Las primeras semanas de mandato de Donald Trump al frente de los Estados Unidos dejan claro que el autodenominado país de la libertad se encuentra aún muy lejos de solucionar sus problemas raciales. Una tierra saqueada por los que se consideran nativos que ha sido reconstruida con el esfuerzo de extranjeros y autóctonos. Algo de esto sabe la banda Dropkick Murphys, formada hace más de veinte años en los barrios de inmigrantes irlandeses de la ciudad de Boston. Con el orgullo a flor de piel y el puño en alto, parece que siguen teniendo historias que contar, concretamente “11 Short Stories of Pain & Glory”.

11 breves historias sobre miedo, gloria y un poco de alboroto

“11 Short Stories of Pain & Glory” supone un cambio de marcha en su trayectoria: se mantiene el carácter combativo (presente desde sus inicios) pero se ralentiza el ritmo y los temas, en general, consiguen menos impacto.

Este nuevo trabajo es el noveno en su discografía. Editado por Born&Bred/PIAS, supone un cambio de marcha en su trayectoria: se mantiene el carácter combativo (presente desde sus inicios) pero se ralentiza el ritmo y los temas, en general, consiguen menos impacto. La temática del álbum gira en torno a la soledad o los problemas generados por las drogas, pero también hay espacio para el humor, el baile y el taberneo. Con unos Murphys entre la treintena y la cuarentena, estas once historias cortas se muestran más calmadas, demostrando que se puede madurar y seguir en la lucha. El bajista Ken Casey, de hecho, creó en 2009 una fundación benéfica que trabaja por la desintoxicación llamada Claddagh Fund, sitio donde van a parar parte de los beneficios obtenidos del merchandising oficial.

Su sonido es mezcla de varias corrientes: por una parte la cercanía con Irlanda y la música celta. Por otra tenemos el folk, que comienza a respirarse cuando echan el freno, y también el punk-rock que configura el esqueleto y la base de sus temas. La formación actual cuenta con Al Barr como voz principal, Ken Casey al bajo, James Lynch a la guitarra, Tim Brennan a la guitarra, al acordeón, a la flauta irlandesa y al buzuki (instrumento de cuerda utilizado en la música tradicional griega e irlandesa), Jeff DaRosa al banjo, a la guitarra y a la mandolina, Matt Kelly a la batería y Lee Forshner a la gaita, siendo este la última incorporación de la banda tras la salida de Scruffy Wallace en 2015. Por supuesto, todos ellos participan en las partes vocales como coristas, generando ese ambiente que se encuentra a medio camino entre la rabia y la solidaridad. Según declaraciones de la banda tenían compuestos más del doble de los temas que aparecen en el elepé, por lo que parece ser una meditada selección de un gran número de canciones que probablemente salgan al mercado posteriormente.

Fotografía: http://www.lehighvalleylive.com/

La temática del álbum gira en torno a la soledad o los problemas generados por las drogas, pero también hay espacio para el humor, el baile y el taberneo. Con unos Murphys entre la treintena y la cuarentena, estas once historias cortas se muestran más calmadas, demostrando que se puede madurar y seguir en la lucha.

La primera historia que nos cuentan se llama “The Lonesome Boatman”, versión instrumental de una canción tradicional irlandesa dirigida por una flauta y unos coros sobre una base distorsionada. “Rebels With A Cause” va dirigida a aquellos que no siempre tuvieron una vida fácil; quizás el punk-rock pueda ayudar con un alegre estribillo y algo de distorsión. El sonido del tema tiene una increíble similitud con los actuales Rancid, curioso cuanto menos teniendo en cuenta que el estado de California se encuentra en la costa opuesta a la de Massachusetts.

Ya se echaba de menos el sonido de la gaita que comienza tronando en “Blood”. Un ritmo algo más pesado y un coro que grita el título de la canción parece simular una grada de hooligans que pide justicia. Por lo demás sigue bastante lineal con la totalidad del tema cantado a coro. Sandlot” resulta un acercamiento al folk-rock iniciado por guitarras acústicas que nos acompañarán en segundo plano durante el resto del corte, y nos regalan uno de los pocos solos de guitarra del álbum. Pero es en “First Class Loser” donde recuperan el clásico sonido con el que se dieron a conocer al mundo. Una flauta y una voz que narra la historia de lo que ellos llaman un ‘perdedor de primera clase’ avanzan hasta un estribillo con fuerza, erigiéndose como el tema que pone el punto de humor al elepé. A continuación, un inicio a lo “We Will Rock You” nos sorprende en “Paying My Way”, y a pesar de llevar un ritmo pausado y melódico, es uno de los temas más potentes del disco. El coro de voces que grita “I’m a survivor” junto con la melancolía que aporta la armónica escenifica la resistencia y el valor de aquellos que luchan por la desintoxicación. Sin embargo, con “I Had A Hat” se monta la fiesta al completo. Acordeón, banjo y más se suman a la mezcla del corte más rápido del disco. Alegra saber que los de Boston siguen estando del lado del jaleo y la jarana de vez en cuando.

Dropkick Murphys ahora tienen más experiencia, más historias que contar y menos que aprender, pero con este noveno álbum dejan claro que saben montar jaleo y seguidamente hablar desde el corazón. Se podría decir que estos locos de taberna dominan el arte del ‘saber estar’.

En “Kicked To The Curb” siguen con el punk-rock de carácter alegre y desenfadado dejando más presencia a la guitarra sobre el resto de instrumentos. En lo que respecta a “You’ll Never Walk Alone”, es una canción compuesta originalmente para el musical Carousel estrenado en 1945 en Broadway, que más tarde adoptaría el Liverpool FC como himno oficial. Aprovechando el éxito del estreno, artistas como Frank Sinatra, Elvis Presley o Roy Orbison hicieron sus versiones del tema. Los Murphys también han decidido contribuir a la historia y recorrido de la canción con una emotiva versión, aportando su visión gaitera y de taberna a lo que ya es un clásico en la historia de la música. Mientras, “4-15-13” comienza con calma, sumando instrumentos con un sonido limpio y acústico. Es un sentido homenaje a las victimas del atentado terrorista cometido durante el maratón de Boston en la fecha que da nombre al corte. Por último, “Until The Next Time” pone fin al álbum de manera literal. La letra deja claro que todo se acaba y aunque esto pueda entristecer al escucharse, es sólo un ‘hasta luego’ por su parte.

“11 Short Stories of Pain & Glory” quizás sea el título más descriptivo con el que se haya nombrado un disco. Es un conjunto de canciones más calmado y maduro que en entregas anteriores, y aunque esto quizás decepcione a algunos fieles, ellos no han cambiado sus valores. Dropkick Murphys ahora tienen más experiencia, más historias que contar y menos que aprender, pero con este noveno álbum dejan claro que saben montar jaleo y seguidamente hablar desde el corazón. Se podría decir que estos locos de taberna dominan el arte del ‘saber estar’.

Dropkick Murphys – 11 Short Stories of Pain & Glory

7.0

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Nueva entrega de unos Dropkick Murphys cada vez más maduros. La soledad o los problemas con las drogas ocupan la temática de un noveno álbum en el que también hay espacio para la fanfarronería.

Up

  • La riqueza que aporta la gaita, el banjo y el resto de instrumentos poco comunes.
  • Canciones agradables desde la primera escucha.

Down

  • Muchos instrumentos con poca presencia frente a la voz.
  • Menos himnos de batalla.