Con Mastodon me pasa una cosa que me sucede con muy pocos grupos más, y creo que ningún otro que sea heavy. Cuando voy por la calle y me pongo uno de sus discos, de repente aprieto la mandíbula con rabia, noto la adrenalina correr por mis venas y los puños se me cierran conteniéndose para no empezar a agitar los brazos como un desquiciado. Entiendo que este comportamiento, aparte de patológico, es totalmente subjetivo y no le pasará a todo el mundo, afortunadamente. Sin embargo, lo que esto demuestra y está fuera de toda duda es que Mastodon son distintos al resto.

Diecisiete años como banda y seis discos después (siete si se tiene en cuenta “Call of the Mastodon” que compila algunos de sus primeros temas), Mastodon prácticamente sólo luchan contra su propia y alargada sombra. Siendo justos, compiten en la cima del metal moderno con bandas sobradamente asentadas como Deftones, en trayectoria ascendente como Baroness o directamente sobresalientes como Gojira, pero prácticamente ninguna ha logrado mantener una trayectoria tan libre de pecado como los de Atlanta. Con éstas y otras comparten una cruz, que es la de que no parece que vayan a alcanzar las cotas de popularidad de grupos más antiguos con discografías infinitamente más endebles, dicho sea de paso.

Fotografía: http://www.mastodonrocks.com/

No hay quien tosa al mastodonte

Un viajero perseguido y sentenciado a muerte por el emperador de la arena es la metáfora elegida por el grupo para estructurar el hilo conductor de lo que es ni más ni menos que un álbum conceptual sobre la lucha contra el cáncer.

Un viajero perseguido y sentenciado a muerte por el emperador de la arena es la metáfora elegida por el grupo para estructurar el hilo conductor de lo que es ni más ni menos que un álbum conceptual sobre la lucha contra el cáncer. Y es que, aunque no sea nada evidente oyendo las canciones, esta enfermedad ha tocado muy de cerca a casi todos los integrantes de la banda, y esto ha acabado dejando su impronta en la temática del disco. Así empieza Sultan’s Curse y lo primero que uno piensa es que suena a “Once More ‘Round the Sun”, dando a entender que no habrá un gran cambio con respecto a ese su último trabajo. Sin embargo Show Yourself pone en entredicho esa afirmación. Este track, que levantó polémica en su presentación como single del disco, nos retrotrae al robot rock de Queens of the Stone Age, mostrando unos Mastodon muy alejados del metal.

Tras ese paso que juega al despiste y que a la postre resultará ser más un oasis en el desierto que un patrón a seguir,Precious Stones vuelve a la realidad del sonido Mastodon con una urgencia que ya no cesará en todo el redondo. Como enSteambreather, típica canción con la que se le puede introducir a algún no metalero al sonido de Mastodon. El estribillo es pegadizo, y el tema funciona aunque sea en base a la inercia natural que el grupo lleva consigo. Pero aunque está bien probar una versión algo light de los Mastodon que conocemos, es en salvas como la de Roots Remain donde la banda despliega todo su poderío. Por ejemplo en el tremendo riff central, o en esa batería octópoda de Brann Dailor, que desde luego destaca en una posición en la que a menudo muchos se limitan a cumplir. El hecho de que comparta responsabilidades vocales sólo lo hace más meritorio. Sin duda, el bueno de Brann es uno de los percusionistas más destacados del metal actual.

Los pasajes intrincados y la complejidad melódica que son la marca de agua de los de Atlanta desde “Crack the Skye” siguen presentes en “Emperor of Sand”. De hecho, tanto que recuperan de algún modo la calidez de aquel disco, que para muchos es el más completo, aunque con una aproximación más directa.

Si a esto le sumamos el monumento al riff que esWord to the Wise tenemos una de las claves del triunfo de Mastodon. Sus cuatro miembros brillan en sus respectivas facetas con un carisma que es muy difícil de encontrar en cualquier otra banda. De hecho, el reparto de las voces y el protagonismo instrumental que alternativamente adquieren todos y cada uno de ellos es tal que no tiene sentido ni tan siquiera hablar de líder o frontman del grupo. Los proyectos paralelos en los que se han visto involucrados últimamente, especialmente Brent Hinds (Giraffe Tongue Orchestra) y Troy Sanders (a cuyo trabajo con Gone is Gone recuerda este tema) aumentan la creatividad y la variedad cromática con la que juegan los miembros de Mastodon, forzándoles siempre a mirar adelante. Por otra parte los pasajes intrincados y la complejidad melódica que son la marca de agua de los de Atlanta desde “Crack the Skye” siguen presentes en este “Emperor of Sand”. De hecho, tanto que recuperan de algún modo la calidez de aquel disco, que para muchos es el más completo, aunque con una aproximación más directa. La culpa de ello se le puede achacar a la producción de Brendan O’Brien, que ya grabase aquel tercer álbum, y con el que han regresado esta vez. Una atmósfera presente en temas como la épica Ancient Kingdom (mejor), Scorpion Breath o Clandestiny(más floja), que aportan el músculo justo y necesario en un disco de metal como este. Nos enfrentamos a un álbum que es bueno en su conjunto, aunque no tiene canciones que destaquen demasiado, lo cual, con la carrera de la banda presente, es bastante comprensible. Un ejemplo más de que, en el caso de Mastodon, el todo es más que la suma de sus partes.

Nos enfrentamos a un álbum bueno en su conjunto, aunque no tiene canciones que destaquen demasiado. Un ejemplo más de que, en el caso de Mastodon, el todo es más que la suma de sus partes. La mochila que arrastran es enorme, por lo que a pesar de que no han sacado uno de sus mejores discos han vuelto a bramar, esta vez desde el desierto, que ellos son los amos de este cotarro.

Se aprecia también la dirección tomada en sus dos últimos (y muy controvertidos) discos en Andromeda, otro de los singles desvelados con antelación junto a las dos canciones que abren el disco. En esta ocasión, con protagonismo guitarrero de Bill Kelliher y vocal de Hinds, en un apartado en el que los estadounidenses han sido criticados a menudo. En este disco sin embargo disimulan a la perfección sus carencias y salen indemnes, aun sabiendo que las voces no son su punto más fuerte.

El descanso del guerrero llega con el comienzo acústico de Jaguar God, que introduce lo que probablemente sea el mejor tema del disco. Una ración de metal progresivo puro y duro, con una producción compleja e infinidad de trucos de estudio, pedales y sintetizadores que enriquecen la música sin adulterar su contenido. Un verdadero himno con el que terminan riéndose, conscientes de que su hegemonía se mantiene intacta. Y eso que, viniendo de otra banda, la sensación general final con este disco sería (todavía) más redonda. La mochila que arrastran Mastodon sin embargo es enorme, así como la expectación y expectativas generadas con cada nuevo lanzamiento. Eso ha podido jugar ligeramente en su contra en esta ocasión, en la que a pesar de que no han sacado uno de sus mejores discos han vuelto a bramar, esta vez desde el desierto, que ellos son los amos de este cotarro.

Mastodon – Emperor of Sand

7.9

La banda con el currículum más reconocido del metal moderno sigue sin fallar en su séptimo largo. Incluso si no eres heavy de pro deberías darles una oportunidad a estos emperadores del riff en el que quizás sea su trabajo más accesible.

  • Una amalgama de toda su trayectoria sin repetir una fórmula concreta.
  • El característico sonido Mastodon ya es una realidad consolidada.
  • La traca final de canciones, junto con “Roots Remain”, forman un combo espectacular.

  • Con Mastodon el listón es siempre superior.
  • Una tierra de nadie entre la vorágine destructora de “Blood Mountain” y la experimentación de “Once More…”.

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