Todos hemos sido jóvenes e inexpertos. No es que ahora ya no seamos jóvenes o nos hayamos vuelto unos sabios, pero todos hemos pasado por una etapa de madurez auditiva, de salir de nuestra burbuja y nuestra comodidad y aventurarnos en sonidos totalmente nuevos que hasta hacía poco no éramos capaces de concebir. Probablemente por el peso de los clásicos somos más propensos a empezar a cultivarnos con obras antiguas, con los grupos pioneros, e incluso si empezamos a abrirnos y decidimos pasar de Queen o de los Rolling a Pink Floyd o The Velvet Underground, seguimos yendo con pies de plomo en lo que a actualidad se refiere. No es para nada malo acercarse en primera instancia a grupos pioneros y de hecho tiene un gran encanto maravillarse y preguntarse cómo podían sacar sonidos así en un tiempo que a nosotros nos parece tan lejano, casi místico. Sin embargo, de vez en cuando nos llegan noticias de un grupo nuevo que está volviendo a revolucionar el panorama, te lo comparan con esos grupos pasados que adoras y que te impresionaron, y decides adentrarte en nuevos horizontes. Ese fue mi caso con “Lonerism” de Tame Impala y, seguramente, el de bastante más gente.

“Lonerism”: ¿pop fatalista o psicodelia edulcorada?

Para “Lonerism” Kevin Parker no quería seguir exactamente la misma senda de su debut, el cual se componía de canciones con muros de sonido trabajados pero fáciles de escuchar y disfrutar. Esta vez se planteó transportar las melodías y las progresiones del pop al sonido de Tame Impala. Parker quería que fuese pegadizo y explosivo a la vez.

Tame Impala ya habían dado mucho que hablar con su álbum debut, “Innerspeaker”, un disco muy guitarrero que tiraba hacia el rock psicodélico con un toque suave y dulce proveniente de la característica voz de Kevin Parker. Ya habían dado el pistoletazo de salida con un disco muy sólido. Pero la cosa no se iba a quedar ahí. Inmediatamente después de lanzar ese primer disco, Kevin Parker ya tenía en mente nuevas canciones que formarían parte de su sucesor. El grupo se encontraba en plena gira y él no hacía más que grabar ideas aquí y allí cuando tenía ratos libres. Para finales de 2010 ya tenía demos de la mitad de las canciones. El único percance se produjo cuando perdió el iPod en el que guardaba todas esas demos, aunque afortunadamente consiguió recuperarlo. Al igual que en su primer trabajo, la mayor parte del disco la compuso y grabó él solo, principalmente en casa de su pareja en Perth, Australia, y en un pequeño estudio de Parker en París. A finales de 2011 ya se había completado la grabación del disco y en marzo de 2012, con la ayuda de Dave Fridmann, quien ya había colaborado en “Innerspeaker”, completarían la mezcla y masterización del álbum.

Para “Lonerism” Kevin Parker no quería seguir exactamente la misma senda de su debut, el cual se componía de canciones con muros de sonido trabajados pero fáciles de escuchar y disfrutar. Esta vez el enfoque debía ser distinto. Kevin Parker es un gran amante del pop de artistas como Britney Spears y Kylie Minogue, y su deseo real partía de esa base: transportar las melodías y las progresiones del pop al sonido de Tame Impala. Quería que fuese pegadizo y explosivo a la vez, como si Britney Spears se fusionase con The Flaming Lips. Para ello, no sólo sacaría a relucir su habilidad para componer esas melodías de carácter tan pop, sino que recurriría a un número de instrumentos y recursos mucho mayor. Así, incorporaría muchos más sintetizadores, teclados, samples y cajas de ritmos. Si “Innerspeaker” era como un óceano de melodías en el que nadar tranquilamente, “Lonerism” quería ser un mar revuelto en el que las olas te golpeasen en la cara cuando menos lo esperases.

La temática del disco, como expresa su propio título, sería la soledad, algo muy recurrente en el grupo y que después de una gira extensa y de haber conocido tantos lugares y a tanta gente había aumentado exponencialmente, debido a que Kevin siempre se veía como una persona que no encajaba en ningún sitio y se sentía idiota cada vez que hablaba con alguien desconocido. “Lonerism” es el viaje introspectivo de alguien que poco a poco se hace a la idea de que nunca va a encajar en ningún lugar, intentando ver y aceptar tanto la parte positiva como la parte negativa de ello. Esto se aprecia desde la misma portada, una foto tomada por el propio Kevin del Jardín de Luxemburgo en París, en la que una barrera separa a la persona que mira a través de ella del resto, que se encuentra dentro del jardín.

Fotografía: http://warp.la/

“Lonerism” es el viaje introspectivo de alguien que poco a poco se hace a la idea de que nunca va a encajar en ningún lugar, intentando ver y aceptar tanto la parte positiva como la parte negativa de ello.

Todavía recuerdo a la perfección la primera vez que escuché este disco, y aún hoy sigo rememorándola cada vez que me lo pongo. “Lonerism” me pilló en plena inmersión y crecimiento musical. No llevaba tanto tiempo yendo más allá de los grupos clásicos y todo me sonaba nuevo, sorprendente, desconocido y a veces incluso difícil de digerir. Todavía no estaba muy familiarizado con la psicodelia y no había escuchado a Tame Impala. Ni un solo single: nada. Esto hizo que mi primer contacto con ellos a través de “Be Above It” me resultara estremecedor. Una voz que de primeras me parecía perturbadora repitiendo una y otra vez “gotta be above it con una batería sofocante y una guitarra con el sonido muy modificado, sutil pero clave en esta amalgama aparentemente inconexa y a la vez tremendamente abrasiva. Siempre me recordó a ese comienzo de “Time” de Pink Floyd en el que se oyen pasos apresurados, una respiración agitada y un montón de relojes; la misma sensación de agobio. Y no se me ocurre otra manera mejor de empezar un disco así. El mundo está lleno de gente y hacerse un hueco en él es una carrera constante, una lucha que nos hace querer apresurarnos y nos ahoga, y que necesitamos ganar para no acabar hundiéndonos.

Tenemos ya un comienzo con el que mantenernos expectantes, pero apenas acabamos de empezar. Es en “Endors Toi” (quedarse dormido en francés) donde realmente tenemos la primera muestra de lo que Kevin Parker quiere construir en este disco. Este tema se contrapone directamente con el anterior: si en el primero debíamos estar por encima de todo, ahora es momento de dejar las preocupaciones a un lado, escapar del mundo real y dormir. La letra de la canción se entremezcla con el mundo de los sueños sin dejar nada claro, sugiriendo incluso un posible suicidio del hablante (“in the morning you’ll find real life was such a grind), mientras que en la instrumental ya encontramos una gran muestra del sonido recargado y lleno de efectos de este trabajo. Un sintetizador que siempre me ha recordado a una alarma guiando la canción y acordes de guitarra sumergidos que explotan con uno de mis riffs favoritos del disco.

La magia de este disco es convertir toda la melancolía que rodea tu vida en un gran chicle de fresa y masticarlo. Regodearte en tu propia soledad, aunque a veces eso te puede llevar a derrumbarte por completo.

Dejamos el guitarreo a un lado por un momento y damos paso a otro de los grandes protagonistas, el teclado, con una “Apocalypse Dreams” que supone uno de los momentos álgidos del álbum. Esta pieza representa el momento en que una persona que está creciendo se da cuenta de que todo a su alrededor está cambiando y no puede hacer nada para controlarlo, viendo que está sola y que no encaja con el resto del mundo. El mundo de los sueños sigue siendo una constante, representando el único momento de descanso y de tranquilidad para el hablante, a quien se le plantea un desafío que es incapaz de superar (“are you too terrified to try your best? Just to end up with an educated guest), lo cual le deja en el mismo estado que al principio. A pesar del predominio del piano es muy destacable la parte media de la canción donde la guitarra introduce una melodía acorde con la voz, que se pregunta en un tono agridulce si alguna vez conseguirá lo que quiere (“well, am I getting closer? Will I ever get there?) hasta esa aceptación final en la que las guitarras y los teclados ponen la guinda para cerrar el tema.

Por supuesto, otro tema que no podía dejar a un lado el disco es el amor, que se trata en piezas como “Mind Mischief”. La melancolía sigue su curso a través de riffs contundentes pero de alma pop y nuestro hablante cuenta cómo ha conocido a una persona con la que se ha ilusionado al creer que tenía interés en él para finalmente desengañarse y darse cuenta de que no, que todo había sido imaginación (“I was just so sure of everything, that’s what you get for dreaming out loud). Suena “Music To Walk Home By” y no podría pensar en un título más acertado para un tema que proporciona semejante chute de energía y ganas incluso de bailar. La letra retoma las cosas desde donde lo había dejado el anterior, con el hablante describiendo cómo intenta comportarse de manera socialmente aceptable para llamar la atención de la persona que le gusta a la vez que trata de mantenerse fiel a sí mismo, sintiéndose un idiota (“I’m playing a part as somebody else while trying so hard to be myself, I just need somebody say that this will make sense someday). La parte instrumental está llena de efectos, sonidos burbujeantes y melodías que se mueven a contratiempo, como si dieran un paso adelante y dos hacia atrás, aunque son más alegres que de costumbre. Y esa es la magia de este disco. Convertir toda la melancolía que rodea tu vida en un gran chicle de fresa y masticarlo. Regodearte en tu propia soledad. Aunque a veces eso te puede llevar a derrumbarte por completo, como pasa en “Why Won’t They Talk To Me?”. Esta pieza es un canto desesperado, una llamada de auxilio a un mundo que a nuestro hablante se le antoja inconmensurable y por el que se siente marginado. Si no fuera por la fuerte identidad de Kevin Parker podría asemejarse a una canción de Radiohead, pero si algo marca la diferencia es el toque ingenuo e infantil de Kevin, ese estribillo que suena como una rabieta a pesar de estar tratando un sentimiento tan duro como la soledad.

A su favor juega la gran capacidad de Kevin Parker para llevar la psicodelia de los 60, la de Syd Barret y “Tomorrow Never Knows” de los Beatles, al pop más edulcorado que nos podamos echar a la cara.

Pero no nos alarmemos. El confeti vuelve con más fuerza que nunca en “Feels Like We Only Go Backwards”, el gran hit del disco, que casi parece sacado del “Magical Mystery Tour” de los Beatles. Un bajo para enmarcar, teclados ambientales y una melodía más edulcorada que nunca nos cuentan una de esas canciones con múltiples interpretaciones, desde un intento fallido por parte del hablante de normalizar una relación en la que cada vez que intenta avanzar la otra persona se retracta y vuelven al mismo punto hasta otra interpretación sobre la dificultad para  establecer relaciones y conexiones con la gente, no necesariamente amorosas, por el hecho de que poca gente está dispuesta a entregarse (“it feels like we only go backwards, baby, every part of me says go ahead).

Mirando la estructura del álbum, parece un intercambio constante de canciones con carne de hit y otras con mayor profundidad y de digestión más lenta, lo cual ayuda a que nos mantengamos expectantes y le da un equilibrio muy bien medido. “Keep On Lying” se vuelve a adentrar en la senda más experimental, con un ritmo muy marcado. Lo curioso de esta canción es, por un lado, su estructura circular, acabando igual que empieza, pero sobre todo la función que esta estructura cumple. Kevin habla de una relación en la que él nunca estuvo enamorado realmente y no sabe cómo decirlo, así que llegado un punto promete contarlo cuando acabe la canción (“I guess I’ll go a day just as soon as I get to the end of this song). Sin embargo, cuando llega el momento (“please understand that it never really was love), la canción pega un giro y empiezan a sonar melodías de guitarra, conversaciones y ruidos, asemejando el pánico que siente el hablante al pensar en lo que supondría contarle la verdad a su pareja, para acabar volviendo al principio y tal y como el propio título dice, continuar mintiendo.

El equilibrio sonoro alcanzado aquí es digno de admirar, con la ración perfecta de cada vertiente, sin tirar tanto a la lisergia como en el debut ni pasarse de rosca con el azúcar como ocurre en “Currents”. No sólo eso: “Lonerism” ya ha conseguido convertirse en todo un clásico moderno, siendo probablemente el icono más representativo de la neo-psicodelia que tanta vida tiene en la actualidad.

Si alguien echaba de menos a los Tame Impala más guitarreros, que esté atento a “Elephant”, otro de los trallazos del disco, con un riff hipnótico, menos edulcorado y más lisérgico y con un solo capaz de volarle la mente a cualquiera. El título en cuestión es una metáfora para referirse a una persona egocéntrica, esa clase de gente que se cree mejor y saber más que nadie pero en realidad acaba siendo más vulnerable que todos. Nos acercamos al final con un tema de transición de apenas un minuto titulado “She Just Won’t Believe Me”, que se corta de manera abrupta y da paso a “Nothing That Has Happened So Far Has Been Anything We Could Control”, track que mira con perspectiva lo propuesto en el disco para estimar que al final da igual qué camino o qué decisiones tomes porque todo está predestinado y no hay nada que puedas hacer, lo que provoca una enorme angustia en el hablante. Instrumentalmente es un tema que si bien cuenta con el toque dulce característico de este álbum, recuerda también en ciertos momentos al carácter más fatalista y apocalíptico que tenían algunas canciones de su primer trabajo. Cerrando el disco encontramos “Sun’s Coming Up”, un medio tempo mucho menos recargado, en el que Kevin apenas se vale de su voz y del teclado para hacer una reflexión general sin mucho orden y menciona multitud de hechos de su vida que en su momento le hicieron pensar que durarían para siempre y ahora ya no están, tales como su ex pareja o su padre, fallecido años atrás. El final nos deja con el sonido del viento entremezclado con el de las olas del mar y algunos efectos de guitarra, confirmando el final que ya ha vaticinado Kevin anteriormente con ese “Sun’s coming up now, I guess it’s over.

“Lonerism” es uno de esos discos cargados de detalles sonoros, de rincones por explorar y en los que adentrarse, de los que requieren un buen puñado de escuchas para poder apreciarlos y, sobre todo, de los que te van ganando poco a poco. A su favor juega la gran capacidad de Kevin Parker para llevar la psicodelia de los 60, la de Syd Barret y “Tomorrow Never Knows” de los Beatles, al pop más edulcorado que nos podamos echar a la cara, consiguiendo que incluso sonidos tan marcianos para los menos experimentados y letras de carácter fatalista que nadan a contracorriente del espíritu pop sean capaces de atrapar a cualquier oyente. El equilibrio sonoro alcanzado aquí es digno de admirar, con la ración perfecta de cada vertiente, sin tirar tanto a la lisergia como en el debut ni pasarse de rosca con el azúcar como ocurre en “Currents”. No sólo eso: “Lonerism” ya ha conseguido convertirse en todo un clásico moderno, siendo probablemente el icono más representativo de la neo-psicodelia que tanta vida tiene en la actualidad. Todo esto y el tratar el tema de la soledad desde tantos puntos de vista y de manera tan transparente ha hecho que personalmente sea uno de esos discos que nunca me olvido de mencionar cuando me preguntan aquello de: ¿qué discos han marcado un antes y un después en tu vida?

Tame Impala – Lonerism

9.6 INSTANT CLASSIC

A priori parece imposible pensar que se pueda concebir un disco con influencias de artistas tan dispares como The Flaming Lips y Britney Spears, por no mencionar la psicodelia de los 60 como toque indispensable, pero Kevin Parker consiguió eso y más con “Lonerism”, un álbum cargado de la psicodelia más lisérgica edulcorada con melodías pop con carácter de radiofórmula y la soledad como tema principal. Todo un icono de la neo-psicodelia actual.

  • La cantidad de detalles y la variedad, toda una experiencia sonora.
  • Perfecciona de manera casi obsesiva lo ofrecido en el debut.
  • Las letras y la forma en la que interactúan con la música y otros elementos en más de una ocasión.
  • El equilibrio perfecto entre psicodelia y pop.

  • Quizás le falte un pelín de cohesión en algunos momentos.

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