Todos los hermanos pequeños sabemos cuál es el gran problema de serlo: tener que estar luchando siempre con las absurdas comparaciones de nuestros padres y tener la obligación casi canónica de, no sólo seguir el camino de nuestros hermanos mayores, sino de superar el listón que ellos pusieron con sus actos. Esto no lo ha vivido nadie tanto como el rap británico, estando siempre a la sombra de su hermano mayor del otro lado del charco: más guapo, más popular, más simpático y más rico. La constante comparación con el rap yankee no es una situación fácil para ninguno de los artistas de rap de las islas británicas. Tratados siempre como una versión de ‘aliexpress’ del rap de Estados Unidos, ninguneados por muchos oyentes europeos que prefieren los brillantes colgantes de los americanos al sonido sucio de Inglaterra, los artistas británicos han logrado por fin hacerse un hueco en los reproductores de medio mundo.

Es curioso como de la tierra de Abbey Road, los Beatles, los Rolling Stones y Queen ha podido nacer un estilo con tanta personalidad propia como es el grime. Sin duda, hoy es uno de los sonidos más características de las islas y lo mejor que le ha pasado en muchos años a la música británica, ya que ha conseguido darle ese toque de originalidad que le hacía falta a la música urbana en Inglaterra. Hoy en día, la cara más reconocible de este sonido es Skepta con su “Konnichiwa”, seguido muy de cerca por Fekky. De hecho, el resurgimiento del grime ha permitido que todos estos artistas logren mirar a la cara a artistas como Kid Ink o Wiz Khalifa sin que nos entre la risa.

Las típicas poses de las ‘gangs’, los oros, el sonido duro pero electrónico y la difícil vida de calle han inundado todas las calles y los cyphers de Reino Unido. Esta ascensión del grime ha arrasado con todo y ha marcado el camino a seguir por los demás artistas para tener éxito. Pero, sin saber mucho cómo, este año se ha colado una anomalía dentro del reinado del grime. Un chico risueño de 22 años, llamado Loyle Carner, ha fijado la atención de todo el mundo en las islas de forma sorprendente, gracias a un sonido clásico de la escena de Detroit a finales de los años 90. Me lo imagino paseando por un parque con las manos en los bolsillos y una mochila repleta de CDs y libros, mientras tararea el “I Used To Love H.E.R.” justo al lado de un cypher de MC’s británicos con sus rostros de tipos malos.

“Yesterday’s Gone”: la naturalidad de ser uno mismo y tener las cosas claras

En “Yesterday’s Gone” nos vemos cara a cara con los sonidos más clásicos de la costa este de Estados Unidos en los noventa. Nos vemos cara a cara con Guru, con Nas, con Common y, lo mejor de todo, con J. Dilla.

Pero no te engañes, detrás de esa faceta de niño bueno y alejado de las calles se esconde un auténtico artista al que se le caen los flows de manera insultante. En 2014 dejó entrever sus habilidades con su primer EP titulado “A Little Late”, el cual dejó a oyentes y a críticos deseosos de escuchar más cosas de este artista que recordaba a los mejores A Tribe Called Quest. Pero ha sido este año cuando nos ha lanzado su primer larga duración, un LP llamado “Yesterday’s Gone” que ya han apadrinado artistas como MF Doom, Joey Badass o el mismísimo Nas.

En este álbum nos vamos a chocar de frente con la realidad más verdadera y cruda: aunque entierres algo en el pasado, algún día volverá al presente… ¡Y lo hará con más fuerza! En “Yesterday’s Gone” nos vemos cara a cara con los sonidos más clásicos de la costa este de Estados Unidos en los noventa; esos sonidos que creíamos que estaban muertos. Nos vemos cara a cara con Guru, con Nas, con Common y, lo mejor de todo, con J. Dilla. Esas clásicas influencias convierten a Loyle Carner en un auténtico rara avis dentro de la escena de rap británica, un chico que, ante la proliferación del sonido duro y la vida de calle, decide hacer un álbum lleno de naturalidad, sabor añejo y arrepentimiento. Loyle Carner es el mayor legado que nos ha dejado J. Dilla en Europa.

Fotografía: Patrick Gunning (http://www.patrickgunning.com/) / http://the-indie-pendent.com/

Esas clásicas influencias convierten a Loyle Carner en un auténtico rara avis dentro de la escena de rap británica, un chico que, ante la proliferación del sonido duro y la vida de calle, decide hacer un álbum lleno de naturalidad, sabor añejo y arrepentimiento.

En “Isle of Arran” nos encontramos la esencia de este álbum debut resumida en poco más de 3 minutos. Loyle Carner nos permite ver todo su dolor por la ausencia de su padre desde 2014 envolviendo toda esta pena con un ritmo East Coast noventero que nos transporta a aquel genial “Fantastic Vol. 2” de Slum Village. La instrumental elegida (sampleando “The Lord Will Make A Way” de S.C.I. Youth Choir) y todos los arreglos posteriores convierten esta versión en una declaración de intenciones: Loyle Carner no quiere ser como el resto de los artistas de las islas (“I ain’t like them damn liars). El dolor de la ausencia de su padre y las letras tan personales podrían hacer de “Yesterday’s Gone” un auténtico tostón pero en cambio, gracias a la producción, las letras tan desgarradoras de Loyle Carner te van atrapando hasta que te hacen sentir ese vacío en el pecho. Conforme va avanzando el álbum, el artista del sur de Londres muestra todavía más sus cartas: en “Mean It in the Morning” profundiza sobre las consecuencias de la muerte su padre y cómo le ha impedido confiar en la gente. De hecho, nos cuenta una historia con una chica que lo era todo para él pero el bueno de Loyle seguía siendo incapaz de confiar en ella, debido a la muerte de su padre. Pero como todo joven de su edad, Loyle Carner también sabe lo que es estar soltero y lo que supone mezclar el Whatsapp con grandes dosis de alcohol a las 3 de la mañana. Por este motivo, en “+44” nos advierte del peligro de mandar ciertos mensajes a ciertas chicas a partir de ciertas horas.

“Yesterday’s Gone” es una oda a perder el miedo a ser tú mismo y luchar por seguir tu camino, aunque a veces sea más fácil navegar por las corrientes principales.

Es a partir de este momento cuando empezamos a entender al joven artista británico que se esconde tras una voz aterciopelada que recuerda al Nas de “Illmatic” o a Lil Supa. En “Damselfly” comenzamos a ver que la forma de ser de Loyle Carner es una consecuencia de su A.D.H.D. y de la muerte de su padre. En unos tiempos en los que ser real dentro del hip-hop es mantener tu pose de duro permanentemente, Loyle Carner nos habla sin pudor de la necesidad de encontrar una persona en quien confiar. Además, también aprovecha el genial estribillo de su amigo Tom Misch y este ritmo tan típico de los artistas de Detroit para demostrar lo seguro que está de sí mismo y de la música que hace: Because they ain’t me, they ain’t me / Don’t need to know about the colours that they paint me.

Siguiendo toda la estela de samples suaves y cajas en el aire tan típicas de la escuela de J. Dilla, observamos que “Yesterday’s Gone” es una oda a perder el miedo a ser tú mismo y luchar por seguir tu camino, aunque a veces sea más fácil navegar por las corrientes principales. En “Ain’t Nothing Changed” marca todavía más la diferencia con el resto de la escena inglesa cuando dice cosas como que echa de menos estudiar porque era algo que le encantaba. Particularmente, pienso que este tema no desentonaría en ningún álbum de la Golden Era yankee; el que sea. Pero bajo toda esa genialidad digna del Nas ‘pre-Stillmatic’ nos encontramos a un niño que se arrastra por la sombras buscando alguien que le guíe y le dé esa seguridad que le hace falta en su vida. Bajo las letras de “Florence” y de “The Seamstress” subyace la idea de sentir que siempre está corriendo para escapar de algo que no sabe qué es. Fiestas, alcohol y una melancólica esperanza de sentirse bien consigo mismo sin necesidad de tomar drogas es un late motiv que podría resumir a la mayor parte de los jóvenes de la actualidad.

Si hablamos de “Yesterday’s Gone” como una idea cohesionada entre sí, y no como un conjunto de canciones hiladas sin más, los interludios con conversaciones y llamadas telefónicas son cosas que están muy quemadas en el mundo del hip-hop y que, a excepción del primer interludio, te sacan completamente de la atmósfera creada.

La mezcla de sonido R&B y rap suave de la primera mitad del disco choca con la ansiedad de la segunda parte, en la que viajamos desde Detroit a finales de los noventa hasta Nueva York a principios de la Golden Era. Este sonido más duro y crudo, con cajas mucho más secas y menos melódicas, empieza a notarse en “Stars & Shards”, una pista que nos recuerda a la mejor época de Pharcyde cuando grababan videoclips tan geniales como “Drop”. Aunque es cierto que las habilidades de Loyle Carner para hacer fluir este tipo de instrumentales eclipsa todo lo demás, es en “Stars & Shards” donde encontramos el primer punto débil del artista británico: el storytelling. Definitivamente, contar una historia de un niño bueno que acaba pasándolo mal por vender droga no es una manera muy original de demostrar tus habilidades como storyteller. Así que, quizá, este sea su punto más flaco. Pero si hablamos de “Yesterday’s Gone” como una idea cohesionada entre sí, y no como un conjunto de canciones hiladas sin más, los interludios son el punto débil. Partiendo de que sus influencias son las que son, los interludios con conversaciones y llamadas telefónicas son cosas que están muy quemadas en el mundo del hip-hop y que, a excepción del primer interludio, te sacan completamente del álbum.

Es imposible que un artista suene a la Costa Este de los noventa y no tenga influencia del grupo más mediático y multidisciplinar de aquellos años. Y claro, en “No CD” vemos la influencia de Method Man y Redman en los afilados flows que lanzan Loyle Carner y su amigo Rebel Kleff. El principal problema de esta canción es que está totalmente fuera del hilo del disco y te saca completamente de la atmósfera que, tan cuidadosamente, había creado el artista londinense. Por suerte, no es en la única canción que podemos ver a Rebel Kleff, ya que en “No Worries” se vuelven a juntar ambos junto a Jehst para retomar el espíritu clásico de Detroit en este corte, que resulta una especie de mezcla entre el Kendrick Lamar de “Money Trees” y la canción de “C.R.E.A.M.”. En ella, los artistas británicos nos hablan de la necesidad de conseguir dinero para seguir sobreviviendo como pueden. De hecho, Loyle nos cuenta que tras la muerte de su padre tuvo que dejar los estudios y convertirse en el principal sustento de su familia.

Loyle Carner ha conseguido que seamos partícipes de sus penas y su arrepentimiento digno de un personaje de Frank Miller. Carner es la rosa que florece en campo yermo ajena a todas las malas hierbas que acechan a su alrededor.

Después de más de media hora respirando el aroma de los grandes álbumes con los que me crié de niño, llegamos a “Mrs C”, en el que Loyle Carner lleva su lírica un punto más allá de lo que había mostrado hasta ahora y transmite una naturalidad increíble mientras habla de cosas tan cotidianas como comerse un bagel. Arropado por el aura jazzística de los bombos de fondo, el artista británico nos describe las acciones cotidianas de la madre, enferma de cáncer, de una amiga. Una canción que recuerda a la reciente “Foldin Clothes” del último disco de J. Cole y que, sin duda, aguanta la comparación. Pero lo mejor del disco estaba por llegar, ya que Loyle Carner nos ha guardado el mejor track para cerrar. Alejado de los clichés de los demás artistas de rap de la actualidad, el artista británico guarda para el final una cálida canción en la que habla de lo importante que es su familia en él, y para demostrarlo cede el último tramo del álbum a su madre para que recite un poema hablando de él. Además, el sample utilizado para hacer esta preciosa obra familiar es una línea de piano interpretada por su padre antes de fallecer. Es una de esas canciones que transmiten paz y esa sensación de grandeza que sólo consiguen las canciones de góspel. Después de la genial “Sun of Jean” nos topamos con la última pieza real del disco, la cual es una especie de mezcla de country y pop británico en la que Loyle Carner habla de ser un poco más feliz, como si quisiera ver la luz al final del túnel que ha supuesto “Yesterday’s Gone”. Particularmente, se me hace un poco extraño terminar de esta manera un álbum tan soberbio y melancólico como éste pero entiendo que quiere darle ese toque de despreocupación y alegría para terminar con un buen sabor de boca.

Pero a estas alturas ya da igual, Loyle Carner ha conseguido que seamos partícipes de sus penas y su arrepentimiento digno de un personaje de Frank Miller. Loyle Carner es la rosa que florece en campo yermo ajena a todas las malas hierbas que acechan a su alrededor. Es ese chico con cascos y una mochila llena de libros que vuelve de trabajar hacia casa con las manos en los bolsillos y tarareando el “The World Is Yours”.

Loyle Carner – Yesterday’s Gone

7.9

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“Yesterday’s Gone” es el primer álbum de Loyle Carner, un joven londinense que se vio obligado a trabajar para sacar su familia adelante tras la muerte de su padre. Con un sonido instrumental clásico que recuerda al mejor J. Dilla, unas líricas complejas y profundas como las de Common y una suave voz rota parecida a la de Nas, este artista se ha convertido en una de las promesas del rap británico.

Up

  • Ha conseguido traer de vuelta el sonido clásico de Detroit y Nueva York sin que suene forzado.
  • Tener la personalidad necesaria para ser británico y sonar tan alejado del grime.
  • Una lírica muy depurada, más cercana a la poesía que al rap.

Down

  • La última canción del álbum.
  • La innecesaria competición clásica de los noventa metida con calzador.
  • Los skits del disco te sacan completamente de la atmósfera de “Yesterday’s Gone”.

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