compañeros de gremio, lo que hace que me vaya a la cama con un nudo en el estómago y que el mundo entero contenga el aliento antes de un lanzamiento suyo, es su increíble capacidad para sorprender.

La notoriedad de Kendrick Lamar no ha hecho más que ir en aumento desde que “Section.80”, su primer LP, viera la luz. Un año después, apadrinado por Dr. Dre, lanzaría su ya clásico “good kid, m.A.A.d city”, con el que lograba ponerse al frente de la escena envuelto en un estilo que, sin abandonar la fidelidad al hip-hop, conseguía apelar a un amplio público bailando sobre la línea divisoria entre lo comercial y lo crudo. Teniendo en cuenta su trayectoria, todo pintaba bien para el de Compton y, sin embargo, decir que fue bien es quedarse corto, ya que pocos (nadie) se podían esperar lo que el cabrón se tenía preparado en 2015 cuando su tercer álbum vio la luz. “To Pimp a Butterfly” (“TPAB”) fue más que un triunfo personal: “TPAB” fue una cumbre del hip-hop, un terremoto musical que consiguió poner el mundo de la música patas arriba y revolucionar el significado de hip-hop como género y cultura. Una carta de amor a la música negra, a sí mismo y a cada uno de nosotros. La barra estaba alta después de esto, y aun así Kendrick se atrevió a demostrar que si se lo proponía podía partir la escena en dos con un álbum de B-sides. Así pues, un año después “untitled unmastered.” fue lanzado de extranjis y Lamar volvió a coronarse, ojo, con un disco de sobras musicales sin masterizar.

Fotografía: http://www.gq.com

“DAMN.” se erige como una obra que, bajo la apariencia de un sonido a ratos superficial, a ratos reflexivo, a ratos incendiario, se esfuerza por presentar una realidad polifacética, complicada y lo que es más importante: imposible de entender sin varios puntos de vista.

Es precisamente aquí donde quería llegar. El fenómeno Kendrick tiene que ver con un estilo impecable, con una técnica casi matemática y con una visión artística inalcanzable; sin embargo y ante todo, lo que indudablemente distingue a Kendrick de sus compañeros de gremio, lo que hace que me vaya a la cama con un nudo en el estómago y que el mundo entero contenga el aliento antes de un lanzamiento suyo, es su increíble capacidad para sorprender. Esperar un nuevo álbum de Kendrick Lamar es como desenvolver un regalo: nunca sabes lo que va a haber dentro, pero aun así confías en que sea una grata sorpresa, como si el que te lo regalara te conociera mejor de lo que tú mismo nunca llegarás a conocerte. Con respecto a este último álbum, lo cierto es que no tenía ni idea de lo que podía esperar. Lo único claro era una cosa: no quería, bajo ningún concepto, una segunda parte de “TPAB”. Afortunadamente, en “DAMN.Kendrick se ha abstenido nuevamente de hacer lo que todo el mundo esperaba y el resultado es… bueno, digamos que el título está bien puesto.

“DAMN.”: DAMN, DAMN, DAMN, DAMN, DAMN…

Kendrick se ha abstenido nuevamente de hacer lo que todo el mundo esperaba y el resultado es… bueno, digamos que el título está bien puesto.

Cuando se trata de música, confío bastante en mi amigo Víctor, pianista y estudiante de composición. Mi amigo Víctor está convencido de que BLOOD., la obertura del álbum, es el mejor tema de los catorce. Mi amigo Víctor no exagera; no es que esté de acuerdo, pero no exagera. Sabes que estás hablando de alguien grande cuando te tiene en su bolsillo con un monólogo de apenas 2 minutos. ¿El tema? Una simple pero extrañamente efectiva metáfora sobre la justicia: Is it wickedness / Is it Weakness?”. Ahí lo tienes. Dos minutos para resumirte el concepto del álbum. Prepárate.

Efectivamente “DAMN.” es, de nuevo, un álbum conceptual alrededor de una pregunta desnuda: ¿Es maldad o debilidad?, quizás un poco de todo, como deja caer Kendrick en DNA., el inflamatorio temazo con el que disecciona cuidadosamente la cultura negra con sus pros y contras, estereotipos y verdades, vicios y virtudes. ¿Por qué negar lo que me hace ser quién soy? Sobre una base explosiva y cruda, Kendrick Lamar se niega a maquillar la realidad que le envuelve, evitando al mismo tiempo caer en el determinismo y aceptar que todo se limite a ser una cuestión de ADN:

Cocaine quarter piece, got war and peace inside my DNA
I got power, poison, pain and joy inside my DNA
I got hustle though, ambition, flow inside my DNA
[…]
Sex, money, murder, our DNA”

La pura contradicción de “DNA.” está lejos de ser una coincidencia, más bien al contrario, puesto que este corte, mediante sus yuxtaposiciones, está estableciendo uno de los pilares fundamentales de la nueva criatura de Lamar. Así pues, “DAMN.” se erige como una obra que, bajo la apariencia de un sonido a ratos superficial, a ratos reflexivo, a ratos incendiario, se esfuerza por presentar una realidad polifacética, complicada y lo que es más importante: imposible de entender sin varios puntos de vista.

Pese a situarse inevitablemente a la sombra de los dos legendarios trabajos que lo preceden, “DAMN.” puede ser considerado sin duda como una pequeña joya de la discografía de Kendrick Lamar.

Tales puntos de vista pueden ser sesgados, en ocasiones tanto como los de Geraldo Rivera, reportero de Fox News al que Kendrick cita directa e indirectamente a lo largo del álbum. ¿El motivo? La obstinación del reportero por retratarlo en base a algunas de sus frases más políticas. Somebody tell Geraldo this nigga got some ambition / I’m not a politician, I’m not ‘bout a religion dice Kendrick con tono de cansancio en YAH.”. Lo cierto es que no es ninguna locura sugerir que son precisamente comentarios como este los que han servido como mayor inspiración de “DAMN.”, representativos de un público que tiende a clasificar a Kendrick o como dios o como diablo. No parecen (o no quieren) entender lo que K-Dot se ha afanado en explicar por activa y por pasiva: que él, como cualquier otro, no es más que una persona, sujeto por lo tanto a la dualidad que es inseparable de la condición humana. “Is it wickedness? / Is it weakness?”Ya lo hemos dicho, es una mezcla y Kendrick tiene un poco de ambos.

Esta dualidad es transmitida no sólo a través de sus letras, sino también a través de las fluctuaciones de estilo a lo largo del álbum, porque mientras que es cierto que “TPAB” fue un trabajo indudablemente experimental que trataba temas de un carácter muy social, también lo es que Kendrick se niega a encasillarse, rompiendo cualquier idea preconcebida que podamos tener sobre él. ¿Quién dice que todo lo que hace tiene que seguir esa línea? Ser bueno no significa ser tonto y el de Compton se niega a que lo tomen por el pito del sereno. Ya lo dejaba claro con su single HUMBLE., una clara llamada de atención a la competencia en la que aseguraba estar muy al tanto de todos sus logros pese a no pasarse el día hablando de ellos: I don’t fabricate it, ay / most of y’all be fakin / I stay modest ‘bout it, ay / she elaborate it, ay”. Lamar sigue detallando su discurso en temas como ELEMENT., en el que sigue explorando la identidad dividida del que quiere servir como voz a un colectivo, pero no a cualquier precio: Last LP I tried to lift the black artists / but it’s a difference between black artists and wack artists”. Ya que parece que lo van a criticar haga lo que haga (“Damned if I do, if I don’t) mejor pedir perdón que permiso y si hay valientes que se atreven a compararse con dios, ¿por qué no va a hacerlo él mismo en GOD.? Puestos a malinterpretar, pueden coger cualquier línea de este tema en el que Kendrick se pregunta si será así como Dios debe sentirse, siempre con una interrogación en mayúsculas que denota su escepticismo.

“DAMN.” es la trayectoria de una lucha con nuestras contradicciones, un striptease del alma, un proceso de aceptación de lo bueno y lo malo que todos llevamos dentro, no como fin, sino como medio para elevarnos y vencer nuestra debilidad.

Uno de los aspectos del álbum que arqueó más cejas fueron sus colaboraciones, lo cierto es que con razón. Normalmente, ver a Rihanna en la lista de colaboradores de uno de los artistas más respetados del panorama no suele ser un signo tranquilizador y no nos llevemos a engaños: LOYALTY.es probablemente uno de los temas más flojos de todo el tracklist, quizás porque Kendrick se deja llevar demasiado por un concepto sin llegar a definirlo satisfactoriamente, eso aparte de usar una instrumental que, por desgracia, hace que se asemeje más a un tema de Rihanna que a uno de Kendrick. Paradójicamente, al final ha sido el nombre que más preocupó/sorprendió el que mejor ha salido parado. A Bono de U2, la instrumental jazzística de la segunda parte de XXX. le sienta como un guante (¿quién iba a decirlo?), acompañando con mucho estilo a un Kendrick que, atormentado por su pasado y los prejuicios que éste le acarrea, se lamenta de la doble moral que no sólo le caracteriza a él, sino a toda América, especialmente cuando se trata de temas de violencia racial, algo a lo que dedica barras durísimas:

It’s nasty when you set us up
Then roll the dice, then bet us up
You overnight the big rifles, then tell Fox to be scared of us
Gang members or terrorists, et cetera, et cetera
America’s reflections of me, that’s what a mirror does”

Por último, la colaboración de Zacari en LOVE. no es más que un estribillo que recuerda demasiado a The Weeknd en una canción de amor que, sin dejar de resultar correcta y pegadiza, no consigue levantar el vuelo en ningún momento. Mucho mejor, sin embargo, se le da hablar de lujuria que de amor. Kendrick sigue abrazando la bipolaridad del mundo que le rodea en LUST., track en el que describe minuciosamente el nihilismo de la fama y critica el materialismo y la obsesión por obtener placer a corto plazo. Aprovecha aquí también para hablar de la hipocresía de todos esos artistas que se preocupan de Trump un día para olvidarse y seguir con su rutina egoísta al siguiente. La futurista instrumental con percusión en reverso, acompañada de un estribillo en falsete reminiscente de “TPAB”, contribuye a crear un efecto absorbente que nos imbuye en la rutina de desidia que el protagonista de la canción vive día tras día. El característico falsete vuelve a aparecer en PRIDE., otro de los temas mejor conseguidos musicalmente hablando, con una atmósfera llena de soul gracias a la guitarra lo-fi de Steve Lacy (The Internet), grabada en un teléfono móvil.

Es este un disco que, sin pretender alcanzar las alturas que “TPAB”, se presenta como una reflexión interna del propio Kendrick, un poema a sí mismo, a través del cual define una cultura: la negra, y una raza: la humana. Reflejando la hipocresía y dualidad inherentes en el ser humano, sus temas son escurridizos, sus reflexiones tormentosas y sus conclusiones meros trazos.

En el fondo, el problema se reduce a algo muy simple: Kendrick está solo, solo en un mundo que lo malinterpreta, en medio de una sociedad que no responde a ninguna lógica y lo que es peor: una sociedad que es también parte de sí mismo y de su débil condición. “DAMN.” es la trayectoria de una lucha con nuestras contradicciones, un striptease del alma, un proceso de aceptación de lo bueno y lo malo que todos llevamos dentro, no como fin, sino como medio para elevarnos y vencer nuestra debilidad. Mientras que Kendrick empieza a desnudarse sobre la instrumental minimalista de FEEL., no será hasta la introspectiva FEAR.cuando Duckworth, el hombre, aparecerá completamente desnudo ante nosotros. A través de una narración en tres partes (¿parecida a la estructura de la reciente ganadora del Oscar Moonlight?), K-Dot se desenvuelve sobre una sexy instrumental para confesar que el miedo no se vence, sólo se transforma. No importa que seas un niño asustado de su madre, un adolescente que sabe que en el barrio la muerte te pisa los talones o un artista de talla mundial consciente de que todo perece, incluso él mismo. El significado de la obra queda así expuesto, como si un Deus ex Machina dejara expuestos todos los hilos de la función:

I’m talkin’ fear, fear of losin’ creativity
I’m talkin’ fear, fear of missin’ out on you and me
I’m talkin’ fear, fear of losin’ loyalty from pride
‘Cause my DNA won’t let me involve in the light of God
I’m talkin’ fear, fear that my humbleness is gone
I’m talkin’ fear, fear that love ain’t livin’ here no more
I’m talkin’ fear, fear that it’s wickedness or weakness
Fear, whatever it is, both is distinctive”

Pero entonces, si somos débiles, si somos malos, si somos materialistas, si somos irracionales y egoístas por naturaleza… ¿qué nos queda? La respuesta sólo puede ser una: nuestro libre albedrío, o en otras palabras, nuestra capacidad de elegir, de saber lo que está bien y lo que está mal y actuar acorde con nuestra conciencia, nuestra débil y retorcida conciencia. Cerrando el trabajo, DUCKWORTH.no es más que el apabullante relato de dos compañeros bajo el techo del sello músical TDE, Kendrick y su jefe Anthony ‘Top Dawg’ Tiffith, cuyos caminos se cruzaron mucho antes de conocerse. Tal y como narra el último corte del álbum, Anthony estuvo a punto de matar al padre de Kendrick en uno de sus robos a mano armada durante los ochenta. Pero no lo hizo. Es entonces cuando el sonido de una cinta que se rebobina invade nuestros oídos llevándonos de vuelta al principio del álbum, en esa introducción donde un hipotético Kendrick muere de un tiro. No es el Kendrick que conocemos, sino el que podía haber sido de haber muerto su padre, el Kendrick que no fue gracias a la decisión de un hombre: la decisión de ser bueno, pese a todo lo malo que en él había.

Pese a situarse inevitablemente a la sombra de los dos legendarios trabajos que lo preceden, “DAMN.” puede ser considerado sin duda como una pequeña joya de la discografía de Kendrick Lamar. Es este un disco que, sin pretender alcanzar las alturas que “TPAB”, se presenta como una reflexión interna del propio Kendrick, un poema a sí mismo, a través del cual define una cultura: la negra, y una raza: la humana. Reflejando la hipocresía y dualidad inherentes en el ser humano, sus temas son escurridizos, sus reflexiones tormentosas y sus conclusiones meros trazos. A veces el ritmo decae, pero, ¿a quién le importa con este final? A mí no.

Kendrick Lamar – DAMN.

8.5 HOT RECORD

ES_Listen_on_Apple_Music_Badge_061115Get_it_on_iTunes_Badge_ES_0209

Kendrick Lamar vuelve con las expectativas altas y consigue satisfacerlas con una identidad inesperada y refrescante. El de Compton se desnuda lentamente en un tracklist complejo e intrincado, como una tela de araña, en el que lo viejo y lo nuevo se fusionan para destripar los entresijos de la naturaleza humana y sus debilidades.

Up

  • Variedad instrumental y temática.
  • Reflexiones perturbadoras y sinceras en las que cualquiera es capaz de verse reflejado.
  • La continua conexión entre temas consigue darle al álbum una redondez casi perfecta.
  • Ese final/principio.

Down

  • A veces se deja llevar demasiado por el concepto general, fallando a la hora de detallarlo.
  • La multiplicidad opaca de su discurso, intencional, impide que veamos al verdadero Kendrick, ¿a propósito?
  • No deja de ser un trabajo intermedio que ratifica el éxito de “TPAB” y en cierto sentido sirve como complemento del mismo.

Compartir