Hace ya cuatro años que regresando de Bilbao a Madrid en un lluvioso día de abril, con el programa de Radio 3 ‘Siglo XXI’ sintonizado en el coche, me topé con un tal Joe Crepúsculo. La mente humana es curiosa. No recuerdo qué canción pincharon, pero sí que no llevaría ni medio minuto sonando cuando dije: “¿quién será este personaje?”.

Madrid, cuatro largos años después, el tal Joe Crepúsculo aparece en un especial de Nochevieja de Televisión Española en el que artistas contemporáneos versionan clásicos de la música ligera y pop española. Para entonces yo llevaba ya tiempo familiarizado con su tono de voz, sus apasionados movimientos al teclado y su estética a lo Jack Black en Escuela de Rock. Pero alguien que no lo estaba dijo al verle interpretar “Escándalo” de Raphael junto a Tomasito: “¿quién es este personaje?”. Sufrí entonces un déjà vu, así que pensé que Matrix debía estar cambiando.

‘Personaje’ es la palabra que mejor define a Joe Crepúsculo, y como dicen Love of Lesbian, “lo lleva escrito en la frente, de hecho es lo normal”. Y precisamente ese personaje llamativo, experimental y chocante ha logrado una vez más elaborar un álbum que hace funambulismo entre la consecución de algo diferente, divertido y rupturista y la caricaturización del postureo pseudo-intelectual. En “Disco Duro” la jugada le ha vuelto a salir bien, y la moneda vuelve a caer más en el primer lado que en el segundo aunque haya algunos momentos un tanto forzados.

Fotografía: https://www.facebook.com/joecrepusculo/

Con “Disco Duro” Joe Crepúsculo sigue consolidando su visión de la vanguardia

Ese personaje llamativo, experimental y chocante ha logrado una vez más elaborar un álbum que hace funambulismo entre la consecución de algo diferente, divertido y rupturista y la caricaturización del postureo pseudo-intelectual.

“Disco Duro” es un álbum que toca un poco todos los palos que sacuden la música de Joe Crepúsculo. Hay espacio para que se exhiba a los teclados, para los juegos con la modulación de la voz, para la rumba, para la ironía y para seguir afirmando que Joe es un artista que hace lo que le da la gana. Buena prueba de ello es la canción menos erótico-festiva escrita sobre sexo que uno pueda imaginar. Nada de remilgos ni de insinuación ni de sensualidad como la de Novedades Carminha en “Ritmo En La Sangre” (de su último disco). Aquí el mensaje es claro y directo: “Te Voy A Pinchar”. Con un techno muy de radiofórmula de los 80 Joe lo deja todo claro: “vamos a disfrutar… soy una bomba de relojería a punto de estallar. Eso sí, como se puede ver las rimas siguen sin ser su punto fuerte.

Muy a lo Tino Casal suena una canción irónica, que se burla de la globalización ingenua en un contexto muy cañí. Si Delafé retrataban en “1984” un verano familiar en Benidorm o Gandía, “Pisciburguer” lo representa en la España 2.0. Nos deja claro que no hay nada mejor que pasar el verano a lo loco en el sitio más cool de la ciudad para combatir el calor: “hamburguesa y cloro es mi pasión. El idílico rey de los chiringuitos da paso al reggae electrónico de “Familia Y Cigarros”, sin duda el tema de “Disco Duro” que pincharía el DJ del Pisciburguer. Es una composición muy seguidora de la corriente masiva actual, en la que nos encontramos una base de reggaetón como la que puede aparecer en cualquier tema de J Balvin (vale cualquiera) y unos teclados tropical house que hacen preguntarse a uno cuándo habrá conocido Joe a Diplo.

“Disco Duro” es un álbum que toca un poco todos los palos que sacuden la música de Joe Crepúsculo. Hay espacio para que se exhiba a los teclados, para los juegos con la modulación de la voz, para la rumba, para la ironía y para seguir afirmando que Joe es un artista que hace lo que le da la gana.

Cuando vi el título de “Rosas En El Mar” temí que se hubiese lanzado a hacer una versión postmoderna de la preciosa canción de Luis Eduardo Aute. Pero no. El tema resulta ser el más minimalista y deep house de “Disco Duro”. De nuevo se acompaña de una letra bella y que apela a la incompatibilidad entre personas, aunque con rimas de verbos en primera conjugación, complicándose en exceso cuando llega el turno de rimar “más” con “vas”.

Llegamos a uno de los momentos estrella del álbum. ¿A quién no le ha ocurrido lo siguiente? De esto que estás tomando una cerveza en un bar cualquiera, hablando de si has escuchado lo último de Lori Meyers, Lana del Rey o Shakira (por ejemplo), de que La La Land no es para tanto, de autobuses tránsfobos, de la remontada del Barça, quejándote de tu jefe o simplemente manteniendo una conversación inconexa porque la susodicha cerveza le ha cogido el testigo a las doce anteriores. Y entonces surge un palpitante debate metalingüístico repleto de hipérboles, anáforas y metonimias sobre los conocimientos de cada interlocutor sobre el refranero castellano, y además con una actitud un tanto Sheldon Cooper: “el dicho que tú has dicho está mal dicho, y si el dicho que tu has dicho está bien dicho, el dicho que yo he dicho está mejor que el dicho que tú has dicho. “El Dicho” es el corte que mejor representa ese funambulismo entre lo divertido y la caricatura. Personalmente me inclino por su faceta divertida a pesar de ser, con permiso de los “Pájaros de Barro” de Manolo García, la canción más pedante que jamás haya escuchado. Redondea la jugada esa base que parece de coches de choque de feria que viene a poner sobre la mesa algo como: ¿quién decía que el sonido de Camela no podía ser moderno?

Joe Crepúsculo es un artista que ama la música en todas sus vertientes y le es indiferente lo que se establezca generacionalmente como moderno o desfasado. Cree tanto en sí mismo que es capaz de hacer que subgéneros como la rumba o el reggaetón tengan cabida en un álbum donde la vanguardia va por delante.

Ojos de Conejo” suena mucho a Hot Chip, con unos coros y unos teclados pegadizos y bailables, algo que también encontramos en “Vamos Al Bosque”, con un toque R&B noventero que no evita que sea una de las pistas más flojas. Es una pena porque su letra naturalista y crítica con las aglomeraciones y la unidireccionalidad urbanista podría haber dado más de sí. Y así nos topamos con mi tema favorito del elepé: “Un Demonio con Piel de Cordero”, una rumba que podría ser el resultado de una remezcla de Estopa o Los Chichos a cargo de Guille Milkyway. Tras la maestría con que Víctor Iniesta le acompaña a la guitarra y los coros deluxe de Soledad Vélez se esconde una canción preciosa, continuista con la lírica naturalista de “Vamos al Bosque” y abiertamente crítica con el antropocentrismo. Tras ésta, “Las Alas del Adiós” se erige como la pieza más intimista de “Disco Duro”. Con un toque cercano a las baladas envolventes de principios de los 90, como “Nothing Compares To You” de Sinéad O’Connor, Joe presenta el tema menos estrafalario del álbum, una composición que va de menos a más y que me ha ido ganando con las escuchas. No puedo decir lo mismo de “Música Para Adultos”. A pesar de su ritmo ligero (aunque menos que en otras pistas), me parece que la letra es excesivamente pretenciosa y chulesca: “esto es música para adultos que no puedes comprender, como yo antes no podía comprender”. ¿Reafirmación o ironía destinada a quienes le tachan de producto de la industria gafapasta a modo de beef? Sea una u otra, no deja de ser burda y simple. Una pena que de un disco tan bueno se haya elegido como single la que a mi juicio es la canción que menos lo representa.

Como Una Feria” abusa en demasía del autotune pero, a pesar de ello, los teclados (más relajados que en otros casos) dan un nuevo giro a “Disco Duro” y hacen olvidar el tema anterior. Termina el álbum con “Esto Es Lo Que Hay”, una forma de decir “esto es todo amigos” como hacían los Looney Tunes. Con una base de guitarra rítmica que recuerda a El Último De La Fila y una instigación que mezcla el proverbio del Carpe Diem con la resignación cotidiana, Joe da carpetazo a un LP marcado por la enésima demostración de que es un artista que cree en lo que hace, que ama la música en todas sus vertientes y a quien le es indiferente lo que se establezca generacionalmente como moderno o desfasado. Cree tanto en sí mismo que es capaz de hacer que subgéneros como la rumba o el reggaetón tengan cabida en un álbum donde la vanguardia va por delante.

Joe Crepúsculo – Disco Duro

8.1

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Con “Disco Duro” Joe Crepúsculo nada entre la vanguardia y géneros tan dispares como el synthpop, la rumba o el house para dar forma a un álbum completísimo y divertido que supone un triunfo más para uno de nuestros artistas más peculiares.

Up

  • Es tan bailable como inteligente.
  • La utilización de géneros como la rumba hace de su concepto de vanguardia algo muy personal, que le da carácter.
  • “Pisciburguer”, “Un Demonio con Piel de Cordero”, “Las Alas del Adiós” o “El Dicho” están entre los mejores temas de su discografía, lo que hace gala de la calidad del álbum.

Down

  • Su devoción por rimar verbos en infinitivo es insaciable.
  • La elección de “Música Para Adultos” como single.

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