Ay, el Reino Unido, la máquina de los hypes. No te has puesto a abrir turrones todavía y ya te están bombardeando con 50 grupos que lo van a petar al año siguiente. Grupos que apenas tienen un single o un EP, que a veces ni siquiera tienen un disco de estudio próximo a salir y con el que ya te ponen en canción meses y meses antes. Los nuevos Oasis. Los nuevos Arctic Monkeys. O si nos vamos a estos últimos años, ya hemos actualizado la referencia de rigor a los nuevos Tame Impala. Nombres y nombres que aparecen cada año con un apoyo de la prensa envidiable en nuestras tierras y que para bien o para mal acaban cayendo en una lista interminable de grupos devorados por el hype que al final no eran para tanto. Es el caso de conjuntos como Palma Violets, Howler, Sharks, Swim Deep y otros muchos nombres que mi cerebro ya ha olvidado a estas alturas. Grupos que van repartiéndose y participando en festivales, a veces incluso atravesando las fronteras u ocupando un buen espacio en el cartel de turno, pero casi ninguno es capaz de vencer al paso del tiempo, al consumismo rápido y a la sobreexposición de la era de Internet. Conseguir que te presten atención durante más de una semana hoy en día ya es un logro, así que conseguir que se acuerden de ti un par de años después de haber dado tu última referencia es casi milagroso. Pero hay que seguir intentándolo al menos porque, aunque hay muchos hypes injustificados, también hay grupos que sería una pena que tuvieran una muerte prematura, y uno de esos es Temples.

“Volcano”: hemos venido a recordar que molamos

¿Qué tenemos después de tanto tiempo? ¿Más de lo mismo? ¿Una evolución lógica de su sonido? ¿Un lavado de cara completo? Ninguna de esas opciones se adecua a lo que ofrece este trabajo.

El de Temples fue uno de esos hypes que se estuvo cociendo a fuego lento durante meses. El grupo, proveniente de Kettering, Inglaterra, se formó en 2012 entre James Edward Bagshaw (guitarra y voz) Adam Smith (guitarra y teclados), Thomas Edward James Walmsley (bajo) y Samuel Toms (batería). Ese mismo año lanzaron “Shelter Song”, su primer single, con el que ya se empezaba a hablar de un disco que estaba previsto en principio para 2013. Sin embargo, su debut se acabó retrasando hasta 2014, no sin antes publicarse algún single más y diversas noticias alabando lo grande que sonaba el grupo en directo y vaticinando la maravilla que estaba por venir. Incluso pesos pesados como Noel Gallagher se declararon fans del grupo y afirmaron ser mastodontes en directo. “Sun Structures”, su primer trabajo de estudio, acabó viendo la luz a principios de 2014, gozando de una recepción bastante positiva por parte de la crítica. No era para menos. “Sun Structures” presentaba a un grupo muy prometedor, con un gran gusto por la melodía y por un pop muy refinado, combinando diferentes influencias y estilos, tanto añejos como actuales, y con toques psicodélicos muy ricos. No era un disco perfecto, pero tenía momentos brillantes y en general era un debut muy destacable y desde luego muy por encima de muchos otros grupos provenientes de la fábrica del hype.

Llegamos a 2017 y tras tres largos años por fin se atreven a dar la cara con un sucesor que responde al título de “Volcano”. ¿Y qué tenemos después de tanto tiempo? ¿Más de lo mismo? ¿Una evolución lógica de su sonido? ¿Un lavado de cara completo? Ninguna de esas opciones se adecua a lo que ofrece este trabajo. El grupo ha afirmado al respecto que el disco es fruto de incorporar cosas nuevas que desconocían cuando realizaron su primer álbum. Pero la cosa va más allá de eso. Si bien el primer disco ya sacaba a relucir una clara búsqueda de la melodía, el toque lisérgico se encontraba en más de un tema y las guitarras eran bastante frecuentes. Sin ser un grupo de psicodelia pura sí se acercaban bastante a ello. Pero esta vez no. Esta vez la psicodelia se ha quedado mucho más a un lado para explotar su lado pop. Las guitarras son más discretas y los sintetizadores más notorios. Las melodías son más directas y hay menos espacio para dejarse llevar, todo parece mucho más medido y el objetivo parece claro: cuanto más pegadizo, mejor.

Esta vez la psicodelia se ha quedado mucho más a un lado para explotar su lado pop. Las melodías son más directas y hay menos espacio para dejarse llevar, todo parece mucho más medido y el objetivo parece claro: cuanto más pegadizo, mejor.

No miento si digo que la primera vez que escuché “Certainty”, cuando se publicó como single, arqueé una ceja. Muchos más teclados y menos guitarras, falsete en el estribillo… hit descarado con aroma a Tame Impala (grupo con el que ya parecen condenados a sufrir comparaciones continuas, pero es que el final de este tema sobre todo recuerda un montón). Una canción descrita por el grupo como una melodía muy Disney con un toque oscuro, y que tras unas escuchas me convenció más. “All Join In” es otro de los temas que hace muestra del lavado de cara del grupo en este trabajo, con esos beats electrónicos y esas guitarras que quieren sonar a todo menos a guitarras. El ritmo se muestra acelerado en la estrofa y más lento en el estribillo, volviendo a encontrar un gran protagonismo por parte de los sintetizadores.

Para “(I Wanna Be Your) Mirror” sacan su lado más barroco y elegante (hortera para depende de quién, quizás), y por fin se dejan asomar los solos de guitarra entre todas las capas de sonido que recorren el tema. La letra alude al paso del tiempo y a esa creencia de que todo tiempo pasado fue mejor (“carry me back to the bridges of before if yesterday pretended to be more like it was before). Si algo bueno tiene este disco es que en muchos momentos asciende de calidad y de hecho se guarda lo mejor para el final. En esa subida también se encuentra “Oh! The Saviour”, un tema que recuerda un poco en su comienzo a aquella “Keep In The Dark” de su debut, sólo que como ya han venido mostrando en los tracks anteriores, los sintetizadores acaban teniendo mayor peso. “Born Into The Sunset” se rinde al pop y a estas alturas uno no puede sino rendirse a ellos también. No vamos a negar que echamos de menos las guitarras y la lisergia que mostraban algunos temas de su primer trabajo, pero al César lo que es del César, temas como este son tremendamente efectivos y pegadizos, las melodías son muy bailables y los coros rematan una jugada brillante. El positivismo se apodera y al final no podemos evitar corear ese “you lay on the surface and breathe and you feel the eruption of free.

Es un disco que, sin ser conformista puesto que han explotado más sus capacidades y han introducido detalles nuevos, se arriesga menos. Al final parece que el grupo ha decidido escoger el camino más soleado y dejar de lado los parajes desérticos, lo cual es una pena porque por un lado han perdido riqueza en su sonido.

Lo malo es que al igual que hay puntos álgidos, también hay bajones, y “How Would You Like To Go?” supone el más notorio de todo el largo. Un tema muy atmosférico y etéreo, lento, que pretende hacer un paréntesis entre las piezas más directas, pero acaba haciéndose tedioso y no aportando gran cosa. “Open Air” comienza a recuperar el ritmo, pero ni esta ni las dos piezas siguientes (“In My Pocket” y “Celebration”) consiguen alcanzar las cotas de canciones anteriores, básicamente porque la fórmula y la tónica siguen siendo las mismas pero con menos gancho. A veces pecan de una grandilocuencia que se les va de las manos, y otras de pasajes que no terminan de funcionar en un tipo de canción en la que se busca lo directo y lo pegadizo. Sin embargo, para el final del disco se guardan tres pepinazos que consiguen borrar la mancha que suponen los anteriores. El primero de ellos es “Mystery Of Pop”, que saca a relucir de nuevo la parte más barroca del grupo, a medio camino entre la neo-psicodelia y el indie pop, con palmas incluidas. Pero la guinda del pastel la ponen con “Roman God-Like Man”, en mi opinión lo mejor de todo el largo, con un ritmo más machacón, armonías de voz que concuerdan a la perfección, ese “fafafafa” del estribillo (¿homenaje a “David Watts” de The Kinks?) y un solo que lo convierten en un tema titánico. Para el broche final dejan “Strange Or Be Forgotten”, un tema más melancólico que divaga sobre la fama y sobre ser alguien para acabar olvidado, con un aroma muy británico.

No quiero decir que Temples me hayan decepcionado, porque realmente este no es un mal disco y su debut tampoco era una obra maestra. Pero sí se echan cosas en falta, ya no la psicodelia más pura y las canciones más guitarreras del debut, sino una mayor variedad, menos insistencia en los detalles sonoros y más en el cuerpo de las propias canciones. Es indiscutible que hay piezas brillantes, muy cuidadas, elegantes y de un nivel del que pocos grupos pueden presumir, pero en general es un disco que, sin ser conformista puesto que han explotado más sus capacidades y han introducido detalles nuevos, se arriesga menos. Al final parece que el grupo ha decidido escoger el camino más soleado y dejar de lado los parajes desérticos, lo cual es una pena porque por un lado han perdido riqueza en su sonido. Pero mientras se sigan sacando temazos como esa “Roman God-Like Man” tampoco nos vamos a quejar.

Temples – Volcano

7.6

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Temples eran una de las mayores esperanzas de la neo-psicodelia en el Reino Unido y para su segundo álbum han decidido alejarse un poco de su cara más lisérgica para entregarse a la parte más barroca y pop. Menos guitarras, más sintetizadores y un buen puñado de canciones para disfrutar sin miramientos.

Up

  • Buenísimas melodías y varias canciones muy pegadizas.
  • Cuidado al más mínimo detalle.
  • No es lo que se esperaba pero tampoco se puede decir que se hayan estancado.

Down

  • Tiene varios altibajos.
  • Se echan de menos los temas más áridos y las guitarras.
  • Un poquito más de variedad en la tónica de las canciones le habría venido bien.

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