El año pasado, a propósito del último disco de Kokoshca, reflexionaba sobre la posibilidad de un pop que no fuera juvenil e impredecible. En aquel momento respiré aliviado al comprobar cómo los navarros habían esquivado ‘el disco de madurez’ y seguían sonando igual de irreflexivos e irregulares (en el mejor sentido de la palabra) que antaño. El caso es que de una manera un poco atrevida llegué a calificar de oxímoron el sintagma ‘pop maduro’. ¿Cómo iba a ser adulto un género tan propio de la juventud? Pero lo cierto es que estaba equivocado. Y, antes de ponerme a reflexionar acerca de la definición de pop o del sexo de los ángeles, creo que puedo aventurarme a decir que existe un pop maduro que sacrifica su lado joven, canallita y espontáneo para ofrecer una experiencia agradable y sin sobresaltos. De hecho, es posible que éste último sea incluso más común que el pop alborotado noisy-fuzzy-juvenil-whatever de grupos como Foxygen, Cloud Nothings, Hinds o Cala Vento (por poner ejemplos contemporáneos) en el que tan a gusto me encuentro.

Real Estate es uno de esos grupos de pop adulto. Los de Nueva Jersey llevan desde 2009 ofreciendo más o menos lo mismo: un indie-pop digerible y elegante que bebe de los sonidos sixties y los Teenage Fanclub o los Yo La Tengo más reposados y limpitos. Esa regularidad les ha permitido hacerse un nombre destacado en el pop de guitarras actual (es decir, el que no suena en las radios), de manera que cuando uno se acerca a un disco de Real Estate sabe más o menos lo que se va a encontrar: riffs facilones robados de The Byrds, motores a medio gas, rayos de Sol y referencias amorosas postadolescentes.

Todo en Real Estate se vive desde la prudencia, lo cotidiano y la mesura, valores alejados de lo anárquico, impulsivo y apasionado de la juventud.

Nos han roto el corazón, pero tampoco es para tanto, ya vendrán tiempos mejores; estamos contentos, aunque no nos verás pegando botes; o quizá estemos algo disconformes con la vida, pero no vamos a comenzar ninguna revolución. Todo en Real Estate se vive desde la prudencia, lo cotidiano y la mesura, valores alejados de lo anárquico, impulsivo y apasionado de la juventud. Con esa misma tranquilidad se ha vivido la marcha de uno de sus miembros fundadores, el guitarrista Matthew Mondeline, para centrarse en Ducktails, su otro proyecto. Un hecho que habría levantado ampollas en cualquier otro conjunto se ha vivido en Real Estate con la mayor naturalidad. Los de Nueva Jersey son unos señores y nunca les pillarás meando fuera del tiesto. Tres años después de un “Atlas” que quizá se colocó un peldaño por debajo de lo que nos tienen acostumbrados, Martin Courtney y los suyos regresan con su disco más maduro y de los más equilibrados hasta la fecha. Nada de experimentos con gaseosa ni cinismo adolescente, en “In Mind” los norteamericanos nos regalan canciones que piden ser infinitas, bien asentadas en el establishment del pop.

Fotografía: Shawn Brackbill

“In Mind”: Placer adulto

Nada de experimentos con gaseosa ni cinismo adolescente, en “In Mind” los norteamericanos nos regalan canciones que piden ser infinitas, bien asentadas en el establishment del pop.

Darling” es la mejor canción que el grupo haya compuesto nunca y una de mis favoritas de lo que va de año. Ser adulto no tiene por qué ser aburrido, aún queda espacio para la emoción y perderse entre las guitarras juguetonas de Courtney y Lynch. Este último, por cierto, un genial fichaje para la banda cuyas canciones ganan en ambientación psicodélica y enfatizan sus contrastes agridulces. “Serve The Song” vuelve a ofrecernos un agradable paseo al ralentí siendo, además, otra de las canciones destacadas del LP, lo que amortigua cualquier posible decepción tras haber soltado un hitazo como “Darling” para abrir el disco. “Stained Glass” es pop sesentero fermentado en barrica. Una delicia que demuestra lo bien que juega el grupo combinando diferentes matices de luminosidad en su sonido.

After The Moon” nos mece con suavidad gracias a su cadencia reposada. Una pieza en la que Courtney hace gala de su habilidad compositiva para ofrecer píldoras de pop relajado manteniendo cierta tensión viva, especialmente durante el constante diálogo que mantienen los instrumentos del grupo. Pero cuando de verdad van a dejar prendado al personal es con “Two Arrows”. El tema más lisérgico del disco ocupa una posición central y se alarga hasta rozar los siete minutos en un infinito loop psicodélico que deja bien claro por qué los Beatles son una referencia clara de Real Estate. Nos devuelven al optimismo con la muy canónica “White Light”, que rebusca entre la arquitectura del cancionero de los Byrds como lo harían los Woods más poperos. Un lujo volver a escuchar ese duelo guitarrero entre Courtney y Lynch. Los rayos de Sol se apagan ligeramente en “Holding Pattern”, que ofrece un tratamiento del sonido más artifical y un tino melódico menor que otras pistas del LP.

“In Mind” se olvida de cualquier posible tropiezo acontecido tres años atrás y nos devuelve a los Real Estate más inteligentes, atractivos y conscientes de sí mismos. ¿Para qué queremos innovación teniendo grupos tan deliciosos como Real Estate capaces de cautivarnos repitiendo una y mil veces lo que mejor saben hacer sin caer en el hastío?

En “Time” parecen mirarse en el “Painful” de Yo La Tengo brindándonos un dilatado surf-pop nebuloso que es una auténtica obra de orfebrería. “Diamond Eyes” recupera su versión jangle pop más inocente, propia del tercer disco de la Velvet Underground. “Same Sun” vuelve a traernos una dosis de genialidad cotidiana además de ser una buena excusa para resaltar el gran trabajo vocal que la banda ha desempeñado a lo largo de todo el álbum. Cerramos con la estupenda “Saturday”, que arranca con un piano somnoliento y tramposo que da paso a otra exquisita joya de pop sin aditivos.

“In Mind” se olvida de cualquier posible tropiezo acontecido tres años atrás y nos devuelve a los Real Estate más inteligentes, atractivos y conscientes de sí mismos. ¿Para qué queremos innovación teniendo grupos tan deliciosos como Real Estate capaces de cautivarnos repitiendo una y mil veces lo que mejor saben hacer sin caer en el hastío? Que estos norteamericanos consigan despuntar y embelesarnos con sus acordes acudiendo a tantos lugares comunes es sólo un reflejo de lo buenos y necesarios que son en nuestros días. Lo menos que puedo hacer es dejarme convencer y decirles que sí a todo: Adiós al punk, adiós a la revolución, adiós a la anarquía. A tope con el pop socioliberal, el sentido-común, la estabilidad, la madurez, la defensa de la propiedad privada y tus hijos estudiando en la Facul, la clase media y los veranos en la playa. Vivan Real Estate, a tope con ellos, con los riffs sencillitos de guitarras trenzadas y con todo eso.

Real Estate – In Mind

7.6

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“In Mind” suena a lo que tiene que sonar, todo está en su sitio: once temas de un indie-pop canónico que transita entre las influencias sesenteras y las bandas que modernizaron el género en los noventa. Pop reposado y adulto para disfrutar en el salón de casa, viajando en coche bajo las estrellas o curando una resaca un domingo por la mañana.

Up

  • El gancho pop que destila como caramelo en casi todas las composiciones.
  • El cambio de guitarrista le da una pequeña vuelta de tuerca a su sonido reposado para hacerlo más sugerente.
  • Las melodías vocales tan trabajadas y el sonido cuidado al detalle.

Down

  • Cuando empieza promete ser su obra culmen. Un par de pistas menos redondas justo antes del final bajan un pelín el nivel, aunque sin desmerecer el conjunto.

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