Si tengo que ser sincero, no sé qué pasaría por la cabeza de Damon Albarn después de publicar “Gorillaz”, porque las cosas no fueron precisamente fáciles para él, y eso sí lo puedo imaginar. Entre diversos proyectos secundarios (la banda sonora de una película, música africana, un pseudo-trabajo en solitario hecho a base de demos…) planeaba la idea general de que Blur no estaba bien. Ya desde “13” habían tenido sus desavenencias, y algunos de los miembros lidiaban con sus propios problemas, pero en 2003 “Think Tank” parecía ser el canto de cisne de una banda en estado terminal. Graham Coxon abandonó las sesiones de grabación nada más empezar para rehabilitarse de su alcoholismo, y aunque Albarn decidió tirar millas y no buscar un sustituto porque sabía que no iba a encontrar a nadie a su altura, le estaba doliendo.

El séptimo trabajo de Blur es agónico, y aunque tiene sus concesiones a la euforia y el buen rollito con sus influencias más Gorillaz, en él predomina una atmósfera más adulta, haciendo hincapié en la política pero especialmente en la introspección. Es un disco cuya producción difiere mucho de las anteriores, y su sonido es, de nuevo, muy hijo de su tiempo y sus circunstancias, y aunque intenta mantener las apariencias, son los estertores de unos Blur fracturados. Y quien haya escuchado el último tema del disco, “Battery In Your Leg” (el único en el que Coxon colaboró con una línea de guitarra inolvidable), cantado en directo, podrá mirar a los ojos de Damon Albarn y ver lo descorazonador que es todo esto, no sólo para él sino para el grupo. Había terminado una era, y madurar después de aquello era bien jodido.

Pero si Blur supieron madurar, también Gorillaz podían hacerlo, y aunque la banda virtual seguía siendo tan ella misma como siempre, el enfoque estaba a punto de variar mucho. Durante un viaje que Albarn realizó junto a su mujer y su hija a través de China en 2004, quedó impactado por las extensiones inmensas de tierra baldía y naturaleza muerta que encontró a su paso. Esa idea de un planeta devastado dio un cuerpo sólido a algunos de los temas de una descartada película de Gorillaz, como la naturaleza cegadora del ego o la alegoría de la noche eterna en la que Albarn imaginaba sumido a su propio mundo.

Ante estas premisas, el planteamiento de Hewlett fue tajante: “Vamos a repetir el mismo proceso, pero vamos a hacerlo mejor”. Gorillaz tenían que demostrar que no era una gimmick, que aquello no había sido una estrategia publicitaria o una virguería sin profundidad. Había que repetir la jugada para dejar muy claro que la cosa iba en serio. Doble o nada. Y todo el mundo dentro del proyecto se emocionó.

Y como para no emocionarse. Lo que vino después era mucho más grande de lo que aquel primer “Gorillaz” podría haber hecho pensar a la crítica, al público y a los propios artistas. Era atrevido, urbano, sinfónico y oscuro. Era sugerente e inclasificable. Era el mejor trabajo de Albarn hasta la fecha, y quién sabe si no también de toda su carrera. Era el mejor disco que Gorillaz harían jamás. Era “Demon Days”.

“Demon Days”: todo planeta al que llegamos está muerto, y es por nuestra culpa

En “Demon Days” el hip-hop marca las bases pero no domina el discurso sonoro, y hay una mayor presencia de las guitarras que, aunque no dirigen el tono, sí son un elemento destacable y sirven como nexo entre las capas. Danger Mouse se las apaña para que todos los músicos encuentren su lugar y destaquen sin estorbarse ni desmerecer al conjunto.

Si hay algo en lo que indudablemente este disco se aleja de su antecesor es en el hecho de que esta vez sí había un grupo detrás. Que sí, que en “Gorillaz” estaban Nakamura y Del, y la gente de las colaboraciones, pero vuelvo a incidir en el hecho de que Damon lo hacía todo; en “Demon Days” había más músicos detrás, y aunque todo el proyecto, en definitiva, estaba bajo la dirección creativa de Albarn y Hewlett, aquí había gente con visiones diferentes, aportando su particular punto de vista al conjunto musical y, especialmente, dándole cuerpo a los temas.

Aquí sí que hay que destacar la impresionante labor de producción Brian Burton, más conocido como Danger Mouse. Burton saltó a la fama con “The Grey Album”, un disco de mashups de temas de “The White Album” de los Beatles y de “The Black Album” de Jay-Z. El trabajo del joven productor (que por aquella época tenía apenas 27 años) llamó la atención de Albarn, a quien Danger Mouse, un gran fan de Blur, también había seguido muy de cerca. De la mutua admiración y respeto entre ambos surgió un entendimiento sin el cual “Demon Days” no gozaría de ese sonido, mucho más lleno y arreglado sin por ello ser barroco, atendiendo a la identidad de cada uno de los temas y, a la vez, aportando cohesión al concepto general. Albarn comentó que este proyecto necesitaba “un acercamiento diferente” al debut. “El disco anterior era mucho más simple. […] Hay mucha más complejidad en este trabajo”.

Respecto al sonido, aquí hay abismales diferencias con su antecesor. Damon declaró que el estilo de este trabajo era ‘dark pop’, y aunque es un chascarrillo de puta madre es fácil entender a qué se refiere. Aquí el hip-hop marca las bases pero no domina el discurso sonoro, y hay una mayor presencia de las guitarras que, aunque no dirigen el tono, sí son un elemento destacable y sirven como nexo entre las capas. Danger Mouse se las apaña para que todos los músicos encuentren su lugar y destaquen sin estorbarse ni desmerecer al conjunto. Este es el disco que más fácilmente podría clasificarse como ‘rock alternativo’, y aunque esta etiqueta es inexacta a muchos niveles también es comprensible, porque este es el disco más asequible de Gorillaz. Indagar en sus letras o su ‘arco musical’ ya es otra movida distinta, pero, de entrada, se disfruta y aprecia con mucha más facilidad y, sin perder su identidad, consigue no ser una obra de nicho para hacer que el público entre en su juego.

“Demon Days” es un song cycle que representa un periplo a través de esa noche perpetua del mundo en el que cada canción refleja la lucha con un demonio particular y personal. Cada canción funciona perfectamente de un modo autónomo, pero consigue ser más que la mera suma de sus partes y convertirse en algo más cuando se entiende como una unidad.

A un nivel temático, “Demon Days” es un song cycle que representa un periplo a través de esa noche perpetua del mundo en el que cada canción refleja la lucha con un demonio particular y personal: la violencia, la destrucción de la naturaleza, la codicia, la decadencia moral… Cada canción funciona perfectamente de un modo autónomo, pero consigue ser más que la mera suma de sus partes y convertirse en algo más cuando se entiende como una unidad; por eso este es el primer disco de Gorillaz en tener una “Intro”. La sección de viento madera se entrevera poco a poco con los samples de “Dark Earth” (una pieza de la banda sonora de Dawn Of The Dead, hito del género zombi), y sus sonidos de ambiente nos introducen poco a poco en esa atmósfera inquietante y ominosa. La única línea de la canción es de lo más revelador: “Who put the chemicals in the food chain?”Last Living Souls” es el primer tema real del disco, y juega con todas las cartas sobre la mesa: base rítmica electrónica con teclados afilados sobre los que la guitarra eléctrica (en las manos maestras de Simon Tong de The Verve, sustituto de Coxon en la gira de “Think Tank”) cargada de reverb y los bajos densos y pesados se sienten muchísimo más focalizados. Esta, sin embargo, no es su única virtud, ya que el tema muta brevemente con su interludio de guitarra acústica y piano cálido (un truco recurrente en el álbum, pero nunca repetitivo) para volver al riff principal, acompañándose de la cuerda frotada, donde la batería tiene aún más énfasis. El salto a “Kids With Guns” nos lleva a una canción más rockera que trata la alienación que ejerce la violencia sobre la gente. Los coros de Neneh Cherry acompañan al sugerente ritmo del tema, y el final es una soberbia explosión de todos los elementos con los que trabaja la canción: el piano que golpea casi con rabia, los crashes y rides de la batería resonando sin cesar, el bajo y la guitarra yéndose por completo y… todo se corta de repente.

O Green World” es un corte que rompe con su oscurísima línea de bajo e incómodos sintetizadores para introducirnos a una canción entonada con desesperación, declamada con angustia a un mundo moribundo. Hay muchísimos pequeños matices en juego, pero en ningún momento se sienten como algo recargado, y todo juega un papel perfectamente medido: los downstrokes de una guitarra al estilo punk pero mucho más organizada, el bajo con su sonido oscuro pero triste, los coros grandiosos pero decadentes… Es un himno a la miseria y la destrucción, un cantar de profética agonía. Y esas campanas que suenan al final lo dejan bien claro. Los nuevos Gorillaz son esto, damas y caballeros, y no dejan que dudes ni por un momento de lo que son capaces de hacer y lo que tienen que contar.

Es el disco más asequible de Gorillaz. Indagar en sus letras o su ‘arco musical’ ya es otra movida distinta, pero se disfruta y aprecia con mucha más facilidad y, sin perder su identidad, consigue no ser una obra de nicho.

¡Pero alegrad esas caras, no todo es tan triste aquí! Porque ahora llega “Dirty Harry”, un tema animado y muy bailable, más luminoso que el anterior pero con mucha profundidad lírica. Los niños que hacen los coros hablan sobre cómo “necesitan un arma para que no les hagan daño”, y el rap de Bootie Brown (acompañado de una soberbia sección de cuerda frotada con regusto arábigo) es el relato de un soldado que vivió de la guerra pero ahora sólo quiere la paz y… dedicarse a bailar. Porque sí, este temazo es una canción bailonga y muy divertida, casi catártica, e incluso su intermedio dramático acaba devolviéndonos a la fiesta, y los niños juegan y se ríen… pero entonces esa risa se retuerce y transforma en una bien distinta. No es una de alegría; es la risa de alguien que se ríe de la desgracia de otra persona.

Me resulta casi imposible hablar de qué supone “Feel Good Inc.”, no sólo para este disco ni para Gorillaz, sino para mí y para todos los que descubrimos a la banda animada gracias a esta canción. Aun si pudiera desprenderme por completo de mi yo más analítico, seguiría siendo difícil expresar esto sin llenar párrafos y párrafos de cavilaciones inasibles. ¿Qué hace a esta canción ser… tanto? Quizá sea por ese inolvidable riff de bajo, por lo pegadizo de su ritmo, por el sarcástico rap de De La Soul en el que se ríen de la desgracia de un 2D preso de su hedonismo y su debacle, o por esos estribillos luminosos e irreales en los que canta a una libertad y una esperanza que, en el último momento, terminan por traicionarlo. No hay salvación, y esa inocencia de volar entre las nubes se ha perdido para siempre; 2D repite ese “feel good” para sus adentros, intentando autoconvencerse de ello, pero esa risa histriónica del final sólo significa una cosa: no hay escapatoria.

“Feel Good Inc” es el paradigma de “Demon Days”: una temática tan ambigua e introspectiva como cercana y emocional, un sonido que desafía a toda descripción con sus cambios pero que es increíblemente atractivo y único, una crítica a la alienación de un presente tenebroso a medio camino entre la compasión y el cinismo, y un videoclip que se quedaría grabado en nuestro corazón para siempre. Es imposible no dejarse cosas en el tintero con este álbum, pero lo de esta canción es particularmente complicado. Pero no podemos parar. La noche sigue, y no va a dejar que nos quedemos atrás.

“Demon Days” es la obra maestra de Gorillaz. No solo carece de fallos, sino que además es trascendente en su sonido y está movido por la imperiosa necesidad de transmitir su mensaje, y eso lo vuelve único. No hay nada fuera de lugar, nada que falte o que sobre, y eso lo convierte en un disco perfecto.

El Mañana” es una de las canciones más descorazonadoras de cuantas han concebido Gorillaz, una balada extraña y triste con una letra críptica pero no por ello menos emotiva. ¿Es esta una canción sobre la codicia? ¿Sobre olvidar el pasado? ¿La locura, el desamor, la muerte? Todos estos temas pueden estar dentro de este momento conmovedor y brillantemente ejecutado en un sentido técnico. De nuevo, una miríada de elementos hacen su pequeña labor sin por ello sobrecargar las líneas maestras de la canción, aportando cada uno un matiz distinto y profundamente significativo. Algo similar ocurre con la genial y más animada “Every Planet We Reach Is Dead”, que no necesita infinidad de elementos para sonar totalmente única y perfectamente arreglada. Si el riff de guitarra ya es perfecto, ese crescendo con viento metal y cuerdas en el que, de nuevo, se vuelcan todas las capas sonoras, resulta indescriptible. El piano recibe aquí a un intérprete muy especial, ya que las manos de Ike Turner se pusieron al teclado para brindarnos un solo muy jazz que, increíble pero cierto, encaja a la perfección dentro del barullo orquestal que cierra un corte impresionante.

Más modesta, pero no por ello menos importante, es “November Has Come”, un tema muy fundamentado en su base rítmica y de bajo pero que deja su espacio a los coros y la inteligentemente ubicada guitarra de Tong. MF DOOM es esta vez el colaborador de esta canción tan sugerente que, envuelta en las tinieblas del hip-hop, nos devuelve al ambiente urbano y nocturno. Es un tema muy sensual y bailable, que nos abre bien la boca para “All Alone”. Aquí son los teclados los que se abren hueco, y el reverb de la guitarra queda de fondo pero jamás oculto. Roots Manuva queda acompañado por la poderosa línea de bajo y se mantiene en la línea de lo sexy y poderoso. El tema maneja la tensión a la perfección mediante la batería y el tono de la voz, y cuando se abre la puerta a esa sección breve pero preciosa en la que la voz de Martina Topley Bird nos lleva a volar bajo un atardecer de ensueño y luego vuelve a la soberbia variación del riff principal que marca un crescendo antes de terminar sutilmente… bueno, creo que podéis imaginar a qué me refiero.

No sólo es rompedor dentro de su propia línea, sino que también logró hacerse tremendamente popular y granjearse éxitos de público y crítica por todo el mundo sin perder su propia identidad. Damon Albarn logró muchísimo con “Demon Days”, y es algo que nunca quiso superar.

White Light” es uno de los temas más simples pero genialmente ejecutados de todo “Demon Days”: la letra sólo tiene una frase (White light, alcohol, alcohol, alcohol, white light”), Damon canta con la voz ronca y pedorreando al micrófono, los teclados son subversivos y chirriantes, la guitarra se sobrecarga de punk y se permite un inciso luminoso y esperanzador para hablar sobre la extraña iluminación de un hombre alcoholizado, salvado por unos instantes por el propio objeto de su adicción. ¿Brillante? Para haberlo hecho en dos minutos, desde luego que sí, y sin pasarse de lista tiene la bastante profundidad como para merecer su sitio en este álbum. Y aquí viene otro temazo de esos que jamás se borran de la cabeza, porque la primera vez que un servidor escuchó la palabra ‘Gorillaz’ fue con ocho tiernos añitos en el lanzamiento de este single, y uno quizás pueda flipar un poco cuando ve a una niña japonesa que tiene una cabeza gigante en su armario y se pone a cantar con ella una canción como esta. “DARE” es popera, fiestera, llamativa y simplemente cojonuda, y lo tiene todo para que nos pongamos a darlo todo con ella en la pista de baile. Shaun Ryder, de Happy Mondays, aporta aquí su cerradísimo acento de Manchester y lo da todo por la fiesta con Noodle (esta vez interpretada por Rosie Wilson), rebotando entre líneas de teclado y breakdowns inesperados. Como dato curioso, la línea original de Ryder decía “it’s there”, pero con su acentazo le dio esa pronunciación tan particular, y ese detalle quedó ahí para la posteridad. Por lo demás, es un tema pop impecable: ritmo perfectamente medido, electrónica de rave total… todo genial por aquí, démonos prisa que la cosa se pone intensa después.

Fire Coming Out Of The Monkey’s Head” es, como mínimo, una canción especial. Esta extraña parábola, narrada por el actor Dennis Hopper, ilustra la perturbadora imagen que persiguió a Damon cuando a éste se le ocurrió pensar qué pasaría cuando todo el petróleo del planeta se extrajera y sólo quedase un cráter en recuerdo. Éste es el cuento de antes de dormir más oscuro imaginable, en el que la bondad de un pueblo feliz se convierte en su perdición, y la codicia de los extraños les lleva a destruirlo todo. Nadie dijo que esta historia fuese a acabar bien, y cuando Damon entona su última línea, casi da la sensación de que todo a su alrededor está desierto y le canta a un erial donde el viento arrastra el polvo. Nos estamos acercando al final del disco, y “Don’t Get Lost In Heaven”, en su celestial luminosidad, aporta un cariz irónico a sus letras. Sus coros son acariciadores, pero un tanto inquietantes, porque si te pierdes en el cielo cometerás el error de toparte con el infierno. La transición hacia “Demon Days”, la decimoquinta y última canción del disco, es soberbia, y nos abre las puertas a un extraño apocalipsis. Siendo honestos y concisos, esta canción es majestuosa y, aunque expresa sin ambages lo ominoso de su letra (you can’t even trust the air you breathe, cause Mother Earth wants all us to leave”), es también esperanzadora. Los coros, que dominan casi por completo el discurso apoyados en la banda, son, ante todo, una llamada hacia la luz, hacia la esperanza, hacia una salvación que quizá no sea la que esperas, pero sí la que te toca. Volver la mirada hacia el Sol.

Hablar en pocas palabras de qué supone “Demon Days” es imposible, porque en este disco hay tantísimo en juego que mirarlo desde una perspectiva meramente analítica resulta absurdo. Este trabajo es, sencillamente, enorme. Es la obra maestra de Gorillaz, y lo es no sólo por su sonido sino por su mensaje. La identidad de la banda animada permanece e incluso se potencia, y en los videoclips es aún más determinante, pero sabe dejar espacio a su propia intención artística, y jugar su papel en el lugar exacto que le corresponde. No hay nada fuera de lugar en este disco, nada disonante, nada que falte o que sobre. “Demon Days” es maravilloso sin necesitar del más mínimo retoque, y eso lo convierte no sólo en una obra maestra, sino en un disco perfecto. No sólo carece de fallos, sino que además es trascendente, está movido por la imperiosa necesidad de transmitir su mensaje, y eso lo vuelve único.

Si lo tengo que contextualizar en un sentido más crítico, diría que este disco es uno de los mejores de la década de los 2000, capaz de mirar cara a cara al “Kid A” de Radiohead, y diría que de superarlo. No sólo es rompedor dentro de su propia línea, sino que también logró hacerse tremendamente popular y granjearse éxitos de público y crítica por todo el mundo sin perder su propia identidad. Damon Albarn logró muchísimo con “Demon Days”, y es algo que nunca quiso superar. Gorillaz nunca han competido con su propio éxito, sino que siempre tiraron por otro camino distinto, buscando innovar y sorprender. Y aquí lo hicieron a la perfección.

Gorillaz – Demon Days

10 INSTANT CLASSIC

“Demon Days” es una obra maestra de Gorillaz, de toda la trayectoria de Damon Albarn, y de su propia época. Supo ser atractivo para el público, innovador para la crítica y sorprendente dentro de su propia línea sin traicionar su propia esencia. Es un trabajo inmaculado que deja huella en cualquier oyente por su comprometida y particular temática, pero también por su vis más introspectiva. Un hito del rock contemporáneo que sigue siendo perfectamente vigente y perdurará por muchos años.

  • La producción de Danger Mouse es excelente: los instrumentos principales de la ‘banda’ tienen mucho más cuerpo y realizan un trabajo más elaborado, y los arreglos jamás resultan ostentosos ni innecesarios sino que siempre cumplen su función de un modo más que eficiente, sin aparentar que todo está calculado.
  • La voz de Damon Albarn está muchísimo más cuidada y, sin dejar de tomárselo mucho más en serio que en el disco anterior, juega con sus capacidades y se permite licencias muy interesantes.
  • La progresión temática, el orden de las canciones y el propio contenido lírico están muchísimo más focalizados y ordenados, haciendo que todo fluya y la intención global esté siempre presente.
  • El trabajo artístico de Hewlett en este álbum, toda su campaña publicitaria y los videoclips merecerían un elogioso y extenso análisis aparte.

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