Creo que no hay forma mejor de referirse al concierto de Corizonas en La Riviera que las propias palabras de Javier Vielba, en las que apelaba al romanticismo. Un romanticismo que, según el vallisoletano, no es algo zafio como la celebración de San Valentín, sino un verdadero amor por el arte, por la música, por acudir a solas a vibrar con los grupos que te molan, por la música callejera, por esa tienda de discos escondida en un callejón a la que acudir en busca de una joya olvidada… Y es que no hay palabra mejor para describir a Corizonas que romanticismo; por esa sensación que trasmiten de amor por lo que hacen, por estar curtidos en mil batallas y porque son músicos con mayúsculas que no conciben otro modo de vida.

Cuando Los Coronas entran en escena, uno sabe que va a encontrar profesionalidad. Son perros viejos del rock, desbordan experiencia y no fallan una sola nota. Si a eso se le suma la frescura y espontaneidad de Vielba y los suyos, se consigue el mejor supergrupo que haya dado la escena musical española. Todo en ellos resulta auténtico: desde sus atuendos hasta el más minúsculo detalle de la trompeta.

Arrancó la noche con una entrada triunfal bajo la sintonía de “El Hombre y La Tierra” y una demostración de carácter con el theremín. De pronto, de la pantalla que se escondía tras ellos emanó Charlot, y los primeros riffs de “La Cuerda Que Nos Dan” ya eran coreados. Comenzaba así una hora y media larga de fiesta, de buen rock ‘n’ roll y de emociones variopintas. No tardaron en llegar “Las Paredes Bailan” o mi canción favorita de su último álbum, “Luces Azules”, que empezó con Vielba guitarra acústica en mano para romper con ese estribillo que particularmente me pone los pelos de punta.

A pesar de la ausencia de su versión del “Wish You Were Here” de Pink Floyd, recurrente en sus directos, hicieron moverse a toda la sala con su cover de “Supernaut” de Black Sabbath. No fue la única de la noche, pues también brillaron “Malditos Refranes” de Gabinete Caligari y, sobre todo, una de las más coreadas de la noche: “Piangi Con Me”, una joya de The Rokes, desconocido grupo italo-británico de los 60.

No puedo dejar de mencionar las imágenes que acompañaron cada canción, y que convirtieron un buen show en un espectáculo redondo, intercalando a Chaplin con jóvenes hippies en blanco y negro, colores psicodélicos y lo que más me impactó: fragmentos de la obra maestra de Luis Buñuel, Un Perro Andaluz (1929), con esas hormigas saliendo del agujero de una mano. Todo ello mientras sonaban “Run To The River”, “Místicos en Éxtasis”, o “Hey Hey Hey (The News Today)” para terminar en todo lo alto con “Todo Va Bien” y “Nueva Dimensión Vital”.

Corizonas dieron el jueves el que quizá haya sido uno de los conciertos más importantes de su carrera: uno que después de tantos años volcados en la música ha hecho justicia a la calidad de su rock y les ha confirmado por fin en una gran sala como lo es La Riviera ante un público incondicional que cada vez es más amplio.

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