Kurt Cobain es el gran mito de los noventa. Seguramente por la trágica forma en la que el vocalista de Nirvana puso fin a su vida, pero también por la manera en la que canalizó los sentimientos de millones de adolescentes alrededor del mundo. Su imagen de artista torturado crea fascinación, y su leyenda no ha dejado de acrecentarse con el paso de las décadas. Con él se fue el grunge, pero, afortunadamente para nosotros, nos dejó un legado musical deslumbrante, cargado de potencia y rabia, que aguanta como pocos el paso del tiempo. Las motivaciones y hechos que rodearon su muerte también han conseguido sortear el olvido, y se han erigido como una parte constitutiva fundamental de su herencia musical en el imaginario colectivo. Esta es pues, una vez más, la exposición de un dramático suceso que ya forma parte de la historia y la mitología del rock.

El inestable equilibrio entre la autenticidad y la fama

“I Hate Myself And I Want To Die”. Esta frase tan cruda, directa y rotunda fue la que Kurt Cobain barajó en un principio para titular “In Utero”, el álbum que Nirvana ponían en la calle el 21 de septiembre de 1993. Su tercer y último trabajo de estudio. Más áspero y brusco que el anterior, con él Cobain pretendía repeler a toda aquella audiencia que se había acercado a Nirvana por “Nevermind, su anterior referencia discográfica y una de las obras más importantes de la década de los noventa. A la rudeza de su primer registro Kurt Cobain supo añadir una sensibilidad melódica cercana al pop que encontró en “Smells Like Teen Spirit” una perfección que no creíamos posible. Este primer single fue un éxito que catapultó el rock underground a las emisoras de radio comerciales, a la MTV y a los primeros puestos de las listas mainstream. Nadie podría haber imaginado en aquel entonces que un grupo de jóvenes ruidosos, que hablaban sobre la frustración adolescente y la angustia vital, pudieran desbancar del número uno de las listas al mismísimo Rey del Pop, y su “Dangerous”, en enero de 1992.

El mercado se abría para los grupos alternativos, el grunge salía de Seattle para conquistar el mundo con Nirvana como adalides de la escena, y Kurt Cobain, muy a su pesar, se erigía en mesías de una generación. Ahora era un ídolo, y su angustia, un jugoso producto de consumo de masas con el que disfrutaban incluso los chicos que lo repudiaban en el instituto, lo que disgustaba profundamente al cantante. ¿Había traicionado Cobain sus valores? Kurt había estado siempre muy comprometido con ‘la autenticidad’. En el pasado se había empapado de la ética punk de Olympia (Washington), en una escena que canalizó K Records, la discográfica de Calvin Johnson, cuyo símbolo, un escudo con una ‘K’, se tatuaría un joven Cobain en el antebrazo izquierdo. Una implicación moral que comenzó a desestabilizarse cuando Nirvana ficharon por el sello DGC Records para el lanzamiento de su exitoso “Nevermind”. No en vano, cuando la banda actuaba ante su público para presentar este trabajo, el malogrado frontman, a modo de defensa preventiva, declaraba: “Hola, somos unos vendidos al rock corporativo de compañías grandes”.

Ansiaba la vida de una estrella del rock, pero gestionar la fama y la autenticidad suponía una presión adicional para una persona de carácter depresivo e inseguro. Ahora formaban parte del gran circo del rock, un mundo utópico para los profanos reservado a unos pocos elegidos, y sabía del esfuerzo y la inversión de capital necesarios para alcanzar el éxito del que gozaban. El espectáculo exige sacrificio. El público asiste a los conciertos buscando diversión y evasión, introducirse en un universo muy diferente al de su realidad y compartirlo con el artista o grupo en cuestión. En este caso, el disfrute no era recíproco, y el rubio de Aberdeen sentía que no estaba siendo honesto con él mismo ni con sus fans, lo que le provocaba angustia y desesperación. Y así lo expone en su nota de suicidio al afirmar: “cuando se apagan las luces antes del concierto y se oyen los gritos del público, a mí no me afectan tal como afectaban a Freddy Mercury, a quien parecía encantarle que el público le amase y adorase. Lo cual admiro y envidio muchísimo. De hecho, no os puedo engañar, a ninguno de vosotros. Simplemente no sería justo ni para mí. Simular que me lo estoy pasando el 100% bien sería el peor crimen que me pudiese imaginar”.

Estos sentimientos empeoraban al saberse escrutado continuamente por los medios de comunicación y el público, lo que no contribuía a su bienestar psicológico. En su “Diarios” se puede leer: “Me siento evaluado las 24 horas del día, formar parte de un grupo es un trabajo duro y la fama en sí no lo compensa a menos que te guste tocar, como ocurre en mi caso. Dios, cómo me gusta tocar en directo, es la forma más primaria de descargar energía que se puede compartir con los demás, aparte de follar y tomar drogas”. Asimismo, las giras agravaban su dolor crónico de estómago, un grave problema que sólo la heroína conseguía paliar. En el mismo sitio confesaba: “Decidí consumir heroína a diario debido a una dolencia estomacal que llevaba sufriendo desde hacía cinco años y que me había llevado literalmente a pensar en el suicidio. […] El dolor se volvía aún más fuerte cuando iba de gira debido a la falta de unos hábitos alimentarios correctos y regulados, y de una dieta adecuada”. La música (y la marihuana) siempre había sido su refugio, su válvula de escape, y ahora se había convertido en un lugar mediatizado y hostil en el que no encontraba cobijo, bienestar ni consuelo.

Un fatal desenlace para una vida difícil

Kurt Cobain tuvo una vida difícil. No pudo superar el divorcio de sus progenitores, los cuales tampoco supieron lidiar con la hiperactividad de su hijo. Se sintió rechazado cuando ambas partes lo mandaron a vivir con otros familiares. Primero con sus abuelos, más tarde con sus cuatro tíos, pasando de casa en casa dados los continuos rechazos que provocaba su rebeldía adolescente. Era extremadamente sensible y se sentía acomplejado al no disfrutar de una familia funcional como el resto de sus compañeros de clase. En su “Diarios” expresaba la tristeza que sentía por el maltrato psicológico al que lo sometía su madre, por lo que decidió quitarse la vida, no sin antes perder la virginidad. Quería experimentar esa sensación. Kurt Cobain fue a visitar a una chica de Aberdeen de la que se decía que tenía cierto grado de discapacidad intelectual. Era una conocida a la que frecuentemente visitaba con sus amigos para robarle las botellas de alcohol que su familia guardaba en el sótano. El hecho no tardó en difundirse por el instituto, donde los chicos lo apodaron ‘follador de retrasadas’, dando la estocada definitiva a su autoestima. Kurt no soportaba la humillación y, profundamente deprimido, una noche se tumbaría en las vías de tren esperando morir. Afortunadamente, ese tren pasó por la vía paralela y el joven Cobain abandonaría aquella idea.

Fotografía: http://www.vogue.com/

El cariño que le faltaba lo encontró en Courtney Love, la cantante y guitarrista del grupo Hole. Anhelaba tener un sitio al que llamar hogar. Un lugar que nunca había tenido y siempre había echado en falta. Ella parecía compartir esa motivación, y la pareja se unía en matrimonio el 24 de febrero de 1992. Un enlace que no tardaría en agrietarse. Dos años después, el 3 de marzo de 1994, durante la gira europea de Nirvana, Kurt Cobain intentaría suicidarse mezclando pastillas y alcohol tras una discusión con su esposa en el hotel Westin Excelsior de Roma, según cuenta Charles R. Cross en la cuestionada biografía sobre el músico, “Heavier than Heaven” (otros sostienen que no fue más que un accidente fortuito). El cantante sospechaba que su mujer le estaba siendo infiel con Billy Corgan, líder de The Smashing Pumpkins, con el que ya había tenido un romance antes de conocer al cantante de Nirvana. Tras este episodio de celos, Kurt no volvería a ser el mismo. A este respecto, en el mencionado volumen, Cross recoge las siguientes declaraciones:No escuchaba a nadie –recordaba Krist [Novoselic]–. Estaba jodido de verdad.” Dylan Carlson [líder de la banda Earth y amigo de Kurt Cobain] también notó un cambio: “Ya no parecía tan vivo. Antes de aquello tenía más garra; después, parecía monocromático”.

Inmerso en una espiral de drogadicción, Cobain ingresaría el 30 de marzo en el Centro de Recuperación Exodus de Marina del Rey, en Los Ángeles, para su desintoxicación. No sin oponer resistencia. Es conocido el altercado que el día anterior protagonizó en el aeropuerto de Seattle cuando Novoselic, uno de los que pretendían evitar un desastre inminente dado el abuso de la jeringuilla por parte de Kurt, cogió a este por el cuello decidido a subirlo al avión antes de que el vocalista le propinara un fuerte puñetazo en la cara para huir mientras escupía improperios. La noche del 1 de abril, el cantante y guitarrista de Nirvana saltaría la valla de la clínica para volar a Seattle. Nadie sabía de su paradero ni volvería a verlo con vida. Siete días más tarde, Gary Smith, un electricista de la compañía Veca Electric, entraba en la casa de los Cobain para instalar un sistema eléctrico de seguridad. En la habitación sobre el garaje vio un cuerpo tendido en el suelo, lo que supuso que era un maniquí, hasta que se percató de la sangre que tenía en el oído derecho y una escopeta sobre el pecho.

El informe forense de la policía de Seattle determinó que Cobain había resuelto terminar con su vida el 5 de abril de 1994. Un chute desmedido de heroína y un disparo en la cabeza habían sido las causas del deceso. En la televisión se veía la MTV sin sonido, en el reproductor de música estaba el exitoso “Automatic for the People”, el álbum que R.E.M. habían puesto en el mercado en 1992; y ensartada en una maceta con un bolígrafo rojo, la nota de despedida que la voz del grunge había escrito a Boddah, su amigo imaginario de la infancia, y que ahora parecía personificarse en los fans a los que el de Aberdeen había dedicado sus últimas palabras. Es ahí donde Cobain escribe la ya ilustre e inmortal afirmación: “es mejor quemarse que apagarse lentamente”, frase extraída de la canción “Hey, Hey, My, My (Into the Black)” que Neil Young había incluido en su álbum de 1979, “Rust Never Sleeps”. Compungido, el canadiense dedicaría “Sleeps with Angels”, el tema del álbum homónimo que lanzaba en el verano de 1994, a Kurt Cobain.

¿Y ya está? ¿De esa forma tan romántica se acababa el grunge? ¿Cómo había podido Kurt Cobain dejar huérfana, no solo a su hija Frances, sino a toda una generación que se vio reflejada y reconfortada con él? Los fans más acérrimos no estaban dispuestos a dejarlo ir por su propia voluntad, y los amantes de las conspiraciones no tardaron en alzar la voz.  Si en los sesenta Paul McCartney había muerto en un accidente de moto y había sido reemplazado, en los setenta Elvis fingiría su propia muerte para erigirse en mito y comenzar una nueva vida lejos del mundo del espectáculo. En los ochenta John Lennon moriría a manos de un perturbado programado por la CIA, y en los noventa Kurt Cobain sería víctima de un asesinato orquestado por la viuda del grunge, su mujer Courtney Love.

Muere un héroe y nace una conspiración

Todo se remonta a la sobredosis de Kurt Cobain en Roma. Este fue un punto de inflexión en una relación que a partir de entonces se presupone tortuosa y repleta de contradicciones. No está claro, y seguramente nunca lo estará, lo que pasó exactamente aquella noche de marzo. Es Courtney Love la que insistió en explicar el suceso, tras la muerte de Cobain, como un intento de suicidio por parte del músico. Y con el mismo pretexto alertó a la policía de Seattle el 18 de marzo, avisando de que su marido se había encerrado en el baño de su domicilio con un arma y la firme intención de acabar con su vida. Cuando la policía llegó a la casa de los Cobain descubrieron que el músico, tras una discusión, estaba protegiéndose de su mujer, y en ningún momento había pensado en suicidarse. La propia Love confesaría ante los agentes de seguridad que su marido no había expuesto tal amenaza ni lo había visto armado.

El tercer día de abril, dos días después de la fuga del líder de Nirvana del centro de desintoxicación, Courtney Love contrataría los servicios de Tom Grant, un detective privado, con el propósito de encontrar a su marido, al que se le supone deambulando por Seattle. Love suplantaría la identidad de la madre de Cobain sin el consentimiento de esta, y denunciaría, una vez más, la determinación de su marido por acabar con su vida, para lo cual portaba un arma de fuego. Dos días después, el cantante acababa con su vida disparándose con una escopeta que le había comprado su amigo Dylan Carlson, a petición del propio Cobain, alegando necesaria para su autoprotección. Una vez analizada la escena del suicidio, sería el propio Grant el que comenzó a sospechar de la ya entonces viuda. El arma estaba en una posición extraña, y las huellas que tenía no eran legibles; la dosis de heroína en sangre triplicaba lo tolerable por un cuerpo y, en tal caso, la manipulación del arma se antoja imposible, explicando la desmesurada dosis como una maniobra para neutralizar a la víctima y simular el suicidio.

Fotografía: http://www.elmundo.es/

Continuando con las pesquisas del caso, el detective defiende la alteración de la carta con la que Cobain se despedía. La nota expresa la intención del cantante, compositor y guitarrista de dejar la música, y no se encuentran referencias a su familia hasta el final de la misma. Algo extraño en una misiva de estas características. Unas alusiones que, asimismo, Grant sostiene que fueron añadidas por una mano diferente a la de Cobain. Están escritas tras la firma del cantante, y se les supone un trazo diferente al que muestra el resto del texto. Estas conjeturas se recogen en la película documental Soacked in Bleach (2015), donde se expone la teoría del detective en una acusación directa a Courtney Love, la cual intentó prohibir la proyección del film. En la cinta, respecto a estas últimas líneas, la lingüista forense Carole Chaski sostiene: “Esto es lo que la mayoría de gente espera ver en una nota de suicidio, es posible que alguien con un poco de habilidad haya podido imitar la escritura, especialmente aquellas últimas líneas”. Aunque seguramente el testimonio más sorprendente sea el de Eldon Hoke, alias ‘El Duce’, en otro documental del estilo: “Kurt & Courtney” (1998). En él, el cantante y batería de la banda de Seattle The Mentors, declaraba que Courtney Love le había ofrecido 50.000 dólares por matar a su marido. Una propuesta a la que se negó. Dos días después de estas declaraciones, ‘El Duce’ perecía arrollado por un tren, al parecer, de forma accidental.

Pero, ¿por qué querría Courtney Love acabar con la vida de su marido? Según Tom Grant, la pareja tenía intención de divorciarse. Las cosas no iban bien entre ellos, y Kurt Cobain tenía intención de solicitar la custodia de su hija y de sacar a su esposa de su testamento, lo que privaría a Love de la cuantiosísima suma de dinero que su marido había ganado con las regalías de sus exitosos trabajos. La ambición de Courtney no conoce límites, y no estaba dispuesta a perder la fortuna de su marido ni la custodia de la pequeña Frances. Antes de la muerte de Cobain, y en vista del divorcio, Love le pediría a la abogada de la familia que consiguiera ‘el abogado de divorcios más vicioso y mezquino que pudiera encontrar’. Tras la desaparición de Kurt y la inevitable disolución de la banda, Love comenzaba una batalla legal contra Dave Grohl y Krist Novoselic por la propiedad de los derechos del grupo, quedándose la afamada viuda con el 98 % de los mismos. En 2006 vendería la cuarta parte del cancionero a la compañía independiente Primary Wave Music Publishing por 50 millones de dólares.

Fotografía: http://www.dailymail.co.uk/

Se ha dicho también que la integrante de Hole encontró una carta en la que su marido le expresaba la intención de abandonarla, pero parece ser que la destinataria la destruyó cuando acabó de leerla. A petición de la cadena estadounidense CBS, con motivo del 20 aniversario de la muerte del cantante, la policía de Seattle hizo públicas nuevas pruebas de las recogidas en aquel día que encontraron el cuerpo de Kurt, descubriendo al mundo una nota que el rubio de Aberdeen guardaba en la cartera y en la que aparentemente se burla de sus votos matrimoniales cuando se pregunta con ironía: Tú, Kurt Cobain, ¿tomas a Courtney Love como tu legítima esposa a pesar de que es una zorra con granos que te roba todo tu dinero para poder drogarse?”. La propia Love reconocería que ella misma escribió esta misiva en tono de broma antes de casarse, y, desde luego, la letra no se parece a la que Kurt muestra en su célebre carta de despedida. En cualquier caso, los conspiranoicos y detractores de la extravagante fémina, que no son pocos, ya tenían nuevos motivos para avivar la llama de la sospecha, comparando la discordancia de este texto con relación a las palabras que el líder de Nirvana dedicaba a esta en su último escrito:

“Frances y Courtney, estaré en vuestro altar.
Por favor, Courtney, sigue adelante
por Frances,
por su vida que será mucho más feliz sin mí. Os quiero. ¡Os quiero!”

Sólo unos pocos días después de la fatídica pérdida de su marido, Hole ponía en el mercado “Live Through This” (Vivir a pesar de esto), su segundo álbum de estudio, con un título bastante explicativo. A la vez, comenzaron a surgir rumores de nuevos romances por parte de Love, como Evan Dando (líder de la banda The Lemonheads) y Trent Reznor (líder de Nine Inch Nails). Con el tiempo ha ido adaptando su discurso, revelando hechos desconocidos e incurriendo en nuevas contradicciones. Según revelaba en 2011 a la revista Vanity Fair, los intentos de suicidio de su marido estaban motivados por numerosos problemas económicos derivados de una mala gestión de sus asesores, obviando por completo el ataque de celos que defendía dos décadas atrás. De manera casual, o no, Courtney Love se topó con el negocio de su vida, y no faltan personas dispuestas a seguir manteniéndola en el ojo del huracán mediático.