¿Quién es Quentin Gas?, me preguntarás. Quentin Gas es un extravagante que canta bulerías en inglés con un Bindi en la frente, un chaval que se ha arremangado la camisa para dar un zapatazo en el tablao y levantar de su ensueño a todos los nostálgicos que, enfrascados en celebrar con melancolía y urgencia el aniversario de “Omega”, se han olvidado de que el flamenco fusión sigue fuerte, palpitando en las venas de España y de Andalucía con el frenesí del que se sabe superior y lo exhibe con orgullo. Dejaros de homenajes, que tenemos aquí tema para rato.

‘Flamenco fusión’, menudo término, vaya etiqueta controvertida. Evoca, seguro, imágenes contradictorias; memorias… poco agradables, por decirlo de alguna manera. Estoy hablando de Camela, de El Arrebato y de Andy y Lucas. Son estigmas del género, manchas en la historia del mestizismo. ¡Con razón los puristas no quieren oír hablar de mezclas!, ¡con razón los jóvenes (sí, suena cuñado) huyen despavoridos cada vez que escuchan un quejío! La cosa está mal, no nos vamos a engañar. Pero oye, como todo, el sabor depende del tipo de mezcla. No es lo mismo mezclar arroz con chocolate que hacerlo con tomate. Tampoco es lo mismo embarrar el flamenco que llevarlo a sus límites metafísicos para engarzarlo con las glorias del rock y la psicodelia, creando así la fusión flamenca más impactante desde Triana en los setenta y “Omega” en los noventa. Lo has escuchado bien, denúnciame si quieres: me parto la camisa por Quentin.

Viniendo de donde viene, es normal que este muchacho haya salido por peteneras, porque vale que Quentin Gas suena muy psicodélico y muy cosmopolita, pero eso no quita que Quintín Vargas sea sevillano, que su madre sea Concha Vargas y que su genética musical se aproxime más a la de Camarón que a la de Jimi Hendrix. Se dan en este personaje, otrora líder de la banda de punk Los News, una serie de características muy específicas: un alma dividida, unas raíces fuertes y una visión innovadora y arriesgada. No podía ser de otra manera. Hace falta ser muy único para sacarse de la manga una maravilla como Caravana, aparte por supuesto de tener una familia de raíces flamencas que sea capaz de respaldarte en el cante, el baile y la guitarra. Menuda cuadrilla.

Fotografía: http://www.wahwahclub.es/

“Caravana”: Quejíos psicodélicos desde Oriente

Hace falta ser muy único para sacarse de la manga una maravilla como “Caravana”, aparte por supuesto de tener una familia de raíces flamencas que sea capaz de respaldarte en el cante, el baile y la guitarra. Menuda cuadrilla.

Lo primero que llama la atención de este trabajo es la cantidad de referencias geográficas e históricas que su tracklist esconde. Ahí tienes la primera pista: “Caravana” es un viaje y, como toda buena historia que se precie, su trayecto comienza en una tierra muy lejana, Punyab más concretamente, el territorio del norte de la India del que partió hace cientos de años una tribu errante para contar sus historias a ritmo de sitares y palmas. Que no os engañen los ingleses ni los americanos. La psicodelia existía ya desde hace tiempo y no hacía falta tener un amplificador ni un sintetizador para experimentarla, como bien demuestra esta introducción. Ha evolucionado, por supuesto, y no nos conformamos ya sólo con sitares y ritmos meditabundos. Queremos caña, distorsión y ruido; algo muy parecido a lo que Quentin trae en Caravana, tema homónimo en el que nos metemos de cabeza en el desierto para comenzar nuestro viaje a lo desconocido. “Esta noche mando yo, mañana mande quien quiera, recita Carmen Vargas en requiebros de voz antes de verse abruptamente silenciada por un puñetazo descomunal del más árido rock clásico: “Ya se van, los gitanos por los caminos.

El riff se ralentiza y pierde aridez para convertirse en un sintetizador que induce a un delicioso trance. Aunque para trance el de las letras de Niño de Elche en Deserto Rosso, porque si no tenías suficiente con la alineación zíngara original, se trae Quentin bajo el brazo al poeta de moda para que lo releve como sólo el niño sabe hacerlo: “Entre ráfagas y destellos te vi danzar allí a lo lejos / con un ritmo hipnótico en un amanecer sin tiempo. Como es normal, no defrauda el todoterreno flamenco que se desliza entre sinuosas melodías de guitarra y lejanas líneas de hammond soltando intermitentes quejidos para terminar. “En un deserto rosso, hecho una pena, pudimos saber lo que decían las estrellas.

“Caravana” es el testimonio flamenco-psicodélico de un pueblo errante, una gente que, sin casa, hace de todo sitio al que llega su hogar. Los gitanos (y el flamenco) son de la India, de Persia, de Turquía, de Marruecos y de Andalucía.

Tras días de arena y calor, Quentin llega a un oasis para deleitar a su “Sultana” con más de su psicodelia popular, ligada ésta por un conciso hammond que hace de puente a “Romance”, sin duda uno de los cortes más gruesos del LP, mediando con maestría entre el gancho de Deep Purple y el carácter del folklore gitano. Demasiado que asimilar en tan poco tiempo. Mejor será hacer una corta pausa en “Persia”, primera parada de este éxodo y corte que divide el álbum en dos mitades, introduciéndonos con instrumentos tradicionales a la mitad más visceral y cruda del álbum. Vuelve Carmen Vargas en “Caravana 2” con gran poderío para hablarnos del sino de los gitanos, que siguen haciendo camino en sus caravanas para llegar a “Turkia”, el enlace con Occidente.

El Pedío” es probablemente una de las propuestas más flojas de “Caravana”, no por falta de calidad, sino por un sonido demasiado parecido al de otros temas, algo que es peligroso, teniendo en cuenta que puede hacer peligrar la originalidad que el principio del álbum respira, estropeando el conjunto total. Por suerte, Quentin coge carrerilla y vuelve a retomar su fuerza característica en “La luz del silencio”, uno de los mejores momentos del tracklist tanto a nivel musical como lírico, con ese potente hilo conductor, sesentero hasta la médula: “No hay una sola realidad. Siguen las caravanas su trayecto bajo la “Luna de Oriente”, prolongando un éxodo sin destino que hace un homenaje al hermanamiento gitano-oriental (“Hay gritos en Occidente, el mismo grito oriental / Pinta tu cara de sangre, bajo las tumbas vamos a bailar) que pone los pelos de punta. No hay barreras si la Luna es la misma.

A los puristas, a los que dicen que el flamenco no se toca, yo les digo: que le den a Andy y a Lucas, que nosotros queremos otro mestizaje con más “Omega”, más Triana, más Niño de Elche y, por favor, por favor, por favor; más Quentin Gas.

Decía al principio que todo buen viaje empieza en una tierra lejana. Lo que no he dicho es que un viaje, por definición, también ha de tener un final. El de Quentin, por desgracia, está cerca del suyo, porque las caravanas han llegado ya a Marruecos, a las costas de “Tánger”, preparados los viajantes para cruzar a la península tras haber absorbido los cánticos musulmanes de las áridas tierras marroquís. De Marruecos a “Lebrija”, una tierra que, bañada por el agua del Betis, no entiende de amplificadores ni sonidos sintetizados. Guitara, voz, duende. El duende de Carmen Vargas, que canta con la pasión y el dolor de la que se sabe al mando. El dolor, también, de la “Mala puñalá” que pone la guinda a un pastel flamenco psicodélico sin precedentes. Porque “todo llega. También el fin.

“Caravana” es el testimonio flamenco-psicodélico de un pueblo errante, una gente que, sin casa, hace de todo sitio al que llega su hogar. Los gitanos (y el flamenco) son de la India, de Persia, de Turquía, de Marruecos y de Andalucía. ¿Dices que el flamenco no se mezcla? ¡El flamenco es pura mezcla en efervescencia! A los puristas, a los que dicen que el flamenco no se toca, yo les digo: que le den a Andy y a Lucas, que nosotros queremos otro mestizaje con más “Omega”, más Triana, más Niño de Elche y, por favor, por favor, por favor; más Quentin Gas.

(El público aplaude).

Quentin Gas & Los Zíngaros – Caravana

9.0 HOT RECORD

Quentin Gas narra con la maestría de un cuentacuentos la trayectoria de un pueblo que se expande desde Punyab a Lebrija, acogiendo las diversas culturas bajo el ala inclusiva del flamenco, un género que no entiende (y no debería entender) de fronteras.

  • Genial concepto del álbum.
  • Magnífica inclusión del flamenco más puro entre los pasajes psicodélicos.
  • Letras directas y sin rodeos, aunque efectivas y llenas de metáforas e historia popular.

  • El rollo desértico-psicodélico puede llegar a hacerse repetitivo.
  • Se echa en falta un poco más de excentrismo musical. Quentin nunca se llega a tirar a la piscina del todo.
  • Para el próximo, que los límites entre flamenco y psicodelia se difuminen un poco más.