Recuerdo que en mis años de púber ignorante solía quejarme de que las mujeres no tenían ni la voz ni el gancho suficiente para hacer rock de calidad. Recuerdo cómo me creía que grupos mediocres como Paramore representaban el grueso del rock femenino. Recuerdo cómo me encerraba en mi mentalidad de rockero preadolescente para criticar sin argumentos a muchos buenos grupos sólo por el hecho de que los liderara una mujer. Es duro, pero era así, no vayamos a llevarnos a engaños. Por otro lado, recuerdo también cómo empecé a darme cuenta de lo equivocado que estaba. Recuerdo como descubrí a Janis Joplin, Patti Smith y Kim Gordon, y como empecé a flipar con la rebeldía femenina de Angel Olsen y Courtney Barnett… en fin, supongo que lo que quiero decir es que todos hemos dicho gilipolleces alguna vez y que al final lo que importa es que nos redimamos de la mejor manera posible. Mi modo de hacerlo es con esta confesión y, por supuesto, con esta reseña.

Fue en algún momento del año pasado cuando escuché hablar por primera vez de Cherry Glazerr. Sucedió esto cuando me encontraba inmerso en una interesantísima conversación sobre diferentes tipos de pizza con una amiga. De repente, ésta saltó de su asiento, atacada por un pensamiento repentino: “Tengo la canción perfecta para este momento”, dijo con una sonrisa de oreja a oreja. La canción era, por supuesto, “Pizza Monster”, una extravagante grabación garajera en la que la aguda voz arrastrada de Clementine Creevy cuenta la extraña historia del monstruo de pizza que vive debajo de su cama. Algo tenía esta banda que me resultaba fascinante, ya fuera su marrano sonido o el rollo inocente que envolvía a trabajos como aquel LP de 2014: “Haxel Princess”.

No han sido pocos los cambios sufridos por la banda desde que saliera su primer álbum. Tras fichar por Secretly Canadian y sufrir una metamorfosis casi completa en la que Cherry Glazerr dejaba por el camino a su batería y su bajo originales para reemplazarlos por Tabor Allen y Sasami Ashworth respectivamente, el grupo de Los Ángeles ha resurgido con una identidad renovada  que se refleja, como no podía ser de otra forma, en su nuevo LP, Apocalipstick, donde el carácter de su nueva formación de combate se filtra por  cada una de las rendijas de un trabajo que puede ser considerado como el más limpio, conciso y rockero de la banda hasta la fecha.

Fotografía: http://www.secretlycanadian.com/

“Apocalipstick”: lección avanzada de rock femenino

En “Apocalipstick” el carácter de su nueva formación de combate se filtra por cada una de las rendijas de un trabajo que puede ser considerado como el más limpio, conciso y rockero de la banda hasta la fecha.

No puede el LP más que empezar con ese poderoso grito desgañitado de Clementine en Told You I’d Be with the Guys, que pregunta con fuerza: “WHERE ARE MY LADIES?!”, estableciendo el tema de una canción que urge a las mujeres a agruparse y permanecer unidas en un mundo dominado por hombres, desembocando su deseo en una furiosa tormenta guitarrera donde confiesa que es ahora cuando se ha dado cuenta de lo equivocada que estaba poniéndose en el lado de los hombres. “Apocalipstick” está, sin duda, coloreado por un fuerte tono reivindicativo, pero las reclamaciones de Cherry Glazerr van mucho más allá de cuestiones de género y eso queda claro con Trash People, una hilarante e inteligente canción en la que Clementine describe su desordenada vida, exhibiendo su orgullo por llevar la misma ropa interior tres días seguidos sin un ápice de mala conciencia. Es éste un himno a la personalidad y a la necesidad de vivir la vida como un artista, precisamente porque “Art is love and love is sloppy. Son indudablemente frases como esta las que hacen de este trabajo algo tan efectivamente sincero. “¡Si todos se vistieran como ovejas, no habría color!”.

“Apocalipstick” es, ante todo, un disco de rock, una prueba irrefutable de que aún llevamos un rockero dentro que sigue disfrutando con el guitarreo y los “oh ooh’s” de toda la vida, todo renovado por la voz femenina de Clementine.

Contribuyendo a abrir la variedad de “Apocalipstick” llega Moon Dust”, probablemente el tema más opaco del álbum, hablando de experiencias psicotrópicas sobre un poderoso riff intercalado por momentos más sintetizados que transmite una experiencia violenta y reflexiva al mismo tiempo. “Psychoactive on a mystical wave, canta Clem sobre un motivo de sintetizador ochentero antes de abrirse a las aguas peligrosas de Humble Pro, corte culinario y punkarra (así, tal cual) que rebaja el efecto de las drogas para hacernos llegar sobrios a Nuclear Bomb”, sin duda el momento más mono de todo el tracklist, aunque no es esto necesariamente malo teniendo en cuenta que el olor a Coldplay que desprende queda bien camuflado por el carácter personal e intransferible que Clementine ha demostrado tener más que de sobra a estas alturas.

La californiana sigue ahondando en su condición de rarita en los márgenes del sistema con Only Kid on the Block, un tema cuya fuerza se pierde en una producción unidimensional que arranca con toda la rugosidad de unos riffs de guitarra que intentan golpear, pero pierden el equilibrio en el intento. Lo mismo pasa con Lucid Dreams, corte que no sólo pasa por ser dolorosamente insulso en el plano musical, sino que también deja al descubierto las grietas líricas que otrora se disimularan con la atmósfera lo-fi de la banda. Afortunadamente, tracks como Sip O’ Poisonvuelven a recuperar esa energía pura que brota de un manantial de frenéticas guitarras, drogas y “oh ooh’s” que demuestran que la decepción aquí es sólo momentánea.

No es éste un álbum que experimente, ni que sorprenda, ni que perfeccione, ni que nos llegue al alma. Sus letras son directas, sus riffs tradicionales y sus temas cliché.

Esta retomada fuerza del tracklist, sin embargo, no recae sólo en un mayor ritmo, sino también en temas más pacientes y dulces como Nurse Ratched, corte cuyo sonido reciclado de 2014 encaja a medias con el envoltorio general de “Apocalipstick”, pero que funciona bien como punto y seguido para empezar con mayúscula Instagratification. Con una rabia que bien podría considerarse una versión descafeinada de los primeros Queens of the Stone Age, habla Clem aquí de redes sociales, o más bien asociales, manteniendo el equilibrio sobre una cambiante plataforma de guitarras furiosas que resumen la fuerza ascendente del álbum y apuntan hacia ese desértico Apocalipstick que pone punto final al álbum del mismo nombre con una suerte de catarsis árida de las que nunca creíste que escucharías en el año 2017.

Termina así el tercer álbum de Cherry Glazerr, dejando una sensación de sequedad de zapato en la boca de un oyente dividido. Y es que estimado lector, se lo advierto desde este mismo momento: “Apocalipstick” no es, ni de lejos, lo mejor que va a escuchar este año (espero). No es éste un álbum que experimente, ni que sorprenda, ni que perfeccione, ni que nos llegue al alma. Sus letras son directas, sus riffs tradicionales y sus temas cliché y, sin embargo, da igual. Da igual porque “Apocalipstick” es, ante todo, un disco de rock, una prueba irrefutable de que aún llevamos un rockero dentro que sigue disfrutando con el guitarreo y los “oh ooh’s” de toda la vida, todo renovado por la voz femenina de Clementine, que se arremanga la camisa para demostrar que las mujeres hacen, por supuesto, rock… y que le echan más ovarios que muchos de los esperpentos masculinos que andan sueltos por ahí. Ole, pues, sus ovarios y larga vida al rock femenino.

Cherry Glazerr – Apocalipstick

7.1

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Estrenando integrantes y sonido, Cherry Glazerr se reinventan en este nuevo álbum donde el lo-fi y las voces perezosas dejan paso a un entorno mucho más rockero, frenético y profundo que abre la puerta a posibles futuros para la banda. Todos interesantes.

Up

  • Aunque demasiado limpia, la producción ha mejorado mucho, dotando la música de Cherry Glazerr de mucho más poder.
  • Las expectativas de un nuevo sonido con pocas representantes femeninas en el panorama actual.
  • El carácter de Clementine, tanto a nivel lírico como sónico. Sin duda un ingrediente indispensable.

Down

  • Altibajos a nivel sonoro y lírico que arrastran hacia abajo la calidad general del LP.
  • El contraste con anteriores trabajos, echándose de menos el sonido guarrete del que la banda procede.
  • La falta de más muestras de poder femenino como la del tema introductorio.

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