Bala (nombre femenino):

  1. Proyectil que disparan las armas de fuego, generalmente macizo y terminado en una punta cónica.

Y esa definición de diccionario es la razón por la cual el dúo gallego Bala tiene el nombre más apropiado del rock de nuestro país. Anxela Baltar (guitarra) y Violeta Mosquera (batería) llevan disparando desde mediados de 2014 un rock tan pesado como áspero, no apto para todos los oídos. Verdaderas ráfagas sonoras que se concretaron en su debut “Human Flesh”, uno de los descubrimientos más brutales, literalmente, de 2015. Siete temas con una base entre stoner y sludge y un claro aderezo grunge que dejaban con ganas de más al que se topaba con ellas.

Menos de un año y medio después Bala recargan sus armas y regresan con ganas de batalla. Para ello han optado por una fórmula similar, con un LP bastante breve en el que la tregua no es una opción a contemplar y al que han titulado, de nuevo apropiadamente, “Lume” (fuego). Por si el nombre no fuese suficiente, la portada, nuevamente de Leo Sousa, es un aviso para navegantes de que en el interior hay contenido altamente inflamable.

Una Bala perdida en un polvorín

Tratar de etiquetar a Bala es como intentar llenar un vaso en una cascada. El sonido de las gallegas se desborda tanto por el costado punk como por el stoner, encontrando su equilibrio a base de mamporros y de mala gaita (gallega, obviamente). Como ellas mismas nos confesaron en su día, a Bala la inspiró la onda noventera ruidosa de la costa oeste de Norteamérica. Desde el movimiento riot grrrl de Bikini Kill o Sleater Kinney hasta el sludge desatado de The Melvins, Bala van rebotando entre diferentes estilos como en un pinball desquiciado.

Fotografía: Leo López García (http://leolopezgarcia.com/)

Desde el movimiento riot grrrl de Bikini Kill o Sleater Kinney hasta el sludge desatado de the Melvins, Bala van rebotando entre diferentes estilos como en un pinball desquiciado. Y es que si te gusta el ruido es difícil que no te guste Bala.

Esta amalgama se hace presente desde el primer minuto, con una Colmillos que ejemplifica a la perfección lo que Bala ofrecen. Ni trampa ni cartón, las gallegas no es que vayan de cara, es que no conciben otra opción que no pase por dejarse la piel en cada segundo de cada tema. Esta intensidad puede abrumar a un oyente inexperto, pero es lo que hace que Bala sean Bala. Así que es innegociable.

Una de las ventajas menos evidentes de que el dúo se defina más por su intensidad y su manera de tocar que por ser encasilladas en un género es su versatilidad para atraer a público de origen muy diverso, desde heavies hasta punks. El ejemplo de esta transversalidad es la lista de festivales en los que las gallegas han tocado, o lo van a hacer en el futuro, desde uno heavy y hardcore como el Resurrection hasta el más rockero Fuzzville, pasando por la cuna del post que es el AMFest. Y es que si te gusta el ruido es difícil que no te guste Bala.

Si te pilla desprevenido este álbum te puede atropellar, así que acércate a él con cuidado, alerta, como si en cualquier momento pudieses recibir una bala perdida. Si no lo haces, los decibelios de estas dos gallegas probablemente te superen.

Aparte del aumento de revoluciones, otra novedad con respecto a su primer trabajo es que en esta ocasión se atreven con el castellano, como en una demoledoraOmertá en la que juguetean con el hardcore sobre una de las bases más pesadas de todo el disco. En Vitamina doblan la apuesta y hacen un guiño a sus orígenes cantando –o bramando– directamente en gallego. Y es que es otro de los momentos en los que se nota que Bala han mamado filosofía Do It Yourself a base de buscarse la vida, tocar en CSOs, pelear cada bolo y hacerse un hueco en una escena complicada como la gallega. Bala se han ganado todo el derecho del mundo a hacer lo que les plazca, y si eso es cantar en gallego, bien por ellas. O si es amagarnos con bajar el pulso para luego volarnos la cabeza por enésima vez, como en Liar, también bien.

El poso stoner sale a relucir en la genialLuces, con Anxela desgañitándose a la voz. Tarea que comparte con Violeta en la que es otra de las señas de identidad más características de la banda. “La idea era tratar de atronar” decía Anxela en una entrevista reciente. Pues llegando a la recta final del LP queda bastante claro que han sabido llevar la idea del papel al disco. De hecho, si una pega se le puede poner a este segundo trabajo es que es más estridente que el primero, lo que lo vuelve menos accesible y más difícil de digerir en la primera escucha. Pero cuando uno escarba en su superficie, se encuentra con joyas como Flapper, que compensan la metralla recibida. Como unos Niña Coyote eta Chico Tornado con una marcha más en la caja de cambios y sin pedal de freno, Bala terminan de perder el control enVives, un pildorazo punk de minuto y poco que cede el paso aHumo, que es lo que te va a salir por las orejas tras escuchar este último tema, que acelera hasta sobrecalentar los motores. Si te pilla desprevenido este álbum te puede atropellar, así que acércate a él con cuidado, alerta, como si en cualquier momento pudieses recibir una bala perdida. Si no lo haces, los decibelios de estas dos gallegas probablemente te superen y te dejen en la lona. El que avisa no es traidor.

Bala – Lume

7.3

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El dúo gallego Bala vuelve con un segundo disco que es una versión al rojo vivo de su debut. Más velocidad, más punk y sonidos más pesados que pueden echar para atrás a algún despistado, pero que seguro gustarán a los amantes del ruido.

Up

  • Su corta duración: Bala son conscientes de que lo suyo es una bengala que debe arder rápido para no saturar.
  • El nivel de intensidad que le imprimen Anxela y Violeta a cada segundo del trabajo.
  • Cañonazos como “Omertá” o “Flapper” confirman que estamos ante uno de los dúos más bestiales del país.

Down

  • En su huida hacia adelante cual Mad Max, Bala se han dejado parte de la melodía presente en su debut por el camino.
  • El ruido casi continuado puede abrumar si uno pierde el hilo durante la escucha.

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