Dicen que la base de toda democracia que se precie es un buen debate y, si bien en El Quinto Beatle eso de la democracia no se nos da muy bien, lo del debate nos vuelve locos, sobre todo si acaba en sangre. Normal que estuviéramos ya subiéndonos por las paredes a la espera de un álbum que dividiera al público y a la redacción, si es que estábamos deseando cualquier excusa para echar a dos de los nuestros a tirarse de los pelos de nuevo. Esta vez, nos centramos en lo nuevo de Lori Meyers, un nombre que provoca división por sí solo. ¿Pop certero o pseudo-indie fallido? Discutimos sobre “En La Espiral”:

A favor: Luis Prieto

Hace ya más de un lustro que los melómanos y entendidillos en música de turno hemos asumido e interiorizado la dicotomía ‘indie-mainstream’. Ante la crisis de este particular bipartidismo a la hora de catalogar música a priori ‘indie’, pero absorbida como fenómeno de masas, cada vez se menta más la existencia de una tercera vía: el cajón del ‘indie-mainstream’, algo así como el ‘Ciudadanos del pop español’. De esto que por la mañana actúas en Los Conciertos de Radio 3 y por la tarde en los premios de Los 40 Principales.

Pero todo eso es humo: lenguaje fabricado por y para las redes sociales y para un cerebro humano que, como bien dice el constructivismo, se siente más cómodo categorizando todo cuanto se le presenta que admitiéndolo dentro de un enorme caos. Personalmente, siempre he visto a Lori Meyers más cerca del pop español masivo de los primeros 2000s que de un movimiento verdaderamente alternativo. Lori Meyers son, por producción, estética y referencias herederos del sonido sixties. Catalogar a esta corriente de alternativa conllevaría asimilar que Fórmula V fueron los pioneros del indie español. Lori Meyers son un grupo de pop. Un muy buen grupo de pop. Como Sidonie, como Amaral o como Miss Caffeina. Y como tal, han dado en el clavo con la quintaesencia del pop para disfrutar mucho y pensar poco que es “En La Espiral”, que retoma la senda abierta por “Cronolánea” y “Cuando El Destino Nos Alcance” tras el fallido “Impronta”.

“En La Espiral” es el disco pop certero y efectivo que no lograron Sidonie hace unos meses con “El Peor Grupo Del Mundo”. Vale que las letras siguen sin ser el punto fuerte (por usar un eufemismo) de los granadinos pero, ¿cuándo lo han sido? Lo suyo siempre ha sido una fórmula sencilla, directa, festiva, enérgica y bailable. Nunca se han salpicado de las pretensiones literarias de Love of Lesbian, Xoel López o Vetusta Morla. Esa nunca ha sido su liga ni probablemente lo será nunca. Su disco más aclamado por los puristas, “Viaje De Estudios”, es buena prueba de ello. A Lori Meyers nunca les ha hecho falta una bomba lírica para lograr hacer buenos discos de pop.

Por supuesto, “En La Espiral” no es una excepción, y contiene momentos farragosos como “1.981” (“nunca me abandones, nunca me despidas”… ¿En serio?). A cambio, hay pepinazos pop perfectos para vibrar en un festival, sala, garito o viaje de colegas: “Siempre Brilla El Sol” cogerá el testigo de “Mi Realidad” o “Luces de Neón” como creación icónica de la banda. Otro claro pelotazo a nivel rítmico es “Pierdo El Control”, que será coreado y bailado hasta la saciedad por toda nuestra geografía el próximo verano. Tiempo al tiempo. Pero es que además de los potenciales singles hay temas que no tienen nada que envidiar a sus primeros trabajos, como “Zona de Confort”, que aunque peca de tener un estribillo que recuerda demasiado a “Santa Lucía” de Miguel Ríos (¿homenaje a su paisano?) cuenta con unos sintetizadores, unos cambios de ritmo y un toque de psicodelia espectaculares. También “Organizaciones Peligrosas” y “No Estoy Solo”, que adquieren ese aroma a Los Brincos tan adictivo, o la preciosa “Océanos”, que si bien no llega al clímax “Océanos de Sed” de Love of Lesbian, es una preciosa balada marca de la casa que recuerda mucho a “Saudade”.

No faltan momentos para la crítica social (suave, eso sí, cual cerveza con limón) en “Evolución” y “Un Nuevo Horizonte”. Y qué decir de los temas que abren y cierran “En La Espiral”: las preciosas “Vértigo” I y II: psicodélica y enérgica la primera parte, melancólica y de tonos sepia la segunda.

“En La Espiral” tiene motivos para emocionar, canciones perfectas para sonar en la radio y gustar a todos los públicos, pasajes más psicodélicos y experimentales y sigue siendo un homenaje romántico a unos sesenta que dejaron canciones inolvidables. Es un disco de pop con mayúsculas de una banda de pop con mayúsculas. Y por ello, después de tantos años de trabajo sin el apoyo de la gran industria, han logrado su merecidísimo primer número 1 en ventas.

En contra: Fran Palma

Lori Meyers, o el grupo indie español al que se puede culpar y agradecer al mismo tiempo por todos los cambios que el género ha sufrido en nuestro país durante la última década. Ha llovido mucho desde que aquel primer trabajo con el nombre de “Viaje De Estudios” reinventara el sonido de Los Planetas para darle al indie español el toque fresco y juvenil que abriría el camino a las mil y una bandas de pop indie surgidas a lo largo de los 2000. Lori Meyers tomaban así el relevo generacional, liderando con unos pocos grupos más las hordas invasoras de hipsters que tomaban por la fuerza la industria musical española. Barbas, camisas estampadas y contratos con discográficas… El indie pasaba a ser de todo menos independiente y el rodillo del mainstream aplastaba a su paso los pocos rasgos de identidad original que separaban a unos grupos de otros. En este proceso, los Lori no fueron ninguna excepción, pues tras un par de discos buenos acabaron por hincarse de rodillas ante el monstruo que ellos mismos habían creado. No están mal, pero tampoco están bien. Duele admitir que el mismo grupo que tanto prometía con su “Hostal Pimodán” se haya convertido en un grupo de pachanga, de cantar canciones que te da vergüenza conocer en un festival o discoteca donde te da vergüenza estar.

Supongo que estábamos advertidos, teniendo en cuenta que los granadinos llevan ya un tiempo viniéndose abajo desde que un frío “Impronta” nos avisara de que lo peor estaba por venir. Bien mirado, “En La Espiral” no es más que la culminación de un proceso que viene de largo, un trabajo que demuestra lo que Lori Meyers han venido a convertirse: una parodia de sí mismos. Este tostón de alrededor de una hora es probablemente lo peor que los de Loja se hayan atrevido a presentar en su carrera y eso queda claro sólo con mirar a un tracklist en el que cortes de nombre tan púber como “Un Nuevo Horizonte” o “Eternidad” ponen ya los pelos de punta y no, no lo digo en el buen sentido.

Entre desvaríos indies a caballo entre Izal y Vetusta Morla, el LP apenas se deja escuchar sin asomar el plumero festivalero cuya presencia es dolorosamente evidente en todo momento. Cada canción parece diseñada para provocar la euforia colectiva de un público que, como ellos saben bien, se aglomerará en torno a su escenario para cantar los cuatro hits que se han aprendido de la lista de Spotify. Así pues, las letras han de tener tres características: ser fáciles, pegadizas y que hagan referencia al público; referencias, por supuesto, nada sutiles, como todo en este disco: “alza tus manos junto a las mías, grita más alto lo que decías”. Si es que casi me parece estar viendo las gafas de Sol y los sombreros de paja sólo con escuchar “Zona de Confort” o “Siempre Brilla El Sol”.

Es cierto, los temas que aspiran a convertirse en hits de concierto se hacen pesados como ellos solos, pero mucho mejor eso que los chupinazos de almíbar en baladas como “Océanos” o “1981”, temas que, puestos a copiar, copian hasta la idea de los nombres pseudo-poéticos de Love of Lesbian, claramente uno de los puntos de referencia de “En La Espiral”, como queda claro en “Vértigo” I y II, que abren y cierran el disco respectivamente, dando la impresión de que Santi Balmes va a entrar a cantar en cualquier momento. Ni siquiera canciones de esencia ochentera como “Organizaciones Peligrosas”, que antes podían arrancarme una sonrisa, consiguen ganarse mi simpatía, resultando en meros pastiches prefabricados que intentan hacerse eco de éxitos pasados.

En fin, lo dicho: “En La Espiral” es un disco aburrido, poco inventivo y nada sugerente; un producto del auge de un género que me gusta clasificar como ‘indie-pop festivalero’. Temas previsibles, letras facilonas y estribillos que resonaran a lo largo del verano en toda la geografía española. Diría que estoy decepcionado, pero mentiría. Hace tiempo que aprendí que en España hay que desconfiar de todo el que se denomine como ‘indie’ y tenga un contrato con Universal. Me quedo con los Lori antiguos.

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