Hace ya unos cuantos años que empezó a popularizarse el vaporwave, un estilo musical basado en la remezcla de temas de funk y new-age de los 70, 80 y 90 que ralentizaba los tempos originales hasta el absurdo, convirtiendo a estas canciones en piezas oníricas con influencias nu-jazz siempre acompañadas de su característico estilo visual. La mayoría de la gente empezó a escuchar este tipo de música de forma irónica, ya que su carácter de meme contribuyó mucho a su difusión; sin embargo, a pesar de su suave cinismo y parodia de sí mismo, el vaporwave resulta ser un estilo tremendamente disfrutable e imaginativo, que sirve como puente e inspiración a otros muchos. Para muestra de calidad está la extensa obra de Vektroid, una compositora y productora más conocida, entre otros muchos alias, como Macintosh Plus.

Si he empezado hablando de todo esto es porque creo que, directa o indirectamente, ha habido una cierta influencia mutua entre este tipo de música y la de Erin Birgy y su proyecto, Mega Bog. Y digo ‘proyecto’ porque, a pesar de que es Birgy la organizadora de todo el tinglado, el resto de su banda tiene un papel más determinante que el de meros músicos de estudio. Si entre los hábiles instrumentistas de quienes se rodea se encuentra gente como James Krivchenia de Big Thief, que además se encargó de la mezcla, quizá entendáis a qué me refiero. Pero he hablado de vaporwave, y no se me ha olvidado, porque creo que Mega Bog, y en especial su nuevo trabajo, “Happy Together”, encuentran un fuerte anclaje en esa nostalgia sonora del new-wave y nu-jazz de los 90, cómo no, con unos buenos toques de su cosecha.

A lo largo de los discos, Mega Bog se ha afianzado en esta tendencia jazzística y, a la vez, se ha atrevido a adentrarse más en el terreno de lo experimental, con mejor o peor fortuna. No estoy seguro de si este álbum está tan fuera de órbita como quizás quiera estar, ni termino de tener del todo claro que sea tan ‘híper-sexual’, como dice la propia Birgy, pero para eso hemos venido aquí. Si hay algo que a Mega Bog se le da bien es conseguir que te dejes llevar.

Fotografía: Adam Gundersheimer

“Happy Together”: el futuro está escrito con fuentes de los noventa

Erin Birgy parece estar tan empeñada en mantener su estilo dentro de una burbuja que no termina de ser fácil relacionar con otros géneros, aunque, paradójicamente, es muy fácil de etiquetar.

Los primeros segundos de “Diznee” acomodan al oyente con sus juegos de mirada hacia el pasado, pero es todo una trampa: Mega Bog te tiene donde quería justo antes de hacerte dar un salto sobre la silla. La transición es tremendamente brusca, así que quizás haya que pensar que es intencionado, pero las siguientes oscilaciones entre lo enérgico y lo sensual no están tan bien llevadas. La voz de Birgy no es tan seductora como ella misma podría creer, pero hay que decir que la instrumentación pone el listón muy alto desde el segundo uno, y la pieza es técnicamente impecable en ese respecto. Mucho mejor juega sus cartas “She’s History”, que maneja mejor su propio tempo y logra sumergirte en su fluida y azulada calidez. Por momentos casi evoca a una Lana del Rey más imaginativa, con esos coros angelicales de fondo, y la adición de unas pistas de guitarra española acompañan perfectamente a esa sonoridad. Con más decisión, y ahondando en su propia complejidad, aparece “Marianne”, que, a pesar de esto, no da en el clavo con esos estribillos de versos repetidos tantas veces, y su acercamiento a lo experimental que está por llegar hace que, al final, el tema no suene a nada en concreto.

TV Mac” vuelve un poco hacia atrás, con las ideas más claras y un resultado infinitamente mejor. Aquí los instrumentos parecen formar parte del mismo haz de sonido, y cuando los agudos perfectamente modulados de Birgy se desprenden de él, uno vuelve a dejarse envolver por su sonido. Y sin embargo, se hace corto. Esto es algo a tener en cuenta, porque la mayoría de canciones de la discografía de Mega Bog no llegan a los tres minutos, y no digamos ya a superar esta marca. A pesar de que soy un gran admirador de los temas cortos cuando están bien hechos, aquí más bien da la sensación de que los temas no tienen espacio para la pausa o la relajación, que los interludios instrumentales y los solos van donde tienen que ir y punto, como si Birgy lo tuviese todo demasiado bien medido y supiese exactamente cuándo es suficiente.

Da la sensación de que los temas no tienen espacio para la pausa o la relajación, que los interludios instrumentales y los solos van donde tienen que ir y punto, como si Birgy lo tuviese todo demasiado bien medido y supiese exactamente cuándo es suficiente.

Y ahora sí: experimental. Bueno, quizás no tanto, pero parece que el disco tiene ganas. “192014” deja al saxofón volver a 1989 mientras los sintetizadores y bajos alfombran el paso de la voz, ahora más onírica y extrañamente monocorde que nunca antes. Aparecen por un momento el Robert Fripp de los 70 y el David Bowie de “Blackstar” con su jazz-fusión, tan agresivo como dulce. Esta es la primera canción del álbum en superar los tres minutos, y tiene mucho más espacio para dejarse hacer y ahondar en su propio ambiente. Minipunto aquí. Y si Birgy quería hablar de sensualidad y experimentación, “London” es el momento perfecto para hacerlo. Es una canción… hueca, extravagante, en la que Birgy pasa olímpicamente de entonar (durante su mayor parte) pero sí pone todo su énfasis en ahondar en la seducción. Y llega a ser casi incómodo, por la susodicha extrañeza que transmite, pero es fácil ver que aquí te dan lo que te estaban vendiendo. No puede decirse lo mismo de “Modern Companion”, que salta en bomba a la experimentación más ‘y qué’ que pueda imaginarse. Aprecio los buenos temas instrumentales, pero el sonido de este tema es vacío e incongruente y… mira, esto es pretencioso y ya está.

Un poco mejor lo hace “Worst Way”, una canción que sí se acerca más al vaporwave y pierde esa tensión por acercarse tanto al jazz, algo que, sinceramente, la beneficia. Es el tema más largo del disco, y una vez más se demuestra que este disco suena mejor cuando sus cortes tienen espacio para desarrollarse. Hay enlaces interesantes entre la voz (mucho más juguetona y atrevida) y la guitarra, los sintetizadores se marcan una base estable y hacen arreglos ligeros sobre ella. Puede hacerse incluso demasiado larga, aunque parezca que me contradigo, pero es una de las canciones más destacables y mejor ejecutadas del disco.

“Happy Together” se ve lastrado por su imperiosa necesidad de ser experimental y a la vez técnicamente puro, pero es un álbum que mejora cuando se toma a sí mismo con menos seriedad.

Uno de los temas menos oscuros es, paradójicamente, “Blackout”, que deja buena parte del protagonismo a las guitarras eléctricas y estas aprovechan para hacer bien su trabajo. Tiene una personalidad propia, y la voz de Birgy une la sensualidad de “London” y las cabriolas vocales de “Worst Way”. Mención especial al mini-solo de guitarra tremendamente bien puesto, que abre la puerta al animado final del tema. De nuevo en la línea de lo experimental aparece “Black Rose”, el penúltimo tema del disco y el segundo más largo. Aquí, Birgy recupera el control y los sintetizadores realizan disonancias y chirridos de auténtico mal rollo que parecen sacados de la banda sonora de una peli de terror de serie B, al menos al principio; la segunda mitad no es tan spooky como la anterior, pero incide, por contraposición, en los sonidos más irreales y ambientales. Y, de nuevo, Mega Bog demuestra cómo, con un poco más de tiempo, sabe darle a un tema el cierre que su ambientación merece. Ahora que estamos un poco más relajados, “Fwee”, el tema más breve del disco, se nos hace mucho más llevadero y agradable. Sus guitarras cálidas y sus coros dulces nos sacan de la nube de espinosa oscuridad de la canción anterior. Es un tema inesperado, pero muy bien ejecutado en su brevedad, y resulta ser, en definitiva, un cierre muy agradecido.

Para ser sincero, no estoy tan contento con Mega Bog como yo esperaba. Al igual que muchos artistas de vaporwave, podría servir como puente para otros muchos estilos, pero Erin Birgy parece estar tan empeñada en mantener su estilo dentro de una burbuja que no termina de ser fácil relacionar con otros géneros, aunque, paradójicamente, es muy fácil de etiquetar. “Happy Together” no consigue transmitir el mensaje que deseaba, pero es una muestra de la habilidad de un proyecto musical interesante y, a pesar de sus altibajos, disfrutable. Tal vez, lo único que le pediría a Birgy sería que dejase de tomárselo tan en serio, porque creo que su música podría beneficiarse de esto. Pero eso no depende de nosotros.

Mega Bog – Happy Together

6.8

“Happy Together” no es un mal disco, pero vive en su propia burbuja, y se ve lastrado por su imperiosa necesidad de ser experimental y a la vez técnicamente puro. Su mensaje queda diluido entre la producción y el hermetismo de sus letras, pero, a la vez, la banda de Erin Birgy logra crear un ambiente onírico muy poco convencional, que mira hacia el pasado con una mirada interesante. A pesar de su cerrazón estilística, puede servir como puente a otros estilos.

  • La calidad técnica de los instrumentistas y de Erin Birgy como vocalista es irrefutable.
  • “192014”, “London” y “Worst Way” son, probablemente, los temas más definitorios del estilo actual de Mega Bog.
  • Las canciones menos ‘serias’ como “Blackout” y “Fwee” son puntazos sorprendentes.

  • Hasta la segunda mitad, la mayoría de las canciones parecen estar cortadas y faltas de tiempo para desarrollarse.
  • La vertiente experimental es un poco cargante y bastante pretenciosa.
  • Las emociones que Birgy quiere transmitir quedan ocultas bajo demasiadas capas de arreglos oníricos y despliegue técnico.

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