Hemos quedado con ALA.NI en el Wittmore, un sitio del que jamás había oído hablar y cuya ubicación me resultó sumamente curiosa. En un callejón sin salida del Barri Gòtic de Barcelona se esconde este hotel de lujo en el que la británica daría su concierto esa noche. El espacio casi parece un lugar secreto y mágico dentro de las estrechas calles del barrio, y eso me hace pensar en el disco que va a presentar la británica. “You & I”, su debut, fue una de las sorpresas de mi 2016, pero parece que pasó bastante desapercibido entre la prensa musical mayoritaria. ALA.NI, como el lugar en el que nos encontramos, es una especie de secreto que desprende una magia propia muy seductora.

Pese a sentarnos para hablar sobre su primer trabajo en solitario, ALA.NI es una artista cuyas ambiciones e ideas están ya muy bien definidas, su carrera no ha empezado aquí; lleva años trabajando con artistas de la talla de Andrea Bocelli o Damon Albarn. Lo que sí es nuevo para ella es encabezar un proyecto musical propio. A la vez, la británica se ha interesado siempre por el mundo audiovisual, exponiendo cianotipos y realizando sus propios videoclips, todo de manera artesanal y casera, sin sellos detrás ni grandes presupuestos, sólo con un iPad y su imaginación.

ALA.NI busca el ‘balance’ en sus canciones, huye de bajos pesados o sonidos estridentes. Es una gran defensora de las frecuencias medias. Según ella, el cuerpo se acomoda mejor en esos registros, su música debía ser liviana, fluida y algo con lo que conectar rápidamente. Por este motivo optó por grabar “You & I” a lo ‘old school’, con voz y guitarras a la vez. Quería sentir al guitarrista a su lado cuando interpretaba las canciones. Casi todo en una sola toma. Ella misma dice que así debe concebirse su música, como una mezcla imperfecta de sonidos y sentimientos. Como si lo estuviéramos escuchando en directo.

Así pues, descubramos todo lo que esconde un disco tan personal como “You & I” charlando con ALA.NI:

¿Cómo fue la concepción de “You & I” como tu primer álbum?

Hice la primera canción como cinco o seis años antes del disco, pero no sabía qué hacer con ella. Le estuve dando vueltas durante todo ese tiempo, pero no fue hasta que pasé un tiempo en la casa de mis abuelos, en la isla de Granada, cuando escribí otra canción [“Cherry Blossom”] a las tres de la madrugada y pensé: “muy bien, debes indagar más en esto”. Porque “Cherry Blossom” salió de manera muy natural y espontánea, ahí supe que había algo en mí que debía dejar salir, porque normalmente no es tan fácil.

¿Fue también entonces cuando te interesaste en ese estilo ‘vintage’ tan característico del disco?

Sí, justo ahí. De hecho nunca me había planteado un ‘estilo’ propio. Pero como te decía me resultó muy cómodo y sencillo escribir desde ahí. Lo miras ahora y ves un sonido muy similar a los musicales clásicos de Hollywood, y bueno, supongo que los tenía muy interiorizados porque enseguida sentí ese sonido muy mío.

¿Esta facilidad con la que empezaste se mantuvo en el resto del disco?

Relativamente: hice notas de las demos durante unos tres meses, me veía preparando ‘algo’, pero un día me di cuenta que las demos en sí ya eran ese ‘algo’. Entonces seguimos trabajando con eso, y afortunadamente parece que no solamente han sido atractivas para mí.

¿Qué peso tuvo tu famoso iPad en todo este proceso?

De ahí salieron las versiones a capela. Me gusta mucho como instrumento de grabación. He de admitir que al principio era super reacia a él pero poco a poco se convirtió en un imprescindible, sobre todo para ideas espontáneas. Yo uso el iPad para los videoclips del disco. Como te digo, me valgo mucho de las ideas repentinas que me vienen a la cabeza, y ahí tengo la cámara, con algunos filtros bastante bien conseguidos a mi entender. Realmente si tu ambición es más bien algo pequeño y sencillo, creo que un dispositivo cotidiano te da ese resultado.

Pese a ello, la grabación propia del disco sí que pasó por el estudio, me gustaba mucho más escucharme con un micrófono de cinta de los años 30 que con el micrófono del iPad, pese a que todas las canciones las escribí y las probé antes con la tablet.

¿Tenías claro que querías mantener esa idea de simplicidad también en el estudio?

Empecé a grabar con un cuarteto, con un piano grande… Pero perdía la esencia, no podía controlar las canciones, por lo que tuve que apropiarme otra vez de todo aquello y conservar su simplicidad.

¿Tuviste dificultades para encontrar seguridad en ti misma a la hora de publicar el disco?

Sí, sobre todo porque se trata de mi primer álbum, de contenido muy personal, con la historieta de amor y todo… Es difícil separarte de él. Es como un hijo que entregas al mundo, ¡suena a tópico pero es verdad! Ahora la música pertenece a todos, así lo siento sobre todo si lo presento en vivo, las canciones se comparten con el público que las escucha. Dejan de ser mías.

Al principio mi idea base era sacar cuatro EPs, uno para cada estación.

¿Y no es difícil compartir esa historia de amor con todo el mundo?

No te creas, en realidad “You & I” es una mezcla de distintas historias de amor ensambladas para que parezca una sola. Así que son diferentes experiencias y personas las que hay en el disco. Cuando escribí el álbum no estaba saliendo con nadie, por lo que era un buen momento para ver las cosas con perspectiva y buscar un sentido estético más allá de la narrativa. Pude ser más retrospectiva.

Hablando de esta fusión, supongo que se ve sobre todo en el uso de las estaciones del año para contar la historia y dividir el álbum.

Lo cierto es que no empecé a escribir con esa idea, pero a medida que tenía las canciones vi que se ordenaban de manera natural como un año. Además, primero quise hacer una película con las historietas, sin diálogos y sólo con las canciones. Fue con esa visión más cinematográfica cuando lo concebí como un año y a partir de ahí decidí dividir el álbum en estaciones y sacar un EP de cada estación. Al principio mi idea base era sacar cuatro EPs, uno para cada estación, pero la distribuidora no acababa de entender esto de los EPs, obviamente es muy poco vendible. De este modo el disco en formato clásico se mantuvo.

Cuéntame más sobre esta vertiente visual en tus composiciones. ¿La naturaleza caribeña y sus cambios son un motivo que te inspira para crear?

Me impregno mucho de la naturaleza y de sus ciclos. Me gusta sentirme parte de eso. Y de hecho no sólo en el Caribe; “Cherry Blossom” transcurre en Japón, o así me la imagino yo. Incluso hice una versión en japonés.  

Como dices, la parte visual de lo que hago me interesa mucho, siempre quise ser fotógrafa y creo que es mucho más íntimo el resultado de los vídeos que hago, puesto que soy yo y la cámara. ¡Incluso en algunos videoclips aparezco en pijama!

Seguramente este tipo de vídeo casero puede acabar dando más significado a tu canción que no algo de gran presupuesto y una estética más plana.

Totalmente. Pienso en lo que es el vídeo como tal ahora y creo que es algo muy desechable. Recuerdo esos vídeos super épicos y carísimos de Michael Jackson y los veo hoy pensando que son atemporales, pero ahora ya no nos tomamos el vídeo de esa manera. No es ese espectáculo.

Seguramente mis vídeos te conectan más conmigo que algo carísimo que haya grabado una productora, pero a veces pienso cuál es el valor de todo esto. Realmente el asunto es que nada es igual. Ahora la música es gratis, es así. El valor de todo eso se ha perdido completamente. No vemos este tipo de arte como algo ni siquiera tangible, hemos perdido el contacto físico, vamos hacia una realidad virtual y superveloz en la que todo queda obsoleto enseguida. Quizá ahora gastarte lo que se gastaba Michael Jackson en sus videoclips es un sinsentido.

Volviendo a un presente un poco más reconfortante… ¿Cómo dialoga lo visual con lo musical? ¿Pensabas en imágenes mientras escribías las canciones?

En algunas sí, algunas veces tenía muchísimas ganas de grabar justo cuando estaba dando forma a la canción. De algunas canciones tengo cinco o seis versiones. Pero esto es incluso contraproducente: para “Roses & Wine” tenía tantas versiones que ni yo misma me aclaraba. Decidí entonces buscar un colaborador para dirigir el vídeo y tratar de ordenar un poco todo aquello.

En cuanto al diálogo, creo que no he acabado de encontrarlo. A veces he cantado en galerías de arte alrededor de mi Blue Project [cianotipos], y creo que la gente no ha acabado de comprender ninguna de las dos cosas, dónde empieza y dónde acaba el concierto, o la exposición… En cambio yo lo veo como una evolución, pero ya te digo, quizá cambiaré mis lenguajes en futuras exposiciones para cohesionarlo todo correctamente.

Ahora mismo te veo más como una ‘videoartista’ que como una músico.

De hecho, ¡odio escuchar música! Me gusta observar, puedo estar días en la cama mirando películas, documentales… Cuando escucho música lo que me pasa es que me pongo a diseccionar la canción, me fijo demasiado en la técnica y no me dejo disfrutar al completo de lo que estoy escuchando.

¿Y no has pensado en incorporar proyecciones o visuales en tus directos?

En un principio sí que quería tener proyecciones, quería que se vieran los cerezos en flor en el fondo, pero a medida que iba concibiendo los directos me di cuenta de que todo eso me sobraba, ni siquiera me gusta tener demasiadas fuentes de luz. No quiero nada que distraiga. Que todo sea escuchar. De nuevo, me va más lo simple… ¡De momento!

Bueno, y la pregunta clásica para terminar… ¿En qué estás trabajando ahora?

¡No me puedo quejar! Quiero empezar el 2017 con un álbum a capela. También haré una colaboración con un artista y productor de Los Ángeles y, cómo no, estoy pensando en trabajos audiovisuales también. Pero como siempre me pasa, me emociono con cosas muy descomunales y luego acabo trabajando con el iPad, así que… ¡Ya veremos!

Compartir