A principios de este mes, León Benavente lanzaban el EP “En la selva”. Puede resultar sorprendente teniendo en cuenta que hace menos de un año desde la publicación de “2”, su soberbio segundo álbum que esta casa nombró como el mejor disco nacional de 2016, y más si consideramos que acaban de cerrar su gira invernal de salas, así que, aunque la sorpresa ha sido acogida con entusiasmo por su calidad, seguimos sin tener claro por qué ahora. Pero esto es algo que el supergrupo indie ya hizo en su momento: al año siguiente de publicar su debut homónimo salió a la venta “Todos contra todos”, otro EP que empezaba a marcar muy claramente la senda que seguirían en su siguiente trabajo.

“Todos contra todos” se alejaba del pesimismo sombrío y decadente de “León Benavente” (que contaba con “Ser brigada” como mayor y casi única concesión a la euforia) y hacía prominentes dos elementos que marcarían “2”: la agresividad y el cinismo. Lo segundo tiene más que ver con las letras, ya que la crítica social que Abraham Boba ha imprimido en su segundo larga duración se ve o bien desde la distancia (como es el caso de “La ribera”) o de un modo mucho más mordaz (véase “Tipo D”), pero la energía furiosa que empezaron a desplegar tiene algo más que ver con su nueva forma de enfocar los instrumentos y sus propios papeles dentro de la banda.

León Benavente nunca han grabado nada en el estudio que no pudiese tocar en directo, y esa es una de las cosas que los convierte en unos auténticos monstruos en el escenario. No tienen arreglos de ninguna clase, ni doblan las pistas de un mismo instrumento, por lo que su evolución sonora tiene que ver únicamente con cómo utilizan esos cuatro maravillosos instrumentistas sus herramientas y cómo se desenvuelven a lo largo de los temas. No es una cuestión de recursos sino de imaginación, y por eso los mismos músicos con los mismos instrumentos son capaces de sonar radicalmente diferentes de un disco a otro. Es esa visión mucho más electrónica y pesada la que les lleva a abandonar los teclados con dejes ochenteros y las guitarras lánguidas. Pero estábamos hablando de los EPs, así que, de nuevo, ¿a cuento de qué vienen?

A mi criterio, tanto “Todos contra todos” como “En la selva” son trabajos de transición, pensados más como una prueba, una forma de experimentar con sus recursos para destilar sonidos distintos y, quiero creer, dejar pistas sobre cómo enfocarán su siguiente álbum. El caso de “En la selva” me parece muy particular, porque mezcla buena parte de los elementos principales de ambos discos y les da un giro distinto. Aquí no encontramos la euforia nihilista y cínica de “Gloria” o “California”, pero sí hay mucha caña, y mejor calculada. También hay miradas hacia el pasado, hacia esa vertiente melancólica en cuanto a las letras y nostálgica en cuanto al sonido, porque a veces puede evocar el rock ochentero de Los Ronaldos o Radio Futura, aunque no quiero meterme mucho en un jardín que no conozco. Vamos a lo que sabemos.

León Benavente suenan ahora con más cuerpo, al dejar de estar tan pegados al sonido electrónico y distorsionado y acercarse a guitarreos más cálidos de Luis Rodríguez y el bajo más limpio de Eduardo Baos, sin dejar de lado el importante papel de las teclas de Boba. César Verdú, por su parte, sigue siendo un batería tan cojonudo como siempre, y se mantiene en su línea. En términos generales, ha dejado de haber tanto hueco entre las líneas melódicas, algo que en cierto modo requería la identidad sonora de “2”, y logran combinar el sonido distintivo pero un tanto apagado del debut con la potencia y la agresividad de su segundo álbum.

Pero no estamos hablando sólo de sonido, sino también de las letras. “Maestros antiguos”, el tema que abre, es el que más me trae a la memoria ese rock ochentero pasota y autocomplaciente (quiero decir, Nadie lo hace mejor que yo / nadie sabe más que yo”), pero sin rozar peligrosamente el ridículo como hacía este, y llevándolo todo a un optimismo motivador con unas letras casi hechas para gritarlas en su próximo concierto. Con “En la selva”, la canción que da título al EP, la banda demuestra hábilmente cómo pueden mezclar el sonido triste de, digamos, “Las ruinas”, y despojarlo de toda su decadencia para hacerlo poderoso sin que pierda su significado. “Se mueve”, el primer single de este trabajo, abre con un riff de teclado repetido en bucle a lo “Tipo D”, pero luego sus guitarreos y su estribillo hacen vibrar esa fibra de su música que les hace merecer el apelativo de ‘indie’ (y digo esto en el mejor sentido), y el punto realmente curioso es su cierre, “Siempre hacia adelante”. Aquí quiero detenerme, porque este tema, sin ser tremendo, me parece definitorio del rumbo que León Benavente le están dando a su estilo.

Este tema es una versión de una canción de “2”, sólo que antes se titulaba “Celebración”, y su nuevo nombre era en realidad un subtítulo. ¿Y por qué? Quiero recordar una cosa: cuando fui a verlos al Teatro Carrión dijeron en cierto momento que podíamos sentarnos un momento porque iban a tocar la única balada de su repertorio, que era “Estado provisional”. Pues esta vez han convertido un tema energético y agresivo en una auténtica balada que rompe con la dinámica de todo el EP y reorienta por completo su significado original sin tocar una palabra de la letra.

Lo que esto significa, para mí, es que León Benavente hacen más que perfeccionar una fórmula, y están constantemente cambiando su sonido sobre la marcha, readaptándolo a nuevos propósitos sin perder por ello su propia identidad. Vamos a seguir cantando “Quiero ser alemán / quiero ser liberal” con las mismas ganas cuando empiece a sonar “Tipo D”, vamos a seguir quedándonos sin aire intentando cantar “Habitación 615”, seguiremos viniéndonos arriba con “Gloria”, y la euforia de “Ser brigada” no va a irse a ninguna parte, así que… todo perfecto, ¿no?

Me gustan estos pequeños interludios, porque no surgen tanto de la necesidad de mantener la atención del público sino de plantearse preguntas como banda, de retarse a sí mismos a contradecirse y a pensar de un modo diferente. ¿Es por ello “En la selva” una obra maestra? No, en absoluto, porque no lo pretende. Pero su cualidad de trabajo reflexivo, capaz de replantearse sus propias convenciones sonoras, es definitorio del nivel al que juegan León Benavente, y deja clarísimo por qué son una de las mejores bandas del panorama nacional. Tal vez es porque ya tienen una edad y están de vuelta en todas partes, pero estos tíos saben que, como la vida, tienes que avanzar. Siempre hacia adelante.

Fotografía: Danielo Kalamar

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