No pretendo descubrir América al señalar como uno de los grandes dilemas en la carrera de una banda la elección entre consolidar un sonido o evolucionar a partir del mismo. A veces no queda más remedio que saltar al vacío y probar con otra cosa, especialmente cuando la fórmula que veníamos utilizando empieza a sonar desgastada o cuando un salto al vacío previo había conseguido que nos estrelláramos definitivamente contra el suelo. Pero, lo realmente digno de elogio, cuando uno demuestra tablas, es cuando trata de evolucionar a pesar de que las cosas le están yendo bien. Romper esa regla que a nivel artístico y comercial dice ‘si algo funciona, no se toca’, salir de la zona de confort en un momento mediáticamente dulce merece todo mi reconocimiento. Precisamente eso es lo que han hecho los Cloud Nothings con esta cuarta entrega discográfica.

“Life Without Sound”: ¿El cambio sensato?

No tenemos en este cuarto álbum de estudio tanto new age como nos prometían, el grupo ha conservado su esencia y es difícil obviar que estamos ante otro disco de la banda de Baldi.

Como decía, la banda de Ohio atravesaba un momento de consolidación en la escena independiente guitarrera cuando acometió la composición de este disco. Al compilatorio titulado “Turning On” y el discreto debut de estudio homónimo le siguieron “Attack on Memory” (2012) y “Here and Nowhere Else” (2014) que no sólo confirmaron sino que elevaron varios metros el enorme potencial de la banda al combinar con acierto y buen gusto la furia punkarra y el dulzor popero del indie rock y post-hardcore americano de hace ya más de dos décadas. Llegados a este punto, con un Dylan Baldi que aborda desde una perspectiva cada vez más personal su labor de líder y compositor del conjunto, parecen querernos decir que van a romper con todo aquello y nos aseguran que se traen entre manos su disco ‘más new-age’. Pero, ¿es realmente “Life Without Sound” algo tan radicalmente distinto a lo que Cloud Nothings venían ofreciendo hasta ahora? Antes he dicho que aplaudía la valentía del cambio de rumbo, pero eso no significa que apoye la decisión con todas sus consecuencias. Por suerte, y esto me parece importante, no tenemos en este cuarto álbum de estudio tanto new age como nos prometían, el grupo ha conservado su esencia y es difícil obviar que estamos ante otro disco de la banda de Baldi. Desde este punto de vista ‘evolutivo’, la banda ha sabido manejar los tiempos para no cerrarse en el inmovilismo ni tirar por tierra todo lo construido hasta ahora. Con mayor reposo, menos redobles y guitarrazos más apagados seguimos encontrando aquí a un Dylan Baldi que utilizará los casi cuarenta minutos de duración del LP para acallar sus demonios internos y expresar sus propias frustaciones vitales de una forma, eso sí, más asertiva y personal que nunca. ¿Es esto suficiente para quitarse el sombrero y echar flores a Cloud Nothings? Creo que por encima del concepto y la personalidad musical del grupo deben primar las canciones, así que vamos a ver qué tal funcionan.

Fotografía: Jesse Lirola

Desde este punto de vista ‘evolutivo’, la banda ha sabido manejar los tiempos para no cerrarse en el inmovilismo ni tirar por tierra todo lo construido hasta ahora.

Iniciamos el camino al ralentí, algo nada habitual en estos chicos, con “Up to the Surface”. El tema arranca con un teclado suave que puede hacer torcer al gesto a los seguidores más aficionados al pogo. A medida que se consumen los minutos el sonido irá adquiriendo un vigor y  una densidad que la banda aprovechará para transmitirnos la magnitud del sentimiento de soledad al que las letras hacen referencia. “Things Are Right With You” posee un cariz menos pesimista, algo relativamente infrecuente en la música del cuarteto. Una vez más un Baldi que en este disco juega mejor que nunca con todos los matices emocionales que su voz puede ofrecer nos hablará de su propia vulnerabilidad. Esta vez, no obstante, la introspección parece que le ha llevado a conocerse mejor, crecer como persona y dejar atrás errores que quizá hoy sigan doliendo. A pesar de presentar unos sentimientos a flor de piel, el resultado es más luminoso musicalmente y el resultado mucho más redondo.

Became aware of everything
Woke to a new surrounding
Saw what I’d done and who I’d be
I was uncomfortable with me”

Internal World” progresa por esa vía introspectiva en la que Baldi analiza su vida interior, ‘la que vale pena vivir’. Seguimos teniendo guitarrazos que ahora no se muestran tan afilados y una batería que redobla con menos violencia que hace unos años. El resultado es un power-pop no tan agresivo como cabría esperar que les acerca al sonido de Weezer o los Green Day de finales de los años noventa. En cualquier caso, pocos peros podemos ponerle a un tema así. “Darkened Rings” nos trae un punto intermedio entre los Cloud Nothings de 2012 y los actuales, más descafeinados. Ahora sí, aunque falte el puntito de violencia de antaño, tenemos a Baldi cantando de manera más cruda frente al micro, una velocidad mayor y unas guitarras que se atreven a enseñar los dientes. En el apartado lírico, el vocalista se muestra atormentado e insomne, quizá dejar atrás los errores del pasado no sea tan fácil después de todo…

Después de dos discos de casi sobresaliente han decidido evolucionar y adquirir algo de madurez sin llegar a aburrir ni caer en el rock de estadio. En “Life Without Sound” acentuarán el componente pop y emotivo de sus canciones limando, en gran parte, la fiereza de su personalidad artística.

Continuamos con la dupla de canciones en las que, para un servidor, los de Ohio sacan el máximo partido al cambio sonoro experimentado logrando que no echemos de menos su versión más poguera. La primera joyita es “Enter Enterily” que reconoce, como parecía sugerir su antecesora, que el pasado puede dejar un poso indeleble: “Moving on but I still feel it / You’re just a light in me now”. “Modern Act” fue la primera canción que pudimos escuchar de estos Cloud Nothings depurados. Quizá, la pieza más brillante de la colección en la que Baldi se postula como un gran hacedor de himnos pop instantáneos. Es, además, el momento en el que el compositor habla de manera más directa reclamando una vida, amor y reconciliarse consigo mismo. Que sí, que tanta emoción post-adolescente puede resultar redundante, pero los mamones lo suelen hacer muy bien.

A partir de entonces el disco no volverá a alcanzar cotas tan altas de calidad. “Sight Unseen” es probablemente la canción más floja del LP. La voz suavecita de Baldi nos convencía mucho más en la pista anterior y mensajes como “Finally gone but I’ll remember all that I have seen” no sostienen por sí solos el mensaje de la canción, que ya empacha. “Strange Year” quiere ser desgarradora, pero para ello necesita algo más que un medio tiempo y unas cuerdas vocales trabajando a pleno rendimiento. “Realize My Fate” posee una estructura algo repetitiva, pero, a medida que avanza, la intensidad va ganando enteros para despedirnos de “Life Without Sound” con los Cloud Nothings más herederos del noise rock.

Cloud Nothings venían de hacer dos discos de casi sobresaliente, después de algo como eso han decidido evolucionar y adquirir algo de madurez sin llegar a aburrir ni caer en el rock de estadio. En “Life Without Sound” acentuarán el componente pop y emotivo de sus canciones limando, en gran parte, la fiereza de su personalidad artística. El paso era algo arriesgado y salen vencedores de su apuesta, varias canciones dan muestra de ello. A pesar de todo ello, al final son esas mismas canciones las que responden por la banda y en este disco la colección resulta menos consistente que en esfuerzos anteriores.

Cloud Nothings – Life Without Sound

7.1

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Atiende, los Cloud Nothings quieren que cantes sus letras, grites de rabia y llores con ellos pero sin meterte en un pogo. En su cuarto disco de estudio los de Dylan Baldi se dejan algo de ferocidad por el camino consiguiendo un sonido coherente con la personalidad de la banda que deja unas cuantas canciones para el recuerdo y algunos momentos no tan inspirados.

Up

  • La valentía de apostar por algo diferente.
  • La interpretación vocal de un Baldi que quiere hacerse entender desde sus letras.
  • La fórmula funciona realmente bien en un buen puñado de canciones.

Down

  • En otros momentos, pocos, suenan demasiado descafeinados y redundantemente emotivos.