Se veía venir: primero que si sumamos (“+”), después que si multiplicamos (“x”)… al final uno no puede remediar quedarse sin símbolos matemáticos con los que continuar añadiendo y claro, del mismo modo que todo lo que sube tiene que bajar, todo lo que se gana se tiene que perder, algo que por desgracia no es verdad en el caso de las cenas de Navidad, pero que sí que lo es en el de Ed Sheeran. Considerando sus opciones, el pelirrojo ha decidido que el símbolo de dividir le quedaba más bonito que el de restar y con esa idea se puso a preparar su nuevo álbum, cuyo título bien se podría considerar como concepto general de una ristra de canciones que sirven como ejemplo de lo que pasa cuando te tomas el dicho de ‘divide y vencerás’ demasiado en serio. ALERTA DE SPOILER: Lo único que ha conseguido vencer han sido mis ganas de vivir. Algo es algo.

Decía Adam Smith que el mercado se regula a sí mismo, lo de la mano invisible y tal. En fin, uno podrá criticar la teoría liberal todo lo que quiera, pero lo que es innegable es que la mano existe y la prueba está en que se ha cebado con Ed Sheeran, regulándolo a base de bien para adaptarlo a un mercado que, para qué nos vamos a engañar, lo trata bastante bien por muy monstruosas que sean sus canciones. Es lo que pasa cuando la demanda es decadente, que la oferta se hace aún peor. Pero bueno, quizás no todo esté tan perdido como parece… quizás al bueno de Ed Sheeran lo único que le hace falta es una charla de corazón a corazón, una conversación de amigo, de las de verdad: “Oye mira Ed, tenemos que hablar, sé que es difícil pasar de repente de ser un pelirrojo sentimental de clase media a rapero malote en el mundo del showbiz, los cambios normalmente son duros; no hay nada de lo que avergonzarse”. Si yo fuera ese amigo, acto seguido cogería Divide(la edición en vinilo, para añadir drama) y lo pondría sobre la mesa con un suspiro: “Vamos a ver, Ed…”.

Fotografía: https://planetradio.co.uk/

“Divide”: … y cuando parecía que nada podía ir a peor…

La mano invisible de la que hablaba Adam Smith existe y la prueba está en que se ha cebado con Ed Sheeran, regulándolo a base de bien para adaptarlo a un mercado que, para qué nos vamos a engañar, lo trata bastante bien por muy monstruosas que sean sus canciones.

Estimado Ed Sheeran,

Vamos a hablar, Ed, vamos a hablar, por ejemplo, de la idea de empezar “Divide” con un ‘rap’, si es que Erase se puede considerar como tal. Vale que sigas empeñado en hacerte pasar por rapero, pero alma mía, ¡por lo menos hazte un favor y no la pongas para empezar! Disimúlala un poco, que es que mira que haces difícil que la gente te tome en serio, especialmente si te pones a rapear sobre cuando cantabas en misa y lo mezclas con tus problemas con el alcohol; problemas que, por cierto, suenan menos peligrosos que mi adicción a los Pictolines, sobre todo si los tratas en una canción que suena a parodia de The Lonely Island. Pero que el ritmo no pare, Sheeran está convencido de mostrar su lado más urbano y no duda en hacer gala de él de nuevo a lo largo del álbum. La próxima parada, scratches incluidos, en New Man. Ed, amigo, déjame darte un consejo: si te ha dejado por un chulo con gafas, no te merece, ¡déjala ir! Pero bueno, en el caso de que aún quieras recuperarla, también te aviso de que rapear sobre su nuevo novio NO es la mejor forma de ganártela. Tiemblo con sólo pensar en la cantidad de veces que se habrá metido en Instagram para saber todo lo que sabe de este hombre. ¡Cualquier día amanece con una cabeza de caballo en su cama! Luego está tu idea de mezclar hip-hop con música celta en Galway Girl… algo que creo que básicamente habla por sí solo y que casi prefiero obviar.

En este disco están las canciones mediocres, las malas y luego aquellas en las que directamente parece que se están cachondeando de nosotros.

En definitiva, me duele tener que decírtelo de este modo, pero alguien tenía que hacerlo: no, no se te da bien rapear. Simplemente dedica tus esfuerzos a otra cosa, que seguro tienes otras habilidades por explotar. En fin, siempre que no te dé por componer canciones de rollo tropical… porque a ver, eso, digamos, tampoco es que sea tu fuerte. Efectivamente, estoy hablando de Shape of You, el quemante single con el que el inglés se sube al carro (¿por qué no?) del pseudo-dancehall tropical pasado por agua que lleva acosándonos cual plaga desde el año pasado (maldito seas, Major Lazer). Lo que me resulta más gracioso es el hecho de que aún haya gente que se atreva a clasificar a Sheeran como una suerte de artista indie que ha sido capaz de hackear la industria musical, esto el mismo Sheeran que usa una canción originalmente compuesta para Rihanna en su disco, canción que, por cierto, suena a popurrí de “The Greatest” y “Cheap Thrills” de Sia. Las cosas claras: el hecho de que Ed Sheeran lleve una guitarra acústica a un concierto para tocar un par de acordes sobre una base que es pura producción prefabricada no lo convierte en un ‘artista indie’; lo convierte en un claro ejemplo de artista que ha abandonado su alma al diablo de la radio de un modo descarado. Bien por él, oye, parece que le sale rentable.

El rollito tropical sigue en tracks como Bibia Be Ye Ye, tema que inevitablemente me recuerda a algo que podría haber escuchado en uno de esos infames intermedios de Disney Channel en su peor época, con una instrumental que parece samplear el tono de llamada de un Nokia. La única que se salva en su repertorio más dance es What do I Know, donde por lo menos acierta en copiar el contagioso estilo sincopado de Milky Chance, permitiéndonos que obviemos a Sheeran hablando sobre la paz en el mundo y demás tópicos de candidata a Miss Universo. Por cierto, esa es otra: las letras. A ver, como digo esto… Ed, ¿En qué estabas pensando cuando compusiste Barcelona? Porque lo cierto es que me cuesta creer que nadie de tu entorno te cogiera en su día por los hombros y te dijera lo que todos estamos pensando: “No, Ed, Pitbull no es un ejemplo a seguir”, mucho menos si es para escribir una canción con más estereotipos que una película de Almodóvar, en la que mezclas beber sangría con la palabra mamasita (porque qué más da si estás en Barcelona o en Puerto Rico mientras se hable español). Eso sí, si algo podemos atribuirle a esta canción es su minucioso uso del cliché, que contribuye a describir a la perfección el cuñadismo del inglés turista de a pie. La letra no tiene desperdicio:

“Las ramblas, I’ll meet you
We’ll dance around La Sagrada Familia (Barcelona)
Drinking sangría
Mi niña, te amo mi cariño (Barcelona)
Mamasita rica
sí tú, te adoro, señorita (Barcelona)
Nosotros, viva la vida”

“Divide” es todo lo que esperabas, pero peor. Una experiencia aterradora en la que sangrías, música celta y raps hemipléjicos se unen para dar lugar al que probablemente sea uno de los álbumes más decadentes de este año.

Por favor, que alguien me mate. En este disco están las canciones mediocres, las malas y luego aquellas en las que directamente parece que se están cachondeando de nosotros. En el último grupo se encuentra no sólo la infame oda a la sangría y a las mamasitas, sino también ese insulto a la tradición celta que es Nancy Mulligan”, un desastroso corte que suena como si los Dropkick Murphys se hubieran puesto finos de Valium antes de entrar al escenario para hacer una versión de Rude de MAGIC!. Cuando se estudie la desaparición de la civilización europea en el futuro, pondrán esta canción como prueba de la decadencia de la sociedad y se avisará a los alumnos de que el contenido de la canción puede herir sensibilidades. Acto seguido, la profesora podría poner, por ejemplo, una de Mumford & Sons, aunque bien pensado, ¿para qué cambiar de disco cuando puedes tenerlo todo en el mismo sitio? Mejor dejarte de complicaciones y poner Castle On The Hill, que para el caso suena exactamente igual: sonido sobreproducido hasta el agobio, golpes de bombo continuo y un riff cansino de guitarra folk; por copiar, Sheeran copia hasta la voz, que casi parece que en cualquier momento se va a poner gomina en el flequillo y gritar: “I WILL WAIT, I WILL WAIT FOR YOU!”. Por favor, que alguien hable con este chaval para que reconsidere sus modelos de referencia.

Aparte de esto, tampoco tengo mucho más que añadir, amigo mío. Espero que te lo tomes como una crítica constructiva, de verdad, que todo lo que digo, lo digo por tu bien. Mi consejo es que sigas haciendo lo que siempre se te ha dado bien.  No te voy a engañar: es en tus canciones más tradicionales donde brillas, por ejemplo en Hearts Don’t Break Around Here, Happier o Perfect (vaya títulos por dios). En definitiva, temas de toda la vida, con versos tan intrincados como: “You’re the one girl / And you know that it’s true / I’m feeling younger / Everytime that I’m alone with you”. No te compliques, déjate de raps y de marimbas, que con tu rollo de amor adolescente al menos produces algo de ternura.

Atentamente,

Un amigo.

PD.: Al próximo que se le ocurra definir a Ed Sheeran como cantautor de folk o como artista indie, que se escuche este álbum. Si se atreve.

Ed Sheeran – ÷

1.9 CREEPY RECORD

El nuevo álbum de Ed Sheeran es todo lo que esperabas, pero peor. Prepárate para sumergirte en una experiencia aterradora en la que sangrías, música celta y raps hemipléjicos se unen para dar lugar al que probablemente sea uno de los álbumes más decadentes de este año. Terminarás llorando y no de emoción.

  • No dice tacos.
  • El trabajo de producción, que es lo único que se puede considerar como ‘trabajo’ aquí.
  • Quien bien te quiere, te hará reír.

  • Intenta cubrir demasiados nichos de mercado, desde Macklemore a Rihanna, y la verdad es que el resultado es desastroso.
  • Cae en el ridículo con demasiada frecuencia.
  • En este disco hay muchas, demasiadas canciones que creía que en el año 2017 nadie se atrevería a escribir. Una vez más, fui demasiado optimista.

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