Si para ti frustración significa esperar al drop de una canción y que no llegue o dejarse llevar por una melodía para ver que no te conduce a ningún lado, voy a pedirte que hagas un esfuerzo y cambies tu perspectiva a la hora de adentrarte en el Migration de Bonobo. Si no estás dispuesto a escuchar una concepción musical distinta a la habitual donde se desdibuja la estructura de una canción al uso en aras de crear composiciones bellas que se van construyendo compás a compás y capa a capa, este álbum no es para ti.

En “Migration” lo importante es el trayecto y no el destino

La producción de Simon Green, británico que se esconde detrás del nombre de Bonobo, se caracteriza por temas progresivos en los que se pone de manifiesto que lo importante es el viaje y no el destino. Desde que en el año 2000 publicara aquel “Animal Magic” ha dejado claro que lo suyo es explorar ritmos, transmutar bases club en melodías downtempo y mantener en vilo al oyente a la espera de lo que vendrá en el siguiente compás. En 2010, con “Black Sands”, demostró que era capaz de jugar tanto con lo analógico como con lo digital para encontrar la belleza en el punto intermedio. Seguidamente, en 2013 publicó “The North Borders” y se permitió jugar con ruiditos, atmósferas e incluso el verso-puente-estribillo. En estos dos álbumes encontrábamos la necesidad de explotar la belleza de la música electrónica a través de melodías que examinaban la dualidad entre lo analógico y lo digital, y esto no ha hecho más que acrecentarse en “Migration”.

Fotografía: https://www.festivalsherpa.com/

La novedad de “Migration” respecto a los anteriores trabajos de Bonobo es la necesidad de evadirse, de transitar nuevos territorios.

¿Qué tiene este nuevo álbum en comparación al resto? La necesidad de evadirse, de transitar nuevos territorios. La propia Migration lo deja claro, tanto con el título como con su melodía, la cual nos muestra el patrón que seguirá el productor británico a lo largo del compacto. Abre con un piano que se va construyendo ante nosotros para acabar siendo rodeado por sintetizadores, brillos y una percusión final que nos eleva y transporta hacia Break Apart, en la que canta Rhye y donde la sensualidad y lo etéreo de su andrógina voz se potencian con una base adherida a la estética del corte anterior añadiendo cierta ligereza y brillantez. El primer giro brusco en nuestro viaje se da con Outlier. Ocho minutos de una percusión más o menos club alrededor de la cual aparecen sintetizadores que se desdibujan a golpe de cutoff junto a algunos detalles brillantes aquí y allá. Sin embargo, no termina de convencer y acaba por resultar excesivamente largo, te deja exhausto y es la primera demostración de algo que se hará patente más adelante: se va demasiado por las ramas. Tal vez sea la prueba inicial de Bonobo con el fin de comprobar si estás realmente preparado para este álbum, invitándote a abandonar su escucha si no lo estás comprendiendo de la manera adecuada.

Reajustamos el chip y llega Grains”, que intenta recobrar nuestra atención a golpe de voces sampleadas que emiten sílabas ininteligibles y algún que otro quejido para llevarnos al momento cumbre del trabajo: Second Sun”, el tema más bello del álbum y, probablemente, de la discografía del músico inglés. Mirando de reojo al Moby más romántico, Bonobo hace gala de un punteo suave de eléctrica rodeado de violines, dejes de arpa y una progresión tan bien medida que sólo puedes aplaudir mientras derramas alguna lágrima y te alegras de haber continuado la escucha del LP. En Surface” aparece la colaboración con Nicole Miglis (vocalista de Hundred Waters) y llegamos al ecuador de “Migration” manteniendo el toque sexy y etéreo de “Break Apart” en una estructura sin tanta abstracción, con una producción con más punch que me hace pensar en un potencial single.

Las melodías no se enganchan a ti, sino que te acompañan a lo largo de un recorrido que dura más de una hora y conversan contigo.

Como decía al principio, en “Migration” Bonobo quiere explorar esa necesidad de constante movimiento, representada melódicamente en una confluencia de diferentes aspectos: el ritmo club, el preciosismo, la electrónica sutil, las progresiones suaves… Bambro Koyo Ganda, aunque parezca una nueva cara del álbum al incorporar ese vocal tribal, funciona como perfecto resumen de lo que llevamos escuchado hasta ahora: hay violines, hay una buena ruptura en ritmos de club y, en definitiva, hay belleza, que es lo que busca el artista en cada una de las composiciones. Keralamira al Bonobo más auténtico con esa melodía rota protagonizada por un arpa llena de luz acompañada por un ritmo trip-hop que lo catapulta para ser un tema perfecto; crece con las escuchas, hay diferentes ambientes, la producción está muy bien cuidada y las voces de la segunda mitad son exquisitas. 

Sin embargo, Bonobo nos da una de cal y otra de arena. Si “Kerala” miraba al “The North Borders”, esta Ontario echa el ojo hacia la parte más oscura del Black Sands”, pero sin adquirir la magia de aquel. Tal vez destacaría los metales del final, pero tampoco terminan de lucirse. En No Reason vuelve a demostrar lo bien que le sientan las colaboraciones a algunas creaciones de Bonobo. En esta ocasión sabe exprimir a la perfección la nueva etapa musical en la que se encuentra Nick Murphy (a.k.a. Chet Faker). El problema, como en “Outlier”, radica en su excesivo metraje, algo que no hace justicia a un tema en el que todos sus elementos funcionan pero pierden potencia al estar tan disociados.

“Migration” quiere convertirse en un remanso de paz y, desde luego, lo consigue.

La recta definitiva comienza en 7th Sevenscon un sintetizador aireado que me resulta simplemente maravilloso. Tarda en llegar, pero luego se acaba conformando un corte que bien podría ser de un Calvin Harris bañado en ansiolíticos. Quiero decir, tiene algo de melodía EDM pero con el tempo tranquilo que ha venido desarrollándose en todo el disco y resulta francamente pegadizo. Finalmente, Figurescierra sorprendiendo al oyente con una estética algo PBR&B gracias a la batería analógica y el juego vocal. Mención especial merece el final protagonizado por la sección de cuerdas, una manera especial de acabar el viaje que hemos tomado hace más de una hora.

Lo que saco en claro de “Migration” es que sus melodías no se enganchan a ti, sino que te acompañan a lo largo de un recorrido y conversan contigo. Si observas el álbum como un compañero de ritmo suave para escuchar de fondo, es ideal. No obstante, si quieres intentar descifrar el recorrido que toma, te defraudará. A lo largo de “Migration” Bonobo te pone a prueba constantemente para recordarte que es un álbum para disfrutar sin más. Ya se encargan otros de concebir canciones poliédricas que requieren ser descifradas: “Migration” quiere convertirse en un remanso de paz y, desde luego, lo consigue.

Bonobo – Migration

7.0

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Bonobo continúa en “Migration” encontrando belleza entre lo analógico y lo digital a lo largo de cortes que se construyen ante tus ojos, capa a capa. Los sintetizadores, los ritmos de trip-hop y las progresiones delicadas de cuerdas se entremezclan en un elepé que, aunque peca de ser demasiado largo, te atrapa e hipnotiza.

Up

  • Acabar comprendiendo que lo importante es el trayecto y no el destino.
  • La romántica de “Second Sun”.
  • Las colaboraciones etéreas con Rhye y Nicole Miglis.

Down

  • La colaboración con Nick Murphy resulta demasiado larga y pide un ‘edit’ a gritos.
  • “Ontario” no termina de destacar.
  • Que no resulte tan memorable como sus anteriores trabajos.

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