Necesitamos locos en el arte, y concretamente en la música. Agitadores, pirados, zumbados que salten al vacío sin paracaídas y mientras caen nos miren a los ojos, nos hagan un corte de mangas y se descojonen de nuestra cara de pasmo. Esa, y no otra, es la principal razón por la que ya hace tiempo juramos amor eterno al Rey Molleja y el Mago Lagarto.

De hecho, aunque está feo caer en el ‘no quiero decir que te lo dije, pero te lo dije’, cuando hace dos años analizamos el genial Float Along – Fill Your Lungs ya presentamos a esta banda como una de las más prometedoras en este movimiento en auge de la nueva psicodelia. Un movimiento que, más allá de la siempre fértil California, ha arraigado especialmente bien en Australia, de donde han salido algunas de las bandas que lo encabezan, véase (obviamente) Tame Impala, pero también Pond, The High Learys, Blank Realm o los propios King Gizzard.

Hablaba al principio de locos, y es que estos siete trastornados nos tienen ya acostumbrados a ser sorprendidos casi con cada nueva publicación. Entre sus (hasta el momento) nueve discos nos encontramos rarezas para todos los gustos, desde un spaghetti western narrado por el padre de uno de los miembros de la banda (“Eyes Like the Sky”, 2014), pasando por otro disco dividido en cuatro partes exactamente iguales (Quarters!, 2015), el puramente acústico Paper Maché Dream Balloon, también de 2015, hasta el último, el Nonagon Infinity del pasado año con el que nos metían de lleno en un álbum circular, sin principio ni fin. Pero con el anuncio el pasado noviembre de que en 2017 publicarían nada menos que 5 discos, ni los que (creíamos que) les conocíamos pudimos evitar que se nos cayese la mandíbula hasta el suelo. Y todavía tenían guardados más ases en la manga.

La locura alcanzando un punto de no retorno

Para seguir sorprendiéndonos, no se les ha ocurrido otra cosa que grabar este álbum íntegramente con instrumentos microtonales.

El primero de ellos es el protagonista de esta reseña, titulado “Flying Microtonal Banana”. Y es que no se les ha ocurrido otra cosa a los australianos que grabarlo íntegramente con instrumentos microtonales. Si, como yo, no teníais mucha idea de lo que son los microtonos hasta ahora, basta que sepáis que son las divisiones musicales de la escala menores que un semitono, que es el intervalo ‘estándar’ de la octava, al menos en la música occidental. ¿El resultado? Sonidos indios y árabes que se mezclan con la psicodelia intrínseca de los australianos mejor que la tónica y la ginebra o el ron y la coca-cola.

Fotografía: http://www.radiorock.uy/

¿El resultado? Sonidos indios y árabes que se mezclan con la psicodelia intrínseca de los australianos mejor que la tónica y la ginebra o el ron y la coca-cola.

King Gizzard & The Lizard Wizard sin embargo son unos tipos tan majos que hasta se han preocupado de que lo exótico de estos instrumentos microtonales no nos chirríe. Para conseguirlo nos los introducen mediante Rattlesnake, que según ellos te ‘sintoniza en su misma longitud de onda’, adaptándote a los microtonos. De ahí su desquiciado uso de la repetición, que tiene el efecto secundario de sacarnos de aquel bucle infernal que fue “Nonagon Infinity”. Gracias a ello, para cuando llega Melting ya podemos relajarnos y disfrutar de una pausa necesaria. De hecho, este es uno de los momentos más acomodados del álbum, especialmente cuando uno se acuerda de la resaca garajera que nos dejó su anterior disco, uno de los mejores del año pasado en nuestra opinión. De hecho, de garage en esta nueva referencia no hay casi ni restos, siendo sustituido por esa nueva visión de la psicodelia que aportan los microtonos.

MientrasOpen Water pone banda sonora oriental a la portada del disco, tirando de zurna (una especie de oboe turco) para encantar a esa serpiente tóxica, Sleep Drifter es quizás su secreto mejor guardado. En esos cinco minutos aparentemente inofensivos se encierra y sintetiza el alma de este álbum. Un alma menos viciada, con cierta parsimonia incluso, pero la misma dosis de locura sonora y personalidad que ha estado presente en toda la discografía de King Gizzard & The Lizard Wizard. A la deriva en sueños es el estado en el que te deja escuchar este disco, imposible definirlo mejor que ellos mismos:

Drifting in and out of sleep
is my favourite state to be […]
Please no one wake me
when I’m sleep drifting”

La conclusión es clara: si hay un grupo que legítimamente pueda abanderar eso que llaman ‘la nueva psicodelia’, con este disco King Gizzard & The Lizard Wizard demuestran (por enésima vez) que ellos son ese grupo. Postraos ante el Rey Molleja y el Mago Lagarto, vasallos de los tripis y los colores chillones.

Billabong Valley cuenta la historia del infame Mad Dog Morgan, un bandolero australiano, recordando a las historias del Salvaje Oeste que contaban en “Eyes Like the Sky”. La ágil letra encaja a la perfección con el ritmo ligero y la voz chillona de Ambrose, convirtiéndola inmediatamente en una de las más adictivas del LP. Por su parte, Anoxia es más alegre y contundente, retornando a los coros distorsionados marca de la casa. Aun así, a estas alturas queda patente que han reducido una o dos marchas con respecto a “Nonagon Infinity”, retomando tempos mucho más calmos en los que pueden desarrollar con más libertad las jams en las que se basa su psicodelia sin cortar.

Enfilando la recta final nos metemos de cabeza en un pozo de graves con Doom City y descubrimos que estos tipos no le hacen ascos a inventar su propia versión del funk con Nuclear Fusion. Un funk bañado en ácido, como no podía ser de otra manera viniendo de ellos, pero con un groove demoledor que, sumado al tratamiento extra lo-fi de las voces, nos dan otro de los temas clave. Himnos para un mundo post-apocalíptico en el que el aire es tóxico y hasta los peces llevan máscaras de gas. En medio de ese panorama desolador termina instrumentalmente y de manera magistral Flying Microtonal Banana. La conclusión es clara: si hay un grupo que legítimamente pueda abanderar eso que llaman ‘la nueva psicodelia’, con este disco King Gizzard & The Lizard Wizard demuestran (por enésima vez) que ellos son ese grupo. Postraos ante el Rey Molleja y el Mago Lagarto, vasallos de los tripis y los colores chillones.

King Gizzard & The Lizard Wizard – Flying Microtonal Banana

8.4

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Los agitadores del actual rock psicodélico comienzan su particular maratón de 5 discos publicados en un año. Y, contraviniendo cualquier consejo para una carrera de fondo, empiezan haciendo volteretas.

Up

  • Más exóticos, más calmados, más orientales. El caso es ir a más.
  • King Gizzard mantienen el poder de hipnotizarnos intacto.
  • Esto es sólo el comienzo. No podemos esperar a los cuatro discos que le siguen.

Down

  • Al garage lo han encerrado en casa bajo llave en esta ocasión. Pero no se puede tener todo.
  • Que no dé tiempo a digerirlo con semejante avalancha de publicaciones.