La música catalana actual está (afortunadamente) repleta de autores, desde nombres legendarios como Adrià Puntí, Quimi Portet o Jaume Sisa, hasta propuestas más jóvenes pero probablemente casi tan consolidadas como Joana Serrat o Roger Mas. Cada uno aporta su toque en la construcción de un rico atlas sonoro que aumenta notablemente los horizontes musicales del principado. Indagar en este paisaje es encontrar todo tipo de propuestas que, de nuevo, reflejan el buen estado de salud que tiene la canción catalana general, más allá de los grandes nombres que conseguimos exportar al resto del país. Es precisamente por este motivo que no queríamos dejar escapar la oportunidad para hablar del que sin duda fue uno de los discos de autor más destacados del 2016: Joan Pons, bajo el nombre de El Petit de Cal Eril, nos enseñaba que “La Força” está en aquellos impulsos para hacer el bien.

Vino El Petit y nos dijo que todo va a cambiar para bien, que todos vamos a cambiar para bien

El Petit de Cal Eril se autodefine como una mezcla metafísica entre el pop y el folk. Ciertamente no se nos ocurre mejor manera para referirnos al disco que salió como resultado de aislarse en una cabaña durante unos días con la simple intención de componer.

El Petit de Cal Eril se autodefine como una mezcla metafísica entre el pop y el folk. Ciertamente no se nos ocurre mejor manera para referirnos al disco que salió como resultado de aislarse en una cabaña durante unos días con la simple intención de componer. “La Força” es probablemente el disco más rotundo del cantante de Guissona. Si ya nos había enamorado con su tono semi infantiloide en piezas primerizas como “I Les Sargantanes al Sol” (2009) y nos había hecho confiar en la vida y el optimismo en “La Figura del Buit” (2013), ahora parece más decidido a explorar esa segunda vía pero de manera más reflexiva e incluso filosófica. El mensaje con el que nos quedamos de El Petit siempre es la esperanza de que un futuro mejor es posible, y así se explora la humanidad en “La Força”, confiando en que el ser humano será capaz de reinventarse para encontrar una forma de vida más plácida. Joan dice que este cambio no es sólo de pensamiento sino incluso genético. Algo que va más allá de lo conceptual… Como hemos dicho, debíamos dedicar un artículo a “La Força”.

Fotografía: http://play.ara.cat/

Si ya nos había enamorado con su tono semi infantiloide en piezas primerizas como “I Les Sargantanes al Sol” (2009) y nos había hecho confiar en la vida y el optimismo en “La Figura del Buit” (2013), ahora parece más decidido a explorar esa segunda vía pero de manera más reflexiva e incluso filosófica.

En cierto modo, el disco se abre como el nacimiento de esta nueva especie: en “El Cap” invita a abrir los ojos y amoldarse a un nuevo cuerpo que nos es desconocido. Subraya entonces esta fijación por el cambio físico y espiritual del hablante hacia una nueva especie, que veremos hacia dónde nos lleva. A nivel instrumental, “El Cap” tiene la guitarra de Joan como protagonista indiscutible, pero El Petit incluye unos leves toques de sintetizador que asoman desde esta matriz  para recalcar la idea de nacimiento, que culmina de una manera épica y bastante más cargada que como ha empezado. De algún modo parece que hemos pasado del descubrimiento a la esperanza del nuevo brote de vida, que deja relieve a una simbiosis entre percusión y guitarras en “El Senyal”, donde podemos escuchar a un Petit de Cal Eril más familiar. Esta combinación de guitarra y batería se mantiene durante toda la canción y es el lienzo perfecto para que Joan introduzca pequeños toqueteos de guitarra más agudos que funcionan como coros a su voz. Realmente en temas como este Pons nos demuestra que sabe en qué espectros instrumentales su voz gana ese punto tierno tan suyo.

Els Altres” es uno de los temas más desenfadados de “La Força”, tanto a nivel lírico como instrumental. En él da rienda suelta a un surrealismo que conecta con este nuevo ser que retrata el disco. Probablemente se refiera a la humanidad del ahora cuando habla de corazones que son piedras o cabezas que son manzanas amargas, pero el hecho es que él sigue apostando por esa libertad individual, que nadie le venda motos: “Aneu’ a cagar, fem el que ens dóna la ganaLa brevedad de “Els Altres” abre las puertas a la desnuda “El Punt”, que habla precisamente de ese punto en el que los caminos se separan y hay que tomar una decisión, cuando el destino ya no responde. Nueva apuesta por la metafísica de raíz onírica. Nueva apuesta por percusión y cuerdas en su mejor conjugación.

El mensaje con el que nos quedamos de El Petit siempre es la esperanza de que un futuro mejor es posible, y así se explora la humanidad en “La Força”, confiando en que el ser humano será capaz de reinventarse para encontrar una forma de vida más plácida.

Pese a que el viaje por el momento ha mantenido su coherencia y construcción, Joan firma ahora uno de los temas más destacados de “La Força”: “El Plor” pisa fuerte sólo con empezar. Revela su cuerpo y entidad desde el inicio; su guitarra es absolutamente penetrante y la posterior batería le da ese toque melancólico que se mantiene hasta el final. Realmente es difícil pensar qué quería decir El Petit exactamente, pero a un servidor esta canción le resulta sumamente atractiva por el hecho de que combina dos elementos ‘antagónicos’. Por un lado está una melodía que, como hemos dicho, tiene una raíz bastante melancólica y lánguida. Por otra parte, la letra nos dice, sin rodeos, que disfrutemos de la vida, que dejemos de temerle al mañana, que nos queramos con intensidad. La premisa es totalmente optimista, pero sin embargo la instrumentación está triste, ¿por qué? Pues igual porque quien lo dice está cansado de predicar eso de que las cosas van a ir bien si nos desatamos y somos nosotros mismos. Uno acaba pensando que Joan está cansado de insistir que “ningú ens treurà mai les ganes de viure” y que el mundo parezca cada vez menos dispuesto a escucharle. Pero la historia no se queda aquí, amigos, esto no va de quejarse de que nadie es como él o reivindicarse como un luchador solitario. El Petit cree en el cambio, y quiere difundirlo con su música, quiere hacernos partícipes de esa nueva especie de personas que deslumbran la bondad. En eso se basa precisamente “El Salt, y en ella nos ofrece una mano hacia esa cabaña en la que se dio forma al disco y se encapsularon sus ideas.

El Cor” es junto con la inicial “El Cap” una canción cuyo título se fija en ese nuevo genoma que construye el de Guissona. Pero a diferencia de la primera, ahora en la fusión entre los dos seres ha aflorado el amor, los dos flotan, como los sintetizadores y los toques metálicos de la pieza. Joan canta en esa nube, esa unificación es motivo de felicidad, y así se celebra en “El Verí”, en la que se habla de un ser que nace de entre las piedras, quizá refiriéndose a esos corazones solidificados de los que hablaba en “Els Altres”. Pese a esa celebración, es curioso fijarse en que Joan habla de los neonatos en tercera persona, e incluso dice que no es como ellos. Reprendemos las metáforas campestres en “La Trampa”, canción que parece evocar una unificación con la naturaleza, y su sentido instrumental es sumamente envolvente, presentando un sabroso juego de sintetizadores y ritmos que, junto a la letra, transmiten esa vitalidad semi-mística que abandera El Petit.

Seguidamente, aparece el único track instrumental de la placa: “El Pas”. Una canción breve y recubierta con cierto matiz misterioso por sus efectos de fondo. Instiga una guitarra más aguda y una batería lejana y calmada que nos guía hacia el final, titulado “L’adéu”. Se trata del tema más largo del disco, totalmente despojado de percusiones en el que Joan prioriza la guitarra y muestra de nuevo su faceta de cantautor tierno. Aquí su voz suena como una luz cálida que parpadea entre la oscuridad, para brillar cada vez más en un lento crescendo hacia el final. El tema da vueltas a ese “no sé si sabré”, y realmente no sabemos si se refiere a transmitir todo lo aprendido con este disco o incluso si está hablando de algo más grande, referido a sus futuras trayectorias, pero la verdad es que con este final “La Força” se muestra entre frágil y fuerte, totalmente redondeado.

El Petit de Cal Eril – La Força

7.8

En “La Força” Joan mantiene la mayoría de características que conforman su sonoridad: simbiosis entre guitarras y percusión, una voz tierna que indaga en escaparates oníricos… Pero a la vez sube su propia apuesta; aparece todavía más críptico y simbolista, pero igualmente optimista y esperanzador. Breve y muy vinculado a un paraje natural (en concordancia con la concepción del disco), Joan Pons explora la creación de un nuevo ser cuyo motor es el amor y la bondad.

  • El Petit de Cal Eril demuestra que sabe encontrar maneras de indagar en su propio universo, sin resultar redundante ni perder la calidez y la proximidad que le caracterizan.
  • “El Plor” está destinada a convertirse en una de las piezas claves de la discografía del catalán.

  • Lo mucho que gana el mensaje tras “El Plor” hace que todo lo anterior pueda resultar anecdótico a partir de ese momento.
  • Pese a lo atractivo del dúo guitarra y batería, se echa de menos más exploración en ese terreno conjunto.