¿Qué apareció antes, la música o la miseria? Se preocupan porque los niños juegan con armas, ven vídeos violentos, por si les domina una especie de cultura de la violencia y les da igual que los niños escuchen miles –¡y digo miles de canciones!– sobre sufrimiento, rechazo, pérdida, miseria y dolor. ¿Escuchaba música pop porque estaba deprimido o estaba deprimido por escuchar música pop?”

Con estas palabras arranca la película High Fidelity (2000), una sugerente reflexión sobre la tristeza y la música pop que podemos traer hoy a colación para hablar de uno de los temas más icónicos de Nirvana (efectivamente, Nirvana son puro pop). Y esto es así porque, de entre sus muchas interpretaciones, me quedo con la que dice que “Lithium” es una canción que habla precisamente de eso, de estar triste.

Siempre me ha parecido un error querer ver en las composiciones de Nirvana (y de esto “Smells Like Teen Spirit” es el ejemplo más manido) una suerte de himnos de la Generación X en tanto que la música de Cobain apela generalmente al individuo y casi nunca al colectivo. No obstante, sí que puede resultar interesante, a la hora de analizar el carácter depresivo del cantante de Nirvana, prestar atención a la generación de la que formó parte. Ya sabemos que cuando hablamos de la Generación X lo hacemos de ese grupo poblacional al que, con cierta actitud demonizante, los medios de comunicación vendieron como la Generación de la apatía. Jóvenes que, pese a representar la generación mejor preparada de la Historia de su país hasta ese momento, se veían abocados a trabajar en empleos precarios para casposos con peor formación que sus empleados. Una generación para la que independizarse o formar una familia (quizá esto no les interesase) no era una opción. Por mucho que la distancia temporal y geográfica nos quiera convencer de lo contrario, no es difícil sentirte un poco Kurt Cobain si eres un millennial español y Antena 3 insiste en referirse a tus coetáneos como la Generación NiNi…

En efecto, Kurt Cobain formaba parte de una generación que parecía haber sido condenada a la infelicidad, lo que hizo que muchos jóvenes se encontraran con ellos mismos en los versos que el norteamericano escribía. No obstante, el éxito sobrevenido tras el estreno de “Nervermind”, alcanzar el estatus de ‘estrella de rock’ deseado por cualquier joven de su generación no ayudó a mitigar el carácter depresivo de la personalidad de Kurt, más bien todo lo contrario.

Tenerlo todo no fue suficiente para evitar que Kurt Cobain no sintiera nada cuando los últimos acordes se apagaban y sólo podían oírse los aplausos del público. “Necesito estar un poco anestesiado para recuperar el entusiasmo que tenía cuando era niño”, reconocía el de Seattle en su carta de su suicidio. Palabras que hoy pueden erizarnos los bellos si las recordamos mientras pinchamos “Lithium” en nuestro tocadiscos. Porque prácticamente anestesiado fue como vivió Cobain los últimos meses de su vida. “Lithium” (en español, litio) hace alusión a esos momentos de sosiego en los que el alcohol y los antidepresivos (muchos de ellos contienen litio) empezaban a causar efecto. Para componerla, Kurt se propuso partir de una idea y no abandonar el trabajo hasta que ésta estuviera perfectamente desarrollada. Esto supuso una alteración de los métodos de trabajo del compositor y de la banda que solían acoplar retales líricos y musicales a menudo inconexos para ensamblar las canciones, en lugar de seguir este método ‘lineal’.

En cuanto a su desarrollo, no es precisamente algo lineal o continuo, la canción consta de dos partes claramente diferenciadas. Mediante el uso de la estructura loud-quite-loud típica de los Pixies (una de las bandas de cabecera de Cobain) el compositor quiere representar los cambios de ánimo que acostumbraba a atravesar. Las estrofas, cantadas con desidia y cargadas de referencias a la templanza, la soledad o incluso la autoaceptación, contrastan con un furioso estribillo que sencillamente no dice nada: tan sólo algo más de una docena de “yeah’s” que salen de lo más profundo de las entrañas de Kurt Cobain. Esta actitud minimalista, de hecho, fue el principal argumento que esgrimió Black Francis (líder de los Pixies) a la hora de elegir a “Lithium” como “la canción de pop perfecta” en una reciente entrevista.

Más allá de su significado e importancia para comprender el devenir existencial de Kurt Cobain, estoy con Black Francis (¿cómo no iba a estarlo?) cuando reconoce en su atractivo pop la principal virtud de “Lithium”. Y es que, aunque te hayas dejado barba, tirado tus camisetas de rock y pases del mainstream y de lo que pinchan en Rock FM, es imposible que no se mueva nada dentro de ti cuando empieza a sonar esa línea de bajo saltarina de Krist Novoselic…