Fotografía: Hada Re

Especialmente en los últimos años, suele asociarse el espíritu lúdico-festivalero de las actuaciones en directo a los meses de verano en los que la oferta de conciertos crece de manera pronunciada. Lo que vivimos el pasado viernes en la sala El Sol de Madrid no hizo sino demostrarnos que muchas bandas llevan la fiesta en las venas casi por castigo sin importar el contexto, la situación ni la estación de año. El motivo era la presentación de “Algo Real”, el fenomenal disco de estudio con que Kokoshca debutan en el madrileño sello Sonido Muchacho, y que tanto gustó en la redacción EQB. Pero lo cierto es que si hablamos de dos bandas del carácter de Kokoshca y Mujeres, cualquier excusa sobra a la hora de montar una buena. Madrid lo sabía y lo demostró con un sold out que ya auguraba una gran noche.

Así, cualquier presentación o mensaje que transmitir al respetable era innecesario: con Mujeres vamos a disfrutar porque sí, no hace falta darle demasiadas vueltas. “Pero deja el botellín de una vez y ponte a tocar increpó alguien entre la multitud a Pol (bajista de la banda) para que se dejara de rollos y empezaran a rascar sus instrumentos cuanto antes. La confianza (que a veces da asco) y el feeling entre Mujeres y el público madrileño se hizo notar desde el primer momento. Riffs acelerados, líneas de bajo que retumbaban en el abdomen, gritos de desenfreno… los barceloneses empezaron fuerte, conscientes de que era ‘el día de Kokoshca’, pero sin renunciar a un protagonismo que les elevó por encima de la categoría de meros teloneros. El éxtasis se alcanzó, como era de esperar, con “Vivir sin Ti”, y es que los temas en castellano de estos chicos siempre funcionan fenomenal en directo. A partir de entonces el ritmo apenas decayó, Mujeres siguieron hilando pistas de su genial “Marathon” y prometieron un nuevo disco que empezarían a grabar esta primavera. Como aperitivo, pudimos disfrutar de dos adelantos: “¿Tocamos primero la rápida o la melódica?”, preguntó Yago al resto de la banda. No pude escuchar la respuesta, pero es obvio que escogieron ‘la rápida’. Un garage-punk en el que Pol se lució especialmente y que encaja muy bien con este nuevo formato trío que sacrifica sus matices pop para ganar en músculo y efervescencia. Cuestión de gustos supongo, un servidor siempre ha sido un enamorado de la vena más poppie de los barceloneses, así que disfruté aún más escuchando ‘la melódica’ cuya letra en castellano la coloca junto a esos hitazos de su discografía que parecen homenajear al pop yeyé ibérico.

Algunos problemas de sonido retrasaron ligeramente el arranque de Kokoshca. Empezaron rescatando “Mi Chica Preferida” de aquel maravilloso EP de 2010, seguido, casi a modo de respuesta, de “Mi Consentido”, ahora ya sí, perteneciente al álbum que venían a presentar a la capital. Las deficiencias en el sonido volvieron a aparecer en la dupla psicodélica que se marcaron los pamplonicas con “Prefiero Golpes” y “Serengueti”, pero, a pesar de todo, la banda nos tuvo en todo momento donde nos quería, coreando algunas de las frases más emblemáticas de sus canciones. El dichoso acople por fin desapareció en “Corazón Caliente”, otra incursión en el variado catálogo discográfico de Kokoshca, que en esta ocasión nos remitía a aquel 7” que lanzaron hace aproximadamente un año.

Esperaba con especial expectación canciones como “Yo Nací”, y al parecer no era el único a juzgar por el entusiasmo con que la sala gritó aquella reflexión que Iñaki lanzó a Svenonius en dicha canción. El pulso relajado de “El Escultor” no consiguió destemplar a un público madrileño que se mostró singularmente entregado entonando “A veces yo sucumbooo…” con los brazos en alto. “RBU” o la muy celebrada y bailoteada “No Queda Nada” cerraron el cupo del nuevo material, aunque antes nos habían llenado el corazón de azúcar con “Directo a tu Corazón”. La cosa acabó a lo grande, saltando y berreando ese himno generacional del indie patrio que es “La Fuerza” justo antes de invadir el escenario para representar “No Volveré”, una demostración de lo poquito que hace falta para crear algo grande y festivo: en este caso, tres acordes y un espíritu siempre joven.

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