No pasa a menudo, pero de vez en cuando hay discos a los que da vértigo asomarse. Da vértigo porque sabes que, al margen de lo que sea que estés haciendo mientras tanto, en el momento en el que pulses el play no vas a salir indemne de su escucha. No importa que sea la 174ª vez que lo escuchas, es absolutamente imposible que no te rocen en la herida, poniéndote los pelos de punta y agarrándote la base de la nuca con una sensación de frío. “In The Aeroplane Over The Sea” es uno de esos discos.

Neutral Milk Hotel es una banda fundada a finales de los 80 en Ruston, Luisiana, por su líder, y al principio único miembro, Jeff Mangum. La banda formaba parte del colectivo artístico de inspiración sesentera The Elephant 6, al igual que otros artistas como The Olivia Tremor Control y Of Montreal. Tras una larga etapa de amateurismo y filosofía DIY con maquetas caseras y un reconocimiento casi nulo, en 1996 editan su primer LP, “On Avery Island” con Merge Records. Dos años después y aprovechando la inercia ascendente en popularidad publican su segundo disco, “In The Aeroplane Over The Sea”. En ese momento exacto, Neutral Milk Hotel se cuelan por la puerta de atrás de la Historia del indie, con un disco de folk-rock lo-fi que, aunque en su momento recibe buenas críticas, no es hasta pasado un tiempo después de la pronta disolución de la banda cuando se empieza a ver como la obra maestra contemporánea que es.

Lo cierto es que no está de más aprovechar para reivindicar tangencialmente su primer disco, repleto de canciones gigantescas que tienen muy poco que envidiarle a las que llenan el que aquí nos ocupa (“Naomi”, “Song Against Sex” o “Gardenhead/Leave Me Alone”, por ejemplo). De hecho, es complicado hallar diferencias importantes entre ambos e identificar qué es lo que le aporta el salto de calidad definitivo que encumbra a “In The Aeroplane Over The Sea” con respecto a su predecesor. Quizá sea una mayor madurez compositiva de Mangum, quizá el estar dotado de un concepto que dé sentido y unidad al disco, o quizás, simplemente, que no tiene una canción ni medianamente de relleno.

Esto no es un disco: es tu juventud despedazada en canciones

Este segundo trabajo de Neutral Milk Hotel nace de la lectura del diario de Ana Frank por parte de Mangum, que le deja emocionalmente hundido. Conviene tener esto presente, pues “In The Aeroplane Over The Sea” es un disco fundamentalmente triste.

Entrando ya en lo que supone musicalmente el álbum en sí, hay que decir que las influencias de NMH son poco claras y muy variadas, yendo desde el indie lo-fi primigenio de Sebadoh o Guided by Voices hasta la filosofía punk de Minutemen. Aunque, probablemente, el artista del que más directamente pueda beber su sonido, intencionadamente o no, es el entrañable genio loco Daniel Johnston. Como es lógico partiendo de unos orígenes tan diferentes, el sonido final de la banda es innovador a la fuerza, y cuesta encontrar con qué compararlo. En este disco suenan gaitas, sierras musicales, trompetas, acordeones, instrumentos que, en otras manos, habrían convertido el sonido en una mezcla monstruosa entre un grupo de rock estándar y una verbena de pueblo, pero que bajo la batuta de Mangum elevan por encima de los demás.

Este segundo trabajo de Neutral Milk Hotel nace de la lectura del diario de Ana Frank por parte de Mangum, que le deja emocionalmente hundido. Conviene tener esto presente, pues “In The Aeroplane…” es un disco fundamentalmente triste. Incluso a pesar del mensaje optimista en las letras de temas como el que da título al disco, resulta complicado animarse con él. Pero es que tampoco quiero, pues este disco a mí, personalmente, me sirve para revolcarme en mi propia miseria y, paradójicamente, salir de ella renovado.

Fotografía: Will Westbrook

Incluso a pesar del mensaje optimista en las letras de temas como el que da título al disco, resulta complicado animarse con él. Pero es que tampoco quiero, pues este disco a mí, personalmente, me sirve para revolcarme en mi propia miseria y, paradójicamente, salir de ella renovado.

Otro buen ejemplo de este hundimiento y posterior redención lo encontramos justo en su comienzo. Las tres partes de la demoledora King of Carrot Flowers muestran una introducción acústica que nos dan la bienvenida al disco con calma triste, para seguir con un enlace religioso y terminar en un desenlace prácticamente garage-punk que nos invita a olvidar las penas, al menos temporalmente. Concretamente hasta que llega In the Aeroplane Over the Sea para volver a arrancarnos el corazón.

Una interpretación tan desgarradora como acertada de Two Headed Boy (que podéis encontrar detallada aquí) es que ésta narra la historia de unos niños gemelos siameses que trabajan en un circo y viven enamorados de Ana Frank. Como el aire fúnebre de la canción deja entrever, uno de ellos muere en la operación que trata de separarlos, y el superviviente trata de sobreponerse al dolor del recuerdo de su hermano. Esto lo termina de conseguir en Holland, 1945, uno de los puntos álgidos del disco en el que el gemelo se dirige hacia la propia Ana Frank y le dedica los versos más poéticos de un álbum en el que todas las letras son sencillamente sublimes:

“The only girl I’ve ever loved
was born with roses in her eyes.
But then they buried her alive,
one evening, 1945”

Pese a que melódicamente el álbum por sí mismo es grandioso, lo que verdaderamente termina de convertir este disco en la obra de arte que es son sus letras. Enamorarte de Ana Frank. Convertirte en el niño de dos cabezas. Ahogar tus penas en el mar. Entrar en él y salir purificado, como de un bautizo o un sacrificio maya. Para eso me sirve a mí este disco.

De hecho, es francamente jodido citar sólo alguno de los versos de “In The Aeroplane Over The Sea” sin caer en la tentación de dejar hablar a Mangum poniendo aquí las letras enteras y callándome, pues todo lo que un servidor pueda decir de este disco es (sobra incluso aclararlo) irrelevante y de trazo insultantemente grueso comparado con la lírica de esta obra de arte. Podría decirse que, pese a que melódicamente el álbum por sí mismo es grandioso, lo que verdaderamente le termina de convertir en lo que es, son sus letras. Como demuestra la manera de tratar el sexo en la juventud de Communist Daughter y Oh Comely. Dos versiones distintas, una corta y otra larga, una explícita y otra más velada, pero ambas tan vertiginosas como sacar la cabeza por la ventana del último piso de un rascacielos. Por otra parte, bandas como Beirut, Modest Mouse o los mismísimos Arcade Fire le deben mucho a Neutral Milk Hotel, aunque probablemente sean The Decemberists quienes mejor hayan recogido el testigo musical del folk íntimo y demoledor de los de Mangum. Basta con escuchar Ghost(dedicada expresamente al fantasma de Ana Frank) o las gaitas de la instrumental Untitledpara imaginarse a Colin Meloy teniendo una epifanía y decidiendo formar una banda tras escucharlas.

ConTwo Headed Boy Part Twoel viaje llega a su fin. El modo perfecto de cerrar un disco perfecto, retomando la historia del gemelo siamés pero esta vez cosiendo las heridas abiertas: “When we break we’ll wait for our miracle / God is a place you will wait for the rest of your life”. Enamorarte de Ana Frank. Convertirte en el niño de dos cabezas. Ahogar tus penas en el mar. Entrar en él y salir purificado, como de un bautizo o un sacrificio maya. Para eso me sirve a mí este disco. El único objetivo de este texto es que eso le pueda pasar a alguien más que no supiese de la existencia de esta joya, o no le hubiese prestado atención. Y si no, al menos me habrá servido como excusa para volver a escuchar por millonésima vez “In The Aeroplane Over The Sea”. Que no es poco.

Neutral Milk Hotel – In The Aeroplane Over The Sea

10 INSTANT CLASSIC

Neutral Milk Hotel publicaron en 1998 uno de los discos de folk rock más perfectos de la Historia. Y sea en su 19 cumpleaños o en su centenario, nunca estará de más recordarlo.

  • Sonido rompedor, creando una obra maestra frágil a partir de la baja fidelidad.
  • Inabarcable influencia posterior en bandas como Arcade Fire o The Decemberists.
  • Emocionalmente demoledor y capaz de sacudirte hasta la última fibra.