La vida sedentaria parece obvia hoy en día. La casa es nuestra nave nodriza, el centro de nuestra vida, o la televisión o la mesa de la oficina, según se mire. Aunque algunas culturas responden al término hogar de una manera mucho más amplia que el resto de personas acomodadas. El pueblo de los tuaregs lleva una forma de vida nómada, al menos hace años. Su territorio era el desierto del Sahara, que se extiende por Argelia, Egipto, Chad, Mali y Níger, entre otros países. El lugar donde echaban el ancla estas personas dependía de sus necesidades vitales y las de sus animales. Cuesta imaginar una cultura musical cuando dedicas tu tiempo a vagar por el desierto, pero existe, y para asombro de los occidentales parece estar mucho más conectada con su historia y su entorno de lo que lo están nuestros músicos más exitosos.

“Elwan”: una puerta al lado más rebelde de la cultura tuareg

Grabado a caballo entre Rancho de la Luna (California) y M’Hamid El Ghizlane (Marruecos), “Elwan” también muestra esta dualidad en su estilo musical, resultado de mezclar el folclore tuareg con estilos surgidos en EEUU como el blues o el rock.

La banda Tinariwen, formada en 1979, hace tiempo que se vio obligada a abandonar su desierto por las guerras y los conflictos políticos. En sus inicios, su música fue un grito de esperanza para muchos de los habitantes del norte de África. Hoy en día, después de numerosas giras, son conocidos en Estados Unidos y Europa. No obstante, la pérdida de su hogar no ha significado un cambio en su identidad. De hecho, su nuevo álbum “Elwan” sigue conservando ese característico sonido que parece evocar la brisa del desierto. Se han tomado molestias para ello: este séptimo trabajo, editado por Anti/[PIAS], ha sido grabado en el estudio Rancho de la Luna situado en el Parque Nacional Joshua Tree (California) y en M’Hamid El Ghizlane (un pequeño oasis en Marruecos, cerca de la frontera de Argelia). Esta dualidad Norteamérica/África también responde a su estilo musical, resultado de mezclar el folclore tuareg con estilos surgidos en EEUU como el blues o el rock. Para más inri, utilizan las clásicas Fender Stratocaster mientras cantan en Tamashek, la principal lengua del pueblo tuareg. Todo esto resulta altamente atractivo para el oyente occidental que, sin buscarlo, queda atrapado por esa imagen de hombres del desierto portando guitarras eléctricas en medio de las dunas.

En la mayoría de los casos, el éxito internacional de un artista africano depende de la atención que le dediquen los sellos discográficos estadounidenses o europeos. Cuando esto ocurre y se edita un disco, la distribución se dirige al mercado occidental por encima de su país de origen. Es triste que la evolución y el desarrollo de estos artistas dependa de los gustos de los que vivimos en el primer mundo.

Fotografía: Marie Planeille

Para más inri, utilizan las clásicas Fender Stratocaster mientras cantan en Tamashek, la principal lengua del pueblo tuareg. Todo resulta altamente atractivo para el oyente occidental que, sin buscarlo, queda atrapado por esa imagen de hombres del desierto portando guitarras eléctricas en medio de las dunas.

El álbum se abre con “Tiwàyyen”. El tema habla de lo que parece ser un viaje a través del desierto ambientado por unas percusiones punzantes. Cabe destacar que a las guitarras colaboran los músicos estadounidenses Kurt Vile y Matt Sweeney de una forma muy respetuosa. El segundo corte se inicia con un bajo rítmico apoyado en la percusión. “Sastanàqqàm” es pegadiza y auténtica, quizás el track en el que mejor se marca la frontera entre el riff que funciona como estribillo y la estrofa, a la manera occidental, y por eso es uno de los singles. En “Nizzagh Ijbal” comienza vibrando una guitarra acústica y una voz que se alza sobre ella como un lamento. Percusiones y efectos sonoros acaban formando una atmosfera en la que parece reflejarse una mirada de tristeza que observa a través del velo. “Hayati”, en cambio, empieza con una alegre darbuka que se extiende a lo largo del corte y estribillos a coro que rezan: “Hayati, Gharami / Hannu haleyya” (Mi vida, mi amor, cuida de mí). También existe la esperanza de enamorarse en el árido desierto.

El siguiente de la lista es “Ittus”, un tema a guitarra y voz que resalta precisamente su sencillez. “Te pregunto cuál es nuestro objetivo / Es la unidad de nuestra nación” cuenta la letra, y es que cuando el mensaje es potente no hace falta alzar la voz. “Ténéré Tàqqàl ” es una emotiva canción protesta cuya letra habla sobre los conflictos que han secuestrado la alegría en su desierto. A pesar del sentido que tiene, la composición fluye de manera muy tranquila, con un sonido limpio y relajado. A continuación, un ritmo algo más siniestro se apodera de estos bluesman en “Imidiwan n-àkall-in”. Coros, palmadas y algún grito de guerra otorgan al tema una dimensión que conecta con lo primitivo.

Después de tres décadas su mensaje sigue siendo el mismo y lo será hasta que se solucionen los problemas en su tierra y puedan volver a casa.

Mientras en “Talyat” vuelve a colaborar Matt Sweeney y el también guitarrista estadounidense Alain Johannes (se nota su aportación en la definición de las guitarras y en el solo), “Assàwt” es un acercamiento al cabalgante sonido del funk, o eso parecen transmitir las guitarras a la vez que las percusiones y los coros nos recuerdan que seguimos en África del Norte. “Arhegh ad ànnàgh” se mantiene en una línea tranquila que sólo se eleva cuando entran a escena los coros y en “Nànnuflày” una marcada percusión rítmica rige una composición que se completa con la colaboración nuevamente de Kurt Vile a la guitarra y el cantante estadounidense Mark Lanegan a la voz, siendo la única parte vocal del disco cantada en inglés. Por su parte, “Fog Edaghàn” es una pieza lenta que se introduce con una flauta y una guitarra que fluye hasta que finalmente se apaga poniendo fin al disco.

“Elwan”, que significa Los Elefantes, es un álbum protesta, como todos los de Tinariwen. Después de tres décadas su mensaje sigue siendo el mismo y lo será hasta que se solucionen los problemas en su tierra y puedan volver a casa. Es cierto que no aporta nada nuevo en cuanto a estilo o musicalidad, pero mantenerse fiel y auténtico tras tantos años de cambios es, como poco, respetable. Esperamos que los problemas en el norte de África sean pronto asunto del pasado, aunque algunos seguiremos demandando Tinariwen mientras haya presente y futuro.

Tinariwen – Elwan

7.5

“Elwan” es el séptimo álbum de la banda más representativa de la cultura tuareg. Tinariwen se abren a las colaboraciones de músicos extranjeros pero siguen insistiendo en su mensaje de paz.

  • Su escucha supone un cambio de entorno de manera inmediata.
  • La sensibilidad con la que interpretan los temas crea una conexión desde la primera reproducción.

  • La temática del álbum gira en torno a los mismos temas y puede hacerse repetitivo.
  • Poca variación en los instrumentos y las voces, ocasionando que las canciones resulten difíciles de diferenciar.

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