Partamos de la presunción de que el hip-hop puede ser, en ocasiones, un género limitado. Esto es especialmente cierto en una época en la que la capacidad material y técnica de producir música está, a efectos prácticos, al alcance de cualquiera; algo que no es necesariamente perjudicial, pero que suele desembocar en el abuso de un género que tiende a ser menospreciado, en ocasiones con mucha razón. Suena duro, pero no se puede negar que en el fondo el resultado de esto es que el factor diferencial de artistas como Drake con respecto a los demás en el saturado mercado del hip-hop al final se reduzca meramente a una cuestión de marketing.

Que no se me malinterprete, el de Toronto supo buscarse un nicho propio en su día y no se puede negar que, hasta cierto punto, incluso fue capaz de introducir un cierto aire de renovación en la escena internacional. Lo que es más cuestionable es si Drake estaría donde está de no haberse convertido, gracias a un impecable trabajo de marketing, en uno de los memes millennials más cotizados de los últimos años. En cierta manera, se podría afirmar que Drake no es un artista; es una marca, y por lo tanto no deja de tener sentido que su interés empresarial no esté en la calidad y la innovación, sino más bien en la replicación de fórmulas de éxito que le han reportado beneficios en el pasado.

La verdad es que otra cosa no, pero a este hombre visión de negocio le sobra. Al fin y al cabo, si fue capaz de llegar al platino con un árido y soporífero “VIEWS”, ¡estoy seguro de que puede vender cualquier cosa que lleve su cara! Prueba de ello es su último trabajo, More Life, un álbum/mixtape/playlist en el que Drake vuelve a darnos veintidós (bueno, vale, veintiuna) razones de peso para reafirmar sus posaderas en el trono de artista sobrevalorado.

“More Life”: una playlist con balas de fogueo

“More Life” es un álbum/mixtape/playlist en el que Drake vuelve a darnos veintidós (bueno, vale, veintiuna) razones de peso para reafirmar sus posaderas en el trono de artista sobrevalorado.

Lo primero que le crea a uno reticencia al abordar “More Life” es el interminable tracklist de veintidós canciones, como si las veinte de “VIEWS” no hubieran sido suficiente para enseñarle a Champagne Papi que, por muy típico que suene, calidad es siempre mejor que cantidad. Ahora que lo pienso, lo cierto es que tanto “More Life” como “VIEWS” podrían haber sido trabajos infinitamente más dignos de no haberse empeñado en estirar el chicle de semejante manera; y es que ahí está el que, desde mi punto de vista, es el mayor problema de Drake: no es que sea malo, es que es más aburrido que un acuario de almejas. Es muy, muy difícil no cansarse después de escuchar cinco canciones seguidas del canadiense, sobre todo si cada una de ellas se limita a reproducir un sonido tan previsible como manido, exento de cualquier elemento de sorpresa que pudiera haber tenido en el pasado.

Fotografía: http://www.huhmagazine.co.uk/

Tanto “More Life” como “VIEWS” podrían haber sido trabajos infinitamente más dignos de no haberse empeñado en estirar el chicle de semejante manera; y es que ahí está el que, desde mi punto de vista, es el mayor problema de Drake: no es que sea malo, es que es más aburrido que un acuario de almejas.

Uno ya se va dando cuenta del pantanal en el que se ha metido cuando Drake se pone a dar la tabarra con lo dura que ha sido su vida en “Free Smoke”, desplegando sus mejores talentos líricos con rimas como: “Tryin’ to figure out the whole thing / I saw people doin’ things / Almost gave up on the music thing”. Está claro que las tings no son fáciles en la vida, Drake; sí, has leído bien: tings, porque por lo visto al buen hombre le ha dado por el grime británico y no tiene mejor manera de mostrarlo que impostando un acento británico más falso que un billete de siete euros. Relacionada también con este antojo por el sonido de ultramar está la doble aparición de Giggs, que de alguna manera se las apaña para estamparse literalmente contra las instrumentales de “No Long Talk” y “KMT” con un par de líneas que parecen unidas con pegamento Imedio. Mirando el lado positivo, por lo menos su aventura inglesa ha servido para que nos deje un interludio entero de Skepta, que aunque nunca ha sido santo de mi devoción, al menos eleva un poco los ánimos a mitad del arduo proceso de escucha.

El caso es que al álbum buenos nombres no le faltan (para algo tenían que valer tantas canciones), pero ni siquiera esto sirve para reanimar el cardiograma plano de “More Life”: Sacrifices, con Young Thug y 2 Chainz, no es más que una cansina canción de ambiente con flows cuya falta de entusiasmo apenas permite distinguir una voz de otra; eso por no hablar de la aparición de Kanye en Glow, uno de los cortes más arrastrados y aburridos, el cual intenta sonar a una especie de B-Side malogrado de “The Life of Pablo”. Young Thung pone las cosas algo interesantes en Ice Melts (aunque eso sí, sin pasarse) y supongo que si queremos ver el vaso medio lleno podemos hasta destacar moderadamente la contribución de Travis Scott en Portland que, sin ser legendaria, al menos te mete el dab en el cuerpo como sólo Travis sabe. Es triste decirlo, pero las mejores canciones de este disco son aquellas en las que Drake no aparece: Sampha se hace con el territorio en 4422 y creedme, es muy difícil resistir la tentación de abandonar e irse a escuchar su disco.

Con su empeño en mantener un frenético ritmo de producción musical mediocre, Drake no sólo se deja a sí mismo en evidencia, sino que contribuye a acelerar la inevitable caída de un sonido ya exhausto, condenado a pasar de moda más pronto que tarde.

Cuando uno escucha un disco de Drake hay ciertas cosas que se esperan a priori, simplemente porque es mejor ir preparado de antemano. Así pues, sabemos que hay corazones rotos, entendemos que habrá aburridísimos tramos de atmósferas nubladas y, sobre todo, esperamos que nos cuente lo gangsta que es sobre instrumentales con 808 sobrecargados (el Drake clásico, el de Gyalchester). A esto, sin embargo, hay que añadirle a partir de ahora un nuevo elemento: el dancehall (si es que se le puede llamar así), porque si creías que Drake iba a dejar pasar tan fácilmente el sonido que tanto éxito le ha reportado es que no tienes ni idea. Vale que podemos admitir que la jugada le salió bien con la pegajosa “One Dance”, pero de ahí a intentar duplicarla como si fueran churros hay un paso. No exagero: Passionfruit, Get it Together, Madiba Riddim”, “Blem… parece casi como si, en su afán de crear el próximo hit del verano, Drake se limitara a arrojar puñados de dardos con la esperanza de que alguno dé en el blanco. Lo mismo pasa con Fake Love”, que sin duda aspira a convertirse en la nueva “Hotline Bling”, si bien he de admitir que me parece una de las pocas cosas reivindicables de este trabajo, aunque sólo sea por su instrumental que, a diferencia de la mayoría de “More Life”, al menos suena a algo terminado y con gancho.

En fin, podríamos estar dos días discutiendo sobre todo lo que está mal en la nueva ‘playlist’ de Drake, pero seguramente todos tenemos mejores cosas que hacer. Pese a las cuestionables loas que “More Life” ha acabado recibiendo de una crítica demasiado concentrada en su ombligo, no deja de parecer evidente que el sonido de marca Drake tiene los días contados, algo que se dejaba ver en “VIEWS” y que se confirma con una ‘playlist’ sosa, innecesaria y larga hasta la náusea. Con su empeño en mantener un frenético ritmo de producción musical mediocre, Drake no sólo se deja a sí mismo en evidencia, sino que contribuye a acelerar la inevitable caída de un sonido ya exhausto, condenado a pasar de moda más pronto que tarde. Por muchas ventas que tenga, a Champagne Papi se le empiezan a ver las ojeras y esta vez no va a haber baile viral que le valga.

Drake – More Life

4.0 CREEPY RECORD

Playlist, disco, poco importa. El caso es que Drake parece no haber aprendido nada con “VIEWS” y se atreve a lanzar un trabajo que, sin apenas moverse de la marca de su antecesor, vuelve a incidir en los mismos errores; eso sí, preparando la temporada veraniega con temas de dancehall barato para dar y regalar, siempre a gusto del consumidor.

  • Ciertas colaboraciones como la de Sampha, Skepta o Young Thug.
  • Drake parece recuperar un poco el pulso con respecto a “VIEWS”, aunque no conviene lanzar cohetes.
  • “Fake Love”, mi placer culpable del verano 2017.

  • Una extrema duración que no aporta nada al disco, esto… perdón, ‘playlist’.
  • El uso y abuso de fórmulas exhaustas, algo que no va sólo por el dancehall pasado por radio, sino también por el cansinismo de un Drake malote al que nadie se cree.
  • Drake se afirma en su interés por la música prefabricada para consumo rápido.
  • Estoy hasta las narices de beats con 808 cargados de esteroides.

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