Había gran expectación por el debut en largo de Communions desde que, a mediados de 2015, esta banda danesa lograra cierta relevancia internacional con motivo del lanzamiento de su segundo EP de título homónimo. Jugando con el post-punk revival, entregaron una obra que mostraba el buen hacer musical de la banda desde la primera canción, “Forget It’s a Dream”. Un corte excelente que utilizaba elementos hasta entonces no introducidos por el grupo, como sintetizadores y pedal wah-wah. Se apreciaba gran disposición por el uso de nuevos recursos expresivos, iban refinando su estilo, depurando su sonido y reafirmando su gran capacidad de creación melódica, habilidad que ya exhibían en “Cobblestones”, el EP con el que debutaban a principios de 2014. Garage y punk de estética lo-fi que no tardaron en desechar cuando, a finales de aquel año, lanzaron el single “So Long Sun / Love Stands Still”, el cual evidenciaba un interés por ampliar su lenguaje musical y expresivo.

“Blue”: baluarte de la excelencia melódica

Una colección de canciones guitarreras, emocionantes y alegres, de fuerte impronta familiar y, en ocasiones, nostálgica.

Ahora, Communions parecen haber encontrado su  estilo, y en Blue, Martin Rehof (voz y guitarra) y su hermano, Mads Rehof (bajo), Jacob van Deurs Formann (guitarra) y Frederik Lind Köppen (batería) nos entregan una colección de canciones guitarreras, emocionantes y alegres, de fuerte impronta familiar y, en ocasiones, nostálgica. Creaciones convencionales que parece que hemos estado escuchando toda la vida, pero que suenan frescas y atrayentes. Rock influenciado por bandas como The Smiths, The Stone Roses y, fundamentalmente, Oasis. Pero que nadie piense que estamos ante unos nuevos DMA’s. En absoluto. Vale, las canciones que nos han adelantado tienen un deje vocal característico que los hace fácilmente asociables a los pendencieros de “(What’s The Story) Morning Glory?” pero, en su conjunto, hay que decir que mientras los australianos presentaban un marcado estilo gallagheriano, los de Copenhague han sido capaces de asimilar sus influencias convenientemente, haciendo propios aquellos sonidos, y pergeñando un estilo que los diferencia del resto de bandas con querencia por los himnos britpoperos.

La voz andrógina de Martin Rehof y su extraordinario sentido de la melodía pop, en conjunción con las guitarras, hacen que “Blue” resulte tremendamente pegadizo y estimulante.

Pero si hay algo que llama particularmente la atención es la voz andrógina de Martin Rehof, así como su extraordinario sentido de la melodía pop. Elementos que, en conjunción con las guitarras, hacen que “Blue” resulte tremendamente pegadizo y estimulante. Y así lo apreciamos desde su primera canción, Come On, I’m Waiting. Contundencia e inspiración se dan la mano para traernos una de las mejores canciones del LP. Si las estrofas son buenas, una vez estamos familiarizados con la canción, no podemos esperar a que llegue el estribillo. Un derroche de energía y vitalidad que se constituye en un himno despreocupado y festivo que no te podrás sacar de la cabeza. Y de la misma forma podemos hablar del resto del álbum, ya que estos muchachos, de apenas veinte años, parecen haber encontrado la alquímica fórmula que convierte las canciones en éxitos. Con un inicio que nos recuerda a los primeros Strokes, nos topamos con Today”. Un trallazo power pop que, irónicamente, sin perder de vista el título del corte, suena nostálgico y melancólico en el estribillo. Una parte donde se dan cita la melodía vocal y la guitarra solista para hacer magia.

Passed You By se presenta a ritmo de funky. Un tema en el que aparece por primera vez un discreto sintetizador que da cuerpo al conjunto instrumental. Rítmica en las estrofas, derrochará saber hacer melódico en los emotivos estribillos de la misma manera que en She’s A Myth. Gran tema, aunque la ingenuidad lírica es apabullante. Casi parece más propio de una boy band prefabricada con un patético interés por introducirse a toda costa en el mercado adolescente femenino. No obstante, miremos las cosas con perspectiva. Estos jóvenes, alguno aún en la adolescencia, cantan sobre sus preocupaciones y temores, sobre el amor, la confusión, la ansiedad y la libertad juvenil. En lo musical son extraordinariamente solventes. ¿Qué más les podemos pedir? Los Beatles cantaban en 1964 “I Want To Hold Your Hand” y nadie ha puesto el grito en el cielo todavía. Demos tiempo al tiempo. No le pidamos a la naturaleza más de lo lógico. Cada uno lleva su propio ritmo. Y no, no estoy justificando el aspecto que podríamos considerar más ‘mediocre’ del grupo, sino relativizándolo.

Una música con la que sentir alegría, emoción y nostalgia; riffs que tararear e himnos que cantar. Música para disfrutar, en definitiva. Si hay algo que les podamos pedir, es que el próximo álbum sea tan bueno como este.

Con una base instrumental bailable y un riff de guitarra tremendamente pegadizo, se inicia Midnight Child. Un canto al amor adolescente de estrofas sobrias y un puente que nos traslada directamente a la década de los ochenta para invitarnos a bailar con su exuberante y vivaz sección rítmica de influencia funky. Será en Got To Be Free donde aparecerá la impronta más gallagheriana de la banda, y es que el deje vocal de Martin Rehof en el estribillo, así como el tratamiento de las guitarras, nos remite directamente a la formación mancuniana. Don’t Hold Anything Back, por su parte, integra un teclado muy bien traído del que lamentamos que no le hayan sacado mayor partido (se pierde a mitad de la composición). No obstante, estamos ante una gran canción. Pegadiza, con juegos de dinámica, de carácter jubiloso y nuevas sonoridades en el puente con la inclusión de unos bongos furtivos. Y cuando pensábamos que tras siete cortes conocíamos a la banda, nos sorprenden en Take It Allcon la integración de coros, con el falsete de Rehof, guitarras sincopadas y una contundente batería en los estribillos.

Entramos en la recta final del compacto y empezamos a pensar en la infalibilidad de los estribillos de Communions, pero es en It’s Like Airdonde llega el primer, y único, tropiezo a este respecto. Un traspié que, sin embargo, compensan con la rotundidad de su introducción y con el solo de guitarra que, apoyado por un discreto sintetizador, levantan rápidamente la canción. Amén de las geniales estrofas. Retazos jangle asoman en Eternity. Los estribillos comienzan a reanudar el vuelo, el solo de guitarra deslumbra por la sencillez y el impulso que toma en su segunda parte, mientras la batería se luce con eventuales juegos rítmicos que aportan agilidad a una composición ya de por sí eficaz. Para cerrar, un medio tiempo se desarrollará en Alarm Clocks, la cual presenta una lánguida melodía que atravesará la composición de principio a fin. Guitarras excepcionales y un uso del sintetizador que da empaque al tema harán de este un gran final para el registro.

Communions han ido depurando su estilo hasta obtener un sonido elegante que han plasmado en “Blue”. Un álbum en el que cada canción funciona perfectamente como single, y es que la capacidad de Martin Rehof como compositor es soberbia. Los juegos de guitarra, el uso del sintetizador y su extraordinaria capacidad para las melodías vocales y guitarrísticas hacen de este compacto un magnífico y adictivo debut. Es cierto que las canciones son rematadamente convencionalistas pero, ¿qué importa? Tenemos once cortes con los que disfrutar de un grupo que nos promete grandes momentos. Una música con la que sentir alegría, emoción y nostalgia; riffs que tararear e himnos que cantar. Música para disfrutar, en definitiva. Si hay algo que les podamos pedir, es que el próximo álbum sea tan bueno como este.

Communions – Blue

7.8

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Tras varios singles y EPs publicados desde 2014, se esperaba mucho de Communions, y la banda danesa no decepciona. “Blue” presenta canciones convencionales que nos resultan familiares, pero que gozan de unas melodías y unas guitarras que hacen de este un debut muy apetitoso que recupera lo mejor de los himnos del britpop.

Up

  • 11 singles recogidos en lo que se asemeja más a un ‘Grandes Éxitos’ que a un álbum de estudio.
  • Las extraordinarias melodías vocales y guitarrísticas que se extienden a lo largo de todo el elepé.
  • Grandes riffs de guitarra aptos para tararear.
  • Han sabido asimilar perfectamente sus influencias para crear su propia personalidad.

Down

  • Que no hayan experimentado más con los ritmos funky y los sintetizadores, que les sientan como un guante.

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