Por si no ha quedado claro después de escuchar el último disco de Dirty Projectors, antes de empezar estableceré lo obvio: sí, Dave Longstreth y Amber Coffman, frontman y cantante femenina del grupo respectivamente, han roto. Esta ruptura, sin embargo, va mucho más allá de la relación sentimental que los dos artistas compartían. Hay mucho más en juego aquí, puesto que decir adiós a Amber no es tan fácil como agitar la mano y desearle suerte. Decirle adiós a Amber es perder la correa que sujetaba las locuras electrónicas de Longstreth, es decirle adiós también a las extravagantes armonías imposibles del duo Coffman-Dekle pero, sobre todo, es decirle adiós a uno de los rasgos que, en una banda tan cambiante como la de los Projectors, parecía haber venido para quedarse: la inigualable voz de Coffman, dulce y necesario contrapunto de un ácido Longstreth que encontraba en su pareja musical y sentimental un extraordinario e indispensable contrapeso vocal.

“Dirty Projectors”: Corazones rotos, autotune y… ¿Kanyesianismo?

Decirle adiós a Amber es perder la correa que sujetaba las locuras electrónicas de Longstreth. Así están las cosas. Dave anda suelto, con el corazón roto en una mano y el autotune en la otra para sentarse con una cerveza y hablar de su chica.

Así están las cosas. Longstreth anda suelto, con el corazón roto en una mano y el autotune en la otra para sentarse con una cerveza y hablar de su chica. No cabe duda de que tiene mucho de lo que hablar (o cantar), todo rodeado de una nueva panda de amigos que le animan a tocar el sampler con el vigor del tío segundo que te anima a tocar lo último que has aprendido en esa flauta dulce del colegio en la que el Himno de la Alegría suena a la Marcha Imperial de Star Wars. Bueno, está bien, tampoco me voy a pasar de listo. Lo que sí que es verdad es que Dirty Projectors ya no existe tal y como lo conocíamos y eso queda claro con el título de este nuevo álbum que, como si de un debut se tratara, es homónimo, reinventando simbólicamente la portada de su legendario “Bitte Orca” para darnos a entender que estamos a punto de escuchar algo completamente diferente. Mismo grupo, distinto sonido.

Fotografía: http://www.dominorecordco.com/

Poco queda ya de los Projectors tal y como los conocíamos, para bien o para mal. Las guitarras han dado paso a los ordenadores, la batería a los samplers y la influencia de Björk ha pasado al autotune Kanyesiano.

Keep Your Name, el que fuera el primer adelanto del álbum hace unos meses, parece ser una opción más que respetable para comenzar un trabajo en el que la diferencia con respecto a sus predecesores queda bien marcada desde el principio. Mientras que la voz de Dave Longstreth sigue manteniendo las líneas melódicas arrastradas que son ya una marca inconfundible de la casa, será la poco ortodoxa parte instrumental la que nos introduzca repentinamente y de cabeza en el nuevo mundo de los Dirty Projectors: una confusa espiral de ruidos varios en la que se dan cita guitarras, sintetizadores y autotune como si de una cena de primos lejanos se tratara. Si el álbum arranca con un ritmo demasiado melancólico para algunos, Death Spiralya se encarga de reafirmar la vitalidad de los Projectors bajo su nuevo disfraz con un explosivo corte en el que la extravagante percusión se empareja con unos sintetizadores violentos que transmiten como ninguna otra cosa podría hacerlo el choque de avión sentimental del que Longstreth ha salido más que malparado.

En definitiva, podemos concluir que, ante todo, lo que la existencia de “Dirty Projectors” marca es el inicio de una nueva etapa para la pandilla en rotación de Longstreth.

Pese a ser una influencia más que notable a lo largo del LP, cabe destacar que ésta última es probablemente la canción más claramente influenciada por el amigo Kanye West. Exacto, ver para creer: Dirty Projectors influenciados por el mismísimo Kanye, y si no te lo crees ya te cuenta Longstreth en Up in Hudson cómo escucha a Kanye a modo de terapia post-ruptura. Este corte sigue siendo, sin sorpresas, el mismo temazo que fue el día que salió. Más si cabe, considerándolo dentro del conjunto del álbum. Siete minutos de gloriosa excentricidad musical que narran la ascensión y caída de un amor que casi se podría entender como concepto del álbum: “And love will burn out, and love will just fade away. Por si no lo habéis pillado aún, el chaval tiene el corazón roto. Continúa el LP su curso y los ritmos tribales se desvanecen repentinamente sobre un piano libre. ¿Calma? Más quisieras. El inesperado ritmo de Work Together es hirientemente acelerado, casi tanto que recuerda a la base drum ‘n’ bass de un The Prodigy descafeinado y pasado por graves de trap. Versos atragantados se amalgaman con un sample de voz que se contorsiona en melodías de toque oriental para crear uno de los temas más extraños e inesperadamente efectivos (por momentos) del álbum.

Teniendo en cuenta el frenético esfuerzo rítmico al que el disco es sometido hasta este punto, empezaba a preguntarme ya por el lugar que ocuparía el que es sin duda mi adelanto favorito y, por supuesto, uno de los mejores temas de “Dirty Projectors” (tanto el disco como la banda). Hablo, por supuesto, de Little Bubble, una pequeña joya reflexiva que introduce por fin la necesaria cordura que el infierno electrónico de Longstreth viene necesitando desde hace rato. Sobre sonidos de burbujas y ensambles de cuerdas suena la que probablemente sea la canción más fiel al sonido original del grupo, dándonos la efectiva y oportuna sensación de estar encerrados en la burbuja azul claro de Longstreth, que no produce claustrofobia sino una apacible serenidad. La atmósfera burbujeante se extiende hasta la relajada Winner Take Nothing, una extensión natural del tema anterior que eleva las palpitaciones por medio de 808’s y sintetizadores remitentes que embellecen el sonido como luces parpadeantes.

El cambio se sostiene, pero a duras penas. Convence, pero no enamora. Es un decidido paso hacia el futuro pero… ¿mejora?

Empieza a partir de aquí, por desgracia, el infame e inmerecido último tramo de un álbum cuya memoria queda desprestigiada por un disperso final en el que las buenas ideas se ven eclipsadas por la excesiva voluntad excéntrica de los Projectors. Las sospechas empiezan cuando el rollo Kanye vuelve a hacernos una visita en Ascent Through Clouds, un tema de esos en los que el autotune llega a un punto en el que es tan insufrible y esparcido que desagrada, pese al potencial de una composición que se ve inevitablemente arruinada. Al menos el tema cambia de palo, lo que no quiere decir que sea a mejor, porque si creías que la situación no se podía poner más bizarra, aquí llega Longstreth para meterte un remix de rave a mitad de un camino que nos lleva en círculos desde hace tiempo y no parece encontrar su destino. Cuando por fin lo encuentra, llegando a Cool Your Heart”, uno casi que preferiría haber seguido caminando, puesto que el que fuera el último y desechable adelanto no es más que un innecesario tema de relleno que suena tanto a radio que cuesta tomárselo en serio. Tras estos dos desvaríos, I See Youes la encargada de poner un agridulce punto y final al LP con seis minutos de “forgiveness, reconciliaaaation que, pese a constituir un satisfactorio broche final, no deja de quitarnos el mal sabor de boca de un trabajo que pudo –y debió–  haber sido mucho más.

En definitiva, podemos concluir que, ante todo, lo que la existencia de “Dirty Projectors” marca es el inicio de una nueva etapa para la pandilla en rotación de Longstreth. Poco queda ya de los Projectors tal y como los conocíamos, para bien o para mal. Las guitarras han dado paso a los ordenadores, la batería a los samplers y la influencia de Björk ha pasado al autotune Kanyesiano. El cambio se sostiene, pero a duras penas. Convence, pero no enamora. Es un decidido paso hacia el futuro pero… ¿mejora?

Dirty Projectors – Dirty Projectors

6.5

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David Longstreth vuelve con Dirty Projectors, de los que no queda más que el nombre, para entregar su trabajo más marchoso hasta la fecha, acercándose a un estilo electrónico que no termina de combinarle del todo con los zapatos. Prepárate para una velada de corazones rotos y lágrimas sampleadas y pasadas por autotune.

Up

  • Exploración de nuevas áreas que empujan el sonido de los Projectors.
  • Influencias variadas y, hasta cierto punto, interesantes.
  • Probablemente el disco con más ritmo de la banda.

Down

  • El álbum se pierde en su propia exploración, abusando Longstreth de sus ‘nuevos juguetes’.
  • Uso y abuso de la ruptura de Amber como tema central.
  • Demasiados temas de relleno para un tracklist tan corto.

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