Comentaba el compañero Alex Sellés en la crítica de “Yesterday’s Gone”, debut de Loyle Carner, lo difícil que lo tienen los hermanos pequeños, permanentemente sometidos a examen en una recurrente comparación con sus hermanos mayores. Pero creo que supone una situación todavía más angustiosa la del primogénito que ve cómo sus hermanos menores le adelantan por la derecha para marcar ellos los parámetros bajo los que ha de establecerse la comparación. No conozco los dramas de la familia Bruner, pero quizá algo parecido a esto que acabo de expresar es lo que ha vivido el baterista Ronald Bruner, Jr. Hijo de un antiguo músico de jazz, ocupa la primogenitura de los Bruner, superando en edad, pero no en fama, a Jameel Bruner (The Internet) y al aplaudido Stephen Bruner, más conocido como Thundercat.

Pero las comparaciones con sus hermanos menores no son el único hándicap que Ronald debía salvar a la hora de publicar este “Triumph”. Habiendo colaborado con nombres como Chick Corea, Snoop Dogg, George Duke o Prince, además de figuras contemporáneas, ha desarrollado hasta ahora una actividad que normalmente queda relegada a la sombra de la atención mediática: la de músico de estudio. Por otro lado, se hace aún más complicado animarte a lanzar tu propio trabajo si tu instrumento es la batería y vienes de un género a priori tan impopular como el jazz. Tantas adversidades no han podido con las ganas de Ronald Bruner, Jr. de debutar por fin como maestro de ceremonias dispuesto a hacer disfrutar a todo el que quiera acercarse a “Triumph”.

Ronald Bruner, Jr.: ¿otro triunfo para el jazz?

Cuando preguntas a Bruner acerca de sus intenciones con este nuevo disco, éste lo tiene claro:

Thundercat abrió la puerta, Kamasi desenroscó las bisagras y yo voy a golpear bien fuerte la pared. Una metáfora potente que revela un objetivo ambicioso, sin duda. Bruner manifiesta la urgencia y entusiasmo del que sabe que está ante un ‘ahora o nunca’. El mayor de los Bruner se refiere al movimiento jazzero que lleva tiempo cocinándose en la Costa Oeste. “Vi que sucedía cuando la gente empezó a mostrar su aprecio hacia mi hermano y Flying Lotus por sus esfuerzos en la expresión musical de la que todos éramos parte. La colaboración con Kendrick sólo consiguió añadir más carbón a las máquinas: Es nuestro tiempo.

Y es que, lo que comentábamos en 2015 a tenor del lanzamiento del majestuoso triple álbum de Kamasi Washington es hoy una realidad palpable y contrastada: algo está pasando en el jazz. Seguro que a los más puretas les duele reconocerlo, pero existe un variado grupo de jóvenes talentos que, jugando con el hip-hop, la electrónica, el R&B y otros estilos musicales genuinamente negros, están dándole una vidilla especial al jazz del siglo XXI. Ya lo dice el propio Kamasi: “Ahora tenemos toda una generación de músicos de jazz que han sido educados con hip-hop. Hemos crecido junto a raperos y DJs, hemos escuchado esta música toda nuestra vida. Nos sentimos tan influenciados por J Dilla y Dr. Dre como por Mingus y Coltrane.

Esta nueva generación de músicos encuentra su epicentro en la ciudad de Los Ángeles. Allí nació hace un par de décadas la LA Multi School Jazz Band, un proyecto dirigido por un profesor de instituto que pretendía reunir talento afroamericano. En torno a aquel proyecto se gestó el colectivo West Coast Get Down, una veintena de jóvenes músicos afroamericanos que crecieron juntos compartiendo proyectos y escenarios. De manera sorpresiva, el colectivo está de actualidad por el éxito de alguno de sus componentes y la colaboración de los mismos en trabajos tan laureados como el “To Pimp a Butterfly” de Kendrick Lamar. Entre sus miembros: Kamasi Washington, Terrace Martin, Thundercat, Cameron Graves y el propio Ronald Bruner, Jr.

El caso es que el West Coast Get Down vive un momento dulce, sobre todo tras el éxito de Thundercat y, especialmente, de Kamasi Washington. De las sesiones de aquel triple disco, los miembros de WCGD han sabido sacar rédito económico y artístico. El debut de Ronald Bruner, Jr. se une así a otros trabajos que la escena jazzera de Los Ángeles ha sacado a la luz este 2017 a través de Thundercat, Cameron Graves y Miles Mosley. De modo que las sesiones de grabación de 10 am a 2 am en que se enfrascó la gente de WCGD durante la grabación de “The Epic” están todavía hoy dando sus frutos en forma de LPs y múltiples colaboraciones, como es el caso del álbum que hoy nos ocupa.

El disco funciona a la perfección, tenemos más de una hora de piezas que se mueven entre el jazz, el soul, el funk, el R&B e incluso el hip-hop.

Entrando por fin en materia, iniciamos un viaje que promete ser ecléctico con la serie de redobles que abre “True Story”, una pieza sencilla y luminosa donde Bruner deja patentes su habilidades con las baquetas y una voz resultona y juvenil muy apropiada para el R&B. A un tema tan radio-friendly como éste le sigue una especie de pieza de prog azucarado que ejecuta junto a su hermano Thundercat, me refiero a “Take the Time”. Los dos hermanos combinan a la perfección agresividad y destreza en la ejecución sin subyugar su sensibilidad melódica embarcándose en una talentosa travesía repleta de cambios de ritmo que cuenta con una breve aparición del saxo de Kamasi hacia el final.

She’ll Never Change” se mueve de manera demasiado evidente entre el pop y el R&B. Debo decir que todo suena muy correcto, pero sigo esperando el ramalazo funk-jazzero que el disco de un artista con las referencias de Ronald Bruner promete. La mosca sale de detrás de mi oreja en cuanto empieza a reproducirse “George Deome”, que me da justo lo que estaba buscando. Se trata de una colaboración con el fallecido George Duke que ambos habían grabado antes de aquellas sesiones de 2015 de las que proceden la mayoría de pistas del disco. Una pieza de jazz del siglo XXI que refleja el nervio rítmico, la tensión y expresividad del género en sus cotas más altas. Un auténtico lujo.

La misión de Bruner no es tanto la de animar a las nuevas generaciones a escuchar jazz, como la de disolver las fronteras que separan al mismo de otras expresiones musicales: “He pasado varios años tocando en conjuntos de prog, punk, be bop o funk al mismo tiempo. Me resulta imposible componer un disco que siga un desarrollo lineal y coherente”.

No llevamos ni medio disco y ya es difícil saber a qué atenernos. Pero eso, según su autor, es lo normal en él. “Mi música es una manera de expresar la multitud de colores que me hacen ser quien soy. Digamos que mi estado natural es la locura. He pasado varios años tocando en conjuntos de prog, punk, be bop o funk al mismo tiempo. Me resulta imposible componer un disco que siga un desarrollo lineal y coherente (…) yo no soy así.

Whenever” vuelve a cambiar las cosas de tercio regalándonos una pieza con aires más funk y bailables que debería estar petándolo ahora mismo. En “Doesn’t Matter” deja aparcada la batería y recurre a beats de electrónica para crear un R&B etéreo que, en mi opinión, resta atractivo a la autenticidad de su propuesta pero gustará a los amantes del género. Este atractivo se desborda en la celestial “Open the Gate”, un ejercicio que, géneros aparte, juega en el terreno en que mejor se desenvuelve su autor: la mezcla virtuosa y disfrutable de gran cantidad de influencias. A estas alturas queda claro que la misión de Bruner no es tanto la de animar a las nuevas generaciones a escuchar jazz, como la de disolver las fronteras que separan al mismo de otras expresiones musicales. Ahora bien, si eres jazzero, vas a gozar con la jam que se montan Ronald y su banda en este track.

Una colección más que decente que alcanza sus máximos de brillantez cuando Bruner se deja llevar por la improvisación de su vena más deudora de las grandes figuras del jazz.

Encontramos otra ración de sensual R&B con tintes souleros en “One night” que le devuelve a su rol de seductor. En “Sensation” cuenta con la colaboración de Mac Miller y vuelve a brindarnos una pieza de corte más comercial, pero con una estructura rítmica sugerente. Y, aunque parezca increíble, el track más hip-hop del disco no viene de la mano con un featuring de Kendrick Lamar. Bromas aparte (yo también amo a Kendrick, no os enfadéis), Ronald Bruner se lo guisa y se come él solito rapeando sus propios versos en “To You / For You”. Tras una sorpresa así, echamos el cierre con “Chick’s Web” de nuevo con Bruner ejerciendo de bandleader y denotando lo buen baterista de jazz que es. Magnífico.

Quizá recurrir a “Triumph” para titular tu primer disco suponga caer en una autoproclamación demasiado temprana y optimista. Está claro que Ronald no va a derribar esa pared a la que hacía referencia unas líneas más arriba. No obstante, no sería justo compararlo con Kamasi Washington que, además de un talento desbordante, tiene mucho de fenómeno y figura mediática (perfectamente justificada, por otra parte). Lo que Ronald Bruner, Jr. busca aquí no es reconciliaciones con un género, sino entretener haciendo lo que mejor sabe. La verdad es que desde ese prisma el disco funciona a la perfección, tenemos más de una hora de piezas que se mueven entre el jazz, el soul, el funk, el R&B e incluso el hip-hop. Una colección más que decente que alcanza sus máximos de brillantez cuando Bruner se deja llevar por la improvisación de su vena más deudora de las grandes figuras del jazz.

Ronald Bruner, Jr. – Triumph

7.2

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El hermano mayor de Thundercat saca su primer disco bajo la alargada sombra de Kamasi Washington y su hermano. El resultado es más que satisfactorio: un ecléctico tracklist en el que el elemento virtuoso no subordina al elemento pop ni viceversa.

Up

  • Su condición híbrida.
  • La habilidad de Ronald Bruner, Jr. para ejercer de bandleader y baterista de jazz.
  • Exhibe sus aptitudes sin comprometer su capacidad para divertir y sonar comercial.

Down

  • Quizá a veces se vea demasiado condicionado por su intención de gustar. Aunque la receta es equilibrada, brillaría más dejando algo más de espacio a la improvisación y el jazz.