Para un amante del cine como el que aquí habla, escuchar a Pogo, el sobrenombre sobre el que se esconde este sudafricano de origen australiano, es como estar viendo un programa de alguna cadena temática que recopila escenas curiosas de diferentes filmes e intentar ubicarlas. Hace unos meses hablábamos de beGun, la gran promesa de la música electrónica española, y de su utilización de samples de sonidos naturalistas extraídos del National Geographic. Me ha venido a la cabeza beGun porque Pogo tiene un cliché peculiar y en cierto modo similar al del barcelonés; y es que su amor y obsesión por el séptimo arte están detrás de la recurrente utilización de voces y escenas de conocidas películas, en su mayoría de la industria hollywoodiense. A lo largo de su trayectoria había homenajeado de forma musical a cintas que ya son clásicos como Alice In Wonderland (la de verdad, no la de Tim Burton) con el divertidísimo tema “Alice”, a Mary Poppins con “Expialidocious”, a El Señor de los Anillos en “Murmurs of Middle Earth”, a Pulp Fiction con “Lead Breakfast”… El historial de películas, series, anuncios y shows es verdaderamente interminable.

En un álbum imperfecto como “Weightless” los vicios son compensados con sus notables virtudes

Con “Weightless” no podemos decir que Pogo haya querido reinventarse, pero es un álbum en el que se ha abierto mucho más a la hora de recoger sonidos y reconstruirlos.

Con “Weightless” no podemos decir que Pogo haya querido reinventarse, pero es un álbum en el que se ha abierto mucho más a la hora de recoger sonidos y reconstruirlos. Hay voces captadas de shows, como no podía ser de otra manera, pues a día de hoy es su seña de identidad, pero también hay un proceso creativo mucho más trabajado, experimental y explorador de nuevas vertientes que remite por momentos a uno de los mejores álbumes del pasado 2016, “Wildflower” de The Avalanches. En algunos de los temas del sudafricano puedo percibir esa alegría que cabalga entre lo naif y lo esclarecedor, muy similar a la que desprenden “Because I’m Me”, “Frankie Sinatra” o “Colours” del trío australiano.

Sin embargo, el álbum tiene vicios que pueden hacer que sea, mal comparado, como ese hit de radiofórmula o ese viral que entra fuerte en nuestras vidas pero que va de más a menos de forma fugaz. Quizá a la primera escucha “Weightless” puede resultar impactante, alegre, especial, fresco, original e incluso perfecto. Con las escuchas se hace innegable que rezuma un aroma que lo hace único, que en Pogo hay un talento innato, que tiene momentos francamente brillantes y que produce sentimientos contrapuestos y viscerales, pero también deja la sensación de que cae en demasiados vicios, de que ha construido una fórmula personal y aunque vaya muchos pasos más allá que con álbumes anteriores le resulta difícil alejarse de ella. Todo ello hace que, como decían Violadores del Verso hace ya unos cuantos años, sea un álbum de ‘vicios y virtudes’.

Con las escuchas se hace innegable que rezuma un aroma que lo hace único, que en Pogo hay un talento innato, que tiene momentos francamente brillantes y que produce sentimientos contrapuestos y viscerales, pero también deja con la sensación de que cae en demasiados vicios.

La primera virtud es “Giving”. Aunque quizá demasiado parecida en estética a algunos de esos compendios cinematográficos a los que nos había acostumbrado con anterioridad, tiene algunos elementos vocales e instrumentales que me recuerdan al minimalismo más trabajado de Floating Points. Estamos ante un tema alegre, de estética ingenua e inofensiva, que podría cuajar por igual en una sesión festivalera como en cualquier bar en el que se acostumbre a pinchar música electrónica desde EDM hasta dubstep. Cupboard Shaker”, con gran influencia del hip-hop de sus inicios, del R&B y del soul, entra también en el cajón de las virtudes. Sin duda, y haciendo gala del género, parece tratarse de una gran fiesta improvisada en las calles de un barrio cualquiera, donde lo más importante es pasar un buen rato. Me resulta imposible decir lo mismo de “There You Are”. En esta ocasión, Pogo fusila “Ghosts” de Michael Jackson y le mete una melodía infantiloide, pegajosa, anodina y que puede parecer perfectamente un remix amateur de un tema cualquiera de un artista pop pesado y empalagoso (llamémoslo Ed). Los pinitos iniciales al tropical house y la voz grave de los noventa más horteras que aparece aproximadamente a los dos minutos y medio no ayudan en absoluto.

Afortunadamente, después llega “Data & Picard”, quizá el mejor tema del álbum. Es cierto que en él abandona la experimentación y continúa con la fórmula que le encumbró, sampleando al Capitán Picard de la Nueva Generación de Star Trek cantando “Heart Of Oak”, pero es todo lo que no era “There You Are”. Hay en ella algo de estética noventera eurodance, aunque en este caso divertidísima. Entre la base y la voz, a veces uno se queda con la sensación de que le van a empezar a cantar “Cotton Eye Joe”.  Si aquí Pogo no le hace a uno bailar (a.k.a. motivarse para los más estáticos) es que es de piedra. “Watching You” por el contrario pretende relajar y poner un punto de pausa, pero en ningún momento termina de arrancar. Combina pasajes que parecen extraídos de un recopilatorio de chill out cualquiera con fragmentos que de nuevo remiten a la electrónica amateur de un productor cualquiera que sube sus creaciones a Soundcloud. Regresamos a los 90 con “Bom”, que si bien no llega a exhibirse con el carisma de “Data & Picard” y se recrea en la misma voz grave que mencionaba en “There You Are”, engancha con un sonido más cercano al nu jazz y resulta amena y simpática.

Pogo ha construido una fórmula personal y aunque vaya muchos pasos más allá que con álbumes anteriores le resulta difícil alejarse de ella. Todo ello hace que, como decían Violadores del Verso hace ya unos cuantos años, sea un álbum de ‘vicios y virtudes’.

Otro tema simpático (no sé si es acertado el término dado el personaje al que se refiere) es “Trumpular”, otra de las grandes virtudes de “Weightless”. Tomando como base el vitoreo y el jaleo propios de un mitin de campaña electoral, aparece de pronto una voz que se ha hecho demasiado conocida en los últimos meses. Promesas electorales contradictorias que se suceden para rematar con un irónico estribillo: “America First, America First repite una y otra y otra vez. En pleno auge llega “Smack And Snack”, un tema entretenido y disfrutable pero que parece haber sido escuchado cientos de veces anteriormente. Podría enmarcarse dentro del drum & bass, un subgénero muy limitado a unos estándares rígidos. Tiene un rollo que te hace moverte, al igual que sucede con temas de Rudimental o Sigma, pero la sensación es que los cánones son siempre los mismos.

Con “Hoo Ba Ba Kanda” llega otro de los platos fuertes del álbum. Sampleando la voz de Robert Tilton (un predicador evangelista famoso en Estados Unidos por sus apariciones televisivas en el programa Success-N-Life, característico por su conversión de algo teóricamente íntimo como la religión en un espectáculo a la altura de la Super Bowl), vuelve a ironizar, como en “Trumpular”, sobre las directrices mediáticas de la Era de la Comunicación. “Jungle Dash” apuesta de nuevo por el drum & bass. El juego de la base con tres voces infantiloides contrastadas logra un tema simpático sin más. Le sigue el que es junto a “Data & Picard” el mejor corte: “Dream Reaper”, un tema que va pasando por diferentes fases, que peca de tener una base demasiado minimalista y estática, pero que exhibe grandezas a nivel de producción, como su voz fantasmagórica, la contraposición de unas cuerdas (cuyo origen me ha sido imposible encontrar, pero que parecen extraídas de alguna escena de cine clásico de los años 40 o 50) y sonidos inquietantes hechos con objetos. Después de lo que quizá es la mejor fase de “Weightless” llegan las intrascendentes “Don’t Wish”, “Final Drive” y “Closure”, a todos los efectos tres rellenos que parecen ser una repetición de lo anterior pero sin gracia alguna, especialmente el último. Es verdad que el álbum había tenido hasta ahora algún tropiezo como “There You Are”, pero por lo general estaba en una línea más que notable hasta este bache, que hace a uno plantearse por qué no dejar un LP en once más que correctas canciones en lugar de estropearlo al final. Al menos Pogo permite que “Weightless” tenga un final digno, que haga honores a sus mejores momentos con “In My Chair”, un corte eléctrico, con influencia por igual del dance de club ibicenco y del dream pop.

Después de numerosas escuchas, la sensación que queda es que Pogo va adquiriendo experiencia y ofreciendo pinceladas de registros diferentes poco a poco. Con “Weightless” se consagra pero peca de recrearse demasiado en determinados vicios que, eso sí, quedan compensados con creces gracias a sus notables virtudes.

Pogo – Weightless

7.2

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Pogo se consagra con “Weightless”, un álbum que si bien pasa por fases muy contrastadas de intensidad y calidad, ofrece momentos notables, a la altura de las mejores creaciones de la música electrónica de los últimos años.

Up

  • Los momentos en los que la actualidad político-social se introduce con ironía e inteligencia.
  • La voz del Capitán Picard.
  • Los samples de cuerdas o sonidos ambientales.

Down

  • El tramo final es insulso y parece compuesto de temas de descarte.
  • El exceso de infantilización de las voces.

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