Siempre es complicado analizar a un supergrupo. Este tipo de proyectos, entre otras cosas por su propia naturaleza colaborativa y temporal, no suelen cumplir con las expectativas que muchas veces generan. Sin embargo, pese a que los casos en los que uno de ellos hace algo verdaderamente interesante, relevante, o simplemente bueno, son excepcionales (ejem, Them Crooked Vultures), los supergrupos siguen llamando nuestra atención. Y es que siempre da curiosidad cuando se juntan músicos de diferentes bandas para crear algo nuevo. Y si esas bandas se llaman Mastodon, At The Drive-In y Queens of the Stone Age, la curiosidad se convierte en un morbo agudo.

Eso es lo que ocurrió cuando el año pasado se juntaron Troy Sanders (bajista y una de las voces de Mastodon), Troy Van Leeuwen (guitarrista en QOTSA), Tony Hajjar (batería de At The Drive-In) y Mike Zarin (compositor y multiinstrumentista) y fundaron un nuevo proyecto bajo el nombre de Gone is Gone. La materia prima no podía ser de mayor calidad, pero como a menudo ocurre, habría que esperar para ver si ese enorme potencial llegaba a cristalizar en algo más que un mero side-project de sus distintos componentes. Tras el homónimo maxi-EP publicado en julio del año pasado, las dudas quedaron despejadas. Un debut absolutamente pirotécnico que cumplía sobradamente con las altas expectativas generadas, con media hora de temas redondos y contundentes, no acotados a ningún estilo en particular sino que navegaban entre el rock progresivo, un stoner hormonado y el metal de vanguardia de la onda de Deftones.

Fotografía: http://musicfeeds.com.au/

Un paso atrás con respecto a un debut sobresaliente

Sin dar un momento para el respiro, este trabajo nos sumerge una y otra vez en atmósferas densas y oscuras. Atmósferas opresivas que no eran ni mucho menos tan evidentes en su EP debut, mucho más directo a la yugular cuando se trataba de jugar con las guitarras y el alto voltaje.

Sólo seis meses después, aterriza entre nosotros el debut oficial en (un poco más) largo de Gone is Gone. Y tras aquel fantástico EP, ahora había más razones aún para ilusionar a los fans de cualquiera de las bandas con integrantes involucrados en el proyecto, así como a cualquier amante de los sonidos pesados de vanguardia. Por ello, el resultado final nos deja un sabor algo agridulce, como cuando abres una caja de latón esperando encontrar galletas y te encuentras que guarda agujas e hilo.

Los doce temas de este LP comienzan conSentient, que tarda en arrancar pero termina convertida en la piedra rodante de Indiana Jones, cogiendo carrerilla mientras aplasta todo a su camino. Rock pesado y lento en la onda de los mencionados Deftones de los últimos discos y un deje a la experimentación de Swans se filtran entre las probables influencias de un grupo que, por los dispares orígenes musicales de sus distintos padres, resulta prácticamente imposible de catalogar. Esa ambivalencia de Gone is Gone se convierte precisamente en una de sus  principales señas de identidad, junto con la sobrada calidad técnica que atesoran todos sus miembros. Mientras el medio tempo deGift no convence, Dublin representa a la perfección el tipo de atmósferas densas y oscuras en las que nos sumerge una y otra vez este trabajo sin dar un momento para el respiro. Atmósferas opresivas que no eran ni mucho menos tan evidentes en su EP debut, mucho más directo a la yugular cuando se trataba de jugar con las guitarras y el alto voltaje. Esta otra faceta se intuye en algunos momentos de “Echolocation”, como en una Ornament en la que Sanders presume de voz. Y es que las voces corales son otro de los rasgos más destacados y mejor aprovechados de este proyecto, con el bajista de Mastodon especialmente fino cuando acapara el protagonismo.

Nos dejan una amarga sensación de que el resultado final podría haber sido de más relumbrón si hubieran recortado algunos minutos y hubieran aplicado la misma crudeza que les descubrimos en su primera referencia.

Tras unas cuantas escuchas, he llegado a la conclusión de que disfruto más de lo que hacen Gone is Gone cuando se complican menos la vida y aprietan un poco el acelerador con una dirección más o menos definida. Ese es el caso de la estupenda Pawns, mientras que cuando se pierden en estructuras intrincadas y laberínticas, como en Colourfade o la ambiental Roads, a menudo rebajan demasiado el pulso y se transforman en una bestia que pasa de parecer amenazante a provocar sopor, como unos Mastodon con los dientes mellados y las garras recortadas. Es obvio que no pretenden ser tan afilados en su sonido como ellos, lo cual es perfectamente legítimo, pero en la genial dualidad de Slow Awakening y Fast Awakening demuestra que les va mejor cuando, aun continuando con ese ensimismamiento, ganan un poco de espíritu de bola de demolición y sueltan los riffs con mayor libertad. Dos caras de la misma moneda que brillan con igual intensidad, y que prueban que estamos ante un grupo con características innatas para ser grande, y que sin embargo no ha acabado de acertar en este disco.

Para terminar, una de cal y otra de arena, como buena síntesis de lo que han dado de sí estas doce canciones.Resolve vuelve a la senda de la introspección y el color gris oscuro, ayudados esta vez por una guitarra acústica que aporta algo diferente al conjunto, mientras que en el tema que titula y cierra el disco vuelven a acertar de pleno, apelando a la épica y firmando una de las mejores canciones del redondo para terminarlo en lo alto. Gone is Gone cumplen de sobra con este LP debut, pero nos dejan una amarga sensación de que el resultado final podría haber sido de más relumbrón si hubieran recortado algunos minutos y hubieran aplicado la misma crudeza que les descubrimos en su primera referencia. Sin embargo, esperemos que esta no sea la última vez que oigamos algo de esta improbable sociedad.

Gone is Gone – Echolocation

6.5

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De una unión de miembros de Mastodon, Queens of the Stone Age y At The Drive-In era absolutamente imposible que saliese algo malo. Gone is Gone es un nuevo supergrupo, difícil de definir pero interesante de escuchar, que en su LP debut nos deja sensaciones encontradas.

Up

  • Se crea una personalidad propia, algo frankensteiniana, pero creíble y original.
  • No temen experimentar y jugar con atmósferas oscuras y pesadas.
  • El apartado vocal, sobre todo cuando Sanders lleva (literalmente) la voz cantante.

Down

  • Lo típico de supergrupos: la dificultad de llegar a ver a la banda en directo y la posibilidad de que el proyecto quede en flor de un día.
  • El bajón en las canciones con respecto al EP previo.
  • Cierto ensimismamiento y calma que hacen desconectar del álbum en algunos momentos.

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