Dice el periodista de TVE y escritor Carlos del Amor, con cierto deje argentino (o a mí me lo parece), que “Los Planetas son una constelación”. Yo me atrevo a robarle esa frase sin disimulo porque además de parecerme poéticamente muy buena también creo que alberga algo de razón. La banda granadina es una constelación en sí misma alrededor de la cual orbitan pequeños asteroides como canciones pop, algunos astros brillantes como el Sol, sin los que no se puede vivir, y otros cuerpos celestes complejos como una galaxia.

“Zona Temporalmente Autónoma”: revolución, aunque nadie te entienda

Por eso cada vez que sacan disco es todo un acontecimiento dentro del panorama musical, contra el que parece que quieren luchar desde hace años. Es bien conocida su intención de ‘dinamitar el sistema desde dentro’, siendo un grupo supuestamente enmarcado en el mal llamado indie pero que se encuentra en la élite, tanto por firmar con las promotoras más importantes del país como por trabajar con multinacionales para publicar sus discos. No ha sido el caso de este último álbum, que han producido ellos y que han publicado bajo su sello propio (El Ejército Rojo) y El Volcán Música.

“Zona Temporalmente Autónoma” tiene sus bajadas y sus momentos de brillantez, pero la sensación general es que Los Planetas han vuelto a sacar una colección de buenas canciones. Tras 25 años de carrera no es poco.

Sólo una banda así podría empezar su único concierto del año pasado (Low Festival) tocando “Los Poetas”, una canción tan compleja como poco festivalera. Sólo un grupo así podría empezar su disco, después de 7 años, con una canción como “Islamabad”. Un experimento de más de siete minutos que une dos mundos tan distantes –antes de este tema– como el trap y el pop. Y no lo hacen nada mal. He leído a algunos críticos de esta canción aupándola al estatus de nuevo clásico. No creo que sea para tanto, pero es de agradecer que hayan querido acercarse a un género tan de moda, reivindicando de paso a Yung Beef, otro granadino ilustre en este género. El mensaje de la canción es complejo, pero a la vez directo y podría resumirse en que las diferentes ideas de Dios que tenemos en cada cultura son las responsables de separarnos a los humanos.

Y es curioso que hayan comenzado con una canción así en un álbum tan flamenco como este. A grandes rasgos, la trayectoria de Los Planetas se podría dividir en tres etapas fundamentales: los inicios hasta el estallido pop que supuso “Una semana en el motor de un autobús” (disco icónico y obra maestra de los 90), su etapa de lucha contra las discográficas, esas que los auparon, lo que cristalizaría en el disco de brillante título “Los Planetas contra la ley de la gravedad”, en el que las referencias antisistema (musical) llegan a un punto insostenible y, finalmente, quizá coincidiendo con la muerte de Enrique Morente, su trilogía flamenca: “La leyenda del espacio” y “Una Ópera Egipcia” que ahora completan con este “Zona Temporalmente Autónoma”.

La banda granadina es una constelación en sí misma alrededor de la cual orbitan pequeños asteroides como canciones pop, algunos astros brillantes como el Sol, sin los que no se puede vivir, y otros cuerpos celestes complejos como una galaxia.

De hecho, “Con la cruz a cuestas”, en la que colabora Soleá Morente, es prima lejana del “Omega”, un disco tan vanguardista como críptico para cualquier oyente que no esté familiarizado con el flamenco. Un álbum tan eterno como complicado de escuchar para los no iniciados, que peca de lo mismo que este trabajo (salvando las siderales distancias): que la parte flamenca requiere de una sensibilidad que no muchos oyentes tienen para apreciarla, yo el primero. No por eso voy a escribir que el resultado no ha sido el que yo esperaba, sino más bien que entiendo por dónde van los tiros, pero a mí no me va. Esta vuelta a las raíces de la canción andaluza tiene su lógica si pensamos que se perdieron ese acontecimiento cultural que fue el “Omega”, en el que no pudieron participar porque estaban en otra onda (la del motor del autobús) antes incluso de que Eric abandonara Lagartija Nick para hacerse con las baquetas de la banda. De alguna forma tenían que reivindicar ese pasado y su forma de hacerlo ha sido estos últimos discos, que transitan por un camino que parecen no querer abandonar: el de su particular flamenco-shoegaze.

Ocurre lo mismo con “Soleá” o con la “Seguiriya de los 107 faunos”, dos canciones de marcado carácter flamenco, muy emparentadas con las que ya han grabado en sus dos trabajos anteriores y que suponen un momento bastante flojo de intensidad, sobre todo situadas al principio del disco. Las ganas de unir a Spiritualized o Slowdive con Manolo Caracol cobran algo de sentido en la primera, pero se hacen pesadas en la segunda, que por cierto recibe su nombre del grupo argentino 107 Faunos, al que le encantó la idea de este homenaje.

Menos mal que las canciones más pop son mucho más disfrutables, tal y como ocurre con “Hierro y níquel”, que sí tiene el rollo flamenco en la letra, pero no en su luminosa melodía, en la que se perciben algunos destellos de anteriores discos. Del mismo modo, “Porque me lo digas tú” sirve como un agradable anestésico en el que vuelven esos arreglos de violines que tan bien saben utilizar y que nos recuerdan a algún momento del “Unidad de Desplazamiento”. Y justo en la mitad del disco, como una especie de Estambul sonoro, nos encontramos con “Libertad para el solitario”, tema que tiene el toque justo de flamenco pero al que la producción planetaria, llena de matices siderales, así como el psicodélico riff de Florent, terminan por convertir en una de las mejores canciones pop del disco, sobre todo en lo lírico, con perlas como “Yo no le temo a la muerte / Porque morir es natural / Le temo más a la vida / Porque no sé cómo voy a acabar” o la sentencia de rabiosa actualidad: “Que cómo sobrevivía / A mí me pregunto el juez / Yo le dije que robando / Como se mantiene usted / Pero yo no robo tanto / Yo no robo tanto como usted”.

Los Planetas son esa persona que se quiere, a pesar de ella. Las a veces indescifrables letras de J, en lo poético y en lo sonoro, su rollo megalomaníaco que roza lo patológico con algunas canciones, el caso mínimo que le hacen a la imagen y a la promoción… todo parece una barrera para los recién llegados o incluso un terreno árido para los experimentados fans.

Polémicas al margen con la autoría de las letras (más de la mitad de las canciones del disco son adaptaciones que hace J del cancionero popular andaluz) lo cierto es que este disco tiene instantes tan buenos como estos pero también algunos momentos más naif, como en “Porque me lo digas tú”, un auténtico viaje de emociones y percepciones. Más aún cuando escuchamos cortes como “Gitana”, donde Pink Floyd, Radiohead, Triana y el ocultista Alester Crowley (en cuyo poema está basada la letra) se van de cañas por el espacio exterior. Un corte complejo que contrasta con la ligereza con que homenajean la psicodelia más sesentera en el pepinazo pop de “Ijtihad”, destinada a ser la nueva canción cantable del grupo junto con “Espíritu Olímpico”, que ya habían tocado en algún concierto pero que ha sido una muy agradable sorpresa y un muy bien escogido single.

Quizás sean estas las dos canciones más similares a la etapa pre-flamenca de Los Planetas, que parece que ya no se aventurarán más en esos palos, por la sucesión de canciones que continúa con la luminosa “Zona Autónoma Permanente”, un alegato sobre la distancia que se hace más pequeña entre dos personas que se quieren, o cómo anhela J quitarse de en medio para irse a vivir a Motril. O en “Amanecer”, que lo mismo evoca el amor como forma de salir de la depresión que puede ser la nana que le ha salido después de su reciente paternidad. Pero aún queda una última e inclasificable coda final, entre uno de los pocos temas acústicos de su trayectoria junto con “El Espíritu de la Navidad” y “Canción para ligar” como es “Hay una estrella”, un corte folkie que les queda bastante resultón. Entonces llegamos a “Guitarra roja”, una ida de olla de casi diez minutos con una combativa letra del folclórico argentino Martín Castro a la que sí cabe ponerle pegas. Porque soy el primer admirador de los ‘temas largos’ de la banda, como la excelsa “DB” (su verdadero himno generacional), la perfecta “Toxicosmos”, la impresionante “La Copa de Europa” o sin irnos muy lejos “Islamabad”. Pero cuando intentan alargar excesivamente la duración de la canción incorporando elementos que terminan por aburrir más que por aportar, el resultado es decepcionante: una malograda ópera pop flamenca y reivindicativa.

Después de escuchar este disco varias veces, sigo pensando que Los Planetas son esa persona que se quiere, a pesar de ella. Las a veces indescifrables letras de J, en lo poético y en lo sonoro, su rollo megalomaníaco que roza lo patológico con algunas canciones, el caso mínimo que le hacen a la imagen y a la promoción… todo parece una barrera para los recién llegados o incluso un terreno árido para los experimentados fans. Un: ‘si me quieres entender, búscate la vida, no te lo voy a poner fácil’. Aun así, si te esfuerzas, puedes comprender la magnitud de un grupo que lo ha querido subvertir todo y que no ha querido parar de innovar en su carrera.

Carlos del Amor piensa que son una constelación. Yo digo que la música de Los Planetas no hay que escucharla con los oídos, sino con otra cosa. Entonces, todo encaja.

Los Planetas – Zona Temporalmente Autónoma

7.0

Los Planetas firman un trabajo tan bueno como heterogéneo. El álbum tiene sus bajadas y sus momentos de brillantez, pero la sensación general es que han vuelto a sacar una colección de buenas canciones. Lo que ya es mucho decir después de 25 años.

  • Los temas más pop suenan bastante frescos para llevar 25 años de carrera.
  • “Islamabad”. Acertada experimentación con la que demuestran que pocos géneros se les resisten.
  • “Espíritu Olímpico” e “Ijtihad” están llamados a ser dos nuevos clásicos en su repertorio.
  • La sensibilidad del último tramo del disco, con “Zona Autónoma Permanente”, “Amanecer” y “Hay una estrella”.

  • Algunas canciones de corte más flamenco son un plomazo contra el que es difícil luchar.
  • Hay algunos momentos prescindibles dentro de las 14 canciones.
  • Su rollo mesiánico, desmedido y aburrido, en “Guitarra Roja”.
  • Como en toda obra suya, la portada cobra mucha importancia y las han sacado mejores.