Si te pidiera que me dijeras el nombre de cinco bajistas en menos de diez segundos, ¿cuantos nombres serías capaces de recordar? Déjame adivinar, probablemente no más de dos o tres, quizás alguno más (todo depende de tu nivel de frikismo). Duele admitirlo, pero es así: el bajista es la figura en la sombra de casi cualquier grupo. Condicionados por la naturaleza tan poco ruidosa de su instrumento, son pocos los que tienen el honor de destacar por su ejecución de eso que tu abuelo cree que es una guitarra eléctrica con cuatro cuerdas. Esto, por supuesto, no quiere decir que no existan bajistas molones y legendarios. Desde Flea hasta Robert Trujillo pasando por Lemmy, existen varios ejemplos que prueban que puedes tocar un instrumento que no le importa a nadie y aun así ser el amo de la pista. Este es el caso del bajista que nos ocupa hoy: un hombre extravagante, loco y dolorosamente virtuoso cuyo aspecto de vagabundo colocado no debería engañarte.

Stephen Bruner, Thundercat para los amigos, es ese hombre que lo mismo está haciendo algo con Flying Lotus que se va a grabar una instrumental para Kendrick Lamar de camino al ensayo de una banda de thrash metal. Verlo tocar su bajo de seis cuerdas es una experiencia mística, casi religiosa, sólo comparable a la visualización de sus psicodélicos videoclips. Thundercat es, en resumidas cuentas, un ídolo en crecimiento que, tras colaborar en proyectos tan alabados por la crítica y el público como “To Pimp a Butterfly” o “The Epic” en el pasado reciente, se encuentra sin duda en un punto decisivo de su carrera musical. Es por este motivo que, tras dos larga duración de reducido impacto en su discografía, la expectación por el nuevo álbum del bajista más buscado del momento era notable. Helo aquí, pues, de la mano de Flying Lotus, su productor y amigo por excelencia: “Drunk”, el nuevo y prolongado nuevo LP de Thundercat.

Fotografía: http://www.mtv.com/

“Drunk”: Cuando el R&B suena a anime

Si algo es evidente es que, repleto de temas cortos y letras flácidas, “Drunk” no parece tomarse muy en serio a sí mismo como obra musical. Sus ideas se quedan en el aire, muchas de ellas apenas limitándose a ser meros interludios.

Rabbot Hoes la introducción encargada de situarte en la extraña y desconcertante psicodelia de Thundercat, quien se pone hasta arriba de todo para llevarte en un viaje guiado a través de su universo particular; un viaje guiado, por cierto, por un tal Captain Stupido, que no es otra cosa que el seudónimo de un borracho Thundercat que pide ayuda a Jesús entre caóticas líneas de bajo: Jesus Take the Wheel”. En una situación como esta, no puede uno más que esperarse complicaciones en la vuelta a casa y algo así narra Uh Uh en sus dos minutos y pico de instrumental desbocada, superponiendo el frenético bajo a una batería a punto de descuajaringarse en pedazos, sólo contenida por los ya míticos “Uuuuh Uuuuhs” de Thundercat, que añaden una ficticia paz a un escenario enervante.

Cambiando inoportunamente de tercio, la melodía de show infantil japonés de Bus in These Streetsse manifiesta a través de estereotipos contra la era del Internet, asegurándonos que no pasa nada por desconectar un momento de la red que consume nuestra humanidad poco a poco; un tema explotado hasta la saciedad que no se ve mejorado por una letra tan infantil como su acompañamiento musical. Tampoco llega a convencer A Fan’s Mail (Tron Song Suite II), poco satisfactoria secuela de la maravillosamente alocada “Tron Song”, sin duda uno de los más míticos temas del bueno de Bruner, que se atreve a tocar su memoria con una divertida, aunque simplona, ensoñación sobre cómo se siente al ser un gato: I wish I had nine lives, I bet it feels real nice.

El estilo, incoherente y desconcertante a propósito, termina por ser demasiado líquido como para permitir que nos agarremos a algo. Ningún pensamiento en la cabeza de Thundercat parece durar más de dos minutos y eso termina por resultar confuso.

Repentinamente, como todo en este disco, la tontería pasa en un segundo a la liquidez abstracta de una lámpara de lava para ponerse transcendental y reflexionar sobre la muerte en el díptico de Lava Lamp y Jethro”, a partir de las cuales tomamos una dirección más seria, aunque descafeinada, con los sonidos chill out de Show You the Way”. Otra cosa distinta es Walk On By”, el esperado tema con su ya habitual compañero Kendrick Lamar, quien parece empeñado en darnos una de cal y otra de arena con sus colaboraciones de este último año. Afortunadamente, esta es de las (moderadamente) buenas y los versos en falsete de Thundercat acaban por fusionarse a la perfección con las rimas de un Kendrick Lamar que nos recuerda por qué le queremos y le da un toque de profundidad a un Bruner cuyo mensaje superficial corre el riesgo de diluirse en el espacio sideral de sus canciones: “At the end of it all / No one wants to drink alone / Baby that’s how it goes. Empeñado en no ponerse muy serio por demasiado tiempo, el gato con más groove ancla los pies en un desenfadado sonido de influencia 8-bit en Blackkk para prolongarlo a Tokyo, una descripción deliciosamente trastornada de la ciudad japonesa y su cultura alternando historias de embarazos con frases como Goku fucking ruined me”. Sin duda una sección deliciosamente pixelada, rematada por otro innecesario snippet de los tantos que abundan en el disco.

Nos hallamos ya a más de la mitad de camino del álbum y si algo es evidente hasta ahora es que, repleto de temas cortos y letras flácidas, “Drunk” no parece tomarse muy en serio a sí mismo como obra musical. Sus ideas se quedan en el aire, muchas de ellas apenas limitándose a ser meros interludios. El estilo, incoherente y desconcertante a propósito, termina por ser demasiado líquido como para permitir que nos agarremos a algo. Ningún pensamiento en la cabeza de Thundercat parece durar más de dos minutos y eso termina por resultar confuso. Con Friend Zone”, sin embargo, un resquicio de luz parece abrirse, dándonos la esperanza de estar entrando por fin en un mundo más tangible y planeado. El corte, políticamente incorrecto y dolorosamente comprensible (duele admitirlo), es un genial relato de amor no correspondido que se disfruta de cabo a rabo y conecta perfectamente con un bajo de pasos pesados que suena familiar, puesto que pertenece, como no puede ser de otra manera, a la ya archiconocida Them Changes”, que pese a su antigüedad se ha hecho camino dentro de “Drunk”. Tras esta vuelta al pasado, la tímida e introvertida Where I’m Going, destinada a un segundo plano, se hace extrañamente poderosa, pidiendo más, mucho más desarrollo. Sin embargo, Bruner, maldito Bruner, vuelve a dejarla en el tintero. Otra idea desaprovechada.

Un esfuerzo a medias que suena a crudo y se empeña en la cantidad antes que en la calidad. Un repertorio disfrutable, que nos deja más cabreados que satisfechos, por todo lo que pudo haber sido, por todo lo que nunca escucharemos en este “Drunk”.

Empieza la recta final del LP y de todas las colaboraciones que podía haber escogido para hacer un álbum en el que seguramente mucha gente quería asomar la nariz, Thundercat decide, legítimamente, escoger a Wiz Khalifa y, bueno, pues eso, menos mal que Drink Dat sólo dura tres minutos y medio. Ni que hicieran falta canciones de relleno en un disco de 23 canciones… Lo que sí que no es de relleno es Inferno”, tema que nos lleva al sonido más clásico de Thundercat y se acaba llevando la palma por ser probablemente uno de los títulos más redondos del LP, narrando un lento y dulce descenso a la locura que comienza otro episodio en “Drunk”, esta vez volviendo a la atmósfera psicodélica con la que arrancábamos. Temas como I am Crazy o 3AM vuelven a hacerse molestamente cortos, dejándonos con las ganas de escuchar más de esos complicados tejidos de bajo. La colaboración de Pharrell Williams en The Turn Down no termina de arreglar un desenlace que resulta decepcionante no por la falta de calidad si no por la constante introducción de ideas que nunca llegan a desarrollarse hasta su máximo potencial. DUI pone punto final a “Drunk”, calcando el sonido del tema introductorio.  

En definitiva, un álbum que pretende ser redondo, pero que en el fondo no hace más que conectar el principio y el final de un camino largo, retorcido e indeciso. Un esfuerzo a medias que suena a crudo y se empeña en la cantidad antes que en la calidad. Un repertorio disfrutable, que nos deja más cabreados que satisfechos, por todo lo que pudo haber sido, por todo lo que nunca escucharemos en este “Drunk”.

Thundercat – Drunk

6.5

Thundercat regresa con un poderoso y extenso tributo al groove y al R&B que le caracterizan, ahogándose en sus propias intenciones y dejando asomar, tal y como en su portada, tan sólo una pequeña parte del potencial de uno de los mejores bajistas en activo del mundo.

  • Geniales y complejos tejidos de bajo con la inconfundible firma de Thundercat.
  • Sabe ser trascendental sin sacrificar la comedia.
  • Friki, psicodélico y extravagante… ¿Qué más se puede pedir?

  • Duración excesiva sin motivo aparente.
  • Intenta ser variado y termina siendo un conjunto de tramos abruptamente separados.
  • Sus temas, mayoritariamente cortos, parecen una recopilación de grabaciones de ideas para posibles canciones.

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