Durante la década de los 90 se mezclaban en el repertorio de The Cranberries sonidos indies, rockeros y punks. Después de un año sabático, en 1999 la banda volvió con “Bury the Hatchet”, su cuarto disco de estudio. Tras una época de disputas y desavenencias, el grupo pretendía ‘enterrar el hacha’ y empezar de nuevo con algo tan primitivo y animal como es el instinto.

Me tumbo en mi sofá single de polipiel como un señor a visualizar el videoclip y también a divagar sobre el instinto y lo animal… ¡Que de la mano van esas dos palabras! La canción comienza con cuatro acordes recurrentes pero certeros, que continúan durante prácticamente todo el tema. La voz de O’Riordan hace el resto. Desesperación, miedo, esperanza, justicia, dolor y olor. Todo ello se me viene a la mente cuando escucho el track 1 del LP.

Surfeo por Internet y no encuentro un refugio más grande sobre el que asentar mi pensamiento que ver a una mamá elefante alertando a su cría acerca del peligro de acercarse a los humanos; mamá sabia, quizá tenga algún tiro en una pata de algún cazador furtivo o le hayan intentado arrancar los colmillos. Sea como fuere ella protege a su cría como cuando nuestras madres nos dicen que nos llevemos el paraguas porque ven caer cuatro gotas. Y hablando de paraguas, como odio esa barilla pretenciosa con su trocito de tela tratando de protegerte de la madre naturaleza. Pero también es precioso (sí, soy un tío y he usado precioso) ver una disputa entre madres, ya sea la de uno mismo versus madre naturaleza. Como creo que se me está yendo a las madres, vuelvo a la raíz del instinto. Oye no, aprovecho ya que he colado ambos temas y comienzo a sobrevolar lo que trata la pieza. Madres e instintos.

Considero especial esa habilidad de contar la vida con un alto valor dramático. No hay más que escuchar cómo se incrusta la voz de Dolores O’Riordan en mis sienes para sentir lo que está diciendo. Me desgarra los oídos, palpita mi corazón y la ansiedad me recorre por el pecho para morir en el cerebro. Dolores quería empezar de cero, desde las entrañas, “Animal Instinct” es eso. Una madre protectora que entiende y ha vivido su realidad. Lo ha perdido todo pero sabe que hay algo que no va a dejar que pase. Nunca podremos demostrar científicamente que el instinto maternal existe, pero tampoco sé para qué lo necesitamos. Es un impulso, sentimiento de seguridad y protección que nace del interior. Los arrastra a la aventura, al no saber, al vivir con lo que sea pero juntos.

Es un buen día para recordar que, si somos jóvenes, todavía no nos hemos enfrentado a este instinto y para decirle a nuestras madres que las queremos. Nunca es mal día para ello y seguro que no lo hacemos lo suficiente.

“So take my hands and come with me, we will change reality”

El coraje, la valentía, la esperanza y amor se ponen de manifiesto en este viaje que afronta la protagonista. Una madre valiente en USA sólo podría solucionar este problema de considerable magnitud en carretera. Allá que va ella con sus críos en un viaje desesperado por calzadas kilométricas y moteles (de mala muerte, por supuesto) para encontrar la ansiada libertad, esa que le arrebataron a sus pequeños privándola de ella.

Todo para comenzar de cero, tanto como los arándanos deseaban.