Cuenta Michael Azerrad en su recomendabilísimo “Our Band Could Be Your Life” cómo la escena indie norteamericana que empezó a construirse en los primerísimos años ochenta de la mano de bandas como The Minutemen, Hüsker Dü o Black Flag tocó techo (no un techo cualitativo) en 1991 con la publicación de “Nevermind”. Alguien surgido de ese circuito de bandas, locales de pequeña y mediana capacidad, sellos autogestionados por melómanos emprendedores, distribuidores que operaban al margen del gran mercado mediático, fanzines y radios universitarias, se coronaba entonces en la cima del mainstream, vendiendo varios miles de copias en la primera semana después de su lanzamiento y desbancando a gente como Michael Jackson de lo más alto de las listas de éxitos. Periodistas de ese movimiento independiente como Gina Arnold no tardaron en proclamar “We won”, sin darse cuenta de lo desdibujado que se presentaba aquel ‘we’, ni pudiendo prever que aquella estrella tan brillante acabaría convertida en una supernova. Porque, mirando hoy las cosas con retrospectiva, sabemos que aquel 1991 no ganó nadie: ni Nirvana, ni el movimiento indie, ni mucho menos un Kurt Cobain al que el éxito acabaría estallándole en la cara. Es cierto que algo cambió, de pronto el rock quería volver a sonar en las radios comerciales y, durante la década siguiente, tuvimos que soportar cientos de bandas que tocaban aquello que los charts llamaban alt-rock, sin tener muy claro a qué querían ser la alternativa.

Esta lista no pretende ser la de los grupos favoritos del cantante de Nirvana, para eso tenéis Google y mil artículos reciclando la misma fotografía del documento ológrafo de Kurt colocando en orden sus discos favoritos. Se trata de echar un pequeño vistazo a algunas de las bandas de la escena indie norteamericana inmediatamente previa al triunfo de “Nevermind” de la que Kurt Cobain es a la vez hijo, traidor y mártir. Grupos que, de manera inevitable y siendo esto algo reconocido por el propio Kurt, acabaron influyendo en la música de Nirvana.

BLACK FLAG

Resulta bonito empezar por los orígenes, antes de que los medios se inventaran el término ‘grunge’ y  los grupos de rock alternativo se vieran presionados por grandes multinacionales para componer el siguiente hitazo guitarrero que toda la chavalada de clase media querría hacer sonar bien fuerte en su habitación. El punk ha nacido antes de ayer y tenemos a cuatro chicos de Hermosa Beach que quieren dar una vuelta de tuerca a lo que Ramones y Sex Pistols hacían en aquel momento. Aquella manera bruta de reinterpretar el género nos trajo lo que hoy conocemos como hardcore punk.

El EP de igual título que la canción que acompaña estas líneas no sólo supuso el estreno de Black Flag, sino el primer lanzamiento del celebérrimo sello independiente SST Records. Sus 300 copias, según Greg Ginn, servirían como legitimación para empezar a recorrer los night clubs de unos Los Ángeles que, en una actitud puramente DIY, la banda había plagado de reproducciones de su distintivo logo, spray en mano. En palabras del propio grupo: “Si una bandera blanca significa la entrega, una bandera de color negro representa la anarquía”. Hoy nadie duda de que Nirvana fueron herederos de esa misma actitud punkarra y anarquista. Y si no me crees, ahí están temas como “Downer” para demostrarlo.

MELVINS

Pero si hay una banda a la que Kurt y compañía le deben su sonido más bestia y pesado, esa es Melvins. Los de Seattle aparecieron en el mapa en 1983, pero no fue hasta 1993 cuando alcanzaron su mayor éxito comercial con “Houdini”, un poco a rebufo del interés mediático suscitado de pronto por las bandas grunge.

Si bien es cierto que Kurt no dudaba en sacar a la luz su corazoncito pop, es innegable el papel que Melvins jugó en la música de Nirvana. Esa misma actitud metalera y aroma a mugriento sludge lo podemos rastrear en todos los rincones de “Bleach”, el primer LP que Cobain y su banda lanzaron son Sub Pop. Pero la relación entre Nirvana y Melvins va más allá: Kurt Cobain y Krist Novoselic eran, además, íntimos amigos de Buzz Osborne y fue éste quien les recomendó los servicios de Dave Grohl cuando Chad Channing abandonó la formación.

HÜSKER DÜ

“¿Nuestro estilo musical? Nada novedoso, Hüsker Dü lo hicieron antes que nosotros”. La frase, atribuida a Krist Novoselic, deja patente hasta qué punto Nirvana fueron un producto de la movida indie de la que Hüsker Dü fueron unos de sus primeros protagonistas. La importancia de lo que Bob Mould, Grant Hart y Greg Norton crearon juntos trasciende, con mucho, el número de copias que vendieron. Precisamente el ‘hacerlo juntos’ constituía uno de los elementos fundamentales del ADN del conjunto. Esta actitud democrática quiere hacerse presente desde el propio logo de la banda: tres trazos horizontales (uno por miembro) unidos por una línea vertical que simbolizaba el proyecto creativo que les unía.

En menos de una década los de Minneapolis transitaron del hardcore más canónico a un rock más complejo pero desenfadado que bebe del garage y el power pop. Por el camino habrían abandonado SST y fichado por una Warner Records que les prometía plena libertad creativa. Me gustaría poder decir que la música de Hüsker Dü se fue al traste a partir de aquel momento, pero no es cierto. Sí que lo es el hecho de que cuando el dinero entró por la puerta, la democracia saltó por la ventana: menos de dos años después, el ego de Hart y Mould no cabía entre las estrechas líneas de su particular logo y el proyecto acabaría disolviéndose. Pero no todo se echó a perder, ahí están, perfectamente reivindicables a día de hoy, discos como “Zen Arcade” (1984) y “New Day Rising” (1985).

SONIC YOUTH

Probablemente una de las bandas que mejor sintetiza el significado de la palabra ‘indie’, con sus pros y sus contras. Kim Gordon, Thurston Moore, Lee Ranaldo y Richard Edson debutaron con un EP homónimo una década antes de que “Nevermind” reventara los charts y todas las multinacionales quisieran jugar a ser la Sub Pop, Dischord, SST o Touch & Go buscando a la próxima estrella del underground, pero anteponiendo la cuenta de resultados a la autenticidad y la libertad creativa. Precisamente autenticidad y libertad creativa era lo que más sobraba a estos genios de Nueva York que desde sus primeros pasos demostraron que eso que Podemos llama la gente  también puede aportar al mundo de la música productos innovadores y revolucionarios.

Su relación con Nirvana queda más que reflejada en “1991: The Year Punk Broke”, el documental que recoge algunos momentos que Kurt y compañía compartieron con Sonic Youth, Dinosaur Jr. y Hüsker Dü. Más allá de la amistad que unía a Kim y Kurt, y del papel que los de Nueva York ejercieron como ‘padrinos de Nirvana’ en la escena indie, es fácil encontrar la conexión entre Sonic Youth y Nirvana en las guitarras afiladas, los acordes estridentes y las ganas de hacer ruido, en todos los sentidos.

PIXIES

El otro gran grupo que desplegó su influencia sobre Nirvana y tantas bandas durante los años 90 y siguientes fue Pixies. Menos de media docena de años de trayectoria (por favor, descontemos esa forzada segunda juventud que Black Francis quiere vendernos) absolutamente espectaculares. Si Sonic Youth eran la experimentación y la fórmula innovadora a partir de la constancia, lo de los Pixies era genio creativo e inspiración espontánea.

Su fórmula loud-quiet-loud, el juego de distorsiones y la demostración de que el pop puede sonar fiero fueron algunas de las lecciones que Black Francis y compañía transmitieron a Nirvana y a todas las bandas que salieron del underground a partir de 1987. Porque, por si cabía alguna duda, hay muchísimo pop corriendo por las venas artísticas de Kurt Cobain. El de Aberdeen se ha confesado en más de una ocasión un fan incondicional de los autores de “Doolittle” (1989), llegando a admitir que trataba de imitar su receta de estructuras pop con guitarras distorsionadas al componer canciones tan icónicas como “Smells Like Teen Spirit”.

BEAT HAPPENING

Y si de verdad queremos ahondar en esa vena pop de Kurt Cobain, no tenemos más remedio que sumergirnos en la discografía de Beat Happening. Los de Olympia ejercieron durante el cogollo de los ochenta de reyes de la escena indie pop de su ciudad recogiendo el testigo que, años atrás, dejaron grupos como la Velvet Underground en sus discos más accesibles. Su debut discográfico se produjo en 1985 en K Records, el sello montado ad hoc por Calvin Johnson, líder de la agrupación. Su lema: ‘explotando la clandestinidad adolescente en rebelión apasionada contra el ogro corporativo desde 1982, deja bien claras las intenciones del sello y del grupo. Kurt, que no dudó en tatuarse el logo de K Records en el brazo, cuenta así en qué modo le influenciaron las canciones de los de Olympia:

“Me abrió las puertas a música que no había escuchado antes. Me hizo darme cuenta de que durante años no había mirado atrás, a mi infancia. Evocó en mí bonitos recuerdos de inocencia de mi niñez”.

A pesar de todo, es sabido que la banda, ahora reivindicada como un referente de aquella escena independiente, no gozó de un éxito abrumador; había que ser muy hipster para conocer el twee pop que los de Calvin Johns practicaban. Al parecer, Kurt Cobain los utilizó como prueba de fuego para decidir si firmaba o no un contrato con Gold Mountain, agencia de representación artística que había trabajo con gente como Led Zeppelin. Cobain invitó a Jon Silva (representante de Gold Mountain) a un concierto de Beat Happening. Silva, que más tarde admitió detestar las canciones de Calvin Johns y compañía, tan sólo tuvo que fingir disfrutar de un espectáculo rodeado de hipsters para llevarse a Kurt al huerto y acabar firmando el dichoso contrato.

FUGAZI

Fueron prácticamente coetáneos de Nirvana, así que no es que podamos decir que se influyeran el uno al otro, pero formaban parte de esa misma escena efervescente en la que se movía Kurt. Capitaneados por el legendario Ian MacKaye (el otrora líder de Minor Threat), Fugazi, más que una banda, representaron un actitud ante la vida. No se me ocurre otra banda a la que se ajuste mejor el emblema do-it-yourself. Empezando por Dischord Records, la discográfica capitaneada por MacKaye en la que publicaron todos sus discos, su rechazo al uso de videoclips y demás técnicas de promoción convencionales, o su inquebrantable política de precios fijos: entradas a cinco dólares y discos a ocho. Fugazi, conscientes de que, a diferencia de lo que ocurría en los sesenta, los grupos de rock no contaban con el apoyo de la industria, decidieron crear todo un movimiento al margen del gran mercado. Buenas canciones, un férreo mensaje político crítico con el sistema y las convicciones morales del movimiento straight edge hicieron que Fugazi no pasaran inadvertidos como ‘un grupo más’ dentro de aquella vorágine de creatividad que fueron los años ochenta, llegando a cohesionar alrededor suyo una fuerte comunidad indie-hardcoreta y consiguiendo vender más de dos millones de álbumes, algo totalmente impensable para alguien que operaba sin el apoyo de una multinacional.

Fugazi no sólo demostraron que no hace falta firmar con una gran discográfica para vivir de la música y alcanzar reconocimiento como hiciera el líder de Nirvana. Además de esa lección de principios nos legaron una discografía impresionante con un sonido genuino que evolucionó poco a poco hacia un post-hardcore maduro y sugerente en el que el músculo y la inspiración de los primeros días seguían siendo los protagonistas.

DINOSAUR JR.

Otro de los grandes hacedores del indie, de esos que asentaron las bases de lo que el ‘rock alternativo’ debía ser. El legado de J Mascis, Lou Barlow y Murph es extensísimo y llega hasta nuestros días (en 2016 nos demostraron que están más en forma que el 80% de las bandas de indie-rock a quienes prácticamente doblan en edad). Hablamos de otra de las bandas de la órbita de la SST que, como Sonic Youth o los propios Nirvana, no dudaban en recurrir al feedback y el uso de todo tipo de pedales para embarrar por todos lados los afilados riffs de sus canciones. A pesar de todo, y como ocurre en la composiciones de Kurt, el poso pop es una constante en la discografía de estos mastodontes. Y es que, al contrario que Minor Threat, Black Flag y los primeros protagonistas de la escena indie ochentera, J Mascis y los suyos no querían reivindicar ningún mensaje de rebeldía, no necesitaban expresar proclamas filoanarquistas entre compases de agitado hardcore punk: simplemente trataban de hacer buena música rock desde el underground en una época en la que las emisoras de radio prestaban atención a otro tipo de sonidos.

En este sentido, Dinosaur Jr. nunca renunciaron al éxito, pero tampoco lo buscaron a toda costa. Quizá, en algún universo paralelo, ellos podrían haber sido los Nirvana de turno si hubieran tenido algo más de suerte o si, como parece sugerir Barlow, J Mascis no hubiera andado con tanta apatía y pies de plomo a la hora de decidir qué rumbo debía tomar la banda. Con frases como “no sé si quiero ser famoso”, “creo que no tengo nada que decir” o preguntándose qué hubieran hecho Hendrix o Black Sabbath en su lugar, el guitarrista de Dinosaur Jr. meditaba indeciso sobre la posibilidad de convertir el conjunto en algo más grande. Esta actitud dubitativa y apática fue fuente de discusiones en el seno de la banda. Al parecer, pocos días después de que “Nevermind” incendiara las listas de éxitos, Barlow se topó con J Mascis en las calles de Northampton y no pudo reprimir soltarle:

¡Te han ganado, joder! ¡Lo podrías haber hecho tú, cabrón! ¡Eso podríamos haberlo hecho nosotros!”