Ty Segall acaba de publicar un nuevo disco. Independientemente de lo pronto o tarde que hayas llegado a esta reseña, es más que probable que el enunciado anterior sea cierto en el momento en que estás leyendo esto. Soy de los que piensa que de lo peor que se puede hacer en esta vida es dar la tabarra, y lo cierto es que en EQB no dejamos de hacerlo cada vez que el bueno de Ty nos brinda una de sus (más o menos) semestrales producciones artísticas. Ya sea en solitario, con proyectos alternativos, o montándose una banda ad hoc, el californiano no deja de lanzar música al mercado y nosotros no podemos evitar escucharla durante horas y traerla con emoción y justificada vehemencia a esta santa casa. A estas alturas de la película ya nos conocemos todos: Ty Segall hace discos y a nosotros nos gustan. Pero, por si acaso hay algún despistado que aún no se ha parado a escuchar las canciones de Ty, o algún internauta que acaba de entrar en esta web por casualidad, toca justificar por qué Ty Segall nos ha vuelto a dejar el culo torcido.

Larga vida al eterno rey emergente del underground

Con la llegada de 2017, un Ty Segall permanentemente sometido a examen necesitaba justificar su incesante ritmo de producción, la altura de su leyenda y dejar bien claro quién manda en esto de las guitarras alborotadas. Tanta autoreivindicación sólo podía tener un título: TY SEGALL.

Precisamente al hilo de esa última frase podemos empezar advirtiendo el hecho de que, tras tropecientas mil publicaciones, el rubio haya vuelto a utilizar su nombre (ya lo hizo en 2008) para titular uno de sus discos. Su velocidad compositiva, absolutamente enajenada, puede hacer que aquellos que hayan llegado algo tarde a su propuesta se vean apabullados por la acumulación de títulos. Lo sensato y eficiente hubiera sido bajar el ritmo y publicar una especie de greatest hits pero, como eso no va con Ty, el hombre decide echar más leña al fuego, componer una decena de canciones que le definan y titular con su nombre de pila su enésimo LP. Esto me hace pensar, más allá de mi valoración subjetiva del álbum, que este “Ty Segall” no es un capítulo más dentro de la discografía del californiano (de hecho, ninguno lo es, Segall retuerce y matiza su sonido a menudo) y que el propio Ty Segall afronta su publicación como una especie de punto de inflexión. Quizá sea cosa mía, pero con este disco Ty parece querer enamorar a tus amigos rockerillos del instituto, sacar algo la cabeza del underground (movimiento que amagó en “Manipulator” (2014)) y acariciar el mainstream con la punta de los dedos. Pero como esto no es más que una apreciación personal, lo mejor será evitar la aburrida pregunta de qué es el mainstream y disfrutar del contenido de este elepé.

En cualquier caso, es un hecho que Ty Segall se ha ido ganando en esta última década los mimos y loas de la prensa especializada erigiéndose como una especie de mesías de la escena underground. Y, como nunca paramos de repetir, lo ha conseguido gracias a la consolidación de un estilo personal y ecléctico al mismo tiempo (podríamos recordar ahora su vena glam, psicodélica, folk, punk o heavy psych). A veces sus experimentos no gustan a todos: hace menos de un año un grupillo de haters pedían su cabeza tras la publicación del abrasivo “Emotional Mugger” (2016) y el musculoso proto-punk que exhibió con “GØGGS” (2016) tampoco acabó de cuajar del todo en el plano mediático. Es por eso que, con la llegada de 2017, un Ty Segall permanentemente sometido a examen necesitaba justificar su incesante ritmo de producción, la altura de su leyenda y dejar bien claro quién manda en esto de las guitarras alborotadas. Tanta autoreivindicación sólo podía tener un título: TY SEGALL.

Fotografía: http://www.musictimes.com/

A pesar de no innovar en exceso ni experimentar demasiado con sus cacharros como hiciera en otros elepés, Segall se las ingenia para mostrar en menos de cuarenta minutos varias versiones diferentes de sí mismo sin renunciar en ningún solo momento al gancho pop que aparece en todos los hitazos de su carrera.

Empezamos agarrando la guitarra por el mástil. “Break A Guitar” es un auténtico trallazo de rock distorsionado en el que Segall vuelve a exhibir esa actitud glam que tanto echábamos de menos, pero sin perder una gota de potencia. Pocas cosas más le pido a un disco de rock que riffs y solos de guitarra como los que aquí aparecen y que el propio Ty parece haber robado a algún hit inédito de los años setenta. En “Freedom” se marca una especie de punk-folk con ecos del Lennon más alucinado en el que la distorsión aparece por momentos de una manera serpenteante y retorcida. Las pistas se van consumiendo y es fácil conectar con cada una a la primera. Parece que al garage-rocker de los huevos de oro no le cuesta demasiado sonar así de disfrutable, aunque esto no quiere decir que haya puesto el piloto automático. A pesar de no innovar en exceso ni experimentar demasiado con sus cacharros como hiciera en otros elepés, Segall se las ingenia para mostrar en menos de cuarenta minutos varias versiones diferentes de sí mismo sin renunciar en ningún solo momento al gancho pop que aparece en todos los hitazos de su carrera. Da igual que –como sucede en “Warm Hands (Freedom Returned)”– coquetee con el space rock, bata su propio récord extendiéndose más allá de los 10 minutos de duración y emule a Ozzy Osbourne al micrófono: la fluidez y atractivo de sus canciones no decae un ápice y siempre consigue dejarnos con ganas de más.

Ty Segall sigue siendo el aquí y ahora de la escena independiente y cada año lo demuestra con nuevos trabajos que hacen gala de una inspiración y talento incontenibles.

En “Talkin’” tira hacia la Americana y yo me pregunto cuándo decidirá retomar la puerta que abrió con “Sleeper” (2013) y regalarnos otro disco de folk. El contraste con la pista anterior es notorio y, a pesar de todo, no cuesta ahora imaginarse a Ty vestido de vaquero y sentado en un porche junto a una escupidera. La canción, por cierto, parece responder de manera country y reposada a aquella otra titulada “Mandy Cream” que publicó el año pasado. Con “The Only One” vuelve la potencia, el fuzz y los ecos de las grandes bandas de heavy psych. Es muy difícil no dejarse querer por el californiano cuando es capaz de patearte el culo de esta manera. Llegados a este punto resulta imposible pasar por alto lo compacta que suena la banda de Ty. Al contrario de lo que ocurre en la mayoría de discos que el rubio ha firmado con su nombre en los que la separación de planos es más tangible debido a que el mismo Segall se lo guisaba y comía todo él solito, para este disco ha decidido grabar en formato en directo con toda la banda en el estudio. La presencia de Charles Moothart, Mikal Cronin, Emmett Kelly y Ben Boye (nueva incorporación a los teclados) en las sesiones de grabación dota de un mayor empaque a sus temas y la producción de Steve Albini parece haber terminado de rematar el asunto para que todo haya salido a pedir de boca.

La psicodelia tontorrona y preñada de vigor punkarra marca de la casa irrumpe con la desatada “Thank You Mr. K”. Y, como si se hubiera propuesto superarse con cada track, llega “Orange Color Queen”, quizá la mejor balada folk-pop de Ty Segall. Demostrando que su coraza punki sólo sirve para salvaguardar un corazón pop, Ty dedica esta pieza a quien acaba de convertirse en su esposa, Denee Petracek. Así es amigos, el muchacho se nos ha casado y ya tenemos una ‘Señora Segall’.

I don’t want to call you baby
I don’t want to call you lady
I just want to call you hair and grin
Feel the warmth of your skin”

No suelta la guitarra acústica para interpretar “Papers”, arreglada con mimo y poseedora de una estructura mutante. Una vez más seremos asaltados por un estribillo irresistible para el que parece que gente como los Beatles o los Kinks le han echado una mano. Más aires de cantautor folk (apoyado por una excelente banda) es lo que encontramos para echar el cierre con “Take Care (To Comb Your Hair)”, otro tema con madera de single que hace inevitable que uno se quite el sombrero.

Queda muy reiterativo concluir con aquello de ‘Ty Segall lo ha vuelto hacer’, pero el californiano se ha lucido de nuevo. Cuando algunos parecían aburridos con sus experimentos y superados por su prolificidad, el chico afina su puntería y se centra en lo que mejor sabe hacer: componer canciones que responden por sí mismas. Sin ponerse conceptual ni darse demasiados aires de importancia y bajo el escueto título de “Ty Segall”, el eterno rey emergente del underground nos enseña qué sabe hacer encadenando hits desde diferentes estilos pero dejando patente su sello personal. A pesar de no bajar casi nunca del notable, muy a menudo uno puede pensar en las cotas de calidad que podrían alcanzar los trabajos de este artista si se tomara las cosas con más calma. Discos como este, surgidos en un período de actividad frenética, vienen a tirar por tierra esta teoría. Es más que probable que a finales de año tengamos otro disco de Ty Segall, no sabemos si entonces nos sorprenderá con una nueva colección de potenciales singles o adoptará alguna extraña mutación. Lo cierto es que Ty Segall sigue siendo el aquí y ahora de la escena independiente y cada año lo demuestra con nuevos trabajos que hacen gala de una inspiración y talento incontenibles. Si sigue haciéndolo así de bien, no voy a ser yo quien pida racionamiento, sensatez y mesura a Ty Segall.

Ty Segall – Ty Segall

8.5 HOT RECORD

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No hacían falta presentaciones, pero Ty Segall insiste autotitulando su enésimo LP. En menos de cuarenta minutos tratará de conquistar al oyente afilando sus mejores recursos para presentar una variada y excitante colección de canciones.

Up

  • Ir a lo simple pero sin caer en lo simplista. Brinda canciones desde diferentes estilos sin poner el modo automático y cuidando cada composición.
  • T. Rex, Syd Barrett, Neil Young, Black Sabbath, John Lennon y el garage de la costa oeste en la batidora, pero sonando siempre a Ty Segall, nada de refritos.
  • La decisión de contar con habituales como Mikal Cronin y Charles Moothart no sólo en los directos sino desde los primeros pasos del proceso de grabación.
  • Recuperar el gancho melódico, los guitarrazos y los estribillos sugestivos.

Down

  • Que la muchachada no lo esté flipando con este tío.

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