Fotografía: Angel Raw (Rock Sin Subtítulos)

El fan de Love of Lesbian es, sin duda, de un tipo peculiar. Al menos esa fue mi conclusión tan sólo cinco minutos después de entrar a la sala The Grand el pasado viernes, abarrotada ésta de un público muy y mucho ___________ (introduzca una región española) que esperaba, cerveza en mano, la llegada de los lesbianos, traídos desde la península en los navíos de la iniciativa cultural Rock sin Subtítulos para dar a los asistentes la oportunidad de sentirse, por unas horas, como en casa. Barbas, camisas de estampados pintorescos y gafas de pasta abundaban por doquier entre una multitud de fans acérrimos del conjunto, todos con apariencia de veteranos que repetían su experiencia. Me sentí un extraño, un visitante aceptado en el seno de una reunión de parientes cercanos que se volvían a juntar para comentar viejas anécdotas. Desde ese momento, no fui más que un observador de un espectáculo que incluía al grupo, pero también a su público, partícipes todos de una sinergia musical extrañamente íntima.

El ambiente, caldeado al son de himnos indies y demás parafernalia, empieza a vibrar cuando una intensa luz blanca ilumina la sala.  De repente, el escenario se llena de un azul profundo acompañado de golpes de sintetizador. Las figuras de la banda empiezan a aparecer, moviéndose en la bruma y recibidas por un aplauso que se convierte en aclamo cuando la menuda silueta nerviosa de Santi Balmes se sitúa en el centro del escenario. La tensión se rompe por fin y, una vez descubiertos sus rostros, el grupo empieza a tocar una versión metalizada de “Cuando no me ves” que abre efectivamente el apetito lesbiano de un público capturado desde el primer instante. Quitándose de en medio los temas de cortesía de su nuevo álbum, “Océanos de sed” es la elegida para continuar sin pena ni gloria el repertorio, que empieza a remontar con “Nadie por las calles” para llegar a “Los seres únicos”, tema que, como no podía ser de otra manera, Santi dedica con fervor al ídolo Bowie aprovechando su visita a la capital británica.

La primera bomba la suelta el grupo con “Allí donde solíamos gritar”, uno de sus temas estandarte que levanta en gritos a una sala en vilo. Balmes introduce los temas, pero sabe que no es necesario, salvo quizás cuando se trata de canciones nuevas como “Contraespionaje”, que adquiere renovados ángulos bajo la luz de las palabras preliminares del frontman. Tras ésta, los asistentes se ven sorprendidos por un desafortunado inconveniente: el repertorio previamente publicado en Instagram por la banda ha tenido que ser recortado por cuestiones de tiempo. Es por esta razón que nos tendremos que quedar sin temazos como “La noche eterna” para saltar directamente a una versión acústica de “Segundo asalto” que introduce el ambiente para otro clásico indispensable, un viaje en el tiempo a “1999” que se mete a todos en el bolsillo.

Fotografía: Angel Raw (Rock Sin Subtítulos)

“Belice” pone el punto final a la parte introspectiva del concierto para meter caña con el informe médico de “Incapacidad moral transitoria”, tema que disimula su condición de recién llegado con un exultante Santi que se mete en el público ante el horror de unos técnicos que se apresuran a controlar la situación de ciertos cables en riesgo de extinción. Aprovechando el tirón, el grupo se atreve con otra de las canciones con más rabia de su último trabajo: “El yin y el yen”, poniendo así punto y seguido a sus temas de presentación para comenzar la tralla final con “Me amo”, “Algunas plantas” (con explosión de serpentina incluida) y la esperada “Club de fans de John Boy”.

El grupo se despide y las luces se apagan. Todos somos cómplices del típico teatro del ‘me voy pero ahora vengo’, algo típico pero efectivo, ya que te hace cuestionarte si realmente van a volver. De hecho, la duda no se disipa hasta que suenan los primeros acordes de “Bajo el volcán”, cuya elección como bis la consolida como tema mítico pese a su corta edad. Los clásicos se suceden y Balmes nos insta a crear unos calurosos “Incendios de nieve” para continuar con un apoteósico final de silbidos coreados. Tras un “Manifiesto delirista” que alarga más que aporta, “Los toros en la Wii” llega como toque festivalero para terminar poniéndonos a cantar: “Fantaaaasticoooo”. Tras otra ilusión de final los lesbianos vuelven ante los aplausos para despedirse con “Oniria e insomnia”, punto final de una velada de incendios de nieve y calor.

Love of Lesbian no serán una banda de principios, pero sí que lo es de finales. Para un asistente lleno de prejuicios como yo, este concierto fue una ducha de agua fresca, una demostración de magos equilibristas que me recordaron por qué algún día me emocioné con esos poemas que tan lejos quedan de un poeta Halley a medio gas, porque qué le vamos a hacer si yo siempre he sido más de John Boy. Lo de la sala The Grand en Clapham fue una demostración de noches eternas y un recordatorio de los días no vividos; en definitiva, una magnífica defensa del legado de una banda de nombre inglés, corazón catalán y poesía española. Sólo los raros fuimos al concierto.

Fotografía: Angel Raw (Rock Sin Subtítulos)
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